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domingo, 26 de julio de 2026

Una puerta de más de un siglo renacida

 



Aunque parezca tan nueva se trata de la puerta que ya existía en el antiguo edificio, del que solo ha permanecido el muro de la fachada tras su rehabilitación integral. Se ha salvado, pasando por la correspondiente cura y limpieza, y luce con otro lustre tan diferente al que la incuria del tiempo había llevado hace años. Basta compararla con la fotografía vieja que incluyo abajo de la entrada.

Se trata de una hermosa puerta al estilo del edificio sito en la calle Colmenares, que probablemente ya se levantara a finales del siglo XIX o a principios del XX. Muestra de aquel Valladolid burgués que nos legó una arquitectura civil moderna y de nueva factura, tratando de seguir las sendas de los estilos arquitectónicos europeos o nacionales del momento

La exuberante decoración nos lleva a interrogantes. Las testas de un hombre adulto y de un niño podrían representar al propietario emprendedor del edificio y a su hijo o a la progenie en general. O simplemente la cabeza infantil sea un símbolo del futuro que se desea pujante y que va tomando impulso. Las ornamentaciones vegetales o mitológicas serían las que de ordinario se tallaban en puertas de este tipo. En la ciudad quedan todavía algunas en mejores o peores condiciones. 



¿Qué decir de los dragones alados que parecen montar guardia en torno a las cabezas humanas? El dragón es una de esas representaciones fantásticas más extendidas en todas las culturas y con un repertorio diverso de significados. Tallados en una puerta ¿serían un símbolo de seguridad y protección como algunos indican? "El dragón se nos presenta esencialmente como un guardián severo o como un símbolo del mal y de las tendencias demoníacas. Es en efecto el guardián de los tesores escondidos, y como tal el adversario que debe vencerse para poder acceder a ellos", escriben Jean Chevalier y Alain Gheerbrant en su Diccionario de los símbolos. ¿Nos apuntamos a la interpretación de guardián de la finca?

¿Y no es el mismo Ave Fénix el que se muestra altivo y creciente en el espacio más grande de las hojas de la puerta? Si en el momento de construir el edificio primitivo ya significaba renovación ahora con la rehabilitación del edificio parece estar renaciendo nuevamente. Paradojas de los símbolos y de la supervivencia de un edificio.

En fin, la puerta constituye por sí misma toda una arquitectura. Tras el trabajo artístico, y ahora remozado por los especialistas, esta obra nos retrotrae a los tiempos de los viejos oficios de los ebanistas, entalladores, ensambladores y puertaventanistas que tanto cundieron en el pasado y con tanta maestría en nuestra ciudad.












jueves, 1 de enero de 2026

Comenzar 2026 con sencillez

 



Pasear abrigado un uno de enero con tres grados bajo cero. No sé cómo ir a parar al barrio de San Andrés, justo por la zona donde se ubicaron edificios que alojaron a trabajadores del ferrocarril desde el siglo XIX. Calles adyacentes y paralelas o perpendiculares a la vía del tren. Casas de las cuales aún permanecen en pie unas cuantas. Hay construcciones antiguas rehabilitadas, pero manteniendo la morfología de fachadas primitivas. Lo que serían calles sin interés o anodinas para otros, para mí es observación e historia. ¿Por qué me transmiten también calor? ¿Serán los materiales que lucen exteriormente, la alineación que ha sobrevivido en las calles o una apacibilidad que no ha sido vencida por la locura del tráfico? 

El día del Año empieza para muchos sin haber dormido. Para la mayoría con expectativa. Para todos con esperanzas, aunque en esto habría que matizar porque probablemente ese manido recurso a la esperanza no tenga el mismo significado para unos que para otros. Es por este recorrido por un barrio tradicionalmente obrero en el que encuentro rasgos de sencillez y de una naturaleza donde no reina altanería alguna. Por ejemplo esa casa, la puerta, el llamador, que de pronto me llaman la atención. En un tiempo de imágenes ahito de exaltación, en que se vincula vida con abundante tenencia de objetos, en que se proyectan deseos de grandeza inalcanzables para la mayoría, ¿no es un valor, o si se quiere, una virtud lo sencillo? Reflexiones a pie de calle de un paseante cualquiera.

