Mostrando entradas con la etiqueta Ríos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ríos. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de marzo de 2026

Aprovechando que el Pisuerga pasa...por debajo del Puente Colgante





Empieza a sonar la hora de la floración. Balbuceos de una primavera que se intuye. Las riberas del río Pisuerga parecen estimularse aunque el verdor todavía tardará lo suyo. Ir a pasear hasta el Puente Colgante, el otro puente histórico de Valladolid, un sábado de fútbol -los fieles irredentos que no se dan por vencidos iban camino del Estadio Zorrilla- es un aliciente. El sol bondadoso del día irá perdiendo fuerza y el aire afilado, típico de nuestra ciudad, seguirá acompañándonos. 

Todos los puentes son hijos de su tiempo histórico, solo que la ciudad desde 1080 en que se levantó el Puente Mayor, bajo el patrocinio del conde Ansúrez y doña Eylo, no había tenido otro hasta avanzada la segunda mitad del siglo XIX. Si había que pasar de una orilla a la otra se hacía en barca, como ha sido usual en tantos ríos del mundo. Pero la historia es cambio, avance -también retroceso- y sobre todo necesidad de adaptar la ciudad a períodos de progreso. Y en ese siglo de revitalización urbana, industrial y social, se hizo preciso construir un nuevo puente a la altura del antiguo Monasterio del Prado, que en nuestra infancia conocimos como manicomio, uniendo la vieja carretera de Salamanca de parte más céntrica con la otra orilla, donde ahora sí va la nueva carretera a la provincia vecina. 

Fernando Rosell Campos, en su interesantísimo estudio Historia del saneamiento de Valladolid, editado por el Ayuntaniento, hablando de los avances de Valladolid a mediados del siglo XIX  -el ferrocarril, el auge de la industria harinera y la producción de lana, las comunicaciones con los puertos del Norte, etc.- dice que "Las clases acomodadas, ahora más abundantes buscan calidad de vida mirando los adelantos de las grandes ciudades españolas y extranjeras, no solo en viajes (ya más fáciles) sino también prensa, revistas y demás publicaciones. Los menos afortunados miran hacia los escalones sociales que les superan económicamente y copian en lo posible las novedades".

   



De la piedra al hierro, pues, podría resumirse una parte de la historia de las construcciones para el transporte y la movilidad del pasado. Porque luego llegó el hormigón, por ejemplo, y otros materiales, con los que ya nuevos puentes que atraviesan la ciudad permiten el tránsito cómodo. 

El crecimiento industrial y de nuevos barrios de Valladolid en el siglo XIX exigieron por lo tanto el llamado Puente Colgante. Que de colgante no tiene nada, pero que hereda el nombre porque en 1851 se planteó así. Pero como tal planteamiento constructivo no estuvo nunca claro y seguramente la vertiente económica acabó por desestimar el proyecto, según comenta Juan Carlos Arnuncio en su Guía de Arquitectura de Valladolid, se suspendieron las obras. Solo unos años después, en 1861 se retoma renunciando a la idea original. Fue el ingeniero Lucio del Valle quien propuso "una estructura metálica don dos cerchas curvas de gran canto disponiéndose el tablero por los cordones interiores", en cita de Arnuncio. En 1864 ya estaba terminado, con una longitud de 69 metros de orilla a orilla y un ancho de 7 metros. Siendo de hierro hay que precisar que el conjunto mayor es de hierro forjado, pero las bases de entrada y salida son de hierro fundido, algo que a primera vista ni se me ocurriría distinguir. ¿Los artífices? Los ingleses (respuesta simple) La empresa John Henderson Porter, de Birmingham.




Fernando Rosell Campos, en el libro antes citado nos aporta algunos matices, aunque abundemos en la información: "La ciudad (medidado el XIX) resurge, cambia de aspecto. Frente al centenar de faroles de aceite de principios de siglo, hay farolas de gas desde 1854 y con la fábrica de gas reniovada en 1859 se llega a servir a más de mil puntos de luz de la vía pública y a los abonados privados. El puente del Prado o puente de hierro, mal llamado puente colgante porque se previó como tal en 1853, con proyecto del ingeniero de Caminos Andrés Mendizábal e incluso se empezó a construir, pero luego se reproyectó en 1854 por el mismo ingeniero como sostenido por dos cerchas de fundición de hierro en arco, quizás para evitar la sensación poco grata de movimiento de la estructura al cruzar por una obra excesivamente flexible; finalmente se encarga en Birmingham (1860) otra variante más novedosa (sistema 'cuerda de arco parabólico', que los ingleses llaman bowstring) y se monta en 1864 con proyecto de Lucio del Valle". Parece haber mucha técnica en el texto, que la mayoría entenderemos poco o mal, pero en esa descripción está la clave que nos permite valorar lo que tenemos.




Pero no se trata de que tanto hablar del puente reduzca y opaque el resto. La ribera y su ecosistema, el flujo de agua cuyo caudal ha bajado considerablemente, a niveles normales, tras el volumen que ha traído en semanas pasadas, la atención y el uso que los paseantes o vecinos que se desplazan entre barrios hacen de sus veredas, son tan protagonistas como esa obra de hace más de ciento cincuenta años. 

