Digo vecindario de Cervantes porque este edificio que aún no ha cumplido el siglo se encuentra a la vera de la casa donde vivió Miguel de Cervantes durante su estancia en Valladolid. De eso hace más de cuatro siglos. También en aquel tiempo en que el escritor siguió la senda de la Corte establecida por Felipe III en nuestra ciudad pasaba una de las dos Esguevas por la proximidad, pero estas, la de Cervantes y la del Esgueva, son otras historias. Hoy este edificio en forma de proa da tanto a la calle Rastro, donde se ubica el edificio reconstruido de la casa cervantina, como a la calle Perú, aunque mire en dirección Plaza de Madrid buscando con su proa destacar en una cierta perspectiva que llama la atención.
Pero en cuatro siglos las arquitecturas, es decir, los estilos de construcción, sus volúmenes, sus elementos decorativos, incluso sus usos han cambiado lo suyo. Y paralelamente se ha producido un crecimiento urbano desigual pero constante, han variado los trazados de calles y travesías, cuando no inaugurado muchos de ellos, y clases sociales han pugnado por ocupar espacios sin edificar o desplazando viejas construcciones. Así que citar la casa de Cervantes es mera anécdota y pensar en ella y su entorno es más bien imaginarlo todo.
Sobre este edificio datado entre 1935-1940, cuyo autor fue Jacobo Romero Fernández, dice Juan Antonio Cortés Vázquez de Parga en la Guía de Arquitectura de Valladolid:
"El edificio ocupa una esquina en ángulo agudo en su casco antiguo, en su proximidad a la acera de Recoletos. Es una obra interesante, provista de un lenguaje entre moderno y ecléctico. La planta muestra una seguridad de trazado en un solar difícil por su forma triangular y su tamaño pequeño, que da lugar a una sola vivienda por piso. La esquina se resuelve en planta de una forma muy rotunda, poligonal en planta baja y cilíndrica tangente a las fachadas planas en las restantes, llegando a configurarse el cilindro como forma completa en planta ático".
Bueno, uno quiere concretar con la imaginación el comentario técnico, incluso ayudándose de Google Earth, donde se puede advertir mejor lo dicho y complementarlo con las fotografías de visión limitada que ha capturado. Al paseante le admiran no solo la forma semicircular de esa fachada, sino las ventanas de ojo de buey, la combinación de partes de fachada de ladrillo con otras revocadas, el verde de estas, los mismos aleros que producen una sensación de vuelo y el copete que remata el cilindro. Y se sorprende ante esa franja vertical con una vidriera decorada que queda a la altura de la entrada al edificio y que debe ser el elemento que permite la luminosidad de la escalera.
Sí, los tiempos del escritor de escritores que vivió en Rastro, a la orilla de un río con recorrido sinuoso por una zona sur de la ciudad de entonces, quedan sepultados por lo que es hoy la urbe. No me cabe duda que se quedaría boquiabierto, pero no carente también de opinión crítica e irónica, sobre la ciudad actual. Y no quiero ni pensar lo que proferiría Alonso Quijano al ver la abundancia y diversidad de estilos arquitectónicos, las calles y sus tráfagos ruidosos,el costumbrismo de las gentes tan distantes de aquella época relatada.








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