Por cierto, el edificio referenciado data de 1880, según la información de Idealista. Casi nada. Casi todo.








miércoles, 7 de mayo de 2025

La humildad de una pared por San Martín

 



No he podido resistir la tentación del ángulo. El ángulo que forma mi propia visión de una sencilla pared que otros no considerarán en absoluto espectacular, sino todo lo contrario, pero que a mí se me antoja que posee la característica digna de los muros de otro tiempo. Aunque probablemente en su totalidad no sea un muro antiguo, si bien conserva elementos tanto en su base como en su cornisa acordes con las viejas construcciones. El ángulo de la contemplación de lo elemental, pared degradada por el tiempo, calle de ciudad sufrida. Con el signo también de nuestros días: las pintadas, las desconchaduras, los remiendos desafortunados, los orines. Una pared que será negada a la contemplación, marginada por el visitante, pero a la cual la compañía de un suelo enlosado la aporta una pizca de nobleza. 

No es pared de edificio sino de un pequeño patio adjunto a una iglesia. Tanto esta rúa, Camarín de San Martín, que ya he sacado en otra entrada, como Santo Domingo, son de esas calles paradigmáticas de otros siglos de Valladolid. Calles cortas que se han salvado de la destrucción y el afán inmobiliario debido a que hay iglesias y conventos en ellas. Aunque tampoco esto ha sido garantía de nada, pues la desaparición de edificaciones antiguas han tenido lugar tanto sobre edificios civiles como religiosos. O gracias también a que un viejo caserío, venido a menos, pero habitado sin cesar a lo largo de los tiempos, las ha preservado. O simplemente el azar, si es que tal existe, que detuvo la piqueta.

Y es que, como dijo Juan José Martín González, aquel agudo catedrático de Historia del Arte de nuestros años de aprendizaje, refiriéndose a una década peligrosa para el urbanismo vallisoletano, la de 1939/1949: "El casco histórico era atacado con principios radicales, ignorando su pasado y el valor de una gran parte de sus calles y edificios. El objetivo era obtener una circulación cómoda, con vías de notable ancho, que atravesaban en varias direcciones la ciudad. No hay la menor intención de salvar el casco viejo como unidad. Quedan sentenciados edificios de todo tipo, palacios, iglesias, teatros, mercados. El Valladolid histórico no se consideraba un objetivo venerable, sino un estorbo para la vida presente". (J.J.Martín González y María Antonia Virgili Blanquet, Arquitectura y urbanismo de valladolid en el siglo XX)

El paseante disfruta tanto de la humildad de unas paredes o de unas calles recoletas como de la prestancia de una fachada que se cite en libros de historia.




 

miércoles, 9 de abril de 2025

El atrio de San Felipe Neri. Un trozo de patio visibilizado a pie de calle

 



Hasta hace pocos años cualquier paseante ignoraba lo que se ocultaba en una calle tan céntrica de la ciudad como es la calle Regalado. Pero hoy se puede apreciar allí una huella rediviva del pasado. A simple vista puede parecer un ejemplo de reconstrucción o restauración, que lo es. Pero también remite a la destrucción sufrida por la ciudad en la época moderna. 

Y es que este trozo de antiguo atrio de iglesia es el resultado de la partición sufrida cuando en el avanzado siglo XIX se inició un trazado vial nuevo que, arremetiendo bruscamente sobre el caserío, pretendía conectar la Catedral con la calle de Santiago. Resultado: una nueva calle que lleva actualmente el nombre de Regalado. Ese trazado irrumpió abruptamente en la finca hospitalaria vinculada a la iglesia oratorio de San Felipe Neri, por lo que quedó destruída una parte y se ocultó la que no se había derribado. Esta se recuperó a raíz del Plan del Casco Histórico de 1992 pero no fue hasta hace menos de una década cuando la reconstrucción tuvo al menos el acierto de convertir un espacio tradicionalmente interior en una apertura del pasado a la calle.

