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miércoles, 22 de julio de 2026

La belleza de lo sencillo en calles de Las Delicias

 



El paseante debe observar no solo lo más monumental sino también lo más sencillo. Yo diría que incluso tiene más mérito esto último. Naturalmente uno se puede asombrar mucho con grandes edificios o espacios artísticos. Pero si nuestra capacidad de asombro y de apreciación tiene lugar sobre pequeños detalles urbanos nos llenaremos también de una satisfacción no menos sorprendente. Un mural, por ejemplo, ejecutado con imaginación sobre una medianera reclama no solo nuestra atención, sino también el disfrute de una contemplación que nos significa. O un cedro que no imaginabas que creciera incesante entre construcciones actuales. O viejos edificios que hoy no se levantarían pero que dentro de su modestia revelan una cierta imaginación de formas y colores. Aunque un paseo no se plantee como ir a la búsqueda de algo concreto no deja de tener menor interés. El ir a ver qué se encuentra uno, sin condicionamiento previo, tiene su encanto.

Ha sido paseando por el entorno de una de las partes más antiguas de las Delicias, junto al paso nuevo y viejo bajo el ferrocarril, donde se encuentra ese mural. En una medianera junto a la parte trasera del Centro de Salud en la calle Trabajo. Su autor, Gonzalo Taquen, puso en pleno vuelo a vencejos y urracas, dos especies de nuestra ciudad, aunque no siempre compartan los mismos espacios. Me parece de una gran delicadeza formal la representación de estas aves, sostenida por el tono suave de los colores empleados. En su web he visto que este pintor es un especialista en reproducir animales por muros de las ciudades y pueblos, sin desdeñar rostros o manos de personas, por ejemplo. Un autor con tal maestría debería disponer de una medianera al alcance visual de más transeúntes. ¿Se volverán a acordar de él en Valladolid?

El entorno es de la parte más primitiva del barrio. Desde que el ferrocarril dio trabajo a muchos vallisoletanos fueron creciendo a un lado y otro de la vía un sinnúmero de edificios, en su mayoría de ladrillo caravista. Edificios que fueron ocupados a lo largo de los años por trabajadores y empleados de oficios diversos, y de los que apenas permanecen unos pocos. Las calles tradicionales más próximas al túnel histórico y al nuevo -Avenida de Segovia, Mallorca, Menorca, Trabajo, Santa Rita, Sevilla, Paseo de San Vicente- han ido modificando sus edificios pero no la estructura de sus calles.




Y es precisamente a la vuelta de Santa Rita con Guipúzcoa donde una edificación de nueva planta ofrece un pequeño oasis a sus pies. Un reducido pero precioso jardín, iniciativa probablemente de algún vecino, en el que emerge sobre otras clases de árboles un elevado y magistral cedro. En Valladolid hay unos cuantos cedros en distintos espacios abiertos y cerrados. Gran parte de ellos se encuentran en zonas más céntricas o de mayor paso, por lo que mi sorpresa ha sido grande al encontrarlo en este ámbito barrial. Uno aprecia que haya vecinos que disponga del tesoro que supone un espacio arbolado y más si se trata de una especie tan espectacular. Ignoro ni la edad ni cómo llegó a ese lugar este cedro pero convierte el rincón en estética. Ojalá lo cuiden con esmero. 








Y a lo que me refería al principio. Por las calles citadas aún permanecen algunos edificios que no regatean el desafío al tiempo. He localizado información sobre su edad, con un abanico que va desde 1931 a 1945. Ese intento de aquella época de dar un toque algo rompedor a la austeridad de fachadas con sus formas y un colorido retador para lo que ha habido siempre es algo llamativo. Edificios situados en Trabajo, Mallorca y Menorca, un lugar de paso frecuente y obligado en mi infancia.












martes, 17 de febrero de 2026

Peces voladores o acuáticos, un canto a la libertad natural de las especies de nuestros ríos

 



Aunque todos somos muy dados a buscar una explicación de las imágenes que vemos creo que no sería necesario siempre. Las imágenes visuales suelen hablar por sí solas. Ciertamente que luego cada cual puede ver en ellas lo que les plazca. El espectador proyecta de sí mismo en ellas y viceversa. Naturalmente cualquier imagen esconde -o dice a las claras- un mensaje, una idea, o un cúmulo de pensamientos. Es bueno, pues que haya diálogo entre nuestra mente y lo que percibimos, sobre todo si es novedoso.

