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domingo, 15 de marzo de 2026

De vieja Hacienda a Consejería de Familia, un edificio camino del centenario con una digna recuperación

 



Otro edificio que merece ser mencionado por su resiliencia, que se diría ahora. Cuando el edificio que conocimos durante tantos años albergando la Delegación de Hacienda cerró para trasladarse a un mega edificio de nueva planta en la Huerta del Rey muchos temimos que llevara mal su orfandad. O incluso corriera riesgos del pasado. Parece que no son aquellos tiempos en que se menospreciaba la antigua arquitectura y primaba la especulación en pleno centro urbano. Por otra parte su situación privilegiada en la Plaza de Madrid, junto a la Plaza de España, y que este enorme caserón ecléctico de 1931, obra de Manuel Cuadrillero, tiene su caché camino de un siglo permitió su recuperación y adaptación a nuevos cometidos administrativos. Y en efecto, ya está en marcha la llegada de la Consejería de Familia e Igualdad de oportunidades, cuya tropa de funcionarios dará de nuevo vida a una plaza más de cruce de calles que de descanso y acogimiento. 

Y es que esta plaza peculiar fue más bella antes de que derribaran un edificio llamado la Casa del Barco que el arquitecto Antonio Ortiz de Urbina diseñó a principios del siglo XX, tomando como ejemplo edificios análogos que hubo en capitales europeas o americanas. Adjunto una foto antigua para que el lector compare con la mole más elevada y menos estética que se erige ahora entre las calles Muro y Gamazo, a la vera de la vieja Hacienda. Por mi parte, nunca he entendido cómo un edificio de las características de la Casa del Barco -apodo que le pondrían los vallisoletanos por su forma de proa, supongo- pudo ser derribado impunemente en 1969. Falta de reconocimiento a la herencia artística y urbana, por una parte, y probablemente la carencia de un plan de urbanismo actualizado y que las leyes en aquel año aún estarían para ser manejadas por los desaprensivos de turno, el caso es que su desaparición ha redundado en la pérdida de identidad tradicional del lugar.  

Pero en fin, veamos ahora el lado positivo. La permanencia de la vieja Hacienda rejuvenece con su nuevo uso. Habrá que ver en su momento cómo ha quedado el patio interior. 
 




En el espacio de la Casa del Barco de esta imagen en blanco y negro se yergue ahora el edificio de galerías acristaladas de la foto anterior a la derecha. Nada que ver con la majestuosidad y la altura estéticamente medida, con el añadido de la gracia de aquella cúpula que lo remataba.  Afortunadamente yo llegué a conocerlo, y aunque en aquel tiempo uno no entendía apenas nada de urbanismo ni de arquitectura ni de valorar su ciudad lamenté su desaparición.








sábado, 15 de noviembre de 2025

La modernista Casa Luelmo en un día de otoño

 



He aquí un ejemplo de salvación. Teniendo en cuenta que tantos edificios representativos de otras épocas y estilos se han venido abajo, o aún están en camino de ello, la supervivencia de la conocida Casa Luelmo o Villa Paulita, a pesar de sus avatares es una afortunada excepción. El edificio pertenecía a la familia Luelmo, y fue levantado a instancias de Rufo Luelmo y su mujer Paulita, y encargada su construcción al arquitecto Antonio Ortiz de Urbina. No está clara la fecha de edificación, tal vez 1907 o algún año posterior, por falta de datos. Concebida como villa de recreo de esta familia de la burguesía vallisoletana de principios del siglo XX, parece tener elementos tanto eclécticos como modernistas en su disposición y decoración.

La finca de 49 hectáreas de la familia fue la que se conoció como Granja Minaya, una explotación avícola importante no solo en Valladolid sino en toda la región, que dio trabajo a más de un centenar de personas. En su tiempo era un lugar establecido a las afueras de Valladolid, entre la Cañada de Puente Duero y la Carretera de Rueda, tan lejos todos esos espacios de la prolongación del Paseo Zorrilla que conocemos ahora, paseo que terminaba en nuestra infancia en La Rubia. Hasta 1956 el edificio permaneció sin cambios hasta 1956 en que el hijo del primer propietario, José María Luelmo Soto, que compaginaba su cometidos empresariales con sus inclinaciones intelectuales y poéticas, decidió reformarla. Y en ella siguió habitando la familia hasta la muerte de su mujer en 1996. Cinco años antes había fallecido el empresario poeta.




