martes, 24 de junio de 2025
Teatro Lope de Vega: en plena cirugía para renacer
martes, 10 de junio de 2025
Aquellos viejos almacenes junto al Arco de Ladrillo recuperados para la vida activa
La arqueología industrial puede deparar una segunda vida a edificios cuya construcción de origen fue inteligente y de buena factura constructiva. O más que la arqueología sería la rehabilitación integral. Algo que uno admira y se sorprende de que se haya logrado en gran parte en unas edificaciones junto a la Carretera de Madrid, nada más pasar el Arco de Ladrillo. Se encuentran situadas en la calle Santa Fe, calle que uno se pregunta si su nombre se tomaría de la locomotora célebre de tren fabricada en los años 40 del siglo pasado, pues se encuentra en la parte de atrás del depósito de locomotoras de la estación y los antiguos talleres del ferrocarril.
Se trata de unas construcciones de planta en calle, elevada sobre el nivel de esta, y una zona soterrada. Fueron los denominados Almacenes Generales de Castilla que el arquitecto Ortiz de Urbina diseñó en 1874, levantados con tejado a doble vertiente y utilizando solamente ladrillo y madera. Estos almacenes, que cobijaron mercancía llegada de otras partes del país jugando así un papel decisivo en el suministro para la ciudad, permaneció durante décadas en un abandono peligroso. Ha sido recientemente cuando varios proyectos empresariales, que ya no remiten al almacenamiento del pasado, han permitido recuperar y dotar de vida a varias zonas del largo edificio. Empresas como Andén 47, espacio para espectáculos y creación artística y cultural promovido por el colectivo Fresas con nata, o el autodenominado Teatro de ilusiones Serendipia, o DS, un gimnasio y fitness, o el estudio de arquitectura y urbanismo G33, e incluso hubo durante un tiempo un restaurante.
Llama la atención del paseante el acceso a cada una de las dependencias a través de una corta escalera, debido a ese nivel de la planta del edificio que se encuentra por encima del plano de la calle. Le da un aire diferente, de una coquetería inhabitual y campechana. Como puede verse en alguna fotografía aún hay tramos sin recuperar y dotar de uso y es una pena, porque la garantía de supervivencia reside precisamente en que haya vida y actividad.
https://arquitecturava.es/proyectos-valladolid/almacenes-generales-de-castilla/
https://delicias.deigualaigual.net/historia-vivida-de-delicias/almacenes-generales-de-castilla
Francisco Domínguez Burrieza, "El Valladolid de los Ortiz de Urbina". Ayuntamiento de Valladolid, 2011.
sábado, 1 de febrero de 2025
Juego de las diferencias o de aquello a esto. Un edificio renovado en la calle Estación
No creo que se precise excesiva agudeza ocular para percibir la diferencia. Temporal y de estado físico. Que no la estética. El edificio estuvo abandonado durante casi veinte años y la decrepitud hacía mella en la fachada, y es de suponer que también en el interior. Las fotografías de antes de la reconstrucción las hice hace varios años y sirven ahora para las comparaciones.
Pasabas por delante con cierta frecuencia y, aparte de lamentar el deterioro de un edificio que tendría aproximadamente cien años o se acercaba a esa edad y manifestaba una prestancia singular para su tiempo, temías que cayera algún trozo de cornisa o acristalamiento. En un momento dado cegaron los vanos y al menos se redujeron los riesgos. Pero el edificio seguía ahí, olvidado o no querido por propietarios o constructores.
Hoy, por fin remozado o, mejor dicho, reconstruído, se podría decir, ha salvado la fachada que afortunadamente ha conservado íntegra su estética y probablemente una parte importante de los materiales. Se mantiene la forja de los balcones y miradores, la balaustrada de los pisos bajos, el zócalo y moldura, la doble cornisa superior de ladrillo, la puerta metálica de acceso. Y un revoco de cal en toda la fachada donde se genera un dibujo que imita sillares. En fin, no soy ningún entendido para detallar todos los elementos y como observador común se me escaparán muchos pormenores. Sin duda lo que llama más atención es la balconada y el acompañamiento de unos miradores restaurados que, siendo una seña de identidad de edificios de otra época en nuestra ciudad, han recuperado todo su valor. Pero hay una diferencia que sí salta a la vista. La puerta no es exactamente la misma original, que disponía de dos hojas y daba a la calle Estación, porque en esa especie de chaflán semicircular hubo una puerta cochambrosa y si mal no recuerdo estuvo allí instalado un estanco de expendiduría de tabacos.
Obviamente el interior ha sido levantado íntegramente, pero no entro en el tema y las viviendas estarán adquiridas y, esa es otra, a precios de mercado considerables. Por cierto, en la puerta figuran dos letras, F y C. Seguramente las iniciales del nombre y apellido del constructor del edificio original que no he alcanzado a saber quién fue.





