Me he plantado delante de estos murales tan trabajados como bonitos, haciendo caso omiso de la lluvia tenaz. Me he dejado llevar por esa jaula, por esos globos, por esos peces, enajenado por sus formas perfectas y sus colores medidos. De entrada, embellecer y desviar la atención sobre unas puertas de almacén, como es el caso,  ya es un logro. Más si se encuentra toda la obra en la proximidad de la confluencia de los ríos ciudadanos, los que comentaba en la entrada anterior, al borde del Esgueva y a unos metros del Pisuerga. Tal vez la inspiración de los artistas -Carlos Adeva y los alumnos del Centro Regional de Artesanía- cuando realizaron el trabajo en 2019 fuera precisamente el rumor de las corrientes fluviales y reconocer a los seres que las habitan. Terrenos del Paseo Ribera de Castilla, entre la Rondilla y Barrio España. Nadie advertiría a primera vista que el edificio se trata de un espacio de servicio de limpieza del Ayuntamiento, según leo por ahí. 
 



La imaginación de un mural permite sacar a los peces de su medio habitual y hacerlos volar. Proyectar las aletas que posibilitan su natación y convertirlas en alas y alerones de aves fantásticas. Ignorar jaulas vacías que la naturaleza nunca creó o emular a los aerostáticos que divierten la contemplación del paisaje a los aburridos humanos. Uno piensa en el hábitat de los peces, próximo a este mural, y recuerda las leyendas chinas sobre las carpas que trasladaban en su vientre cartas de los enamorados arriba y abajo del curso del río Amarillo. Tal vez estos seres acuáticos de la pintura quieran emular los recorridos de las leyendas orientales, y los autores hayan concebido algunas de las especies como el pez-dragón de la mitología china. Por cierto, en el Museo Oriental de Valladolid, Paseo de los Filipinos, hay una espléndida obra de la dinastía Ming que representa a una carpa salvando una cascada.




Obras de arte pictóricas e imaginativas como esta, que bien se la merecen tanto los vecinos de la zona como los que pasean por el entorno, darían la campanada total si abundaran más en espacios de mayor tránsito donde fuesen contempladas y disfrutadas por más gente. Algunas medianerías aisladas y muros desolados ya se han aprovechado. Que no se abandone la idea. Que sea una constante en la acción municipal de lo que se suele llamar el ornato de la ciudad. Esta obra de los peces está bien donde está, engarza con los alrededores, alegra la vista de los paseantes que, por esta zona, sobre todo cuando hace bueno, la frecuentan. Basta recordar que aquí confluye también una senda larga de la ribera del Pisuerga con un paseo urbanizado a la orilla del Esgueva que viene desde la Pilarica. Caminos de recorrido apacible y rebajados del tráfago urbano.



No sé por qué, contemplando los peces y la oda a su libertad que describe este mural, me viene a la mente el poema sencillo pero expresivo de una joven autora tunecina, Kaouther Douzi, que leí hace poco.


"UN PEZ RECIÉN SALIDO DEL AGUA 

Mi espíritu
es un pez
recién salido del agua.
Viscoso 
siempre se me adelanta
en hablar con la gente
y se escapa de mis manos cada vez que intento 
agarrarlo. 
Confundida 
digo cosas 
con voz angustiada 
y sonrío para ocultar 
sus respiraciones entrecortadas, 
intento controlarlo
con todo mi peso corporal
fijarlo con mis pies 
en vano. 
Gira en torno a sí mismo un momento 
y se resbala de mis manos
intentando 
salvarse".

Tal vez si la poeta Douzi viera este mural comprendería mejor que nadie el evanescente mundo ideal que hay en él.





domingo, 5 de octubre de 2025

El canto del exuberante jilguero del muralista Rage en la calle Gardoqui

 



       ¡Oh follaje de estío. 
Amor, rumor, verdor, plenitud tan ligera: 
       Quién, alado, te diera 
Voz sonada en las hojas, murmullo de ribera, 
       El acorde de estío!

