Valladolid no acaba en su propio término territorial sino que se prolonga, tanto en intercambio comercial y personal como emocionalmente, a través de otros municipios del alfoz. Cabezón de Pisuerga es uno de ellos. Como Simancas, Arroyo, Zaratán, Laguna...Quien se extrañe aún del término alfoz puede recurrir al Diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas, donde este le dirá que procede de la voz árabe háuz, algo así como distrito o comarca, aunque en tiempos modernos estos otros términos se hayan ajustado y precisado mucho más a realidades de población contemporáneas. En fin, que lo común es considerar como alfoz a las poblaciones de cercanía donde llega la influencia socio-económica de la capital y se genera a la vez un vínculo inverso.
Cabezón, para un vallisoletano, está ahí, desde siempre, a tiro de piedra, es una proximidad histórica. El término Cabezón vendría de cabezo, cerro. No en vano a su lado se encuentra el cerro hoy llamado de Altamira. Un lugar ya habitado en tiempos primitivos, como también Valladolid, cuando ni uno ni otro de estos territorios poblados tenían los nombres que luego fueron adjudicados. Si en nuestra ciudad hubo un poblamiento en la Edad del Hierro, el ubicado en el Soto de Medinilla, en uno de los meandros del Pisuerga, también existieron otros de la Edad del Bronce y del Hierro en Cabezón, conocidos por los arqueólogos como Santa Cruz y El Bosque-Las Arenas. Pero además hubo ocupaciones posteriores ya con el Imperio Romano en los primeros siglos d.c.
Y es precisamente sobre todo esto que cito aquí de pasada, sobre lo que trata una exposición recoleta pero muy bien planteada que se encuentra en el Museo de Valladolid (Palacio de Fabio Nelli), bajo el título Donde el pasado habita. Arqueología de Cabezón de Pisuerga. Utensilios de trabajo, de uso doméstico, armas o decoración se exponen en vitrinas profusamente acompañados por paneles explicativos. En estos toda una reconstrucción de las formas de vida y de rituales, de poblados y viviendas, de las tareas o los ocios de aquellos vecinos de varios cientos de siglos antes de nuestra era y de siglos posteriores. Al fin y al cabo vieja y sabia Historia de Cabezón de Pisuerga.


Como joya espectacular, que no se libró de su deterioro, destaca el mosaico de la villa romana de Santa Cruz, llamado Mosaico de los guerreros Glauco y Diomedes, un episodio sobre un lance de honor. Los arqueólogos Arturo Balado Pachón y Ana Martínez García, en el artículo aparecido en el IX Curso de Conocer Valladolid, en el año 2015, indicaban que aquel mosaico "...cubría un triclinium porticado que miraba al Pisuerga. Se trata de un mosaico rectangular con numerosos restos de basas de columnas que configurarían una galería porticada sobre el río de unos 35 m de longitud.
El mosaico ocuparía la parte central de esta galería, y el emblema (de 3,74 x 2,15 m) nos presenta a cuatro figuras masculinas agrupadas dos a dos en sendas escenas. En realidad lo que nos está contando es un pasaje de la Ilíada en dos escenas diferentes y representa la lucha entre Glauco y Diomedes, por un lado, y a continuación a los combatientes estrechando sus manos e intercambiando sus armas, al finalizar.
Además presenta inscripciones en latín y griego (Ilíada, canto VI, 119-236) que aclaran el sentido de las dos escenas. La griega representa un verso final de la Ilíada que es común a varios de los combates que nos narra este antiguo poema. Pero la latina nos aclara de qué combate se trata, ya que se puede leer TYD..., que sin duda hace referencia a TIDEO rey de Etolia, padre de Diomedes.
No parece que haya duda en la funcionalidad de la galería porticada sobre el río, dominando el paisaje. La lucha entre Glauco y Diomedes fue siempre valorada en la Antigüedad como el más cabal modelo de hospitalidad y esta sala sería pues un ejemplo de triclinium donde se ofrece la hospitalidad de dueño de la villa, frente a un paisaje de su fundus (Regueras, 2013: 83). Desde luego llama la atención, pero no es novedoso, ya que son muchos los ejemplos, la continuidad por el gusto hacia los autores clásicos en fechas tan tardías del imperio, incluso con inscripciones en griego, lo que demuestra el refinamiento cultural de las élites que construían estos palacios rurales".
También sobre él escribió el arqueólogo José María Blázquez en un artículo sobre mosaicos romanos de tema homérico:
"En el pavimento de Cabezón del Pisuerga se encuentran cuatro personajes emparejados dos a dos; los situados en la parte izquierda son guerreros en actitud de luchar, como se deduce de los escudos, que chocan y de las lanzas, que se cruzan. Los guerreros cubren sus cabezas con un casco helenístico de visera angular con cimera. Las otras dos figuras están muy mutiladas, en su parte superior. La cuarta también se encuentra muy deteriorada en la zona media e inferior. Ambas visten traje romano. En la parte alta se lee una inscripción en griego. Se representa en esta composición un tema de la Ilíada. La terminación de la Inscripción en griego se lee en los cantos 6.120; 20.159 y 23.814, en los que se describen la lucha entre Glauco y Diomedes, Eneas y Aquiles, Ayax y Diomedes, respectivamente. La inscripción latina, muy mal conservada, podría aludir a Diomedes, tal como se refiere en los versos 6.119-236 de la Ilíada, donde se afirma que después del combate con Glauco, ambos combatientes se dieron la mano y se intercambiaron las armas".

Más allá de estas épocas tan pretéritas se expone una pequeña muestra de objetos y esculturas relacionados con el monasterio cisterciense (siglo XIII) de Santa María de Palazuelos, en el término de Cabezón. Tras un largo tiempo de abandono y desapariciones parciales hace unos años se realizó la tarea de rehabilitar lo que permanecía en pie, principalmente la iglesia y algunas capillas adjuntas. El arte cisterciense tiene en Valladolid una notable representación: Santa María de Valbuena, La Santa Espina, Retuerta, Matallana y Palazuelos configuran un quinteto importante, con una conservación muy desigual, alguno de ellos en la ruina total. Sobre Palazuelos adjunto enlaces.
Y por último el llamado Tesoro del Pago del Doctor, "un rico conjunto de joyas y monedas, evidencia de la inestabilidad política acontecida en el siglo XIX", indica el propio museo. Extraigo del facebook del mismo museo esta información:
"Encontrado en 1963 en el 'Pago del Doctor', en una cantera situada ahora dentro de los límites de la actual base militar "El Empecinado" en Cabezón de Pisuerga apareció este tesoro formado por monedas de oro y joyería de oro y plata dentro de una vasija que fue referida como 'ánfora' y que, desgraciadamente, no se ha conservado. Aunque tradicionalmente se ha querido atribuir al momento de la batalla de Cabezón (12 de junio de 1808) y que la ocultación se debe datar a partir de 1795 (fecha de la moneda más moderna), lo cierto es que hay joyas posteriores a esa fecha y que las marcas de algunas de alhajas que lo integran pudieran llevar su datación hasta el segundo cuarto del siglo XIX".
Por supuesto que esta exposición, que permanecerá hasta el 31 de mayo, debería ser de obligada visita para los vecinos de Cabezón de Pisuerga, pero por otro lado también de interés para los vallisoletanos de la capital, pues ambas poblaciones han compartido en el pasado las mismas culturas y características de vida y relaciones. La exposición está comisariada por la arqueóloga Consuelo Escribano Velasco.





















