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lunes, 9 de diciembre de 2024

Paseo por la Ribera de Curtidores en una tarde fría de domingo




Una tarde de domingo frío, pero animada por un sol del membrillo, proporciona un paseo por un tramo de la ribera del Pisuerga bien grato. Elegí el trecho entre los puentes del Cubo y del Paseo de Hospital Militar, en la margen izquierda del río, como podía haber escogido otro. La fortuna de Valladolid es que se puede recorrer la ribera de esta orilla en toda su largura de norte a sur o viceversa. Que tiene su buena distancia. Las riberas, en un nivel inferior al de las construcciones urbanas son un mundo apartado del tráfago, del ruido y de la polución. Un espacio de reencuentro con la vegetación, con el agua y con los caminantes desenfadados. Aunque la naturaleza quede un tanto encajonada por el crecimiento de la ciudad. 




Andar por esta orilla es oxigenante para los pulmones y recuperadora para la visión. Hay quien va ejercitando una marcha o quien simplemente se desplaza a un ritmo lento y se detiene ante tantos motivos que no faltan. Esos árboles frondosos a los que va pillando el otoño, por ejemplo, que le hacen sentir a uno más perplejo y que le obliga a ser consciente de su propia ignorancia, porque apenas sabe los nombres de ellos ni de sus ciclos de vida. O la mirada más cercana y prácticamente accesible a un río tan vital para la ciudad como el Pisuerga. Cuando no se siente atraído por la curiosidad de antiguas edificaciones o admira el mundo de las especies de ánades que concurren por las aguas. Y por no faltar, uno puede encontrarse hasta la base operativa de un club de piragüismo o de una asociación medioambiental que batalla para que se mantenga el cuidado y la belleza del entorno fluvial.














En este paseo uno se topa de pronto con muros de piedra y unos estanques que no muchos paisanos saben de qué van. Son los restos de lavaderos de antiguas tenerías de Valladolid. Las tenerías fueron instalaciones donde tradicionalmente se curtían las pieles. El oficio de pellejero era uno de los más considerados y tenía su complejidad. Había que despellejar a los animales sacrificados, separar las vísceras y la piel y actuar con un criterio muy selecto y cuidadoso, para evitar suciedad, malos olores y consecuentemente perjudicar  la salud pública. En las Ordenanzas con que se gobierna la República de Valladolid (sic), de 1549, en vigor hasta 1818, y que son un ejemplo de modernidad se dice:

"Otrosí ordenamos y mandamos, que ninguna persona sea osada de echar en remojo en el río, ni en la esgueva, ni en ninguna otra parte dentro de esta villa, cueros para curtir, so pena que por cada vez que lo contrario hiciere pague seis reales de pena..." 

"Otrosí ordenamos y mandamos. que ningun pellejero, ni zapatero, ni otra persona no eche de los muros adentro de la villa, en la ribera de Esgueva, ni en otra parte, retazos ni raeduras de sus corambres, por evitar la suciedad é malos olores de ello, so pena que por cada vez que lo contrario hicieren, paguen otros tres reales de pena

Y aunque específicamente se refiera el texto al otro río, la Esgueva, es simplemente porque en el tiempo de estar en vigor las Ordenanzas fue la Esgueva, con sus dos ramales, el curso que atravesaba la urbe histórica. Pero su sentido valía también para épocas posteriores, cuando ya la ciudad había crecido. De ahí que se buscasen más adelante otros lugares apartados, como este de la orilla del Pisuerga.

 


Por cierto, cuando uno lee escritos de otra época y se encuentra con un vocabulario que desconoce le da en pensar cómo se ha perdido gran cantidad de terminología, paralela a la desaparición de viejos oficios que dieron tanta vida a las urbes. Por ejemplo, en esa ordenanza se cita la palabra corambre, y recurriendo al diccionario de la RAE me aclaro:

"1. f. Conjunto de cueros o pellejos, curtidos o sin curtir, de algunos animales, y en especial del toro, de la vaca, del buey o del macho cabrío."

Nunca te acostarás sin saber una palabra más. Aunque no sea hoy útil para el común de los mortales.








En este paseo relajante no falta una sorpresa viva. Encontrarse con una especie de base operativa de la asociación medioambiental  A.M.A. el Pisuerga, cuyos miembros se citan todos los sábados para ejecutar una de sus acciones constructivas. Limpiar de arbustos secos y hierbajos las orillas, retirar troncos del río, recoger la basura que antes el ciudadano incívico ha dejado tirada por ahí, realizar divulgación.






También existe por esta zona una instalación de la Escuela de Piragüismo Club Pisuerga, que da otro toque actual a la relación entre ciudadanía y naturaleza, en este caso el río. No es difícil ver cualquier día ejercitarse a los aficionados a las piraguas, algo que da envidia a los de secano pero que a los viandantes les gusta observar sus desplazamientos melódicos.








jueves, 11 de julio de 2024

Los restos de la Casa de la Aguada desde la que se captaba el agua del Pisuerga para llevarla al ferrocarril

 


Aguada.

3.f. Acción y efecto de aprovisionarse de agua un buque, una tropa, una caravana, etc.

(Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua)


La historia de Valladolid es antigua. Es la historia de muchas construcciones, pero también de muchas destrucciones. Posesión y pérdida son dos constantes que se han ido alternando a lo largo del tiempo. Lo que ha llegado hasta nuestros días aun siendo bastante es residual, con su importancia y calidad indudables, pero también permite intuir lo que se ha perdido. En materia de estructuras urbanas, de edificios de distintas épocas, de ingenios técnicos y fabriles que quedaron obsoletos y llegaron a su desaparición.

