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domingo, 30 de agosto de 2026

Ninfas y faunos en una hermosa pero descuidada puerta de la calle Pasión, que sensibilizaría a Dostoievski

 



"...También las casas me son conocidas. Cuando camino, todas parecen correr por la calle delante de mí, todas sus ventanas me miran y casi me hablan: 'Muy buenas, ¿qué tal está? Yo bien, gracias a Dios, pero en el mes de mayo me añadirán un piso' O '¿Qué tal está? Resulta que mañana vienen a hacerme unos arreglos' O 'Por poco no salgo ardiendo, me asusté'. Entre ellas tengo favoritas, amigas íntimas; una tiene intención de que este verano le trate un arquitecto. Pasaré a propósito todos los días para que no la curen de cualquier forma, ¡protégela, Señor! Y nunca olvidaré la historia de una casita muy linda, color rosa claro. Era una casa de piedra muy bonita, me miraba tan afablemente, miraba a sus torpes vecinas con tanto orgullo que mi corazón se alegraba cuando tenía ocasión de pasar junto a ella. Y, de repente, la semana pasada voy paseando por la calle y fue mirar a mi amiga y oír un grito lastimero: 'Van a pintarme de amarillo'. ¡Canallas1 ¡Bárbaros! No se apiadaron de nada, ni de las columnas ni de las cornisas, y mi amiga amarilleció como un canario".

Estas palabras, estos sentimientos, los expresó Fiódor Dostoievski en su relato Noches blancas. Su sensibilidad con el estado y el mantenimiento de los edificios de San Petersburgo están fuera de toda duda. ¿Qué añadiría el magistral escritor si viera consumirse la trabajada puerta de un vetusto edificio de la calle Pasión esquinada con la Plaza Mayor? Por otra parte, si los antiguos entalladores de esta puerta repleta de fantasía mitológica vieran su estado de decrepitud, ¿qué dirían al observar el desgaste y las telarañas? No me extrañaría que dieran rienda suelta a una queja emotiva y pensaría en la ingratitud de una ciudadanía y una autoridad a las que parece darles igual lo que les ha legado el pasado. Unas ninfas se columpian en una especie de ramaje lunar mientras Sol, con rostro lascivo, trata de poseerlas con sus rayos. Pero las ninfas se entienden con los faunos juveniles, en un juego de seducciones en el que nunca estuvo claro quién seducía a quién.




Ah, las ninfas. Parece que siempre nos hubieran pintado a los faunos como los perseguidores de aquellas, y no digo que no, pero ellas tenían una sustancia superior. En el interesante y grato libro titulado El murmullo del agua, de María Belmonte, se nos ofrece una información sintetizada:

"En la mitología griega las ninfas eran divinidades que encarnaban la naturaleza donadora de fertilidad y vivían en manantiales (náyades), en los árboles (dríadas), en las cimas de las montañas (oréades), en ríos, cuevas, arroyos y mares (nereidas) Personificaban la sacralidad del curso del agua o del paraje que habitaban y se las representaba semidesnudas y eternamente jóvenes y deseables. Las ninfas poseían un aura sensual y sexual que no compartían con nionguna de las diosas olímpicas, salvo Afrodita. Cualquier lugar que fuera fresco, verde y agradable a la vista podía ser el hogar de las ninfas, y esos lugares eran considerados sus jardines y a menudo estaban situados a la entrada de una cueva de la que brotaba una fuente".

¿No encaja la descripción en la puerta? ¿No están ellas en su semidesnudez, tal como lo cuenta María Belmonte? ¿No hay entre ellas y los faunos una representación de jardín y fuente, una síntesis de la vida agreste y misteriosa que parece complacer a sus habitantes? ¿No se está dando un juego de seducción entre el ofrecimiento de una rosa por una de ellas o la caída de los paños del vestido de la otra? En ese lugar ameno que describe la puerta, ¿no está teniendo lugar una sumisa inclinación de los faunos hacia ellas, uno haciendo sonar la siringa y el otro elevándose para alcanzar la flor que le es ofrecida? Sí, los faunos también eran considerados por la mitología grecorromana divinidades de campos y pastos y representaban espíritus del bosque o de las llanuras. Ninfas y faunos se complementaban en la mentalidad del mito. Las fuerzas de la naturaleza, en colisión y en colaboración.