Son palabras de nuestro poeta paisano Jorge Guillén en su poema Delicia en forma de pájaro. ¿Son solo palabras? ¿O canto o mirada o sentidos? Me pregunto qué diría el poeta de haber visto esta representación del pájaro en una calle de su ciudad natal. Tal vez multiplicara sus poemas sobre el gorrión o el jilguero o el tordo que cada uno de nosotros llevamos dentro. Y ahí, en el muro, ¿simboliza el pájaro tranquilo y luminoso la esperanza bajo un cielo cargado de negros nubarrones que parece avecinarse?

Un acierto. En un muro antes poco agraciado y un portalón grafiteado sin ton ni son de la calle Gardoqui, que debe pertenecer al convento de la Concepción, un pájaro multicolor pone la nota de un grato renacimiento estético. Aparentemente menor pero cargado de dignidad y que trata de ocultar la fealdad y el vacío de la pared, que ya venía desde hace mucho. Acogido al Ephemera Phestival 2025, promovido por CreArt 3.0, el mural ha corrido a cargo del artista Javier Román (Rage)

Ephemera Phestival es, en palabras de sus promotores, "la nueva propuesta de CreArt, para mostrar las últimas tendencias de Arte Urbano en la ciudad a través de una selección de proyectos efímeros site-specific, intervenciones murales y sobre mobiliario urbano, que toma el relevo de la iniciativa desarrollada en el post-confinamiento en 2020 #ArtistasCreArtenlaCalle. Ephemera Phestival apuesta por el arte urbano más allá de la estética amable y colorista, con proyectos reivindicativos, conceptuales o irónicos que buscan la mirada inquieta y crítica del espectador".

Javier Román bien puede haber puesto imagen y luz a un poema de Pablo Neruda que dice...

El pájaro ha venido
a dar la luz: 
de cada trino suyo 
nace el agua. 

Y entre agua y luz que el aire desarrollan 
ya está la primavera inaugurada, 
ya sabe la semilla que ha crecido, 
la raíz se retrata en la corola, 
se abren por fin los párpados del polen. 

Todo lo hizo un pájaro sencillo 
desde una rama verde.








Y Jorge Guillén de nuevo:
 

ÚNICO PÁJARO

¿Ünico pájaro? ¿Vibra ya el alba hacia un nido? 
Sobre un exánime resto de noche y zozobra 
Tiende a un preludio de coro posible un silbido. 
Atención, escuchad, el alba es una obra. 



jueves, 4 de septiembre de 2025

¿Caída al pozo o ascensión a la superficie? La mirada desde el chozo de Amaya Bombín

 



En la imaginación que nos estimula el arte los opuestos se manifiestan. No sabes si se aproximan o se repelen. Si caen o suben. Si buscan las tinieblas o anhelan la luz. Si protegen o causan desamparo. Si hacen soñar o hunden en los abismos de la realidad. Pienso en ello mientras contemplo un techo dejándome llevar por sugerencias y sensaciones particulares sin caer en la cuenta de que, por otra parte, puede haber una explicación más sencilla. Pero el arte ¿está para simplificar o para revelar la dimensión de lo complejo que nutre el mundo y la actividad de los humanos? Una idea sacada de su contexto y trasladada como imagen a otra parte puede interpretarse a capricho del observador. Ve en la imagen lo que quieras ver, te dice algo dentro de ti. Luego, tras haber degustado esa oquedad virtual que se eleva sobre el empedramiento quieres saber más y prospectas en informaciones. 




Me parece fascinante esta alegoría de techo que hay en el soportal a la entrada del Teatro Zorrilla. Su autora Amaya Bombín es una entusiasta de los chozos de pastores que cunden por Castilla y León. Diríase de ellos que constituyen no solo un espacio de cobijo sino un pequeño santuario con su apilamiento de piedras en forma cónica, generando una bóveda perfecta que para sí quisieran algunas culturas antiguas. Construcciones circulares pequeñas, en mampostería hecha con piedra que se conseguiría en el entorno, con apenas la apertura de una puerta, donde se refugiaban los pastores, y siempre situadas fuera de terreno de labor. Los chozos, como los palomares, son esas reliquias de un pasado ganadero y pastoril que hunde sus raíces en vacceos, vetones o arévacos, aquellos pueblos que hace siglos poblaron la región actual. 

