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domingo, 3 de mayo de 2026

La casa de los miradores azules

 




Me apetece denominarla así. Llama la atención porque en pleno centro destaca sobremanera. Los miradores pintados de azul rompen la fisionomía de otras fachadas más tradicionales en pleno centro de la ciudad. Toda una labor de ebanistería que transmite aires arabescos hace de estos miradores corridos probablemente los más amplios de cualquier otro edificio. Podría incluso decirse que la fachada del edificio es prácticamente mirador. El resto de fachada que no es mirador hace una composición de formas geométricas con el ladrillo rojo pero con el toque también del azul. Incluso los marcos de los balcones tienen una decoración complementaria y caprichosa que no invita a ser catalogado en estilo alguno. O eso me parece. Lo más que uno acierta a decir es que estas fachadas son rompedoras frente a otras del casco antiguo, donde reinan colores crema o almagres, y balconadas alineadas monótonamente. No es un edificio común y sus características -la madera de las galerías, la tonalidad del color, la armonía de la altura- no pasa desapercibido al viandante. 

Este recuerda entonces lo que escribió el filósofo Pierre Sansot en su atípico libro Del buen uso de la lentitud acerca del andar y su lentitud que nos permite no solo observar sino disfrutar de sus significados:

"Callejear no es detener el tiempo, sino adaptarse a él sin que nos atropelle. Implica disponibilidad y en resumidas cuentas no querer apresar al mundo. Contemplamos las mercancías sin tener necesariamente el deseo de comprarlas. Miramos los rostros con discreción y no tratamos de llamar su atención. Caminar libre, lentamente, en una ciudad presurosa, no atribuir valor más que a la maravilla del instante en una sociedad mercantilista, suscita mi simpatía. En el aspecto de la callejeadora ociosa hay algo de soberano y fluido. La mirada curiosa, sagaz, móvil del que callejea respira inteligencia y me resulta agradable observar a ambos". 

El edificio, aunque tiene entrada por la calle Val da también a la calle Especería y sus soportales camino de la Plaza Fuente Dorada, y por la parte opuesta a la Plaza del Val. Todo lo más que he encontrado ha sido que la fecha de construcción es 1909, pero sigo ignorando quiénes fueron los arquitectos. 










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lunes, 26 de mayo de 2025

Primavera en el pequeño atrio de la Fundación Segundo y Santiago Montes

 



No es la primera vez que entro en este pequeño atrio ajardinado de la Fundación Segundo y Santiago Montes. Ni será la última. Tanto este edificio como el adjunto donde nació el poeta Núñez de Arce, y ambos ubicados en la calle que lleva el nombre del vate vallisoletano, son huellas vivas de un Valladolid decimonónico que te trasladan a otra época y que deseas sean preservadas para la posteridad. En este sentido, ¿qué mejor manera de mantener un pequeño espacio recoleto, con ecos de un urbanismo casi desaparecido, que la actividad de un ente como la Fundación Montes? Los bajos del edificio, ocupados por la Fundación, sirven de marco a una labor cultural perseverante y abierta. En su local tienen lugar encuentros de presentación de libros y exposiciones de escultura o pintura a lo largo del curso. Estos días acoge una muestra de trabajos de grabado del Taller de José Rincón, de Madrid (Sobre ella se reseña más abajo, junto con algunas imágenes) 

La floresta con que te recibe el atrio produce de por sí una satisfacción visual y estética. Si se le suman las esculturas de Jorge Oteiza y de Miguel Isla el diálogo entre elementos se amplía. Piedra, metal, vegetación, madera, galerías corridas...¿No obra todo ello como un casamiento complaciente para los sentidos? ¿No es la esbeltez de los cipreses ocupando la medianería del otro edificio un componente natural que volvería insignificante cualquier clase de trampantojo? ¿No es el árbol frondoso de la entrada a pie de calle el más deleitoso introductor del visitante?

Este atrio de la calle Núñez de Arce, peatonalizada y a la vuelta de la catedral, siempre será una sorpresa para quien callejea. Pierre Sansot, uno de esos pensadores franceses que reflexionan sobre la vida cotidiana y valora las pequeñas cosas sencillas, dice en su obra Del buen uso de la lentitud que está a favor de un urbanismo moroso. "Es decir, de que, sin obstaculizar la libre circulación de las personas y de las mercancías, tomemos en cuenta la preocupación de vivir, por lo tanto de permanecer, en los lugares con los que nos sentimos de acuerdo". Quien dice de acuerdo, digo yo, dice a gusto, libre de ajetreo y de la obligación, aunque sea por un instante fugaz. No hay día que escoja esta calle -algo parecido me sucede con el Pasaje Gutiérrez- y aunque esté cerrada la Fundación rebaje el ritmo de mis pasos y me deje llevar por una especie de absentismo del tiempo presente. Manías o caprichos, como se quiera.

















