lunes, 28 de septiembre de 2026

El monumento constructivista de Ángel Mateos Bernal en la Huerta del Rey




He aquí una impresionante escultura de elevado tamaño que se ve sobradamente pero que acaso el viandante no admira demasiado. Aunque suele ocurrir lo mismo con otras esculturas de carácter abstracto o constructivista que hay por la urbe. Situada al borde de la Avenida de Salamanca, en la Huerta del Rey, es una obra que se eleva como un edificio pero que tiene una intención monumental. La realizó el salmantino Ángel Mateos Bernal, a punto de comenzar el nuevo milenio, a propuesta del Ayuntamiento para conmemorar el IV Centenario de la Ciudad de Valladolid. Es decir, del título concedido por Felipe II en 1596 a la población que hasta entonces había sido villa. Mateos Bernal concibió esta obra de hormigón, de potente factura, en línea con otras series suyas que tituló menhires, dólmenes, prismas o flexiones. En este caso el artista la llamó Inversión VIII.

El hormigón sigue siendo un material duro de roer, valga la metáfora, visualmente hablando. No es uno de los materiales denominados históricamente nobles ni de fácil manejo. Sobre el hormigón como material constructivo escribe el arquitecto y profesor de Estética de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona Pedro Azara: "El hormigón no tolera las bromas. Se impone como los gigantes y los monstruos por la fuerza bruta. No es dúctil. Rígido, duro, provoca rechazo. Su opacidad evoca la cortedad. No eleva el ánimo. No inspira. Embrutece. El hormigón es prosaico. El hormigón no posee la esbeltez del hierro, la transparencia del vidrio, el brillo del metal y del mármol, la lisura de la piedra pulida. Su finura, cuando se consigue, es impostada, y suscita suspicacia; parece esconder su arma secreta, escondida. Se asocia a los bunkers, donde la vida se hunde y se oculta: espacios subterráneos, propios de un mundo larvario; unos espacios fruto del miedo. El hormigón no respira, no vive, porque no envejece. Se ensucia, grisea, hasta que se desmorona, como una máquina que se atasca, se bloquea y deja de funcionar".





Pienso que a esta visión estética aparentemente pragmática y pesimista Mateos Bernal opone otro concepto que busca la belleza a través de un ejercicio arriesgado de volúmenes y planos. En este reino de la abstracción y del dibujo constructivista la obra que nos dejó aquí el escultor salmantino ni es banal ni fácil ni se trata de una obra menor. Probablemente sea de las más monumentales que salieran de este artista, con sus 23 metros de altura y esa especie de nudo horizontal en lo más elevado de 15 metros de vuelo. No tuvo que ser sencillo elaborar la obra, y uno no alcanza a ver su complejidad técnica. Nada que ver con la escultura históricamente al uso, y en este sentido Mateos Bernal ya lo dejó dicho: "En cuanto a su entidad, la escultura tradicional ha sido entendida como un elemento ornamental o aditivo de la arquitectura. Por el contrario, estas esculturas están concebidas para ser ellas un todo". 





Contemplo esta Inversión gigantesca y no percibo la frialdad anodina del hormigón, aunque habrá quien diga que lo miro con buenos ojos. Tal vez sea ese juego de geometrías verticales y prismáticas con los planos horizontales de la parte superior y que se proyectan en el vacío lo que me aturde. Busco la obra desde todos los ángulos posibles y a distancias diferentes. La escudriño entre la arboleda. Admiro el perfil de todos sus rostros. Dicho de otro modo: sé que es hormigón pero no siento rechazo alguno, sino todo lo contrario. El artista ha sido un demiurgo del material, al que ha trasladado calor.   

Cierro con un pensamiento del propio artista: "El hormigón es el material más representativo de nuestro siglo. Del mismo modo que la piedra definió una época, esta será la edad del hormigón (..) La forma abstracta no lo es tal en su razón intrínseca. Es tan natural como toda forma creada por la naturaleza. No puede descomponerse, superponerse ni retorcerse a voluntad y capricho de su creador. Su naturaleza la obliga a ordenarse rítmicamente bajo la condición para la que fue creada. La naturaleza nunca engendra cuerpos extraños en su mismo ser".

Enlaces de interés para conocer al escultor y su obra:
















jueves, 24 de septiembre de 2026

Mis primeras fotografías de la ciudad con la Werlisa

 



¿Cuánto ha llovido desde entonces? Las ruinas de Santa María la Mayor que ya llevaban siglos en estado de incuria y de olvido fueron objeto de la mirada juvenil a través de la Werlisa. Una cámara elemental. Un regalo paterno. Y cero conocimientos de fotografía. Para usarla tampoco se necesitaban demasiados, pues sus prestaciones eran limitadas y de ella solo se esperaba la foto familiar o de amigos, de cercanía y a ser posible con buena luz. ¿Por qué elegí unas ruinas para estrenar la cámara? No sabría decirlo con exactitud. Supongo que por sentimentalismo. Por rareza. Por sentir el abandono y la pérdida de un legado histórico que en plena Plaza de la Universidad se exponía al tránsito y al deterioro sin fin.  

En la década de los 60 del pasado siglo muchos monumentos de la ciudad se encontraban en mal estado y en riesgo de desaparición. De hecho fue una década, y la siguiente también, bastante desfavorable para un urbanismo racional. Principalmente para el casco histórico más vetusto. Las casas nobles y posadas que quedaban, harto envejecidas si no ruinosas, padecieron la tiranía de la piqueta. Las leyes urbanísticas no estaban a la altura de la protección monumental necesaria y la fiebre inmobiliaria no se anduvo con contemplaciones. Edificios que podrían haberse salvado desaparecieron. Puede que aún tenga fotografías de algunos de ellos por alguna parte. 




