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domingo, 6 de julio de 2025

La épica de la caballería española según Benlliure

 



He aquí una abigarrada alegoría de la caballería militar. Su épica no reside solo en el jinete sino también en el caballo. O en la fusión de ambos, que jugaron a lo largo de los siglos un papel compenetrado en las batallas. Y si se ha recordado y honrado siempre a los guerreros no debe caer en el olvido nunca el papel de los caballos que sembraron también de sangre los campos de batalla. Esos caballos -o todos los equinos en general- que también contribuyeron no solo a construir la paz sino a procurarla día a día manejados para los trabajos del campo, del transporte, de la edificación, etc. 

Este conjunto uno y múltiple, situado ante la puerta principal de la Academia de Caballería en la Plaza de Zorrilla, siempre me impactó. Para mí es el mejor logrado de todas las esculturas historicistas del pasado español en nuestra ciudad. En este caso, centrado en una épica militar muy concreta. Ya su autor, Mariano Benlliure, fue de los escultores más reconocidos, y también solicitados, en parte del siglo XIX y del XX. Benlliure había concebido la obra en un tamaño notablemente superior pero la colecta obtenida dentro del Ejército no cubría el coste, por lo que el escultor optó por disminuir sus dimensiones. No obstante hoy, o bien porque estemos acostumbrados a ver la obra o el lugar donde se ubica, nos parece ya de por sí un conjunto medido. Un tropel de jinetes que no se estorban, que se muestran diferenciándose tanto por la actitud y el porte como por los uniformes, favorecido por un dinamismo que al espectador le permite contemplar cada jinete y cada caballo con suficiente perspectiva. Ciertamente el basamento es descomunal y choca un tanto con el conjunto, pero al menos permite su visualización. En su cara frontal figura la inscripción dedicatoria: El Arma de Caballería al Regimiento Cazadores de Alcántara: 1657 - 1702 - 1773 - 1808 - 1921. Y en sus laterales las invocaciones rituales: Por el Honor, Por la Gloria, Por la Patria. Fue erigido en 1931, durante la Segunda República.





Cinco jinetes del arma de Caballería representan en esta alegoría distintas épocas de la historia militar española. Hay un coracero del siglo XVII enarbolando el banderín y capìtaneando al resto de jinetes. Hay otro perteneciente a la llamada caballería de línea del siglo XVIII. Dos lanceros del siglo XIX empuñan sus picas. Y por último un cazador del siglo XX con sable en ristre en posición de carga. Este último es el que se halla más vinculado al motivo del monumento. Se trataría del tipo de jinete que participó no solo en la guerra de Cuba sino en el llamado desastre de Annual, en la guerra de Marruecos, perteneciente al Regimiento de Cazadores de Alcántara. Tal regimiento cubrió en agosto de 1921 la retirada de varios miles de soldados de infantería acosados por Abd El Krim, el caudillo rifeño independentista. Pero pagó un alto precio, pues sufrieron en la hazaña la baja de casi 700 efectivos. 





No obstante recurro a lo que escribió el erudito Juan José Martín González -a sus conocimientos acudo con frecuencia- en el libro Monumentos civiles en la ciudad de Valladolid, sobre la obra de Benlliure:

"El escultor, conforme a su gusto, realizó un grupo de concepción pictórica. Los jinetes se aprietan, como si se tratara de un relieve, sobre un trozo de terreno. La técnica es menuda y de ejecución borrosa, como si se quisiera detactar el aire. El grupo es animado y gracioso, excesivamente pequeño para su emplazamiento, pues se pierde en la gran avenida. Es de alabar, como siempre, el virtuosismo técnico, por la dificultad de obtener un adecuado fundido de cosas tan reducidas, como los estandartes, que se recortan en el vacío. En un principio se pensó en realizar un monumento de mayores proporciones, pero escaseando los fondos se acortó la escala. Dado el objetivo, el Ministerio de la Guerra donó el bronce necesario para el fundido. Hay una intención conmemorativa. Se pretende, de alguna manera, exaltar en este regimiento a la Caballería española. De ahí que los cinco jinetes lleven uniformes que corresponden a distintas épocas, desde el que era usual cuando se creó con Felipe IV la Caballería de Flandes, hasta el más modesto de la campaña de Marruecos, que había desencadenado la erección de este monumento",














lunes, 19 de mayo de 2025

La Resurrección resucitada del antiguo Hospital que ya citase Cervantes en sus novelas

