"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




viernes, 19 de agosto de 2016

Banderolas al viento





No es un texto comercial este, no. Ni hace propaganda de lo que hay detrás de las imágenes. Pero tiene que ver con el comercio. Acostumbrados como nos han tenido durante décadas los establecimientos de cercanía al rótulo poco estético, de maltrecha y burda caligrafía, ocupante de buena parte del frontis del comercio, o bien a base del neón convencional, la extensión más reciente del rótulo en banderola es una sorpresa que hay que acoger. Por una parte, no devora ni ensombrece la fachada. Por otra, muchas de estas banderolas están sumamente trabajadas, tanto en su ilustración como en el material empleado. Es un impacto visual eficaz, sin ocupar prácticamente espacio, que pueden ser artísticas si el propietario del comercio se esmera y sabe realizar el encargo a un buen creativo.

Sin ánimo de agotar el despliegue de este tipo de insignias anunciadoras, una breve batida fotográfica por algunas zonas de la ciudad nos ha proporcionado un buen ramillete de ejemplos. De entrada, uno de los más conseguidos es la banderola con que se anuncia Bulgarcita Pingos, en la calle Ferrocarril. Una tienda que no es de una simple cosetodo sino de una artesana que crea y recrea objetos relacionados con telas. La banderola es una seña de identidad que para sí hubieran querido los gremios de hace siglos.  




Bar Nuberu, en la calle Concha Velasco,  un bar acogedor que se ha ido especializando en cervezas internacionales y además proporcionan cafés elaborados con arte y sabor. No en balde el año pasado consiguieron ser campeones de Castilla y León de baristas 



La parada de los comics, recientemente instalados en una esquina de calle Cadena y Acibelas.



El rótulo de Café Teatro en Cánovas del Castillo no tiene pérdida. Imposible resistirse a no poner el haz y envés de la placa.



Óptica Marta Castrillo, en López Gómez, exhibe el símbolo de lo que vende, una forja recortada severa pero contundente que atrapa nuestra visión.



¿Qué decir del popular Café Berlín sino que su caligrafía volada es de una belleza única? Calle Cardenal Cos, esquina a Arribas.



Suficientemente legible la banderola de la Librería A pie de página, en calle Librería. Nos gusta el contraste de colores y la línea roja que, en cuestión de libros y lecturas, no la hay. O no debería haberla. 


El pelícano de Sildavia, en calle Arribas, ya anuncia de por sí el café, aunque luego la caligrafía del nombre se exhiba a lo largo de la cristalera del establecimiento.


Un establecimiento de ropa de mujer, El vestidor de Susa, en calle Librería, próxima a la librería A pie de página.



De la Peluquería Ópera, en calle Niña Guapa, que no sé si está abierta o cerrada, tiene su punto ver el desenfadado rótulo por ambas caras. ¿Por qué no ese aire de personajes de cómic español de los años 80 para anunciar el establecimiento?


Aunque Calendula es un comercio de ropa, bolsos, complementos, alhajas y otros caprichos, como se anuncia, la seña distintiva es un pajarito pizpireto y risueño. Sus razones tendrán. Calle Labradores, casi esquina con Niña Guapa y próxima al túnel de las Delicias.


De Librería Maxtor, ¿qué decir a estas alturas? El hombre-mujer-libro es una viejo icono de su identificación comercial. Su tela semiondea al viento, como las páginas de los libros. Calle Fray Luis de León.


Un poco más allá, también en Fray Luis de León, pero en la acera opuesta, el herbolario Sara.
La caligrafía adquiere personalidad y la planta queda en segundo plano para los ojos. No está mal.


El empaque aventurero del Morgan, en La Solanilla, al borde de la Antigua, todo un navegante de la noche vallisoletana, a los cuatro vientos.


En la calle San Luis, la ludoteca La higuera. El clásico niño como dibujado por otro niño, apoltronado en una hoja de higuera. Soñando y volando. Volar es jugar.



Todo lo que rodea la moda de los chicos skater tienen un establecimiento en López Gómez. Slappy Skate Shop es su nombre. La S líquida asemeja la marca de El Zorro, pero a la inversa. Rojo sobre negro parece traer a cuento otras iconografías.


Babel, un pequeño café bar de la calle Librería, usa un peculiar dibujo cuya interpretación habrá que preguntar a sus dueños. Por más que trato de ver cierto significado mesopotámico no lo encuentro.


Y hasta una entidad pública como la Universidad de Valladolid (UVA) se suma a la manera de publicitar sus dominios. Esta banderola descomunal corresponde a la Colección de Arte e Historia patrimonial de la propia Universidad que se halla en la Plaza de Santa Cruz, en el Edificio Rector Tejerina.