Remitido por la Fundación:

Exposición de grabados del taller de José Rincón
en la Fundación Segundo y Santiago Montes.
Del 17 de mayo al 8 de Junio de 2025





GALERÍA-TALLER JOSÉ RINCÓN 


Situado en la calle Valverde 39 de Madrid, el taller abre sus puertas en noviembre del 2002, con el objetivo de impartir clases de grabado a alumnos no iniciados y ofrecer la posibilidad de utilizar sus instalaciones y ofrecer el soporte técnico a artistas conocedores del arte gráfico. 

El taller, con 200 m distribuídos en dos plantas, permiten separar la zona de grabado de la zona de estampación. La sala de estampación cuenta con 3 tórculos Martoc T-45, T-60 y T-80. La sala de grabar dispone de mesas y mostradores de trabajo para diferentes procesos. 

En el taller se imparten cursos de calcografía tradicional, fotopolímero, técnicas aditivas y xilografía, adaptando el lenguaje plástico del alumno a cada técnica. 

El taller cuenta con numerosos alumnos premiados en diferentes certámenes de obra gráfica, como el Certamen de Jóvenes Creadores de la Calcografía Nacional, el Premio Nacional de Grabado de Marbella, Premio de Grabado Dinastía Vivanco, etc. 

El taller también realiza exposiciones de sus alumnos en diversas instituciones públicas y privadas: Fundación Pons (Madrid), Palacio de Isla (Cáceres), Ayuntamiento de Carmona (Sevilla), Centro Cultural San Chinarro (MAdrid), Centro Cultural Margarita Nelken (Coslada, Madrid), Arco de Santa María (Burgos). 

El taller ha impartido también cursos en: Estampería Quiteña (Ecuador), Casa de la Cultura de Sobral (Brasil), Agua-Forte (Lisboa, Portugal), Instituto Cervantes (Tánger, Marruecos), y el Pez Soluble (Tequisquiapan, México). Como galería, participamos en ferias internacionales de arte como Estampa, Art Madrid, Masquelibros y Casa Arte, en Madrid, y en FIG Bilbao, habiendo realizado mas de 200 exposiciones en la galería a lo largo de su singladura


















domingo, 16 de octubre de 2016

Callejeando, según Pierre Sansot.




Tal vez todas las ciudades de nuestro tiempo se parezcan. La modernidad las uniforma. Tal vez aquellas ciudades que tienen en su haber un pasado y huellas latentes de distintas épocas se asemejen todavía de manera más entrañable. Pues no solo comparten las marcas no siempre gratas del presente  -tráfico desmesurado del automóvil, dificultades viarias, contaminación consecuente, exceso de mobiliario urbano que congestiona cada vez más los espacios del peatón, etc.-  sino que se compensan con un cierto grado de monumentalidad, con una arquitectura antigua que pervive, con cascos antiguos que recuerdan de alguna manera nobles estructuras de asentamientos humanos que han poblado anteriormente la misma ciudad. Y que, por lo tanto, la han hecho para que llegara hasta nuestros días.

El paseante puede y sabe elegir las zonas por las que quiere transitar con despreocupación. El paseante no es un individuo detenido en el tiempo, anclado en miradas nostálgicas, si bien no pasaría nada porque lo fuera, pues anhela tanto contemplar los cambios de su ciudad como recuperar un paso lento, principalmente si dispone de tiempo. El paseante callejea, se relaja y observa lo que acaso no había conseguido ver con anterioridad. El filósofo y escritor francés, ya fallecido, Pierre Sansot, autor de una obra de reflexión, Del buen uso de la lentitud, dice cosas como éstas al respecto:

"Callejear no es detener el tiempo, sino adaptarse a él sin que nos atropelle. Implica disponibilidad y en resumidas cuentas no querer apresar el mundo. Contemplamos las mercancías sin tener necesariamente el deseo de comprarlas. Miramos los rostros con discreción y no tratamos de llamar su atención. Caminar libre, lentamente, en una ciudad presurosa, no atribuir valor más que a la maravilla del instante en una sociedad mercantilista, suscita mi simpatía. En el aspecto de la callejeadora ociosa hay algo de soberano y fluido. La mirada curiosa, sagaz, móvil del que callejea respira inteligencia y me resulta agradable observar a ambos".

Volveré a citar a Pierre Sansot. La fotografía corresponde a la Plaza del Caño Argales. Pero ese espacio se merece una entrada aparte.