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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Jorge Guillén desde su atalaya poética de Constitución




"Villa por villa en el mundo
cuando los años felices
brotaban de mis raíces,
tú, Valladolid profundo".

Puede parecer un simple poema escrito en los infolios que el poeta Jorge Guillén sostiene sobre sobre las rodillas de bronce, pero tiene su enjundia. Vincular la infancia con la felicidad, siempre relativa pero más alcanzable si cabe en las edades tempranas, no es una mera licencia poética sino una honda reflexión. Tal vez la profundidad de Valladolid que menciona sea la propia del hombre. Esa hondura que se va dando en los primeros años de la vida, que nos parecen rodeados de sencillez y carencia de responsabilidad. Pero ¿hay algo que marque más para siempre que lo vivido en esos años? El poeta Guillén, que lo sabría sobradamente, lo asocia a su propia ciudad natal, donde vivió un tiempo. Entonces, una ciudad ¿es profunda por el mero hecho de existir y tener un nombre o por cuanto recibe de sus pobladores? 

Esa estrofa forma parte de las agrupaciones de versos que bajo el título de Tréboles se pueden hallar frecuentemente en el poemario Clamor de Jorge Guillén. Es la excusa para justificar el bajorrelieve que labró el escultor Luis Santiago Pardo para ser colocado en la fachada del número 8 de la calle Constitución donde vivió Guillén. Con esta lápida de 1993 se conmemoraba el centenario de su nacimiento. El escritor, en actitud austera pero expresiva, parece recitar sus versos. El escultor se aplicó en su visión figurativa, y nada mejor que añadir aquí lo que escribe José Luis Cano de Gardoqui García en su obra Escultura pública en la ciudad de Valladolid:

"El bajorrelieve muestra de forma fehaciente las constantes formales desplegadas por Santiago al servicio de una producción predominantemente figurativa, que ha ido evolucionando hacia un expresionismo no exento de cierto contenido simbólico. El rigor escultórico, la armonía de proporciones, el naturalismo que emana de la actitud y de los rasgos fieles del personaje retratado son características formales tamizadas por el escultor mediante una textura rugosa, dinámica, que acentúa el carácter expresivo de la obra, revelando al mismo tiempo el ritmo del propio proceso creativo del artista".






Tal vez mucha gente no se detenga ante este u otros relieves que hay en edificios de la ciudad donde nacieron o vivieron personajes significativos de la cultura. El recordatorio del personaje en el edificio debería servir para motivar conocimiento sobre la aportación del poeta. Su obra poética sigue siendo de las más originales y perfectas que se hayan escrito en nuestra lengua. La casa de Constitución, como todo el mundo sabe, se haya ubicada en el corazón histórico de la urbe, tan próxima a la Plaza Mayor y en una zona comercial que rebosa día a día de tránsito de viandantes. No sé si su poema Plaza Mayor, del poemario Cántico, se refiere a nuestra plaza, pero con las connotaciones que hay en el poema me apetece traerlo aquí: 


PLAZA MAYOR

Calles me conducen, calles. 
¿A dónde me llevarán? 

 A otras esquinas suceden 
Otras como si el azar
Fuese un alarife sabio 
Que edificara el compás 
De un caos infuso dentro 
De esta plena realidad. 

Calles, atrios, costanillas 
Por donde los siglos van 
Entre hierros y cristales, 
Entre más piedra y más cal. 

Decid, muros de altivez, 
Tapias de serenidad, 
Grises de viento y granito, 
Ocres de sol y de pan: 
¿Adónde aún, hacia dónde
Con los siglos tanto andar? 

