sábado, 9 de noviembre de 2024

Un mural cerámico en el Campillo: evocación y homenaje al mercado tradicional desaparecido



"El sol estaba ya alto, pero no calentaba. Cuando llegamos, cerca ya de las diez, el frío era horroroso pero las calles ardían de animación. El médico guardaba su tartana en casa de un boticario que tenía su corralón en la calle de Miguel Íscar; nos despedimos de él, quedando en volver a encontrarnos allí. Fuimos enseguida al mercado del Val, y del Val al Campillo; de allí salimos con un chico cargado de apios, cardos, lombardas y besugos, que fue a depositarlo todo en casa del boticario. Después, en los soportales de la acera compramos embutidos en las salchicherías, y en las tiendas de ultramarinos aceitunas y barrilitos de ostras". Así cuenta de un día frío de infancia Rosa Chacel el ambiente de su ciudad natal, Valladolid, en la novela Memorias de Leticia Valle. Y esa mención al avituallamiento en las plazas de mercado es un excelente homenaje con el que la escritora puede llegar al conocimiento de nuevas generaciones y al ejercicio de memoria de las antiguas que sobrevivan.

En este sentido va también el mural cerámico del Campillo, conocido hoy como Plaza de España que, erigido en 1996, tras la remodelación de la plaza con ámbito para un mercado al aire libre, fue realizado por Gonzalo Coello Campos. Es una evocación de aquel mercado proyectado en 1878 -el proyecto se denominó 'Proyecto de tres mercados de hierro'- a iniciativa del alcalde Miguel Íscar -el gran impulsor del Campo Grande- junto con los mercados del Val y de Portugalete. Las arquitecturas tenían de referente el mercado monumental de Les Halles, en París, y probablemente el mercado del Borne de Barcelona, lo cual suponía lo más avanzado en aquella época. Desgraciadamente tanto el del Campillo como el de Portugalete fueron derribados en unos años de nula o escasa reflexión y actuación arquitectónica y urbanística. El primero en 1957 y el segundo, aún más incomprensiblemente, en 1974, víctimas de un déficit notable en la protección y cuidado del patrimonio urbano.



Jesús de Anta Roca en su documentado libro Historias y personajes no tan conocidos del Valladolid contemporáneo nos cuenta sobre aquel mercado desaparecido que "Jacinto Peña, nacido en Palencia en 1845, era un promotor muy activo en el ámbito de la concesión de obras municipales: a veces se le citaba como maestro de obras, y otras como maestro cantero. Entre las muchas obras de las que resultó adjudicatartio destacan la construcción del mercado del Campillo de San Andrés que abrió sus puertas en 1880 y fue demolido en mayo de 1957 (...) Aquellos mercados fueron un gran avance tanto para los vendedores como para los compradores: un lugar cerrado a salvo de fríos, lluvia y el fuerte sol estival, disponibilidad de agua corriente y luz artificial (de gas en los primeros años) En definitiva, confortables para su época y con razonables condiciones higiénicas. Las crónicas de la época hablan de que costó que los vendedores se decidieran por trasladar sus puestos en la calle al interior del mercado del Campillo. A fin de cuentas era toda una novedad y un cambio radical en las costumbres. Además, los comerciantes creían que perderían clientela si metían sus puestos en el mercado frente a los que, más  visibles para las amas de casa, quedaban en la calle".



En este mural se refleja el acarreo de las mercancías, la exposición para su venta de carnes, pescados, pan o verduras, los alimentos básicos de otra época, pero también la venta de cacharros de barro donde cocer o asar las viandas, y en el centro se halla la representación del mercado -la plaza, que se decía entonces- en su sólida estructura de hierro, ladrillo y tejería.

El mural está instalado en una chimenea de ventilación del aparcamiento subterráneo, en el extremo de la plaza frente al Banco de España y el comienzo de la calle Duque de la Victoria. El mercado actual de frutas y verduras, bajo una marquesina que evoca a su vez la que hubo antiguamente en la calle Dos de Mayo, no es ni la sombra de lo que hace ciento cuarenta años existió en ese lugar. Véase una fotografía actual de los puestos y compárese con la fortaleza antigua de un mercado con resonancias europeas de su tiempo.