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viernes, 5 de julio de 2024

El cedro majestuoso y recoleto del colegio García Quintana

 



Un árbol es siempre un monumento. Un edificio, una escultura, una obra plástica, un hombre incluso. Pero sin mano humana. La mano humana ha podido hacer de intermediaria. Trasladar desde otra región geográfica, repoblar, plantar, poner semillas aquí o allá. La otra mano se denomina clima. Fertilidad. Aire. Lluvia. La naturaleza por sí misma. Un árbol es, pues y sobre todo, vida.

Esa sensación monumental embriaga al paseante ante un árbol majestuoso o sencillo, o en medio de una arboleda. La arboleda es una de las referencias de la infancia de muchos vallisoletanos. Pero hay, o mejor dicho, hubo, otro elemento. Antes, cuando las casas molineras eran la tipología urbana por excelencia en los barrios obreros, céntricos unos o periféricos otros, da igual, existían patios en la mayoría de los cuales había un pozo. Y a mayores en muchos de ellos se erguía una acacia, por ejemplo.

Así que uno tiene una atracción reverencial no solo por lo que va encontrando por plazas o calles, sino en espacios recoletos, como este del patio del Colegio Público García Quintana, en la Plaza España. Cuando una especie de la envergadura de un cedro la encuentras en un espacio interior te da la impresión de que está cautiva. Pero ¿cabe pensar que un árbol tan esplendoroso pueda ser sometido a cautividad? Este puede verse al pasar por la puerta lateral del colegio por la calle Teresa Gil o bien desde una ventana que hay subiendo al primer piso de la Biblioteca Martín Abril, en la calle López Gómez. De cualquier modo es un árbol afortunado. Acompañado como está gran parte del año por los chavales en el recreo.


domingo, 26 de marzo de 2017

El jardín del Colegio Mayor Santa Cruz



Es cierto que el jardín del Colegio Mayor Santa Cruz, adjunto al histórico Palacio renacentista de Santa Cruz, gana sobre todo durante la primavera avanzada y el estío exuberante. No solamente por la fronda de sus árboles y el efecto frescor que transmite, sino porque se impone la vegetación compensando el material de los edificios que lo limitan. Pero el paseante de las cuatro estaciones, que diría el poeta Huidobro, debe ver y captar el efecto del clima sobre los espacios urbanos a lo largo de cada ciclo, porque en cada uno hay belleza. Este jardín reservado y casi secreto, en el que nunca he visto que entre gente de la calle que no sea algún perdido y osado turista ocasional, aún huele a un invierno que no acaba de abandonarnos y a una primavera indecisa que cualquier día hará su estallido. De ahí que este ámbito, que, en su actual estructura, procede de los pasados años 40, dispuesto además con algunos añadidos que llegaron de otras partes de la ciudad, se nos ofrezca todavía en esta fecha austero. 



El acceso desde la calle Cardenal Mendoza, en una zona transitada por estudiantes universitarios y de enseñanza media de los numerosos centros que hay en el entorno.




En medio del patio ajardinado, un estanque con nenúfares y peces entre el verdín.



La fachada de iglesia es un traslado, pues perteneció al extinto Colegio de San Ambrosio, ubicado en su tiempo en la que es ahora calle Santuario. El edificio al que se adosa es la instalación del museo de Arte Africano de la Fundación Jiménez Arellano, con acceso desde el interior del Palacio de Santa Cruz.






Los leones y sus escudos están ampliamente representados en monumentos de la ciudad. Su simbolismo procede seguramente de tiempos, civilizaciones y culturas antiguos. De hecho el león está muy relacionado con interpretaciones astrológicas. Luis Eduardo Cirlot, en su "Diccionario de símbolos" señala del león entre otras características, que "constituye, como rey de los animales, el oponente terrestre del águila en el cielo y, por lo mismo el símbolo del señor natural o posesor de la fuerza y del principio masculino". ¿Era por esta razón por la que príncipes, clérigos y nobles, tan representativos de un sistema patriarcal, utilizaban con frecuencia el emblema del león para exaltar sus linajes, propiedades o instituciones? También recuerda Cirlot:"...el león pertenece al elemento tierra y el león alado al elemento fuego. Ambos simbolizan la lucha continua, la luz solar, la mañana, la dignidad real y la victoria". Alegorías todas ellas de las que los estamentos de poder han hecho tradicional ostentación.



La parte de atrás del Palacio de Santa Cruz delimita otro de los lados del jardín.


Al fondo el actual Colegio Mayor, residencia de estudiantes. Ya en el siglo XVI había una hospedería de estudiantes que posteriormente desapareció. Hubo también aquí una Escuela de Artes y en el siglo pasado volvió a utilizarse como residencia.  

Sobre su fachada dice la "Guía de Arquitectura de Valladolid" dirigida por Juan Carlos Arnuncio Pastor: "La portada, trabajada en piedra y abierta hacia el viejo Colegio, muestra al exterior la nobleza del edificio. Su organización en tres cuerpos -puerta, balcón y escudo del cardenal Mendoza- rematado por un frontón partido, sigue un modelo ya experimentado en el siglo precedente, como en los ejemplos de la Casa del Sol y el palacio del Marqués de Revilla, y que se retomará así mismo en la portada de la Cárcel de la Rean Chancillería".





Y el busto de un prócer de la ciudad, Claudio Moyano, que fue alcalde, rector y diputado en distintas fechas del siglo XIX. Tal vez el elevado pedestal haga destacar al personaje que hoy, mayormente, es un desconocido para la población, no obstante llevar su nombre una calle céntrica. Pues ¿quién recuerda que Claudio Moyano llevó a cabo una iniciativa legislativa por la que se aprobó una ley reguladora de la enseñanza a mediados del siglo XIX, que fue nombrada como la ley Moyano?

Habrá que volver al jardín cuando los árboles estén en su cénit y el estanque se haya poblado de más plantas acuáticas. A ver cómo luce con la estación caluorsa.

martes, 21 de marzo de 2017

Una fuente arquitectónica, la del Ponce de León



Que uno siente debilidad por las viejas fuentes castradas no cabe duda. Existe el modelo tradicional e histórico que cundía por plazas o confluencias, fuente humilde pero efectiva en su tiempo, de la cual pocos ejemplares quedan en activo. Pero a veces uno se encuentra algo diferente, tan distinto que incluso la gente que transcurre diariamente delante de sus narices no sabe siquiera que es una fuente en desuso.

Esta es una fuente arquitectónica. No solamente porque forme parte de un conjunto  -el Colegio Público Ponce de León-  sino porque tiene un no sé qué de templete al que la hiedra corona como para compensar el olvido. La idea de convertir lo que hubiera sido una anodina y áspera esquina en un chaflán amable, con el mismo material en que fue construido el colegio en la tercera década del siglo XX, el honroso y bien trabajado ladrillo, revela el cuidado que ponían arquitectos y albañiles a la hora de cuidar los detalles. Tiempos en que se trabajaba cierta arquitectura con calidez y bien hacer. No olvidemos que Valladolid se entregó en el primer tercio del siglo pasado a la construcción de una verdadera oleada de colegios públicos, de los que tan necesitados estaba la población infantil. Por cierto, el primitivo nombre que llevó el centro fue el de Manuel Bartolomé Cossío, pedagogo krausista perteneciente a la Institución Libre de Enseñanza. 

Se encuentra en la esquina entre las calles Tres Amigos y Francisco Suárez. Supongo que pedir que se active la red de agua en esta fuente, en tiempos en que el paisanaje bebe de botella mineral y de pago, será algo vano.