Admito que me siento atraído especialmente por los patios de las antiguas casa nobles o de los palacios que han sobrevivido a la incuria del tiempo. Siendo como son imponentes algunos patios monumentales de nuestra ciudad -San Gregorio, Santa Cruz, Palacio Real, Las Francesas, Fabio Nelli, Santa Isabel, etc.- no pierden interés otros patios que, no conservando tanta ornamentación como los citados, al menos mantienen estructura y elementos antiguos, más o menos recuperados, pero que transmiten o dan idea de lo que pudo ser la habitabilidad y la calidad estética de los mismos en siglos pasados.
En la Casa de los Galdo, situada en la calle Prado, lateral de la iglesia de San Martín en el barrio del mismo nombre, la fachada austera apenas da idea, no obstante su portada con arco de medio punto, su alfiz y sus escudos nobiliarios, de lo que viene detrás y dentro. Un amplio zaguán y el elemento visual y práctico más interesante, un patio de columnas con capiteles toscanos, zapatas de madera y amable floresta que escala por algunas columnas. Un rescate de luz y una presencia del pasado que, no obstante haber tenido una recuperación en gran parte integral, será de agradecer por los vecinos o por cuantos accedan al interior del edificio. Algo de un Valladolid del siglo XVI permanece ahí. El licenciado Francisco Fresno de Galdo se sentiría feliz de saber que no ha desaparecido la huella de la casa que ordenara levantar en su día.
El catedrático de Historia del Arte Juan José Martín González escribió en 1967 un librito jugoso, una relación de edificios de Valladolid que peligraban en aquel tiempo. Se titulaba Valladolid en sus monumentos. Un programa para su defensa y puesto en valor. Un título que ya dejaba muy clara la intención al editar este catálogo. Avisar sobre el estado de tantos edificios históricos y su riesgo de desaparición. Sobre el edificio que traigo aquí puntualizaba lo siguiente:
"Casa de los Galdo, número 7 de la calle Prado. Casa en mal estado, de necesaria conservación. Portada con arco de medio punto y escudos. Patio con columnas y maderamientos mudéjares".
La cuestión es que en el libro se citaba una lista considerable de casas, palacios u ottros restos del pasado que debían protegerse bajo riesgo de perderse para siempre. Adjuntando numerosas fotografías del estado en que se hallaban. Algunos se salvaron, parcialmente la mayoría de ellos, otros no. La Casa de los Galdo al menos no fue privada de ciertos elementos que han formado parte del reconstruido edificio.
Cuando se aprobó el Plan General de urbanismo de 1984 la casa de los Galdo exhibía un cartel de Ruinas. Hay una versión técnica que dice que el propietario de entonces fue dejando que crecieran los desperfectos, los riesgos de desprendimientos y demás con vistas a una demolición total que le permitiera una construcción de nueva planta. "Parece evidente que la intención del propietario era conseguir la declaración de ruina del edificio, hacerlo desaparecer y en el solar resultante levantar algo parecido a lo que hoy se puede 'disfrutar' en el nº 9 de la calle Prado", escribe Armando Aréizaga Esteban, arquitecto restaurador de la casa, en Trazas de la Arquitectura Palaciega en el Valladolid de la Corte.
Afortunadamente no hubo desaparición total, pero sí una intervención a partir de 1986 donde se alzaría un nuevo edificio de viviendas manteniendo características análogas al anterior edificio, y armónicas con el entorno. Edificio que, por otra parte, también había pasado por diferentes modificaciones desde que Francisco Fresno de Galdo construyera el original. Al fin y al cabo habían transcurrido varios siglos, con diferentes propietarios y vecinos que alterarían muchas distribuciones interiores respecto a lo primitivo.

Como al paseante no le resulta suficiente ver, admirar y tomar nota de lo que produce satisfacción visual sobre lo que, aunque tarde y deficientemente, ha llegado del Valladolid antiguo a nuestros días, he indagado en la ficha que Daniel Villalobos fija en la Guía de Arquitectura de Valladolid. Un libro hoy agotado -debería reeditarse y aumentar su contenido- donde leo sobre la casa de los Galdo:
"La disposición del zaguán, con su portada en uno de los extremos de la fachada, permite orientar de manera oblicua la visión hacia el patio interior, porticada en sus cuatro lados, pero ocultando la escalera claustral colocada en el lado del zaguán. Esta percepción sesgada del espacio interior se realiza gracias a la relación desenfilada de las puertas de paso del zaguán que dirige la visión del patio en la dirección de su diagonal. La ordenación quebrada del zaguán (con las puertas desenfiladas) proviene de la tradición hispano-musulmana que, en su empleo originario, permitía ocultar el interior; en este período la ordenación se mantiene invirtiendo su uso: en vez de ocultar facilita la visión del interior en una dirección que crea una perspectiva compleja".
Si alguna vez pasan por esta calle que conserva la alineación antigua pasen al zaguán de la casa y asómense desde la puerta de cristal -no se olvide que es una finca de viviendas- a contemplar el patio.
Y por si no lo saben en el barrio de San Martín estuvo instalada la primera aljama, la comunidad musulmana, en los siglos XII y XIII. Posteriormente, en el XIV, por imperativos de la autoridad cristiana, pasaron a poblar un nuevo barrio que entonces quedaba fuera del núcleo principal de la ciudad y que hoy es pleno centro (calles Claudio Moyano, Alcalleres, Santa María, Montero Calvo, etc.) Anécdota para memoria de una ciudad vieja.

Fotografías antiguas de la Casa de los Galdo que incorporó Juan José Martín González a sus estudios sobre el Patrimonio vallisoletano.









