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domingo, 16 de junio de 2024

La alegre e imaginativa fachada de la casa de las macetas de Vegafría

 


Es de suponer que no necesitan que se las riegue con frecuencia, aunque de vez en cuando, para contrarrestar la acción climática, alguien dará un repaso a esta belleza plástica virtual. Aquí los verdes, allí los rojos, los lilas, los amarillos, los azul celeste...Y por si fuera poco la parra crece y crece esperando el tiempo de las uvas. No sé si es más sorpresa o alegría lo que proporciona al viandante que no frecuenta la zona. Está en la calle Vegafría, esquina con Arca Real. Una calle de un barrio antiguo dentro de otro barrio de vieja urdimbre social, Las Delicias. La casa de las macetas bien merece un reconocimiento a la recreación imaginativa, que no naíf. Para mí es mucho más auténtica esta fachada.







sábado, 4 de mayo de 2024

Presencias plásticas que sorprenden al paseante

 


Pasear no es andar con la cerviz agachada, pendiente de un suelo que no va a desaparecer por las buenas bajo los pies. Tampoco es andar apresuradamente: esto es desplazamiento. Se puede pasear sin objeto ni meta, abstraído. O compaginando recorrido con recados tranquilos. La urgencia es contraria al paseo. Se puede caminar alternando ritmos, en función de lo que nos permitan las piernas. Pero más allá de la forma de efectuar un recorrido los paseantes comparten un sentido agradable. Disfrutan, disfrutamos, no solo alimentando el aparato locomotor, sino el cerebro. ¿Cómo? A través de la mirada. 

La mirada nos conduce a la observación. Observar es pensar lo que nos rodea. Si se ha vivido toda la vida en la misma ciudad, la mirada nos permite recordar. Hayan desaparecido espacios urbanos y edificios de nuestra infancia o permanezcan todavía, la memoria se reaviva. Ello proporciona satisfacción. Pero nos lleva también a hacernos preguntas. Sobre los cambios, sobre el tiempo que vivimos y el que empieza a ser habitado por nuevas generaciones. Algunos somos asiduos a leer cuantos carteles o letreros nos encontramos en los paseos. Hasta los más insignificantes, esos cartelitos, a veces manuales, adheridos a  las farolas. También a contemplar las incidencias y modificaciones que periódicamente tienen lugar en calles y plazas.



Cuando nos topamos de pronto con un mural que cubre y dignifica una medianería, y mira que hay medianiles por Valladolid, la sorpresa nos hace parar en seco. Luego viene la admiración sensitiva, la búsqueda de significado, el goce de los colores y las líneas. Y dedicamos un instante de reconocimiento al autor de aquel arte, aunque nos sea desconocido.   

La imagen con que se abre la entrada lleva por título Mirar al futuro con alas de libertad, igualdad y respeto. Eva Mena es la autora de este mural en la calle López Gómez, 24. Eva Mena, por lo que puede leerse en su web, tiene un amplio historial de obras murales dentro y fuera de España. Su propuesta es rotunda: "Quizás tienes delante una pared, un muro, medianera o interior de local que parece vacío, impersonal o que simplemente quieres pintar sin recurrir a la solución 'clásica'. Son ejemplos de espacios que puede transformar el arte mural, aportando soluciones adaptables y visualmente creativas".






Hace ya más de setenta años que el Renault 4/4 salió de la factoría de la empresa FASA de Valladolid. Aunque había sido creado unos años antes en Francia. 

Leo por alguna parte que le llamaban cuatro cuatro por contar con cuatro plazas, cuatro puertas, cuatro cilindros y cuatro caballos. En sus inicios el motor lo tenía en la parte trasera, de ahí aquellas rejillas de ventilación. Pero las cuestiones técnicas las dejo para los entendidos de vehículos del pasado, porque las nuevas generaciones desconocen lo que fue aquel automóvil compacto, redondeado, bastante estético y, cómo no, entrañable. ¿Será por todo ello por lo que es objeto todavía de ser representado en algunos espacios de la ciudad? En este caso se nos ofrece, como homenaje a algo icónico o como recuerdo simplemente, en la puerta de un garaje de la calle Expósitos, casi en la confluencia con San Quirce. Una manera estética para adornar un portalón que sin duda sería grafiteado vandálicamente de no haberse pintado el 4/4.

Una obra plástica de arte actual sobre otra mecánica de hace décadas estimula la vista. Y lo agradece la memoria. Los vulgares grafiteros ensuciaparedes deberían aprender de los artistas. O dejarse enseñar al menos. No he logrado saber del autor. Si en algún momento tengo conocimiento corregiré esta deficiencia.







Nada virtual y sí muy activos los camiones que hacen de punto limpio móvil por diferentes lugares de la ciudad. Con un horario por día y lugar se emplazan durante un tiempo a la espera de que los vecinos bajen electrodomésticos viejos, ordenadores obsoletos o cualquier otro material que debe ser tratado selectivamente. El lema lo deja claro: No es solo basura. Tal vez tengan una segunda oportunidad o en todo o en sus componentes separadamente. 

La decoración de los lomos del vehículo es obra del pintor Manolo Sierra, sobradamente conocido por sus murales, no digo ya por sus lienzos o aportaciones ilustradas concedidas a infinidad de organismos y organizaciones sociales y políticas ciudadanas..