Aquella situación penosa nos sensibilizó a algunos. Tal vez por ese motivo yo eligiera unas ruinas extraordinarias como estas de lo que había sido la Colegiata de Santa María la Mayor en su fundación del siglo XI. Primeramente románica y en siglos posteriores fueron añadidos elementos del gótico, de cuyo estilo permanecen algunas salas. El futuro de tal iglesia fue sentenciado con el avance de la construcción de la catedral comenzada en el siglo XVI, que habría exigido el derribo de ese templo adjunto. Paradojas. La catedral se quedó a medio construir y la colegiata prácticamente desapareció. Como dicen por aquí: ni comes las berzas ni las dejas comer. 

No se busque en estas fotografías ni calidad ni belleza deslumbrante. Búsquese solamente testimonio y prueba de un ejemplo del pasado. Las huellas de las características de unos estilos artísticos y de una mentalidad religiosa adaptable a nuevas formas. Basta observar en las fotografías el arranque de la torre románica o la forma de las ventanas abocinadas o alcanzar con la mirada los capiteles con motivos vegetales o seguir la verticalidad de un ventanal ojival con su pequeño rosetón para imaginar lo que tuvo que ser. Pero no es mi objetivo hablar de aquel templo que hoy ha trocado los antiguos pilares por altos e inhiestos cipreses, sino exhibir las imágenes, poco consistentes e imprecisas dentro del blanco y negro al uso, captadas por un primerizo joven con su flamante Werlisa. Considérese, pues, un homenaje personal a una cámara que incentivó en mí la mirada al entorno.
















https://cameramarket.es/pages/werlisa-color-camara-espanola-de-los-anos-60



(Fotografía reciente del espacio que ocupó la colegiata desaparecida, ver enlace anterior)



sábado, 19 de septiembre de 2026

Las imaginativas máscaras artesanas del Proyecto MASKS en el Centro de Artesanía Cearcal

 



Ni la máscara es un mero objeto antiguo, ni únicamente perteneciente a otras culturas, ni siquiera un mero disfraz que se puede vender en un chino, ni se queda en un simple objeto decorativo para nuestras casas. Es también o sobre todo un trabajo de artesanía al alcance de quien quiera aprender a hacerla. El Proyecto MASKS sería en este sentido no solo un intento de mantener el reconocimiento de una tradición ancestral en infinidad de países del mundo -¿habrá alguno donde no se hayan construido máscaras en alguna época de su historia?- sino el esfuerzo por seguir creándolas y ampliando su proyección. Porque hacer una máscara y buscar una clase de identificación personal diferente con ella está al alcance de cualquiera con mínimas aptitudes manuales e imaginativas. 





Y es precisamente la exposición que se ofrece hasta el 25 de septiembre en los locales de Cearcal (Centro de Artesanía de Castilla y León), ubicado junto al Barrio España, la que nos habla de los fines del proyecto MASKS y nos muestra obras que han realizado los que participaron en hacer trabajos con diferentes materiales, como madera, anea, hojalata, textiles, mimbres...Junto a algunos trabajos se expone información y fotografías de artesanos y procesos de ejecución de las obras. Estos alumnos, digamos, realizaron en Valladolid el trabajo en el mes de julio y provenían de Rumanía, Portugal y España. En palabras de los organizadores de MASKS:

"El proyecto trabaja para identificar, documentar y preservar los conocimientos y competencias vinculados a la creación de máscaras, indumentaria y otros elementos asociados a estas celebraciones. Para ello combina investigación, contenidos formativos, experiencias prácticas, herramientas digitales, acciones de difusión y movilidades internacionales, con especial atención a la transmisión de estos saberes a nuevas generaciones. 

La exposición MASKS permite observar esa relación entre patrimonio y práctica. Madera, fibras naturales, metal y textiles muestran que detrás de cada máscara hay herramientas, técnicas, procesos de aprendizaje, conocimientos artesanales y comunidades que han mantenido vivas estas tradiciones durante generaciones. 

La muestra presenta así las mascaradas no solo como manifestaciones festivas o elementos del pasado, sino como un patrimonio vivo cuya continuidad depende también de la transmisión de los oficios y conocimientos que las hacen posibles".




Adjunto una información que nos proporciona Pinharanda Gomes en su documentado libro Máscara ibérica, donde se analiza la tradición artesanal de las máscaras en zonas portuguesas y españolas como Lamego, Nordeste Transmontano, Zamora y Orense:

"La palabra máscara tiene, en las lenguas latinas, un origen árabe, con raíz en el sustantivo maskhara, que designaba un momo, o imagen facial de cartón, destinada a conseguir un disfraz. 

La cultura latina ya disponía, cuando se expandió la civilización árabe, de un sustantivo equivalente, para identificar un objeto similar escénico, persona, apreciado por los niños en sus bromas, y por los adultos en sus juegos. 

Parece que en la cultura latina no existió la idea de máscara antes del contacto con la cultura griega, y sabemos también que la forma árabe nos fue transmitida a través de la lengua teatral italiana, donde más pronto arraigó.

La comedia griega, anterior al siglo IV a.c., que fue el siglo de Aristóteles, ya utilizaba un aderezo llamado próssopou, derivado de proské, significando falsa apariencia, o transformación de la apariencia, que los griegos llamaban metaskêusa tisomai, es decir, el acto de disfrazarse de otro, o de otra identidad. 

En este concepto adquiría vigor otro anterior, de carácter físico, pues la prossopa no se destinaba solo a ponerse un disfraz, sino que también servía de amplificador,, o de caja de resonancia. Las comedias eran por norma representadas en espacios abiertos y, para que el auditorio oyeses, era necesario recurrir a una amplificación de los sonidos, amplificación que se obtenía por la prossopa".