domingo, 1 de diciembre de 2024
Los orantes de las Calderonas
viernes, 29 de noviembre de 2024
Postales de otoño. Subida de la cascada
Misterio del inicio. Los escalones distantes y deteriorados por el tiempo sugieren una ascensión. ¿A dónde conducen? A una cima, se dirá. Pero ¿y si más allá de la cima hay otra cima? No nos lo planteamos. Lo importante es que siga habiendo escalones o una senda por la que sea posible la subida. Los humanos tenemos la tentación de conquistar las alturas o de ir más allá. Lo vertical y lo horizontal se nos ofrecen como dos direcciones que, siquiera en nuestra imaginación, anhelamos tomar. No podemos olvidar lo profundo, pero esta dimensión tienen connotaciones más complicadas.
La subida, lenta y firme, a la cima de la cascada sugiere la idea de una peregrinación. ¿Qué hay allá arriba? Una visión limitada y pletórica de fronda y de lago. Pero el paseante sabe que lo más importante no ha sido llegar y, aun disfrutando de una parcelada visión del parque y de su arboleda, se siente atraído sobre todo por el camino escalonado, que también se presta a múltiples metáforas y simbolismos. Esa subida de peldaños maltrechos le recuerdan a una calzada romana. Calizas que hacen de riscos bordeando el camino y solazándose con la floresta. Sillares llegados no se sabe cómo y cuándo de antiguas edificaciones desaparecidas. Y en cada paso uno sueña que se sumerge en un territorio desconocido y selvático. ¿No era lo que fantaseábamos de niños al jugar en ese entorno? Una ascensión sin ansiedad, sin deseo de llegar a ninguna parte, reconfortado solamente por la exuberante y bondadosa vegetación. ¿No es este anhelo el que pide el cuerpo a las personas que han llegado a edades provectas?
El otoño le sienta bien a la subida a la cascada, así como beneficia con total espectacularidad al Campo Grande en su conjunto. Pero, ¿acaso hay alguna estación del año que no dote de belleza y satisfacción al parque?
lunes, 25 de noviembre de 2024
Diálogo de máscaras del Reino de Oku en el Museo Africano del Palacio de Santa Cruz
viernes, 22 de noviembre de 2024
Postales de otoño. Neptuno
Deidad Neptuno. Si hay un personaje más recóndito que ningún otro en la ciudad ese eres tú. Y sin embargo, tal vez esa condición de permanecer reservado es la que te permite disfrutar de un edén, el Campo Grande. Y de ocupar, cual trono, un espacio más paradisíaco todavía, una pequeña ínsula en el río de las aguas apacibles y de los ánades que te acompañan. Protegido por los cañaverales hay épocas fecundas del año en que más que verte se te adivina. Pero el otoño, que pone a tus pies la floresta marchita, expone tu desnudez a los ojos del paseante.
Dicen que te trajeron de otra parte. Pero yo te descubrí. Porque nada instalado en su lugar adquiere la categoría que se merece hasta que cada paseante lo descubre. Lo curioso de tu trayectoria vital es que eres un superviviente. Se te considera la escultura pública más antigua de la ciudad, por el mero hecho de que otras estatuas fueron desapareciendo en los últimos dos o tres siglos. Ahora que lo pienso, creo que tu isla secreta es un refugio donde estás a salvo de avatares.
No te parieron para un rincón sino para ser observada y apreciada en una fuente del primitivo Paseo de Recoletos, antes de la actual configuración del Campo Grande del alcalde Miguel Íscar. No fuiste la única estatua que adornó una fuente, pues parejas a ti estaba una representando a Venus, que llamaron también de la Abundancia, y otra de Mercurio. Solo imaginar esa exposición de tres fuentes presididas por una diosa y dos dioses de la mitología griega se le cae a uno la baba de gusto estético al contemplar con la imaginación. Pero desgraciadamente las tres fuentes fueron desmontadas en una remodelación del paseo a medidado del siglo XIX y las esculturas desaparecieron. Salvo tú.
Se habla de que también una escultura del rey ilustrado Carlos III, esta del Siglo de las Luces, que presidía la Puerta del Carmen en el camino de salida a Madrid, se sumergió en las entrañas del misterio al ser derruida la puerta. Pues bien, estimada deidad. Vuelvo a lo de antes. Eres un sobreviviente, estás aún por azar, date por contento. Pues te rescataron de un almacén de obras y hace casi un siglo te colocaron en ese lugar con encanto. ¿Cuántas esculturas han tenido la suerte que tú, en una ciudad que ha conocido un grado de destrucción considerable? Solo pensar que otras estatuas fueran destrozadas, vendidas clandestinamente o hurtadas para adornar la finca de un gran propietario, ya da grima.
Considera un lujo existir en un emplazamiento que, si bien no dispone de aquella parafernalia de las fuentes de otros tiempos, ni falta que hace, al menos te aproxima a tus orígenes. ¿No eres acaso el gran señor de los océanos? ¿No es el río manso que transcurre a tus pies una lengua de agua donde contemplarte desde tu temple de mármol?
jueves, 21 de noviembre de 2024
Presentación de Llámala, poemario de Lola Andrés, en la Fundación Segundo y Santiago Montes
martes, 19 de noviembre de 2024
Postales de otoño. La faisanera olvidada
sábado, 16 de noviembre de 2024
A la caza de nuevas señalizaciones de comercios












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