Una representación de imagen femenina y naturaleza ocupa esta medianería estrecha a la que otorga una verticalidad bella la ilustradora y muralista Rhapsodyca. Mujer y zorro, como si emergieran de un campo de lirios, fundidos en una especie de encantamiento de cuento de leyendas, sorprende al transeúnte que se dirige hacia la Plaza de Santa Cruz por la calle Fray Luis de León. Rhapsodyca la tituló Rosa del desierto, y dice que es la sexta obra que forma parte de un proyecto suyo que nombra La lucha. Por cierto, ¿de dónde le vendrá a esta artista su atracción poderosa hacia el zorro? Lo digo por otras imágenes de tema análogo que he visto en su página.

Desgraciadamente la señalización municipal no eligió el mejor lugar para la contemplación del arte urbano.






lunes, 14 de agosto de 2017

Los garabatos de los pintamonas en el Palacio del Licenciado Butrón




¿Cómo calificar ese vandalismo gratuito y descerebrado que cunde no solo en paredes, puertas y portales de casas comunes sino también en edificios representativos de la ciudad? El paseante alcanza la Plaza de las Brígidas y al tomar la calle San Diego se encuentra de esa guisa el portalón de nueva factura del Palacio del Licenciado Butrón. Rehabilitado hace algunos años el edificio está destinado desde 2002 a Archivo General de Castilla y León. En pleno casco histórico tradicional, cargado de monumentos, lugar de tránsito frecuente de visitantes que buscan señas de identidad del pasado de Valladolid. ¿Estamos condenados al maltrato con las huellas del pasado por parte de los ignorantes? Inútil decir nada más, que cada cual saque conclusiones. Eso sí, que las facturas de los arreglos las paguen los causantes...o sus padres. Impresentable.







lunes, 10 de octubre de 2016

Los dinosaurios acaso estuvieron aquí o cómo llevar alegría plástica al barrio San Pedro Regalado




Porque la pintura no es solo una representación, es sobre todo emoción y placer visual. Un alarde alternativo frente a los borratajos que manchan y afean paredes. Si es en un barrio tan espléndido como tranquilo, la armonía está servida. En efecto, el barrio de San Pedro Regalado mantiene una calidad urbanística indiscutible. La sensación que te transmite cuando paseas por él es que es un barrio de los que ya no existen. La morfología de las casas, donde las nuevas se han integrado con las tradicionales, el centro comercial próximo y el servicio de autobús que conecta con el extremo opuesto dice a su favor. ¿Solamente eso? Uno sospecha que un barrio como éste, en que viven desde hace décadas gran parte de su vecindario, mantiene todavía un calor y unas relaciones humanas como poco sumamente respetuosas. Si siguen siendo colaborativas lo tendrán que decir ellos.




Hace un par de semanas que la Asociación de Vecinos Los viveros promovió junto con el colectivo de expresión gráfica y literaria La criminal un encuentro entre gente del barrio y artistas e ilustradores para pintar murales en distintos puntos, viejos y nuevos, de algunas calles. Que con ello pretenden abrir nuevas vías comunicativas entre vecinos de toda la vida y gente llegada recientemente, o simplemente que se presta para la ocasión, es un objetivo estimulante que debería tener continuidad. A mis ojos les gustaron todas y cada una de las expresiones plásticas que vieron. Unas más en el plano del cómic, otras con un tono de corrientes vanguardistas, pero divertidas y plenas de colorido. Probablemente me dejé alguna de fotografiar, pero no se puede pedir a un paseante que se dejó caer casi por casualidad por allí que acierte a todas.




¿A que lucen de lujo las columnas de los parterres con esos azules contrastados? Ánimo que quedan todavía unas cuantas. Y es que el lenguaje de los colores llena de viveza y expresión al elemento más soso que puedas encontrarte.








Una manera de aligerar las insulsas entradas a garaje. O cuando lo terrorífico se reviste de jocoso.



No por ser un mensaje tradicional, de los que solo pueden emitir los barrios pequeños, debe minusvalorarse. Cierto aire de modestia y en cierto modo idílico, sin duda, pero que transmite apacibilidad y un deseo de llevarse bien los convecinos. La mayoría de los barrios ya no tienen el carácter histórico de trabajar, vivir, ocupar tiempo y relacionarse en el mismo ámbito. La mayoría de los barrios son hoy dormitorios o específicamente hábitats de jubilados. Pero este es un tema para otra reflexión. Hoy, aquí, lo que cuenta es la mirada del paseante. y lo que saltó por el camino.


martes, 16 de agosto de 2016

Del grafiti al Arte






¿Pasaremos en esta ciudad, de una vez para siempre, de emborronar paredes y traseras a hacer arte? Lamentablemente el grafiti burdo y sin mensaje está aún a la orden del día, aunque menos. Es lo fácil. Hasta el más tonto sabe coger un spray y hacer notar su minúscula presencia en esta vida. Aunque nadie se lo reconozca. Más allá de las pugnas entre grafiteros por sus territorios los manchaparedes deberían darse cuenta de la insignificancia creativa de sus actos. Va siendo hora de hacer posible la conquista gráfica de las calles con representaciones más amables. 

Hace no mucho se habló de que el Ayuntamiento iba a auspiciar la imagen de calidad en la medianeras al descubierto. No se ha vuelto a saber del tema. Pero algo se mueve. Aquí un ejemplo. Las entradas al garaje y a otro local de las fotografías deben ser una iniciativa particular, pero conseguida y altamente gratificante. Se encuentra en el número 13 de la calle Cadena, en San Andrés. Lástima que no sea una vía de mucho tránsito peatonal para que pudieran lucir más estas pinturas. Pero acaso poco a poco veamos que se van imponiendo soluciones que lleven una estética agradable y disfrutada a la infinidad de bajos de edificios o medianerías abandonadas que afean la ciudad. Valladolid se merece que sea conquistada por el arte de proximidad.