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viernes, 13 de diciembre de 2024

Postales de otoño. El Poniente

 


Querido Poniente. El de antes y el de ahora, porque siendo el mismo espacio eres y no eres, pero siempre estás y los ciudadanos sin prisa nos adaptamos. Al contemplarte se me ocurre que miradas y sensaciones suelen ir de la mano. Piedra/Roce. Pátina/Transformación. Hojarasca/Crujido. Ángulo/Encuentro. Horizontalidad/Juegos. Esfera/Tacto. Espiral/Recorrido. Geometrías por doquier que pueden suscitar conexiones y asociaciones caprichosas. Unas de los sentidos. Otras de las fantasías.

Me doy cuenta de ello ahora. Antes, hace siglos, deseaba llegar al Poniente para ver a Pipo y Pipa, Lolín, Pichi, Bobito, aquella figuras escultóricas de niños de tebeos más ancestrales que nosotros que desde sus pedestales nos sonreían. Luego llegó el tiempo de su defenestración por la acción de un vandalismo que, como todos los vandalismos, no entiende nada y disfruta con sus actos de perjudicar los bienes públicos. Y los entrañables personajes desaparecieron para las nuevas generaciones que fueron llegando. Para las otras, a las que uno pertenece, no hay problema. Existe una grabación secreta en algún lugar de nuestro cerebro generoso que sigue sonriendo a los niños del historietista Bartolozzi.

Recuerdo y hablo sobre un tiempo viejo en que aún no habías sido cercada parcialmente por los edificios altos de ahora. Los parterres de entonces, los bancos, las barandillas, las escalinatas y más elementos dieron lugar a otros nuevos.  Algún que otro respaldo jubilado de bancada permanece como testigo y el visitante de hoy pasa la mano por alguno de los bolos, roza con el dedo el trayecto de las espirales, se divierte siguiendo la dispersión de la antojadiza yedra, se acoge a la frondosidad de unos árboles que supone más antiguos que él mismo, pero cuya orfandad de ramaje se va haciendo notar. Activa memoria y sensaciones.

Te dejo una imagen de otra época para tu consuelo, que no para melancolías. Has sabido reponerte en tus noventa años de existencia y habrás visto tanta gente y tantas situaciones...Al fin y al cabo eres una plaza de lujo y oxigenante, tan próxima a la Plaza Mayor como al Pisuerga, y varios edificios monumentales se aproximan a ti. Ahí, al borde de donde estuvieron remotas murallas de esta ciudad que hoy resulta ser cada día más abierta. 





viernes, 7 de junio de 2024

Jorge Guillén y los niños ponen a navegar barquitos en el Parque del Poniente




Uno recuerda, al entrar en el parque del Poniente y ver cómo juega el poeta con los niños a poner a flote barcos, uno de sus poemas con infancia de fondo.

Antonio viaja que viaja
por tierra, por mar, por aire, 
va de un continente a otro 
porque el mundo ya no es grande, 
mira desde su avión 
cordilleras y ciudades 
como si, soñando aún, 
sobre algún mapa trazase 
con el dedo rutas, rumbos. 
¿Ser hombre es estar de viaje?

El mundo dejó de ser grande hace mucho tiempo. Hasta Jorge Guillén lo advirtió hace muchas décadas cuando emigró allende los mares para sobrevivir al desastre. Los dos barquitos del conjunto escultórico que han puesto a navegar se llaman: uno, Cántico, y el otro, Clamor. ¿Por qué unas naves no van a llevar nombres de poesía y además de la buena? Ambos nombres son los títulos de dos de las obras poéticas más importantes del poeta vallisoletano. 

El conjunto es reciente, de 1998, y el autor Luis Santiago Pardo. El parque, un diseño que ocupa un espacio rectangular, fue proyectado hacia 1935. En la infancia de muchos vallisoletanos ya longevos permanece el recuerdo de un parque tan querido como el Campo Grande. Las estatuas de Pipo y Pipa, retiradas porque fueron afectadas por el vandalismo, un estanque en la zona central, parterres y bancos de piedra y forja que aún subsisten como se ve en las fotografías. Y el esplendor de los árboles frondosos que han seguido fieles, aunque los haya nuevos también, al lujoso espacio.

No fue mala idea, no, reconvertir un parque añoso en un diálogo poético de Jorge Guillén (Valladolid, 1893 - Málaga 1984) con la infancia. Un trío de personajes: el poeta que flota un barco de papel junto a un niño, mientras en un extremo del estanque-océano otro niño permanece pendiente de recibir otro navío. Es un juego apacible, de cuento. Pero aunque el conjunto escultórico concentre la atención del paseante, y muchos de ellos simplemente atraviesan la plaza, están de paso, sigo pensando que la majestuosidad de los árboles y la belleza de los bancos de otras época pero de un diseño aún moderno concede acogimiento al espacio.

Las pérgolas metálicas son más recientes pero cumplen su función y con la zona actual de juegos infantiles se complementa un parque tan querido como tan a mano del ciudadano de a pie.



EL NIÑO DICE… 


¿Qué dice? Ni un balbuceo. 
Sólo un susurro en apunte. 
Basta que a los labios junte, 
Aguzándose en deseo. 
Este espíritu que veo 
Pendiente de mi respuesta. 
Él es quien se manifiesta 
Sin palabras, de tal modo 
Jovial que lo dice todo 
Con una salud en fiesta.







NIÑEZ

Disparada inocencia de albor animal, 
Destello de joyas en bullicio, 
Diamante impaciente que canta, 
Pájaro nítido: 
Llévanos tú bajo los soles 
Que te descubren y dan sus dominios. 
Arrebátanos en tus ráfagas 
De paraíso, 
Elévanos 
A la alegría sin tacha de tu infinito














PLAYA 

Este sol de la arena 
Guía manos de niños, 
Las manos que a las conchas 
Salven de los peligros. 
Conchas bajo la arena 
Tienden hacia los niños, 
Niños que ya hacia el sol... 
Pero el sol rectilíneo 
Viene. Los rayos, vastos 
Arriba tan continuos 
De masa, deslizándose
Llegan aunque sus visos, 
Sin cesar rebotando 
De ahíncos en ahíncos 
De ondas, se desbanden. 
Aquí, por fin, tendidos 
Se rinden a las manos 
Más pequeñas. ¡Oh vínculos 
Rubios! Y conchas, conchas. 
Acorde, cierre, círculo.