"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




viernes, 16 de septiembre de 2016

Ortopedia para el cedro de San Andrés




El cedro de la Plaza de San Andrés se inclina desde hace tiempo peligrosamente y acaso de modo incluso fatídico. No es el único árbol que acusa el inevitable envejecimiento o la cesión del suelo, ya han pasado más casos en parques y plazas de la ciudad. Incluso hay registrados por el Ayuntamiento más de trescientos ejemplares con riesgo de caída en toda la ciudad. 

El cedro de San Andrés es aún joven, apenas unos sesenta años de existencia. Recientemente, a principios de verano, instalaron un puente metálico con anclaje a una base de hormigón en el subsuelo que permita soportar el peso del tronco. No es algo muy estético, no es un elemento armonioso, pero sí un recurso ortopédico sobre un frondoso ejemplar que da sombra y alegría a la plaza. Una operación provisional para salvarlo de la tala y que siga acogiendo a los paseantes que se sientan en los bancos a los que cobija. Tal vez quiso ser demasiado altivo al competir con la torre edificada al lado, de casi doscientos cincuenta años. Acaso a las arquitecturas humanas no les gusta la sombra de lo que sigue siendo naturaleza adaptada a la vida urbana. Disfrutemos a nuestro paso mientras esté. El encorvamiento no tiene por qué restarle belleza.