El atrio, menos lujoso ornamentalmente que otros patios de palacios y casas nobles, tiene al menos el mérito de transmitirnos todavía aquella tradición de arcadas y columnas de tiempos pretéritos. Y de paso convertir sus capiteles en un homenaje a lo toscano.




En el muro lateral, como una aportación de nuestros días, figura un mural cerámico cuyos autores son Los Bravú. Ellos son Dea Gómez y Diego Omil, y lleva el título de Cruzando las aguas revueltas. Leo en su web acerca del mural de la calle Regalado: "Azulejado en cerámica producido en los talleres del centro cerámico de Talavera de la Reina, según la tradición artesanal de esta ciudad. La imagen está inspirada en Cristóbal, patrón de los viajeros, a los que ayudaba a cruzar un peligroso rio de una orilla a otra. Ephemera Phestival III tomó las calles de la ciudad con una selección de proyectos efímeros site-specific, novedosas intervenciones murales y proyectos efímeros sobre mobiliario urbano. Ephemera Phestival es un proyecto organizado por CreArt y FMC, bajo la dirección artística de Cless".














miércoles, 26 de febrero de 2025

La calleja virtual o donde estuvo el viejo Caracristo.

 



Ya en el Diccionario de Autoridades, de 1729, el primer diccionario de la Real Academia de la Lengua, figuraba esta definición: 'CALLEJA. s. f. dim. de Calle. La calle angosta y pequeña'. Y así conocimos muchos a una calle estrecha (tal la denomina ahora la RAE) que comunicaba la Plaza de la Universidad con la calle Duque de Lerma. Otro nombre por el que se la conocía era por la taberna que había en ella, a la que todo el mundo llamaba el Caracristo. 

Nadie sabíamos entonces el por qué de esta acepción, más bien mote, pero José Miguel Ortega Bariego en su deleitoso libro Historia de 100 tabernas vallisoletanas aporta un dato: "El primero de los tres dueños de esta taberna, el 'Cara Cristo' original, fue Ezequiel Garrido, que en 1933 llegó de Cabezón de Pisuerga para establecerse en la capital. Ezequiel tenía una barba larga y poblada que le daba un aire apostólico, deífico, que no pasó desapercibido a quienes le encontraron un cierto parecido con las imágenes de Cristo crucificado que había en las iglesias. Aquello se extendió entre la clientela y Ezequiel y su negocio se quedaron con el apodo para siempre, incluso cuando ya lo había traspasado"



Y angosta y corta, la calleja iba pegada a un edificio que daba solamente a la plaza, donde se encontraba otro bar icónico, el Montesol, donde habremos tomado vinos, puesto discos en la gramola y citados con gente un día sí y otro también. La calleja, estrecha pero abigarrada por la taberna, que reunía a obreros y sobre todo a los estudiantes de la Universidad. El Caracristo recibía una clientela dispuesta a devorar los bocadillos jugosos de anchoas o de tortilla, pasando las migas con vino los más avezados o con porrones de vino y gaseosa. 

Dicen que La calleja se había llamado anteriormente calle de Quevedo, en recuerdo de la estancia en nuestra ciudad de Francisco de Quevedo y Villegas durante los años efímeros que Valladolid fue Corte de la monarquía española, luego capital del Estado. Unos años en que el Duque de Lerma hizo su agosto inmobiliario como es sabido. 

El mural se encuentra en la puerta del garaje de un edificio moderno sito en la calle Duque de Lerma, y tiene la bondad de evocar aquella calle tan angosta que en esta representación plástica se la dota de una perspectiva más amplia con el fondo de la catedral. Es obra del muralista Javier Román, realizado en 2023. Aproximadamente la calle -Quevedo, Calleja o del Caracristo- estuvo en ese punto. Curiosamente, en el ilustrativo e imprescindible Plano de Ventura Seco de 1738 figura La calleja, no dice su nombre, pero sí la que ahora lleva el rótulo del Duque, que Seco la registra como Calle de la Parra. Al final se adjunta el plano de la zona.