La trashumancia por las Cañadas Reales tenían su propia normativa. En el libro editado en 1828 titulado Vida Pastoril de Manuel del Río, vecino de Carrascosa, Soria, que era ganadero trashumante y hermano del Honrado Consejo de la Mesta ya se dice: "Para que los pastores puedan ponerse por las noches a cubierto del mal temporal, se construirán un chozo grande, donde puedan reunirse todos para cenar, quedando después para el rabadán y zagal; además un chozuelo en cada uno de los rediles en que se divida el rebaño"

Muchos de estos chozos se han venido abajo, otros están demediados, algunos conservan gran parte de su estructura. Amaya Bombín no solo se ha inspirado en ellos sino que ha desarrollado sus ideas in situ dentro de un proyecto denominado Raíces. Que aquella inspiración llegara al techo del soportal de la Plaza Mayor, sea mirada de chozo que ella ve o de pozo que yo imagino no podría titularla de otro modo sino como Aire.




Esta obra se realizó al amparo de la Ephemera Festival 2021, y como dicen en la web de CreArt es "una nueva propuesta de CreArt para dar a conocer las últimas tendencias de Arte Urbano en la ciudad a través de una selección de proyectos efímeros site-specific, intervenciones murales y sobre mobiliario urbano, que toma el relevo de la iniciativa desarrollada en el post-confinamiento en 2020 #ArtistasCreArtenlaCalle. Ephemera Phestival apuesta por el arte urbano más allá de la estética amable y colorista, con proyectos reivindicativos, conceptuales o irónicos que buscan la mirada inquieta y crítica del espectador".

Creo que iniciativas como las propuestas por CreArt están contribuyendo a dar vida y belleza a espacios anodinos u ocultos de nuestras edificaciones y calles. Ahora bien, el que quiera mirar, que mire.







viernes, 16 de mayo de 2025

La jauría en su marcha ciega, mural en la Plaza Zorrilla

 



Justo enfrente de la escultura de Delibes, en la Plaza de Zorrilla, se encuentra un mural muy bien adaptado a la entrada de un aparcamiento subterráneo. En el lateral de una marquesina de cristal luce una estampa creativa. Tras la representación de una arcada se muestra un paisaje que juega acertadamente con la perspectiva. 

Unos perros asilvestrados corren desaforados y a ladrido limpio hacia un abismo, al otro lado del cual un primate parece avisar a la arriesgada carrera. Titulada The blind march of progress (La ciega marcha del progreso) resulta una metáfora de la carrera no tanto de animales como de humanos empeñados en lanzarse a diestro y siniestro hacia horizontes inciertos. El mural que puede parecer pesimista si se toman como referencia estos tiempos actuales de productivismo y consumo tan extremos como depredadores, también invita a otra reflexión sobre la larga marcha de la humanidad. Tal vez la mujer que nos da la espalda con su desnudez no sea sino evocación de la propia humanidad que se contempla a sí misma como completa, que ha alcanzado altas cotas de desarrollo y plenitud, cuando resulta que aún permanece en muchos aspectos desnuda. 

El autor de la obra es el brasileño Eduardo Recife, realizada para el Ephemera Phestival 2023 en Valladolid. Más información:
















jueves, 17 de abril de 2025

¿Un océano bajo el scalextric del Arco de Ladrillo?

 


Nadie como el paseante asiduo sabe que una ciudad tiene múltiples rostros y que no todos son bellos. Pasar junto al viaducto de Arco de Ladrillo causa cierto desasosiego. Esa mole alargada, con unos pilares de cemento desgastados y enormes, levantada hace décadas para salvar la línea del ferrocarril obliga a apresurar la marcha cuando no mirar para otro lado. De ahí que uno se fije en algún elemento que rompa la tosquedad abrumadora del puente.

