sábado, 19 de septiembre de 2026

Las imaginativas máscaras artesanas del Proyecto MASKS en el Centro de Artesanía Cearcal

 



Ni la máscara es un mero objeto antiguo, ni únicamente perteneciente a otras culturas, ni siquiera un mero disfraz que se puede vender en un chino, ni se queda en un simple objeto decorativo para nuestras casas. Es también o sobre todo un trabajo de artesanía al alcance de quien quiera aprender a hacerla. El Proyecto MASKS sería en este sentido no solo un intento de mantener el reconocimiento de una tradición ancestral en infinidad de países del mundo -¿habrá alguno donde no se hayan construido máscaras en alguna época de su historia?- sino el esfuerzo por seguir creándolas y ampliando su proyección. Porque hacer una máscara y buscar una clase de identificación personal diferente con ella está al alcance de cualquiera con mínimas aptitudes manuales e imaginativas. 





Y es precisamente la exposición que se ofrece hasta el 25 de septiembre en los locales de Cearcal (Centro de Artesanía de Castilla y León), ubicado junto al Barrio España, la que nos habla de los fines del proyecto MASKS y nos muestra obras que han realizado los que participaron en hacer trabajos con diferentes materiales, como madera, anea, hojalata, textiles, mimbres...Junto a algunos trabajos se expone información y fotografías de artesanos y procesos de ejecución de las obras. Estos alumnos, digamos, realizaron en Valladolid el trabajo en el mes de julio y provenían de Rumanía, Portugal y España. En palabras de los organizadores de MASKS:

"El proyecto trabaja para identificar, documentar y preservar los conocimientos y competencias vinculados a la creación de máscaras, indumentaria y otros elementos asociados a estas celebraciones. Para ello combina investigación, contenidos formativos, experiencias prácticas, herramientas digitales, acciones de difusión y movilidades internacionales, con especial atención a la transmisión de estos saberes a nuevas generaciones. 

La exposición MASKS permite observar esa relación entre patrimonio y práctica. Madera, fibras naturales, metal y textiles muestran que detrás de cada máscara hay herramientas, técnicas, procesos de aprendizaje, conocimientos artesanales y comunidades que han mantenido vivas estas tradiciones durante generaciones. 

La muestra presenta así las mascaradas no solo como manifestaciones festivas o elementos del pasado, sino como un patrimonio vivo cuya continuidad depende también de la transmisión de los oficios y conocimientos que las hacen posibles".




Adjunto una información que nos proporciona Pinharanda Gomes en su documentado libro Máscara ibérica, donde se analiza la tradición artesanal de las máscaras en zonas portuguesas y españolas como Lamego, Nordeste Transmontano, Zamora y Orense:

"La palabra máscara tiene, en las lenguas latinas, un origen árabe, con raíz en el sustantivo maskhara, que designaba un momo, o imagen facial de cartón, destinada a conseguir un disfraz. 

La cultura latina ya disponía, cuando se expandió la civilización árabe, de un sustantivo equivalente, para identificar un objeto similar escénico, persona, apreciado por los niños en sus bromas, y por los adultos en sus juegos. 

Parece que en la cultura latina no existió la idea de máscara antes del contacto con la cultura griega, y sabemos también que la forma árabe nos fue transmitida a través de la lengua teatral italiana, donde más pronto arraigó.

La comedia griega, anterior al siglo IV a.c., que fue el siglo de Aristóteles, ya utilizaba un aderezo llamado próssopou, derivado de proské, significando falsa apariencia, o transformación de la apariencia, que los griegos llamaban metaskêusa tisomai, es decir, el acto de disfrazarse de otro, o de otra identidad. 

En este concepto adquiría vigor otro anterior, de carácter físico, pues la prossopa no se destinaba solo a ponerse un disfraz, sino que también servía de amplificador,, o de caja de resonancia. Las comedias eran por norma representadas en espacios abiertos y, para que el auditorio oyeses, era necesario recurrir a una amplificación de los sonidos, amplificación que se obtenía por la prossopa".


















jueves, 17 de septiembre de 2026

Las miradas sobre John Berger por Javier Morales. El viernes 18 en la Fundación Segundo y Santiago Montes

 



No es frecuente que se hable de John Berger en los círculos de nuestra ciudad. En parte porque más allá de su actividad plástica fue un escritor atípico, que puede suscitar partidarios u oponentes. En parte también porque es un autor que se presta a participar de nuestra intimidad y silencio, a ser leído con afán de búsqueda e introspección personal. 