Contemplar el reflejo del puente sobre el río, por ejemplo, es un estímulo relajante para el paseante. Cierto que el tráfico y el resonar de sus rodaduras sobre el piso de rejilla metálica del puente alteran la contemplación. O bien la acompañan. Hoy por hoy el Puente Colgante es aún paso obligado de una orilla a la otra en ese punto, aunque está previsto peatonalizarlo antes o después. El ayuntamiento sabrá cuándo, pero es un monumento que habrá que mantener siempre con aprecio y cariño.













martes, 25 de junio de 2024

Los que aman al río Pisuerga

 


Paradojas ciudadanas. Mientras unos llenan de desperdicios y porquería los márgenes del río, otros se esmeran por recoger la basura, desbrozar y desmalezar las sendas. ¿Lo hacen por amor al Pisuerga? ¿Por un sentido de la colaboración ciudadana que procura por mantener el tesoro ambiental de las riberas de un río tan vital para Valladolid? Ellos se hacen llamar como asociación A.M.A. El Pisuerga (Asociación Medioambiental El Pisuerga), si bien el juego de palabras hace más entrañable convertir las siglas en un tiempo verbal dotado de sentimiento. Un imperativo que es un ruego, una propuesta, una necesidad.  

Y, por cierto, el logotipo simpático es un trabajo del artista Manolo Sierra que, como tantas veces sabe dar en el clavo con las causas cívicas que se lo merecen.



Allí estuvo esta brigadilla voluntaria el sábado 22, en el entorno del Puente Colgante, margen izquierda del Pisuerga, con sus herramientas y su esfuerzo y dedicación personal. Es una tarea que realizan todos los sábados en diferentes tramos ribereños. Mujeres, hombres, jóvenes, jubilados, el tejido social que silenciosa y constantemente hace algo práctico mientras otros solo saben largar por la boca en el bar. Pero ojo, no se queden con la imagen de unos meros limpiadores de las orillas del Pisuerga, pues sus criterios y motivaciones son amplias. 

Aunque se puede, y se debe, ir a su página web para saber más de la actividad de esta asociación no me resisto a poner aquí el decálogo largo de sus intenciones:

Conservación, restauración y regeneración vegetal autóctona de ribera. 
Retirada de residuos del rio y riberas. 
Apertura de sendas. 
Construcción y talleres de cajas nido y hoteles para insectos polinizadores. 
Control de algunas especies invasoras (ej.: Ailantos) 
Retirada de troncos de la pesquera y pantalán del museo de la ciencia. 
Charlas medioambientales y patrimoniales. 
Acuerdo de actividades concretas para grupos (colegios, universidades, jubilados..etc) 
Denuncia de vertidos ilegales. 
Elaboración de propuestas medioambientales. 
Control de calidad del agua 
Participación en la creación de programas deportivos a lo largo de la ribera. 
Acciones que promuevan la igualdad e integración social de varios colectivos, como son las mujeres, los niños y personas en exclusión social.






Alfonso Calabia de Diego, en un espléndido libro titulado El Pisuerga. Encuentros y desencuentros del río y su ciudad, donde repasa la trayectoria y relación del río con Valladolid, comenta:

"La manifestación más evidente del divorcio entre Pisuerga y Valladolid se encuentra en la propia fisionomía del río: este conserva casi intacta la típica vegetación de ribera, sus aguas no reflejan los edificios más nobles de la ciudad. No es el Pisuerga en Valladolid como el Sena en París, el Moldava en Praga, el Tíber en Roma o el Gualdalquivir en Sevilla: solo es un río que empieza a buscar su sitio en una geografía urbana de la que ya, indefectiblemente, forma parte".

Y es que hasta la segunda mitad avanzada del siglo XX el Pisuerga no ha sido el río de interior de la ciudad. Quedaba fuera. Había que ir a él, no se encontraba el vallisoletano con el río directamente. Sólo el desarrollo inmobiliario de las últimas décadas, el crecimiento de la ciudad por el Oeste, con el nacimiento de barrios más o menos populosos como Huerta del Rey, la Victoria o Arturo Eyries, han llegado a integrarlo. Pero yo creo que precisamente el gran triunfo del Pisuerga es que debido a su trayectoria histórica las riberas del río se preservan y el Pisuerga mismo no ha sido avasallado por el hormigón. Los ríos de las ciudades que menciona Calabia son ríos, digamos, más domesticados. Pero menos primigenios.

Debemos sentirnos orgullosos de que el Pisuerga sea lo que es y que se merezca a gente que como AMA el Pisuerga se esfuerza en tenerle cariño práctico. Recomiendo, a quien no lo haya hecho aún, el recorrido del barco Leyenda del Pisuerga. Verá otro Valladolid desde el nivel de las aguas. La mirada del ámbito natural.












https://amaelpisuerga.es/