Disfrútese, por lo tanto, del fondo marino imaginado mientras dure la obra de El Escorial, que es como llama la vecindad a la reparación larga del scalextric del Arco de Ladrillo. Una obra de reforzamiento de este paso elevado discutida y polémica, pues los que la objetan dicen que lo sensato y de algún modo previsto era un paso subterráneo que eliminara la vial en altura. Este obsoleto sistema, dicen, no se lleva prácticamente ya en ningún lado. Pues eso, gocen con la mirada del paisaje acuático que embellece el deteriorado cemento, antes de que el mural se borre del todo o sea eliminado, porque nunca se sabe.

En los últimos años los pilares y techos del viaducto fueron ilustrados con murales diversos que se han ido deteriorando. Este me parece especialmente imaginativo. Si sales desde el paso peatonal subterráneo que une la calle de Puente Colgante con Paseo del Arco de Ladrillo, dirección Carretera de Madrid, te encuentras los grandes pilares decorados con un paisaje que puede evocar o un acuárium o un fondo oceánico. Diversos peces de tamaño desigual se deslizan por las imaginarias aguas del cemento. Y no es mera metáfora. Por lo que han dicho los técnicos de la obra el paso elevado había concentrado en su interior bolsas de agua y lo han tenido que taladrar por varios puntos para desaguar. Volviendo al mural. Si se observa bien el cetáceo se dibuja en pilares diferentes. Para contemplar el resultado conviene colocarse a una distancia que proporcione perspectiva y una las partes del cuerpo de la ballena. Entonces se admira el golpe de efecto y si el paseante no va con prisas se detiene y ensueña un poco con el fondo marino.

El autor es el arquitecto y artista urbano madrileno que firma como Eduars.







miércoles, 9 de abril de 2025

El atrio de San Felipe Neri. Un trozo de patio visibilizado a pie de calle

 



Hasta hace pocos años cualquier paseante ignoraba lo que se ocultaba en una calle tan céntrica de la ciudad como es la calle Regalado. Pero hoy se puede apreciar allí una huella rediviva del pasado. A simple vista puede parecer un ejemplo de reconstrucción o restauración, que lo es. Pero también remite a la destrucción sufrida por la ciudad en la época moderna. 

Y es que este trozo de antiguo atrio de iglesia es el resultado de la partición sufrida cuando en el avanzado siglo XIX se inició un trazado vial nuevo que, arremetiendo bruscamente sobre el caserío, pretendía conectar la Catedral con la calle de Santiago. Resultado: una nueva calle que lleva actualmente el nombre de Regalado. Ese trazado irrumpió abruptamente en la finca hospitalaria vinculada a la iglesia oratorio de San Felipe Neri, por lo que quedó destruída una parte y se ocultó la que no se había derribado. Esta se recuperó a raíz del Plan del Casco Histórico de 1992 pero no fue hasta hace menos de una década cuando la reconstrucción tuvo al menos el acierto de convertir un espacio tradicionalmente interior en una apertura del pasado a la calle.

El atrio, menos lujoso ornamentalmente que otros patios de palacios y casas nobles, tiene al menos el mérito de transmitirnos todavía aquella tradición de arcadas y columnas de tiempos pretéritos. Y de paso convertir sus capiteles en un homenaje a lo toscano.




En el muro lateral, como una aportación de nuestros días, figura un mural cerámico cuyos autores son Los Bravú. Ellos son Dea Gómez y Diego Omil, y lleva el título de Cruzando las aguas revueltas. Leo en su web acerca del mural de la calle Regalado: "Azulejado en cerámica producido en los talleres del centro cerámico de Talavera de la Reina, según la tradición artesanal de esta ciudad. La imagen está inspirada en Cristóbal, patrón de los viajeros, a los que ayudaba a cruzar un peligroso rio de una orilla a otra. Ephemera Phestival III tomó las calles de la ciudad con una selección de proyectos efímeros site-specific, novedosas intervenciones murales y proyectos efímeros sobre mobiliario urbano. Ephemera Phestival es un proyecto organizado por CreArt y FMC, bajo la dirección artística de Cless".