John Berger, ese escritor poeta, pero también ensayista peculiar que, como dice Manuel Rivas, "encarna la mirada fértil". Rivas, que lo trató, añadía: "Mucha gente puede encarnar esa cualidad. Pero Berger la ejerció de forma incesante. No era una luz que pretendiese deslumbrar. Al contrario, su naturaleza era la de la luciérnaga. Su palabra preferida para definir el dibujo era 'descubrir'. La luz de Berger descubre lo que permanecía invisible u oculto, pero su aproximación no es la de una luz depredadora o dominante. No hay una jerarquía en el descubrimiento. En realidad, existe descubrimiento donde hay enigma. Si deslumbras al descubrir haces desaparecer el enigma. La aproximación de Berger busca no ahuyentar el enigma sino protegerlo. Descubrir el enigma para enigmatizar. Tanto en el orden estético como en el de las ideas".


(Javier Morales)


Es una ocasión para conocer más sobre Berger la sesión de mañana viernes en la Fundación Segundo y Santiago Montes. Se trata de la presentación del libro Mientras quede una rosa. Miradas de John Berger, y su autor es Javier Morales. En el aviso que me hace llegar la Fundación se dice:

"El pensamiento y la obra de John Berger siguen influyendo un siglo después de su nacimiento en miles de lectores de todo el mundo. Durante la segunda mitad de los años cincuenta del pasado siglo decidió abandonar su carrera como pintor por la escritura, impelido por la urgencia de la situación política global producida por la Guerra Fría. Casi setenta años después, en una realidad marcada por la urgencia climática y la hegemonía neoliberal, Javier Morales, lector durante décadas de la obra del escritor inglés, sigue la pista, brújula en mano, del paso de Berger por España. Así, visita y conversa con algunas de las personas con las que el escritor inglés estableció una relación artística, afectiva y vital (Manuel Rivas, Marisa Camino o Isabel Coixet, entre otros) que revelan la esencial herencia del autor: la mirada del artista, la obra de Goya, la búsqueda exacta de la palabra, la comprensión de la naturaleza en su conjunto, una estética en la que no se menosprecie la ética, o el rechazo de la narrativa dominante. 

Escrito con espíritu bergeriano, Mientras quede una rosa es un viaje cultural, literario y paisajístico que traspasa el relato periodístico, la biografía, propia y ajena, el ensayo o la literatura de viajes, escrito con una prosa placentera, emocional y reflexiva. Todo ello para observar y razonar sobre nuestro mundo acompañados de una figura fundamental, que, con su fecunda obra y su impenitente defensa de las causas justas, sigue recordándonos la importancia de concebir un futuro donde quepa la esperanza"


(John Berger)


La escritora Montse González de Diego hizo una reseña sobre el libro en la revista Letraheridos, de la que extraigo este párrafo: 

"Mientras quede una rosa es el registro de un viaje que Javier Morales emprende, las huellas en la arena que deja por algunos de los territorios que le inquietan y lo forman. La fragilidad del planeta y la sobrexplotación. La precariedad. Las desigualdades. Los desplazamientos forzados que obligan a muchos a vivir en otros países. La vida, la muerte, la literatura, el arte. Es un viaje de la memoria, personal y colectiva, y lo emprende regresando al punto de partida, a los lugares donde nace su vínculo con la vida rural, con la naturaleza, con quienes habitan los márgenes. También con escritores que lo inspiraron y contribuyeron a moldear su mirada del mundo. John Berger es el hilo conductor de este recorrido, la ola que alcanza la orilla y empapa la arena dejando su marca. El libro empieza con un prólogo de Manuel Rivas. Este libro está escrito en una lengua materna llamada Berger. Y añade que es un lugar de encuentros y abrazos, de libertad y verdad. También de poesía, porque la prosa de Morales, tan alejada de la aridez, es sensorial y pictórica como esas flores que brotan en las dunas y colorean la playa en verano bajo un sol abrasador".