De pronto, cuatro son uno. 
Victoria: bella unidad.










viernes, 21 de noviembre de 2025

Los niños de Ana Jiménez que juegan a mover la bola del mundo en la Plaza de España





Entre las marquesinas de frutas y verduras y la parada de autobús, en pleno centro de la Plaza de España, pero siempre El Campillo, nadie les quita el espacio del juego a los niños. En la mente aún abstracta de un niño todo es posible. Mover el mundo, flotar sobre las aguas, volar por los aires. Todo es posible porque la capacidad infantil para hacer ficción de manera tan espontánea no volverá a repetirse cuando sean adultos sesudos y en muchos casos carentes de imaginación. Hago las fotografías en un día en que está apagado el funcionamiento de la fuente. Le falta ese toque en que agua y movimiento giratorio de la esfera terráquea llenan por completo el jovial afán de los niños. Pero mejor así para captar las esculturas. Para admirar su robustez, sus formas, su composición dinámica. 

Observo a los hombres y mujeres que van de puesto en puesto comprobando el género que se vende. Me fijo en que hay muchas personas de paso que se hacen selfis. Otras miran con detalle los continentes y los océanos, quién sabe si buscando su lugar de origen o un territorio al que les gustaría viajar. Las menos permanecen absortas contemplando a estos niños lúdicos, acaso recordando sus propios juegos tan remotos como olvidados. Ved cómo muevo el planeta, parece clamar la criatura que desde un lado se inclina con los brazos extendidos. Eh tú, no te largues, que uno no se puede apear del mundo, podría sugerir el chico a la chica a la que sujeta y atrae con firmeza hacia la bola. 

Me agrada el conjunto, la compostura, la idea. Leo por alguna parte que en la idea más primitiva de la escultora Ana Jiménez esta había pensado en unos ángeles. Pero es mayor el acierto de situar niños comunes, que al fin y al cabo son de este mundo y pululan por doquier. No me imagino una iconografía angelical ¿protegiendo el mundo, un mundo que cada vez dispone de menos protección? Sin embargo los niños nos transmiten, pueden y deben hacerlo, la esperanza de procurar por él, de mejorarlo, incluso de transformarlo para la supervivencia y calidad de todas las especies. Aunque pinten bastos por mor de ciertos intereses y poderes que no se comprometen a avanzar en la salvaguardia del planeta. 






Ana Jiménez, nacida en La Coruña en 1926, vivió gran parte de su vida en Valladolid, donde dio clases en la Escuela de Artes y Oficios. Falleció en 2013. En el libro de José Luis Cano de Gardoqui García titulado Escultura pública en la ciudad de Valladolid se puede leer lo siguiente sobre el trabajo de la escultora:

"Sin desdeñar la investigación y experimentación en nuevos lenguajes -postminimal, conceptual- y materiales, la obra de la artista se decanta por la técnica del modelado hacia la consecución de formas plenas y sólidas, auténticas y esenciales, dentro de un idealismo figurativo en el que se patentiza una sincera admiración por la estatuaria clásica. Esto quizá por influencia de sus primeros maestros en la escuela vallisoletana, José Luis Medina y Antonio Vaquero, pero también debida a sus numerosos viajes a Italia y a Grecia".

Ahí siguen los niños, el mundo y el movimiento sobre su propio eje, entre verduleros, fruteros y gentes de paso. Digno espacio en cuyo suelo se levantó, sobrevivió cerca de ochenta años y se derribó, hace muchas décadas, el entrañable Mercado del Campillo.




Al contemplar el juego revoltoso de estos niños en torno al mundo no menos revuelto le viene a uno al magín un poema del vallisoletano Jorge Guillén, el titulado Manera actual de ser niño, recogido en el poemario Clamor:

Antonio viaja que viaja 
Por tierra, por mar, por aire, 
Va de un continente a otro 
Porque el mundo ya no es grande, 
Mira desde su avión 
Cordilleras y ciudades 
Como si, soñando aún, 
Sobre algún mapa trazase
Con el dedo rutas, rumbos. 
¿Ser hombre es estar de viaje?