Uno de esos espacios que pocos conocen lo que fue, aunque es lugar de tránsito, pues está al borde del llamado Puente Colgante, que de colgante no tiene nada, es lo que se conocía como Casa de la Aguada. El edificio que hoy se ve remozado, y adulterado, pues está al servicio de un uso hostelero, fue un edificio vinculado al ferrocarril cuya misión era la de bombear agua del río Pisuerga, que está a sus pies, y llevarla hasta la Estación del Norte, que no se encuentra precisamente a un paso. Se trataba de suministrar agua para las locomotoras de vapor, tarea que tuvo lugar entre 1860 y 1944. Para ello se construyó una arqueta de captación, un pozo y un sistema de bombeo que permitían conducir el agua del río a través de una tubería larga y de buen diámetro hasta la estación.

La incuria -un término harto asociado al acontecer de la ciudad- apenas ha dejado en pie el edificio principal, hoy notablemente alterado por mor del negocio citado, unos muros de piedra, prácticamente soterrados, la arqueta, el pozo y una rueda de noria. Pero hay que echar mucha imaginación para comprender tanto la realización del ingenio como la relación entre este espacio de captación de agua del río y el ferrocarril. 

Como dato más lamentable parece ser que este espacio no estuvo catalogado por los planes de urbanismo ni reconocido como valor cultural e histórico. Y que piezas de la maquinaria que contenía fueron vendidas como chatarra. Al menos el paseante rinde homenaje al entorno y trata de imaginarlo en la perspectiva de un largo siglo y medio anterior.
















martes, 25 de junio de 2024

Los que aman al río Pisuerga

 


Paradojas ciudadanas. Mientras unos llenan de desperdicios y porquería los márgenes del río, otros se esmeran por recoger la basura, desbrozar y desmalezar las sendas. ¿Lo hacen por amor al Pisuerga? ¿Por un sentido de la colaboración ciudadana que procura por mantener el tesoro ambiental de las riberas de un río tan vital para Valladolid? Ellos se hacen llamar como asociación A.M.A. El Pisuerga (Asociación Medioambiental El Pisuerga), si bien el juego de palabras hace más entrañable convertir las siglas en un tiempo verbal dotado de sentimiento. Un imperativo que es un ruego, una propuesta, una necesidad.  

Y, por cierto, el logotipo simpático es un trabajo del artista Manolo Sierra que, como tantas veces sabe dar en el clavo con las causas cívicas que se lo merecen.



Allí estuvo esta brigadilla voluntaria el sábado 22, en el entorno del Puente Colgante, margen izquierda del Pisuerga, con sus herramientas y su esfuerzo y dedicación personal. Es una tarea que realizan todos los sábados en diferentes tramos ribereños. Mujeres, hombres, jóvenes, jubilados, el tejido social que silenciosa y constantemente hace algo práctico mientras otros solo saben largar por la boca en el bar. Pero ojo, no se queden con la imagen de unos meros limpiadores de las orillas del Pisuerga, pues sus criterios y motivaciones son amplias. 

Aunque se puede, y se debe, ir a su página web para saber más de la actividad de esta asociación no me resisto a poner aquí el decálogo largo de sus intenciones:

Conservación, restauración y regeneración vegetal autóctona de ribera. 
Retirada de residuos del rio y riberas. 
Apertura de sendas. 
Construcción y talleres de cajas nido y hoteles para insectos polinizadores. 
Control de algunas especies invasoras (ej.: Ailantos) 
Retirada de troncos de la pesquera y pantalán del museo de la ciencia. 
Charlas medioambientales y patrimoniales. 
Acuerdo de actividades concretas para grupos (colegios, universidades, jubilados..etc) 
Denuncia de vertidos ilegales. 
Elaboración de propuestas medioambientales. 
Control de calidad del agua 
Participación en la creación de programas deportivos a lo largo de la ribera. 
Acciones que promuevan la igualdad e integración social de varios colectivos, como son las mujeres, los niños y personas en exclusión social.






Alfonso Calabia de Diego, en un espléndido libro titulado El Pisuerga. Encuentros y desencuentros del río y su ciudad, donde repasa la trayectoria y relación del río con Valladolid, comenta:

"La manifestación más evidente del divorcio entre Pisuerga y Valladolid se encuentra en la propia fisionomía del río: este conserva casi intacta la típica vegetación de ribera, sus aguas no reflejan los edificios más nobles de la ciudad. No es el Pisuerga en Valladolid como el Sena en París, el Moldava en Praga, el Tíber en Roma o el Gualdalquivir en Sevilla: solo es un río que empieza a buscar su sitio en una geografía urbana de la que ya, indefectiblemente, forma parte".

Y es que hasta la segunda mitad avanzada del siglo XX el Pisuerga no ha sido el río de interior de la ciudad. Quedaba fuera. Había que ir a él, no se encontraba el vallisoletano con el río directamente. Sólo el desarrollo inmobiliario de las últimas décadas, el crecimiento de la ciudad por el Oeste, con el nacimiento de barrios más o menos populosos como Huerta del Rey, la Victoria o Arturo Eyries, han llegado a integrarlo. Pero yo creo que precisamente el gran triunfo del Pisuerga es que debido a su trayectoria histórica las riberas del río se preservan y el Pisuerga mismo no ha sido avasallado por el hormigón. Los ríos de las ciudades que menciona Calabia son ríos, digamos, más domesticados. Pero menos primigenios.

Debemos sentirnos orgullosos de que el Pisuerga sea lo que es y que se merezca a gente que como AMA el Pisuerga se esfuerza en tenerle cariño práctico. Recomiendo, a quien no lo haya hecho aún, el recorrido del barco Leyenda del Pisuerga. Verá otro Valladolid desde el nivel de las aguas. La mirada del ámbito natural.












https://amaelpisuerga.es/