Qué lástima que esta puerta tan descriptiva, tan pedagógica incluso, sea ignorada. Qué pena que si no se rehabilita el edificio más que centenario se corra el riesgo de que se pierda o al menos que el deterioro vaya a más. Por cierto, ¿cuántos de los que transitan este corazón de la ciudad se detienen siquiera un momento y se sorprenden con la iconografía y el buen hacer del artesano entallador? Por no preguntarme ingenuamente: ¿cuántos de los que pasan por delante sabrían interpretar la imagen?
 











domingo, 26 de julio de 2026

Una puerta de más de un siglo renacida

 



Aunque parezca tan nueva se trata de la puerta que ya existía en el antiguo edificio, del que solo ha permanecido el muro de la fachada tras su rehabilitación integral. Se ha salvado, pasando por la correspondiente cura y limpieza, y luce con otro lustre tan diferente al que la incuria del tiempo había llevado hace años. Basta compararla con la fotografía vieja que incluyo abajo de la entrada.

Se trata de una hermosa puerta al estilo del edificio sito en la calle Colmenares, que probablemente ya se levantara a finales del siglo XIX o a principios del XX. Muestra de aquel Valladolid burgués que nos legó una arquitectura civil moderna y de nueva factura, tratando de seguir las sendas de los estilos arquitectónicos europeos o nacionales del momento

La exuberante decoración nos lleva a interrogantes. Las testas de un hombre adulto y de un niño podrían representar al propietario emprendedor del edificio y a su hijo o a la progenie en general. O simplemente la cabeza infantil sea un símbolo del futuro que se desea pujante y que va tomando impulso. Las ornamentaciones vegetales o mitológicas serían las que de ordinario se tallaban en puertas de este tipo. En la ciudad quedan todavía algunas en mejores o peores condiciones. 



¿Qué decir de los dragones alados que parecen montar guardia en torno a las cabezas humanas? El dragón es una de esas representaciones fantásticas más extendidas en todas las culturas y con un repertorio diverso de significados. Tallados en una puerta ¿serían un símbolo de seguridad y protección como algunos indican? "El dragón se nos presenta esencialmente como un guardián severo o como un símbolo del mal y de las tendencias demoníacas. Es en efecto el guardián de los tesores escondidos, y como tal el adversario que debe vencerse para poder acceder a ellos", escriben Jean Chevalier y Alain Gheerbrant en su Diccionario de los símbolos. ¿Nos apuntamos a la interpretación de guardián de la finca?

¿Y no es el mismo Ave Fénix el que se muestra altivo y creciente en el espacio más grande de las hojas de la puerta? Si en el momento de construir el edificio primitivo ya significaba renovación ahora con la rehabilitación del edificio parece estar renaciendo nuevamente. Paradojas de los símbolos y de la supervivencia de un edificio.

En fin, la puerta constituye por sí misma toda una arquitectura. Tras el trabajo artístico, y ahora remozado por los especialistas, esta obra nos retrotrae a los tiempos de los viejos oficios de los ebanistas, entalladores, ensambladores y puertaventanistas que tanto cundieron en el pasado y con tanta maestría en nuestra ciudad.












martes, 22 de octubre de 2024

La transparencia de una puerta y de lo que hay más allá de una puerta

 



Hay puertas de madera y puertas metálicas. Pueden tener su gracia decorativa muchas de las opacas. Pero pocas exhibir una transparencia como esta del edificio de la calle Miguel Íscar 15 donde la opacidad no existe. Una filigrana de rejería cargada de elementos vegetales simbólicos permite visualizar el zaguán. Inicialmente no tenía cristal, lo cual proyectaría de modo más abierto el acceso. Y he aquí que otra vez se nos manifiestan las hojas de acanto y sus flores, que abundan en tantas fachadas. En la parte superior la rosa exuberante. Los acantos después. Dentro de círculos el brote ondulante de los capullos. Y en la inferior, tras más acanto, el tema recurrente y eterno de la espiral que ya practicaran en sus adornos las civilizaciones clásicas. Para rematar, los festones de la parte más baja se exhiben en la mejor tradición romana, signo siempre de la celebración festiva. Vuelta, pues, a los símbolos, a los que tanto gusto habían cogido los arquitectos y diseñadores del modernismo.

Si me hubiera quedado en el exterior me habría perdido la otra mitad. El zaguán o entrada que conduce a las escaleras. La grata amabilidad de la conserje del edificio me permitió, además de mantener una charla informativa y llana, observar aquel conjunto. Zócalo elevado con mosaico vidriado de dibujo geométrico a lo largo de sus paredes, que se puede considerar como de neta inspiración catalana. Un friso corrido con motivo vegetal sobre todo él. Otra moldura corre por la parte superior generando un entrelazado exuberante de floresta. 





