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sábado, 9 de mayo de 2026

Una proa en el otrora vecindario de Cervantes

 




Digo vecindario de Cervantes porque este edificio que aún no ha cumplido el siglo se encuentra a la vera de la casa donde vivió Miguel de Cervantes durante su estancia en Valladolid. De eso hace más de cuatro siglos. También en aquel tiempo en que el escritor siguió la senda de la Corte establecida por Felipe III en nuestra ciudad pasaba una de las dos Esguevas por la proximidad, pero estas, la de Cervantes y la del Esgueva, son otras historias. Hoy este edificio en forma de proa da tanto a la calle Rastro, donde se ubica el edificio reconstruido de la casa cervantina, como a la calle Perú, aunque mire en dirección Plaza de Madrid buscando con su proa destacar en una cierta perspectiva que llama la atención.

Pero en cuatro siglos las arquitecturas, es decir, los estilos de construcción, sus volúmenes, sus elementos decorativos, incluso sus usos han cambiado lo suyo. Y paralelamente se ha producido un crecimiento urbano desigual pero constante, han variado los trazados de calles y travesías, cuando no inaugurado muchos de ellos, y clases sociales han pugnado por ocupar espacios sin edificar o desplazando viejas construcciones. Así que citar la casa de Cervantes es mera anécdota y pensar en ella y su entorno es más bien imaginarlo todo.






Sobre este edificio datado entre 1935-1940, cuyo autor fue Jacobo Romero Fernández, dice Juan Antonio Cortés Vázquez de Parga en la Guía de Arquitectura de Valladolid:

"El edificio ocupa una esquina en ángulo agudo en su casco antiguo, en su proximidad a la acera de Recoletos. Es una obra interesante, provista de un lenguaje entre moderno y ecléctico. La planta muestra una seguridad de trazado en un solar difícil por su forma triangular y su tamaño pequeño, que da lugar a una sola vivienda por piso. La esquina se resuelve en planta de una forma muy rotunda, poligonal en planta baja y cilíndrica tangente a las fachadas planas en las restantes, llegando a configurarse el cilindro como forma completa en planta ático".

Bueno, uno quiere concretar con la imaginación el comentario técnico, incluso ayudándose de Google Earth, donde se puede advertir mejor lo dicho y complementarlo con las fotografías de visión limitada que ha capturado. Al paseante le admiran no solo la forma semicircular  de esa fachada, sino las ventanas de ojo de buey, la combinación de partes de fachada de ladrillo con otras revocadas, el verde de estas, los mismos aleros que producen una sensación de vuelo y el copete que remata el cilindro. Y se sorprende ante esa franja vertical con una vidriera decorada que queda a la altura de la entrada al edificio y que debe ser el elemento que permite la luminosidad de la escalera. 

Sí, los tiempos del escritor de escritores que vivió en Rastro, a la orilla de un río con recorrido sinuoso por una zona sur de la ciudad de entonces, quedan sepultados por lo que es hoy la urbe. No me cabe duda que se quedaría boquiabierto, pero no carente también de opinión crítica e irónica, sobre la ciudad actual. Y no quiero ni pensar lo que proferiría Alonso Quijano al ver la abundancia y diversidad de estilos arquitectónicos, las calles y sus tráfagos ruidosos,el costumbrismo de las gentes  tan distantes de aquella época relatada.











jueves, 14 de agosto de 2025

El pretencioso invasor del Corrillo

 




Parece el palacete de la plaza del Corrillo, irguiéndose majestuoso, o exhibiendo más que nada su pretenciosidad. Pero eso sí, invadiendo un marco tradicional en un ángulo de la Plaza Mayor y mostrando su envergadura sobre la Plaza del Corrillo. Desde los soportales de Cebadería este edificio, al que los conocedores de la arquitectura y el urbanismo llaman de estilo nacionalista y/o historicista, se deja mirar. Hay más, uno bien cercano como es el edificio de Correos, en la Rinconada. 

El edificio levantado en 1926 por Jacobo Romero aparece en ese marco como una isla. Ni es Plaza Mayor ni es Corrillo. Y sin embargo, aun rompiendo la estética del entorno tradicional ha acabado por aclimatarse a este. Y yo creo que sobre todo por el poder que acumulan los soportales, ese gran invento urbanístico que en nuestra ciudad cubre plazas tan emblemáticas como la Mayor y la Fuente Dorada o las calles adyacentes. 




Así que frente al rigor armónico de las fachadas y soportales de la Plaza Mayor, a la que curiosamente da apenas en una fachada lateral, su fachada principal parece desafiar los siglos que la ciudad tiene tras de sí. Hay al menos otros dos edificios en la plaza ágora que rompieron en distintas épocas la estructura estética de la plaza, el que fue Hotel Moderno, entre Ferrari y Lencería, y el que hace esquina con la calle Santiago, del arquitecto Manuel Cuadrillero y Juárez, aunque muchos mayores aún nombramos como el de Soler, por el comercio que hubo en sus bajos. Y el mismo Ayuntamiento también evoca todavía períodos anteriores de la historia y algunos especialistas lo califican de una especie de arquitectura de estilo medievalista. 

Pero estas calificaciones desbordan al paseante al uso que no quiere empañar la mirada con disputas conceptuales o semánticas. Y para quien el pasado es objeto de indagación, si es posible desapasionada, pero no menos empeñada en aceptar, porque una ciudad es curva en su trayectoria vital. En la historia como en la vida nada es recto. O bien se expresa de manera lateral, como en los saltos del ajedrez, que decía Canetti, o bien responde al clamoroso decir de Jesús Lizano en su poema Las personas curvas:

Vivir es curvo, 
la poesía es curva, 
el corazón es curvo.




El historiador del Arte Jesús Urrea calificó a este edificio en su Breve historia de la Plaza Mayor de "uno de los más flagrantes atentados sufridos por la Plaza". Y María Antonia Virgili, otra historiadora del Arte de la ciudad, escribe que "el arquitecto Romero "concibe la fachada en un estilo que obedeciera al denominado 'renacimiento español' con libertad de composición. Tanto en el exterior que da a la Plaza Mayor, como en el de la Plaza del Corrillo los elementos decorativos, como atlantes, frontón, pilastras, etc., aparecen en toda la extensión de fachada como una clara plasmación de este estilo monumentalista"

Ante estas informaciones de los que conocen a fondo el tema el paseante no para de hacerse preguntas. Como de qué manera los estilos de edificación estaban marcados por modas, ideologías o influencias de esos vaporosos pasados gloriosos a los que muchas veces los países o las ciudades han recurrido en situaciones de paralización o demora de la evolución natural de las ciudades. 







Tal vez el edificio habría perdido parte de la gracia que pretende tener si no hubiera incorporado a los atlantes. Estos elementos que ya se ponían en práctica en templos de la Grecia clásica cumplían la función sustitoria de la columna. En el edificio de Romero probablemente sean más decorativos que otra cosa. Y esos personajes envueltos y desenvueltos en sus túnicas airean una masculinidad en parte tradicional y en parte portadora de una concepción varonil de la historia. No olvidemos que la fecha en que se construyó el edificio era una fecha de fuertes discusiones y surgimiento de nuevas ideas políticas, tras la decadencia límite de 1898, que era consideraba por los intelectuales de rendición y punto de inflexión de la decadencia.