Con el recuerdo de aquella callejuela antigua y desaparecida podrían evocarse unos versos de las Alabanzas irónicas a Valladolid, mudándose la Corte a ella, que escribiera el gran Quevedo:

"(...)
No quiero alabar tus calles, 
pues son, hablando de veras, 
unas tuertas y otras bizcas, 
y todas de lodo ciegas. 

A fuerza de pasadizos, 
pareces sarta de muelas, 
y que cojas son tus casas, 
y sus puntales muletas".

Etcétera. A los paisanos que lean esta entrada les sugiero se acerquen al romance satírico que escribió Quevedo sobre la ciudad que él conoció ampliamente durante sus cuatro o cinco años de estancia. El ingenio sarcástico y punzante del escritor no tiene parangón. Merece la pena ser leído con detenimiento porque la sonrisa, si no la carcajada, está garantizada. Y si la descripción es mordaz en modo alguno nubla lo que fuera Valladolid en 1606. 






sábado, 22 de febrero de 2025

El Callejón de San Francisco, un callejón con un exquisito trampantojo

 

No es la fachada de un convento. Es un trampantojo. Tampoco es una pintura. Es un mural cerámico. Ni siquiera es desde siempre un callejón. Fue una calle.

La pared final de este cul de sac, que dirían los franceses, es un mural de 1998 realizado por José Antonio Sousa González y Amador Fiz. Quiere evocar, más que representar, el convento de San Francisco, que no estaba en ese lugar sino en la acera opuesta al Ayuntamiento en la Plaza Mayor. Donde ahora está el Teatro Zorrilla y el café El Norte. Es de suponer que se eligiría este callejón para dignificar la pared de la mole que está ocupada por el Banco Santander, con fachada y acceso por la Plaza Mayor.

Pues bien, que haya devenido en callejón lo que fue una calle que comunicaba la Plaza Mayor con Cebadería, desde donde se accede ahora, no deja de ser una degradación vial. En fotografías del siglo XIX y de principios del XX todavía se puede ver la calle. Y en el libro de Agapito y Revilla de 1937 sobre las calles aún se la nombra como tal. Hacia 1960 tuvo lugar el cerramiento y durante décadas fue un callejón de traseras, sin mayor decoro.  

Hoy este callejón apenas tiene uso, recibe las traseras de algunos locales y las ventanas de las viviendas de la Calle Manzana, y en verano creo haber visto la terraza de algún bar. Su acceso está limitado por las noches con unas verjas. Pero el trampantojo lo eleva. Tiene su encanto, la perspectiva sorprende al viandante, si bien presumo que es bastante ignorado por los transeúntes. Con frecuencia he visto parados ante él a foráneos más que a locales. En el mural se reproducen los elementos fundamentales de la plaza. Las fachadas almagre de las casas, las columnas de soportal, los balcones y las ventanas de buhardillas, la portada de un edificio religioso desaparecido, y más o menos imaginado o deducido por los autores.

 




Es evidente que lo que más llama la atención es la policromía de ese mural. Adjunto la aportación que se hace en el libro Escultura pública en la ciudad de Valladolid, de José Luis Cano Gardoqui: 

"Sousa y Fiz aprovechan las posibilidades creativas de la capacidad oxidante del horno manual cerámico para lograr sobrias coloraciones en las piezas de gres a partir únicamente de los propios óxidos. Óxido de hierro en la consecución de los tonos ocres del cuerpo superior de la fachada del convento, originalmente de ladrillo; óxido de manganeso para los sillares de su cuerpo inferior y arcadas de la Plaza, en los que se logra una perfecta graduación de las diversas tonalidades de grises: de los más claros a los más oscuros.

