domingo, 2 de agosto de 2026

Activando los sentimientos para conjurar la enfermedad: exposición en el Museo de la Universidad de Valladolid

 



La historia del Arte está repleta de obras de pintura, escultura o música que han expresado los sentimientos humanos. Sentimientos que han desplegado emociones y que los artistas nos han legado con el lenguaje y estilo que cada tiempo histórico les ha permitido concebir. La exposición que hay estos días en la Sala Martín González del Museo de la Universidad es una muestra más de la manifestación de los sentimientos. Pero muy especial, porque las obras expuestas pretenden hacerse eco de diversas dolencias y patologías desde el punto de vista del propio paciente. Y a la vez con esa intención conjurar y en la medida de lo posible paliar el carácter agresivo que cualquier mal ya trae por sí mismo. 




Las obras que uno se encuentra aquí tienen un plus: transmitirnos en primera persona cómo percibe el sufriente la experiencia de su propio padecimiento. Lo dicen los organizadores de la muestra: "En este tercer acto combinamos la vivencia subjetiva de la enfermedad a través de la iniciativa 'Metáforas del Paciente', con elementos del Museo Anatómico que ilustran el acompañamiento de la medicina: un elemento para entender la enfermedad, para tratarla, para conocer su historia. Por eso este acto es un + a la vivencia: la medicina acompaña y también lo hacen las personas conocidas, como la familia o los amigos, y otras anónimas, de la mano de grupos, asociaciones o fundaciones...que arropan al enfermo e intentan ayudar. 'Sentimientos +' nos acerca a mundos interiores, nos recuerda que no estamos solos y que el conocimiento es el camino hacia la esperanza". 




Pero la exposición no va solamente de creaciones personales sino de establecer una especie de diálogo con procedimientos médicos que tratan las enfermedades, a través de exponer una serie de ejemplares antiguos del fondo del Museo Anatómico. En fases anteriores de la exposición Cabeza: Sentidos y sentimientos ya se había expuesto diversa instrumentación y material pedagógico y ahora esto pasa un poco a segundo plano dando más visualidad a lo que han generado los pacientes. Ciertamente hay muestras anatómicas significativas. Un modelo anatómico de mama y otro de útero. Otro modelo del oído interno. Otro de disección craneal. El cráneo de Beauchère. Y algunas máquinas obsoletas pero significativas como un electroencefalógrafo, un sacarímetro o una máquina de electroshock. Pero el protagonismo, a mi modo de ver, se lo llevan las interpretaciones subjetivas que rezuman expresividad.



   
Cada obra plástica tiene una explicación colateral que se me antoja de lo más literario. Por ejemplo, una escultura femenina mutilada pero con expresión de desgarro es titulada como El grito. Y representa el trastorno mixto ansioso-depresivo. Y además va acompañada de una leyenda: "Desamparo, una voz ahogada, angustia contenida, un nudo invisible que aprieta el alma, opresión en el pecho, explosión de ideas inconexas". ¿Cuántas obras son acompañadas de un relato metafórico explícito? Otro ejemplo. Una obra titulada El mundo en fuga, para representar el vértigo posicional paroxístico benigno. Dice su literatura adjunta: "El suelo se rinde y el cielo me atrapa, el equilibrio se quiebra en espirales de ruido, convirtiendo el espacio en un baile caótico donde el cuerpo busca, sin éxito, un norte que ya no existe". Al añadir este texto a la obra ¿no está conjurando doblemente su autora el mal? Cito otra creación. La nombrada como Rostro de la ausencia, nada menos que una interpretación del Alzheimer. "Llaves que ya no abren nada y fotos de extraños. Mi memoria es un mar que se lo lleva todo, dejándome solo una mirada hundida en lo más profundo". Sin comentarios. Un caso más, aunque me pase de citar. Un montaje de suero con contenido de quimioterapia es titulado La voz del todavía. Es la voz de los pacientes oncológicos, que podría sonar así: "Un goteo de luz sostiene la vida; cada gota escribe 'todavía' sobre el desgaste, convirtiendo el dolor en trazo y la espera en resistencia. Aquí existir es crear, y crear es seguir luchando. La vida, aun frágil, no cede". Más claro, agua.





Y de este tono van todas las obras de los autores, que firman como María Soledad Álvarez Yepes, Milagros Sánchez Requena, Emilio Manuel Torrecilla, Virginia Álvarez Yepes, Eva Bernabé Morales, Laura Muelas Ortega, Marcos Rosón Tabares, Dolores Conesa Paredes, Gabriela Mejías Giménez, y disculpas si omito algún nombre. Ni que decir tiene que las obras son un derroche no solo imaginativo sino de expresividad de los propios sentimientos que perciben los pacientes. A su vez quien contempla las obras se dice a sí mismo: ¿cómo representaría yo un problema oncológico o una diabetes o una fibromalgia o problemas del lenguaje? Cada individuo tiene su propio abanico de visiones que le pueden permitir echar un pulso con sus propias patologías. Expresar la mirada interior y materializarla, como se hace en esta exposición tan cargada de metáforas, tiene que tener efectos beningos indudablemente. No sé si el arte -la expresión de sentimientos y emociones además de una mirada al mundo- curará pero seguro que al menos hace más llevadero el sino doliente que toque a cada cual.

