En estos tiempos en que se adopta de todo -niños, perros, gatos, mascotas varias, etc.- alguien ha tenido la idea, ¿o es solo ocurrencia?, de proponer la adopción de un pavo real, ese símbolo por excelencia del Campo Grande. O eso pensó este paseante al ver un recortado pavo real de aglomerado apostado en plena Fuente Dorada. Entre su alisado plumaje azul se lee el mensaje: adoptaunpavo.com.cuida de un pavo real de Campo Grande. ¿Irá de adopción o solo de broma? Pues ni una cosa ni otra. Se trata de un guiño publicitario ingenioso y sutil, porque si vas al enlace propuesto lo que te encuentras es nada menos que la programación para la temporada 2026/2027 del Teatro Calderón. Una publicidad delicadamente inductiva e ingeniosa, y nada agresiva, por cierto.
Por lo demás, ya sabemos la atracción, la fama y el respeto de que goza el pavo real en nuestra ciudad. Y cómo se vincula al parque principal, aunque no estuvo allí toda su vida y me parece que aún no ha transcurrido el siglo desde que se ubicó a la primera pareja. Siempre ha sido una imagen espectacular la de esta ave, pero en los últimos años fue además una imagen icónica, representativa y sumamente atrayente, de la Feria del Libro. No obstante parece que en la última y reciente edición ha pasado a otra vida. A la vez que se ha inaugurado un nuevo logotipo harto convencional.
Leo un texto del escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo para aquel testimonial libro coral El Campo Grande, un espacio para todos, publicado en 2009:
"Desde hace unos años el pavo real es la imagen de la Feria del Libro de Valladolid. Es así desde que la feria abandonó su emplazamiento de la Plaza Mayor para situarse junto al Campo Grande. El pavo real es una de las figuras emblemáticas del parque y nada pareció más natural que tomarle como símbolo de esta fiesta de primavera. Además, esta extraña ave, con su cola magnífica, que debe desplegarse para ser vista, bien podría ser un símbolo de ese libro cuyas hojas abrimos en el acto de leer. La cola del pavo real está llena de ocelos dorados, azules y verdes que, al extenderse ante nuestros ojos, representan el universo; y en los libros se guardan todos los matices, pensamientos y emociones del corazón humano. Aquel representa el firmamento y sus noches estrelladas; loslibros, ese mundo interior hecho de los pensamientos y las imágenes que pueblan nuestros sueños".
El símil alegórico de Martín Garzo, tan logrado como hermoso, parece haber quedado atrás por criterios que a veces no se entienden bien. Sin que estos signifiquen avance ni mejora creativa ni de comunicación colectiva.
Aunque circunscrito su modus vivendi al Campo Grande nunca estuvo de más que el pavo real representara de alguna manera el estatus de la ciudad moderna que viene latiendo, primero lentamente, más tarde veloz, desde el siglo XIX avanzado -y es que no solo de un conde Ansúrez y llamas o jirones del escudo debe vivir la representación de la ciudad- pero sería una ligereza postergar el estimulante porte del animal como seña también de identidad urbana, viva y majestuosa, que sigue siendo para los ojos de los paisanos y de los visitantes.
La última novedad es que, a tenor de ciertas imágenes que he visto por la red, ahora se le ha convertido al pavo real en una imagen infantiloide dirigida a los niños. En fin, otra ocurrencia más que no brilla por su excesiva imaginación. En contrapartida no me parece mal que el Teatro Calderón de la Barca recabe la imagen del pavo real para promocionar, al menos en estos momentos pre-temporada, sus espectáculos. Aunque personalmente si quiero ir al teatro lo haré en función de la obra que me interese. Y si quiero percibir de cerca y disfrutar la belleza y la conducta del pavo real todavía lo tengo más fácil y gratuito: pasear por los ámbitos del parque por donde transcurren sus días y sus noches. Que en ocasiones los transgreden, por cierto.