¿Después? Después el abandono y su consiguiente y paulatino deterioro. Incluso fue okupada y en 1998 se declaró un incendio en las zonas altas del edificio. Pero Casa Luelmo no pereció. Una rigurosa rehabilitación basada en los proyectos originales de Ortiz de Urbina junto a una nueva titularidad pública -había sido comprada por el Ayuntamiento-  y un uso posterior que permanece lograron ponerla a salvo. Hoy es sede de la Fundación Santa María la Real, hija de aquel proyecto recuperador del Románico por parte de Peridis (José María Pérez González), sí, el de los dibujos humoristas críticos de El País que a su vez es arquitecto y gran conocedor del arte medieval. 

Por supuesto, el entorno de la Casa Luelmo ya no tiene nada que ver con el lugar idílico que concibió la familia en los orígenes. Aquellas fincas de los alrededores desparecieron en sus usos agrícolas y los terrenos convertidos en suelo urbano. Así que ahora se encuentra ubicada, sin haberse movido de sitio, en la zona llamada Parque Alameda, un núcleo poblacional nuevo que seguramente asustaría un poco a los propietarios primitivos, por temor a que el empaque del edifico mermara visualmente, pero que se suaviza a través de un limitado y relativamente frondoso parque, dignamente proyectado. 





Las informaciones sobre la historia y otros detalles del edificio pueden encontrarse fácilmente en internet, y no voy a insistir en ellas. Creo que la galería fotográfica es un aperitivo para quien quiera saber más, aunque ya contemplar el edificio y su entorno proporciona un goce. Pero sí traigo aquí un testimonio directo del profesor y escritor vallisoletano Pedro Ojeda Escudero en el libro La metáfora del mirlo, una especie de diario del confinamiento del covid, con recuerdos y vivencias, sí, pero con pensamientos, búsqueda de claves y reflexiones al vuelo sobre la existencia y el mundo que toca vivir. He aquí:

"Mi familia es de origen humilde. Mis padres no tuvieron casa en propiedad hasta que la empresa para la que trabajaba mi padre le cedió una como compensación del despido por el cierre de la misma. Una casa pequeña en la carretera de Rueda, un tercero sin ascensor, cuya tasación aceptaron sin cotejar. En ella vivieron el resto de sus vidas. La empresa era propiedad de un poeta, José María Luelmo y tenía su sede en una finca a las afueras de Valladolid. Luelmo procedía de la burguesía vallisoletana de la primera mitad del siglo XX y era un apreciable poeta, compañero de Francisco Pino en la aventura de fundar revistas de vanguardia. Cuando supo que yo estudiaba Filología española, quiso hablar conmigo y mantuvimos algunas conversaciones en su despacho de la casa central de la finca, un hermoso edificio de estilo modernista de principios del siglo XX, quizá el más hermoso de todos los que se levantaron en Valladolid en aquellos tiempos, con una torre esbelta y llamativa al que yo entraba por la puerta de servicio que daba a la cocina, bajando unas escaleras techadas por las ramas de una magnífica higuera".

Uno aprecia estos testimonios, porque aunque no pueda ver tal cual fue un tiempo pretérito, sirven para hacerse una idea del significado que un entorno, un tipo de vida, unas actividades y el comportamiento de las personas que han desaparecido dejan huella en nosotros.






martes, 24 de junio de 2025

Teatro Lope de Vega: en plena cirugía para renacer

 


No está muerto, suele duerme, solía decirse hace unos años del entrañable Teatro de Lope de Vega. Cuando este espacio que fue teatro y cine en distintas épocas dejó de ser negocio, quedó viejo y corría el riesgo de amenaza letal. Pero afortunadamente no sufrió la alevosa e insensible destrucción del Teatro Pradera, en la Plaza Zorrilla. El Lope de Vega, en la céntrica calle María de Molina, fue adquirido primero por Caja Duero (hoy Unicaja) y en 2020 pasó a manos municipales. Se tasó la operación en 1,9 millones de euros, leo por ahí, a través de la permuta con el banco de una parcela en el Callejón de la Alcoholera.

El Teatro Lope de Vega fue levantado en 1861 de mano del arquitecto Jerónimo de la Gándara y en 1920 fue reformado, siguiendo proyecto del maestro de obras Antonio Ortiz de Urbina. Este teatro se planteó como alternativa al antiguo de la Plaza de la Comedia (hoy Martí y Monsó) cuyo estado y condiciones habían empeorado. Sobre el solar de aquel teatro se levantó en 1930 el cine Coca que aún muchos vallisoletanos hemos conocido y hoy también, como marcha ineludible del tiempo, ya está desaparecido.