 



Vas, o vuelves, paseante, más allá del paseo y ya relajado tomas en tus manos El casamiento engañoso, una de esas novelas llamadas ejemplares que escribiera un vecino de hace siglos llamado Miguel de Cervantes. Empiezas a leer:

"Salía del Hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, un soldado que, por servirle su espada de báculo y por la flaqueza de sus piernas y amarillez de su rostro, mostraba bien claro que, aunque no era el tiempo muy caluroso, debía de haber sudado en veinte días todo el humor que quizá granjeó en una hora. Iba haciendo pinitos y dando traspiés, como convaleciente; y, al entrar por la puerta de la ciudad, vio que hacia él venía un su amigo, a quien no había visto en más de seis meses; el cual, santiguándose como si viera alguna mala visión, llegándose a él, le dijo: 

-¿Qué es esto, señor alférez Campuzano? ¿Es posible que está vuesa merced en esta tierra? ¡Como quien soy que le hacía en Flandes, antes terciando allá la pica que arrastrando aquí la espada! ¿Qué color, qué flaqueza es ésa? 

A lo cual respondió Campuzano: 

-A lo si estoy en esta tierra o no, señor licenciado Peralta, el verme en ella le responde; a las demás preguntas no tengo qué decir, sino que salgo de aquel hospital de sudar catorce cargas de bubas que me echó a cuestas una mujer que escogí por mía, que non debiera".




Pero no copio y pego aquí este comienzo jugoso de la novela de Cervantes para hablar de ella sino para mencionar la existencia de un Hospital en Valladolid -aunque hubo varios- que persistió durante tres siglos. El Hospital de la Resurrección estaba situado donde se ubica ahora la manzana ocupada por la Casa Mantilla en la Acera Recoletos con Miguel Íscar. Aunque la superficie se extendería por calles que llegaron después como Marina Escobar, Rastro y Perú. Tanto en la novela citada como en El coloquio de los perros, otra ingeniosa novela en que dos canes, Cipión y Berganza, se traen unas sabrosas conversaciones sobre sus amos y otras circunstancias de su tiempo, es nombrado ese hospital, derribado en 1890, y del que permanece como reliquia la parte superior de la portada. Se trata del lienzo adherido a una medianera en el jardín entrañable de la Casa Museo de Cervantes. En el Plano de Ventura Seco de 1738 se puede observar la ubicación, muy próxima al ramal sur de la Esgueva. 
 
 



Este trozo de fachada del hospital desaparecido ha sido objeto de una amplia y exhaustiva limpieza y aseguramiento en meses pasados, de ahí que uno hable de resurrección. También la fuente que centra el jardín. Este espacio que bien se merece el calificativo de con encanto está abierto a cualquier transeúnte. No hay que venir con intención de entrar en la Casa Museo ni estar reservado al visitante foráneo. De hecho cualquier viandante que desee hacer un alto en el camino sin necesidad de tener que entrar en un bar, por ejemplo, puede acceder y sentarse un rato en un banco. Le basta bajar unos pocos escalones desde la calle Miguel Íscar o subirlos desde Rastro para relajarse. El tiempo al que vamos suele pedir un parque o un espacio amable como este.












Fotografía de la fachada del Hospital de la Resurrección. Adolfo Eguren la hizo en 1890. Gracias a ella se entiende la ubicación del cuerpo que se conserva hoy en el jardín de la Casa de Cervantes.




El busto del vallisoletano Benigno Vega-Inclán, también conocido como Marqués de la Vega-Inclán, obra de Mariano Benlliure, nos contempla tras el arbusto. Benigno Vega-Inclán fue quien recuperó para el Estado esta Casa de Cervantes, así como la Casa del Greco, en Toledo, y el Museo Romántico, en Madrid. Se le considera promotor del turismo en España en los primeros años del siglo XX.