Y es que no hay duda, ser hombre es estar en un viaje donde no importa tanto la duración como la calidad de lo que se ve y se disfruta. Como en la niñez.












viernes, 7 de junio de 2024

Jorge Guillén y los niños ponen a navegar barquitos en el Parque del Poniente




Uno recuerda, al entrar en el parque del Poniente y ver cómo juega el poeta con los niños a poner a flote barcos, uno de sus poemas con infancia de fondo.

Antonio viaja que viaja
por tierra, por mar, por aire, 
va de un continente a otro 
porque el mundo ya no es grande, 
mira desde su avión 
cordilleras y ciudades 
como si, soñando aún, 
sobre algún mapa trazase 
con el dedo rutas, rumbos. 
¿Ser hombre es estar de viaje?

El mundo dejó de ser grande hace mucho tiempo. Hasta Jorge Guillén lo advirtió hace muchas décadas cuando emigró allende los mares para sobrevivir al desastre. Los dos barquitos del conjunto escultórico que han puesto a navegar se llaman: uno, Cántico, y el otro, Clamor. ¿Por qué unas naves no van a llevar nombres de poesía y además de la buena? Ambos nombres son los títulos de dos de las obras poéticas más importantes del poeta vallisoletano. 

El conjunto es reciente, de 1998, y el autor Luis Santiago Pardo. El parque, un diseño que ocupa un espacio rectangular, fue proyectado hacia 1935. En la infancia de muchos vallisoletanos ya longevos permanece el recuerdo de un parque tan querido como el Campo Grande. Las estatuas de Pipo y Pipa, retiradas porque fueron afectadas por el vandalismo, un estanque en la zona central, parterres y bancos de piedra y forja que aún subsisten como se ve en las fotografías. Y el esplendor de los árboles frondosos que han seguido fieles, aunque los haya nuevos también, al lujoso espacio.

No fue mala idea, no, reconvertir un parque añoso en un diálogo poético de Jorge Guillén (Valladolid, 1893 - Málaga 1984) con la infancia. Un trío de personajes: el poeta que flota un barco de papel junto a un niño, mientras en un extremo del estanque-océano otro niño permanece pendiente de recibir otro navío. Es un juego apacible, de cuento. Pero aunque el conjunto escultórico concentre la atención del paseante, y muchos de ellos simplemente atraviesan la plaza, están de paso, sigo pensando que la majestuosidad de los árboles y la belleza de los bancos de otras época pero de un diseño aún moderno concede acogimiento al espacio.

Las pérgolas metálicas son más recientes pero cumplen su función y con la zona actual de juegos infantiles se complementa un parque tan querido como tan a mano del ciudadano de a pie.



EL NIÑO DICE… 


¿Qué dice? Ni un balbuceo. 
Sólo un susurro en apunte. 
Basta que a los labios junte, 
Aguzándose en deseo. 
Este espíritu que veo 
Pendiente de mi respuesta. 
Él es quien se manifiesta 
Sin palabras, de tal modo 
Jovial que lo dice todo 
Con una salud en fiesta.







NIÑEZ

Disparada inocencia de albor animal, 
Destello de joyas en bullicio, 
Diamante impaciente que canta, 
Pájaro nítido: 
Llévanos tú bajo los soles 
Que te descubren y dan sus dominios. 
Arrebátanos en tus ráfagas 
De paraíso, 
Elévanos 
A la alegría sin tacha de tu infinito














PLAYA 

Este sol de la arena 
Guía manos de niños, 
Las manos que a las conchas 
Salven de los peligros. 
Conchas bajo la arena 
Tienden hacia los niños, 
Niños que ya hacia el sol... 
Pero el sol rectilíneo 
Viene. Los rayos, vastos 
Arriba tan continuos 
De masa, deslizándose
Llegan aunque sus visos, 
Sin cesar rebotando 
De ahíncos en ahíncos 
De ondas, se desbanden. 
Aquí, por fin, tendidos 
Se rinden a las manos 
Más pequeñas. ¡Oh vínculos 
Rubios! Y conchas, conchas. 
Acorde, cierre, círculo.