Javier Morales, Plasencia, 1968 Escritor, periodista y profesor de escritura creativa. A finales de los noventa, influido por la lectura de la obra de John Berger y su alerta de lo que supondría la desaparición del campesinado, dejó Madrid y trabajó durante tres años como periodista en un pequeño pueblo de Cáceres, en una fundación dedicada al cooperativismo agrario. 

Uno de los ejes principales de su trabajo, tanto como autor de ficción como de no ficción, tiene como motivo los animales y la naturaleza. 

Ha publicado una docena de libros, entre los que destacan los ensayos "Caminar con Gary Snyder y otros poetas", "La hamburguesa que devoró el mundo", ""Las letras del bosque" o "El día que dejé de comer animales". Las novelas "Monfragüe" y "Trabajar cansa". Y los libros de relatos "Escribir la tierra", "La moneda de Carver" y "Ocho cuentos y medio". 

Como periodista escribe sobre cultura y escritura de la naturaleza en el El Asombrario/ Público, El Caballo de Nietzsche/elDiario.es o El País, entre otros medios. Colabora con el programa Reserva Natural de RNE-5.  

Presentará al autor José García Alonso, poeta y coordinador de las actividades culturales de la asociación Laboratorio de las Artes del Bierzo, en Ponferrada.


Enlaces interesantes: 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Zonas cálidas se confrontan con zonas grises en el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano

 


Aunque el título de esta muestra sea Zonas grises, resulta imperceptible para el visitante sentirse condicionado por el gris. Tanto la idea como el título han corrido a cargo del pintor Miquel Mont, que también expone obra propia en otras salas del museo. La exposición y propuesta Zonas grises consiste en la agrupación de obras permanentes del propio fondo del museo pero de distintas épocas y autores contemporáneos, de estilos no análogos, como propiciando un encuentro que el ojo del visitante debe confrontar. Inevitable comparar, anteponer unos gustos sobre otros, valorar lo figurativo y lo abstracto, pulsar universos de formas escultóricas junto a las pictóricas, todo en función del criterio de cada observador. Miguel Mont nos explica de qué va llamar a la muestra Zonas grises:

"Empleando como herramienta el color de los muros y paramentos sobre los que se presentan la obras, modificando la convención más adoptada de forma internacional para exponer el arte moderno y contemporáneo: la pared blanca. Para ello he desplegado una gama de seis grises claros, de parecida luminosidad, pero con tonalidades ligeramente distintas. La gama se extiende en una secuencia ordenada que se repite cubriendo la totalidad de los muros de las salas. Cada gris establece un diálogo con los tonos y las dominantes de los demás, como en una pintura mural autónoma, así como con los colores y materiales que componen cada una de las obras presentadasLa elección de este color se debe principalmente a la suave tensión visual que genera con el contexto y los otros colores con los que se rodea. Esta tensión, en apariencia contradictoria, es fruto de un choque entre la percepción de lo que produce el gris en su comportamiento hacia los contrastes y su naturaleza constitutiva, resultado de mezclar blanco y negro en proporciones variables. Por un lado, el gris como color tiende a suavizar o acentuar ligeramente todos los contrastes, facilitando con ello una cohabitación armoniosa entre tonos distintos, y en particular en el caso de los contrastes simultáneos".

Y en función de este criterio Miquel Mont y el equipo del museo, con el director Javier Hontoria al frente, seleccionaron obras del siglo XX y de la actualidad de los fondos permanentes de la Asociación Colección Arte Contemporáneo y Naturgyenergy Group, depositados en el museo. Autores más antiguos como Josep de Togores, Ángeles Santos, Celso Lagar, Roberto Fernández Balbuena, Maruja Mallo, Manuel Ángeles Ortiz, por ejemplo, se exponen junto a obras de Millares, Manolo Hugué, Joan Brossa, Cristina Iglesias, Ferrán García Sevilla, Guillermo Lledó, Nacho Criado, Pello Irazu, Joaquim Chancho, Washington Barcala, Begoña Goyenetxea, José María Iturralde, Elena Blasco...Me habré dejado algún nombre. Os invito a que os paséis por el espacio donde se expone esta variada obra que siempre os sorprenderá verla en estos diálogos de formas y de colores.