jueves, 16 de abril de 2026

No es un palacio pero es una reliquia en el barrio tradicional de San Andrés

 



No es palacio ni iglesia ni centro comercial y no se lo nombra como monumento. Ignoro si estaba catalogado para preservar, imagino que sí. Acostumbrado a verlo, como otros cuantos que aún  quedan de finales del siglo XIX o principios del XX, al paseante no le pasa desapercibido. Tampoco es ya vivienda. Se encuentra desalojado desde hace mucho tiempo, aunque debió haber okupas e indigentes. La buena noticia, y por eso he ido a verlo de nuevo, es que recientemente apareció en la prensa que los propietarios piensan solicitar nuevamente la licencia para edificar once viviendas. 

Teniendo en cuenta que dos edificios también de época secular que se hallaban contiguos a este fueron derribados salvajemente, y ahí quedan lo solares y supongo que los litigios pendientes, que este del número 41 de la calle Labradores, esquina con Niña Guapa, salve sus fachadas sería un triunfo. Y aún en estas calles próximas -Niña Guapa, Asunción, San Luis- permanecen algunas reliquias más. Aunque he consultado la página de Idealista no aparece la fecha de construcción de este inmueble, pero sí el de uno que hay al lado, donde figura ser del año 1885. El arquitecto del edificio habría sido el vallisoletano Modesto Coloma (1840-1925), del cual hay unos cuantos edificios rperesentativos en nuestra ciudad. 




En el barrio de San Andrés hubo un tipo de construcción en el último tercio del siglo XIX vinculado al desarrollo del ferrocarril. En efecto, los Talleres Generales y la Estación del Norte están muy próximos. Las viviendas levantadas a partir de entonces, con análoga tipología, vendrían a cubrir las necesidades de vivienda de los trabajadores del ferrocarril. Fachadas donde dominaba el ladrillo, a veces sin mayor decoración, aunque hay que considerar al ladrillo tan noble como cualquier otro material. Algunos edificios ya incorporaban elementos decorativos, bien a través de cornisas u orlas de balcones, rejerías de balconadas, o ventanales de mayor empaque a la calle, como es el caso de este edificio. 

Ya digo, no son edificios señoriales en el concepto que tenemos de aquellos otros del casco viejo que fueron habitados por gentes de poder e influencia. Mas para el paseante son humildemente señoriales en otro concepto. El de dar alojamiento a los obreros y a los menestrales, así como a los tenderos que abrían sus modestos establecimientos de ultramarinos, lecherías, tahonas, carnicerías, alpargatas o carros de transporte. Pocas casas hay aún como esta donde se advierte en su parte posterior las galerías que inundaban de luz y calor natural una parte de las viviendas. ¿Mantendrá este sistema de galerías, si bien arregladas, el nuevo proyecto del edificio recuperado?  El mismo portalón que da a un patio -el patio y el pozo eras imprescindibles en aquellas casas- es un elemento que debería seguir constando como dato arqueológico de época industrial moderna.