Por tanto, colores 'reales' y en nada destellantes en función de esta ilusión perspectiva, a excepción del rojo almagre de las fachadas de los edificios aledaños al convento, color pintado tras la cocción y colocación del mural; color, por otra parte, idéntico al utilizado por el Ayuntamiento para la actual bicromía que presentan los edificios de la Plaza."






sábado, 16 de noviembre de 2024

A la caza de nuevas señalizaciones de comercios

 



Dicen que los primitivos reclamos comerciales consistían en que sobre la entrada de un local eran colocados objetos relacionados con lo que allí se despachara. Ramas de olivo, piezas de carne, un tejido. Posteriormente estos objetos de venta pasaron a ser convertidos en una forma nueva de reclamo simbólico, bien metálico o en madera o en estuco. Una llave grande colgada podía decir que allí había una fragua donde entre otras cosas hacían llaves, por ejemplo. Recuerdo un comercio vallisoletano de mi infancia que si bien en la fachada había un cartel que decía Calzados y curtidos Lobejón La Bota Grande, tenía colocada en el escaparate una gigantesca y artesanal bota de calzar que al niño se le antojaba digna del gigante de Pulgarcito.

A lo largo de los siglos los modos de dar a conocer in situ un establecimiento o tienda fueron evolucionando. Los objetos señalando de qué iba el comercio han persistido durante mucho tiempo. En la calle Jan Neruda de Praga se mantienen como reliquia de fachadas hermosos relieves que señalaban antiguos comercios, talleres o mesones. Los tres violines, La llave dorada, La casa de los Pozos de OroLos tres lirios, etc. preservan la memoria de antiguos usos. Pero el poder del alfabeto y de la tipografía se fue imponiendo poco a poco desbancando prácticamente las imágenes tradicionales.




Un paseo por la animada ciudad siempre depara detalles que conviene apreciar y también disfrutar. Algunos de esos detalles son los rótulos comerciales que en los últimos años han prosperado realizados con diferentes materiales y sobre todo dotados de creatividad más o menos ingeniosa. El rótulo tradicional, basado en la tipografía, es decir en los modelos de los caracteres de las letras, aportó en épocas pasadas un valor encomiable. Sigun en vigor. Se habían perdido en gran medida las imágenes físicas representativas del carácter de un establecimiento, y había triunfado el rótulo de letras, con todo el surtido de estas que cada comercio eligiera o se llevara por moda. Hoy día vemos que muchos comercios de la ciudad han recuperado la vieja tradición de una imagen como referencia de lo que allí dentro se ofrece, pero a su vez, casi siempre compaginándola con el nombre del establecimiento. Esta recuperación de imágenes aporta frescura visual, creatividad y estética, y facilita una mayor percepción del comercio por parte del ciudadano.

Algunos locales responden a identidades corporativas generalizadas, vas a cualquier otra ciudad y te las encuentras. Pero hay comercios locales que refuerzan con un cartel imaginativo la publicidad de los mismos. Encontrar banderines colgantes o placas metálicas con una imagen en la fachada o reproducciones en el cristal de un escaparate es cada vez más frecuente. En un paseo entre varias calles céntricas se pueden encontrar una serie de letreros que animan no solo la presentación del negocio, logrando recabar la atención del viandante, sino que amenizan y embellecen el carácter comercial de la calle. Véanse a continuación algunos ejemplos captados en una mañana otoñal. Pero seguramente quedan muchos más.

































Las imágenes corresponden a comercios, restaurantes o bares situados en calle Esgueva (El Taller del Gallo), Platerías (Ringo & Otto, La casa del sombrero, La tetera) Conde Ansúrez (Jamonería Sarmiento, Bariloche, Cosetodo Larrueca), Correos (El caballo de Troya), Angustias (Peluquería y Barbería Iván Fernández, King Delhi), Comedias (Corral de comedias), Arribas (El largo adiós), Rúa Oscura (Majuelos y lúpulos), Fuente Dorada (Óptica Blanco), Fray Luis de León (El recreo), Plaza Circular (Que hierva), Cervantes (Gastrobar Descosidos), Santuario (La gata y la luna) Montero Calvo (Lashes & Go) Puente Colgante (Bicis Robike) Plaza de San Juan (Pescadería) Simón Aranda (Etnia)