Dice María Antonia Virgili Blanquet en su estudio Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851-1936): "Antes de la reforma de 1920 constaba su fachada de dos cuerpos, con tres arcos cada uno y rematados con un frontón. En el centro de este había un busto de Lope de Vega realizado por el escultor aragonés Ponciano Ponzano (1813-1877) A este artista el Indicador de Valladolid lo denomina 'escultor de cámara' ya que gran parte de su actividad la desarrolla ligado al círculo de Madrid, tras su formación en Roma. El interior no se alteró, permaneciendo en forma de herradura con 14 líneas de butacas y 4 órdenes de palcos. Iba decorado con pinturas realizadas, según recoge Alonso Cortés, por José Vázquez y figuras en el techo hechos por José Vallejo y Galeazo". 

Habría que añadir que la fachada nacida en 1920 había perdido su dimensión clasicista original, según el comentario que aparece en la Guía de Arquitectura de Valladolid dirigida por Juan Carlos Arnuncio Pastor, "para adquirir el tono pintoresquista que la desaparición del frontón original y su sustitución por el frontis escalonado, revestido de azulejería, le confieren".

Ignoro el estado actual de las obras, el interior está vaciado, la ortopedia sujeta las fachadas (por cierto la primera foto de la zona alta es anterior al comienzo de las obras) y a través de los hierros puede observarse la decoración y la azulejería tradicionales. El proyecto ha sido realizado por UTE Paredes Pedrosa - Oscar Miguel Ares y la constructora es UTE Obrascón Huarte Laín, S.A. - Cabero Edificaciones, S.A. Para la rehabilitación integral del teatro, con sus varios espacios, el Ayuntamiento puso sobre la mesa trece millones y medio de euros. Pero mejor adjuntar unos enlaces para quien desee estar informado:

















Reconstrucción virtual de la fachada según el proyecto.




martes, 22 de octubre de 2024

La transparencia de una puerta y de lo que hay más allá de una puerta

 



Hay puertas de madera y puertas metálicas. Pueden tener su gracia decorativa muchas de las opacas. Pero pocas exhibir una transparencia como esta del edificio de la calle Miguel Íscar 15 donde la opacidad no existe. Una filigrana de rejería cargada de elementos vegetales simbólicos permite visualizar el zaguán. Inicialmente no tenía cristal, lo cual proyectaría de modo más abierto el acceso. Y he aquí que otra vez se nos manifiestan las hojas de acanto y sus flores, que abundan en tantas fachadas. En la parte superior la rosa exuberante. Los acantos después. Dentro de círculos el brote ondulante de los capullos. Y en la inferior, tras más acanto, el tema recurrente y eterno de la espiral que ya practicaran en sus adornos las civilizaciones clásicas. Para rematar, los festones de la parte más baja se exhiben en la mejor tradición romana, signo siempre de la celebración festiva. Vuelta, pues, a los símbolos, a los que tanto gusto habían cogido los arquitectos y diseñadores del modernismo.

Si me hubiera quedado en el exterior me habría perdido la otra mitad. El zaguán o entrada que conduce a las escaleras. La grata amabilidad de la conserje del edificio me permitió, además de mantener una charla informativa y llana, observar aquel conjunto. Zócalo elevado con mosaico vidriado de dibujo geométrico a lo largo de sus paredes, que se puede considerar como de neta inspiración catalana. Un friso corrido con motivo vegetal sobre todo él. Otra moldura corre por la parte superior generando un entrelazado exuberante de floresta. 





Y aún nuevas sorpresas. Una puerta, hoy haciendo de trampantojo, a cada lado de las paredes laterales cuya entidad decorativa puede advertirse en la imagen. Por último la lámpara art decó, que uno no hubiera imaginado encontrar sana y salva a estas alturas, junto a las puertas interiores que dan acceso a la escalera, donde figura en el vidrio las iniciales PM, de Pedro Mazariego, el promotor. En general tanto la puerta principal como el portal han sido en su momento rescatados del olvido y es un verdadero tesoro encontrar algo tan hermoso. Lástima que la caja de hierro del ascensor histórico esté desparecida. En fotografías antiguas puede contemplarse la suntuaria filigrana de la que se dotó.

Sobre el edificio nos cuenta en su libro de Monumentos Civiles de Valladolid el historiador del Arte Juan José Martín González: "Promovió su edificación don Pedro Mazariegos, según proyecto del arquitecto Antonio Ortiz de Urbina. Los planos están fechados el 4 de abril de 1913. En la memoria se habla de un estilo Renacimiento, y es modernista de la más pura esencia, pues se ha dado prevalencia al hierro". El paseante no pretendía dejarse absorber por todo el edificio en sí sino por el empaque de su puerta y vestíbulo, ante los que no podía permanecer insensible.














Fotografía de la rejería desaparecida de la caja del ascensor, tomada del libro Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851-1936), de María Antonia Virgili Blanquet. Valladolid, 1979.