Y aún nuevas sorpresas. Una puerta, hoy haciendo de trampantojo, a cada lado de las paredes laterales cuya entidad decorativa puede advertirse en la imagen. Por último la lámpara art decó, que uno no hubiera imaginado encontrar sana y salva a estas alturas, junto a las puertas interiores que dan acceso a la escalera, donde figura en el vidrio las iniciales PM, de Pedro Mazariego, el promotor. En general tanto la puerta principal como el portal han sido en su momento rescatados del olvido y es un verdadero tesoro encontrar algo tan hermoso. Lástima que la caja de hierro del ascensor histórico esté desparecida. En fotografías antiguas puede contemplarse la suntuaria filigrana de la que se dotó.

Sobre el edificio nos cuenta en su libro de Monumentos Civiles de Valladolid el historiador del Arte Juan José Martín González: "Promovió su edificación don Pedro Mazariegos, según proyecto del arquitecto Antonio Ortiz de Urbina. Los planos están fechados el 4 de abril de 1913. En la memoria se habla de un estilo Renacimiento, y es modernista de la más pura esencia, pues se ha dado prevalencia al hierro". El paseante no pretendía dejarse absorber por todo el edificio en sí sino por el empaque de su puerta y vestíbulo, ante los que no podía permanecer insensible.














Fotografía de la rejería desaparecida de la caja del ascensor, tomada del libro Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851-1936), de María Antonia Virgili Blanquet. Valladolid, 1979.





jueves, 19 de septiembre de 2024

Una puerta modernista en la calle María de Molina

 


De esta calle céntrica guarda uno la memoria de un cine, el Roxy, y un teatro, el Lope de Vega que, a su vez, igualmente hizo de cine cuando no había temporada teatral. También de hace décadas ronda el recuerdo en esa calle de los dos hoteles más chic de Valladolid en los años 50 y 60, el Conde Ansúrez y el Hostal Florido. Y en un extremo, junto a la Plaza de Santa Ana, el Hotel  Inglaterra.

Ninguno de los nombrados cines y hoteles permanecen en su uso, si bien como edificios casi todos han sobrevivido en parte, el cine convertido en casino, y el hotel Conde Ansúrez y el Inglaterra como viviendas y oficinas. El Florido fue derribado. Solo queda entre dos aguas -mudo testigo que hubiera dicho el poeta- el cerrado Teatro Lope de Vega, actualmente de propiedad municipal y a la espera de su rehabilitación. El día que esta llegue a buen fin supondrá un escalón recuperado de la actividad artística y cultural. Ah, se me olvidaba, también existió un café, el Molinero, muy concurrido en su tiempo probablemente por la proximidad de las dos salas de espectáculos.

Pues bien, de esta calle siempre me llamó la atención esta esbelta puerta modernista en un edificio que debió ser reconstruído prácticamente hace pocas décadas. Es una muestra más de las labores artesanas de la madera que se desarrollaron desde tiempos ancestrales en nuestra ciudad. Hay muchas más puertas en edificios construídos para la incipiente burguesía urbana del siglo XIX y parte del XX en calles del centro de la urbe. Puertas talladas, donde se recogen abundantes símbolos de animales fantásticos y florales, así como disposiciones geométricas, siguiendo criterios historicistas y modernistas. 

Lamentablemente no ha sido posible una toma fotográfica frontal y con perspectiva de toda la puerta, debido a la terraza de un bar vecino. Sirva pues este desglose por partes para hacernos idea.











viernes, 14 de octubre de 2016

Esos extraños seres híbridos de las puertas



¿Obras de escultores de la madera o de ebanistas? ¿O ambos oficios de la misma mano? Hay un toque de orfebre innegable en esas pequeñas esculturas que lucen viejas puertas de edificios centenarios de nuestra ciudad. En este caso extraños seres masculinos, medio humanos y medio volátiles, híbridos de la naturaleza, que no se sabe bien si proceden del reino animal, del vegetal o del mitológico de la cultura humana. ¿Se trata de representaciones protectoras? ¿De personajes benefactores? ¿Son individuos que se hacen o que se deshacen, como el mismo hombre de carne y hueso? 

Ornan la vertical de un portalón del principio de la calle Duque de la Victoria. Hay muchos más con análogo toque decimonónico por esas calles nuestras. Habrá que ir localizándolos y traerlos aquí.