La exposición tiene lugar entre las dos alas que quedan del patio que perteneció a la llamada Casa de las Conchas o de las Veneras, siglo XV, y hoy integrado en el Edificio Doctor Tejerina, en la Plaza de Santa Cruz. Permanecerá hasta finales de septiembre. No se la pierdan.


























domingo, 26 de julio de 2026

Una puerta de más de un siglo renacida

 



Aunque parezca tan nueva se trata de la puerta que ya existía en el antiguo edificio, del que solo ha permanecido el muro de la fachada tras su rehabilitación integral. Se ha salvado, pasando por la correspondiente cura y limpieza, y luce con otro lustre tan diferente al que la incuria del tiempo había llevado hace años. Basta compararla con la fotografía vieja que incluyo abajo de la entrada.

Se trata de una hermosa puerta al estilo del edificio sito en la calle Colmenares, que probablemente ya se levantara a finales del siglo XIX o a principios del XX. Muestra de aquel Valladolid burgués que nos legó una arquitectura civil moderna y de nueva factura, tratando de seguir las sendas de los estilos arquitectónicos europeos o nacionales del momento

La exuberante decoración nos lleva a interrogantes. Las testas de un hombre adulto y de un niño podrían representar al propietario emprendedor del edificio y a su hijo o a la progenie en general. O simplemente la cabeza infantil sea un símbolo del futuro que se desea pujante y que va tomando impulso. Las ornamentaciones vegetales o mitológicas serían las que de ordinario se tallaban en puertas de este tipo. En la ciudad quedan todavía algunas en mejores o peores condiciones. 



¿Qué decir de los dragones alados que parecen montar guardia en torno a las cabezas humanas? El dragón es una de esas representaciones fantásticas más extendidas en todas las culturas y con un repertorio diverso de significados. Tallados en una puerta ¿serían un símbolo de seguridad y protección como algunos indican? "El dragón se nos presenta esencialmente como un guardián severo o como un símbolo del mal y de las tendencias demoníacas. Es en efecto el guardián de los tesores escondidos, y como tal el adversario que debe vencerse para poder acceder a ellos", escriben Jean Chevalier y Alain Gheerbrant en su Diccionario de los símbolos. ¿Nos apuntamos a la interpretación de guardián de la finca?

¿Y no es el mismo Ave Fénix el que se muestra altivo y creciente en el espacio más grande de las hojas de la puerta? Si en el momento de construir el edificio primitivo ya significaba renovación ahora con la rehabilitación del edificio parece estar renaciendo nuevamente. Paradojas de los símbolos y de la supervivencia de un edificio.

En fin, la puerta constituye por sí misma toda una arquitectura. Tras el trabajo artístico, y ahora remozado por los especialistas, esta obra nos retrotrae a los tiempos de los viejos oficios de los ebanistas, entalladores, ensambladores y puertaventanistas que tanto cundieron en el pasado y con tanta maestría en nuestra ciudad.












miércoles, 22 de julio de 2026

La belleza de lo sencillo en calles de Las Delicias

 



El paseante debe observar no solo lo más monumental sino también lo más sencillo. Yo diría que incluso tiene más mérito esto último. Naturalmente uno se puede asombrar mucho con grandes edificios o espacios artísticos. Pero si nuestra capacidad de asombro y de apreciación tiene lugar sobre pequeños detalles urbanos nos llenaremos también de una satisfacción no menos sorprendente. Un mural, por ejemplo, ejecutado con imaginación sobre una medianera reclama no solo nuestra atención, sino también el disfrute de una contemplación que nos significa. O un cedro que no imaginabas que creciera incesante entre construcciones actuales. O viejos edificios que hoy no se levantarían pero que dentro de su modestia revelan una cierta imaginación de formas y colores. Aunque un paseo no se plantee como ir a la búsqueda de algo concreto no deja de tener menor interés. El ir a ver qué se encuentra uno, sin condicionamiento previo, tiene su encanto.

Ha sido paseando por el entorno de una de las partes más antiguas de las Delicias, junto al paso nuevo y viejo bajo el ferrocarril, donde se encuentra ese mural. En una medianera junto a la parte trasera del Centro de Salud en la calle Trabajo. Su autor, Gonzalo Taquen, puso en pleno vuelo a vencejos y urracas, dos especies de nuestra ciudad, aunque no siempre compartan los mismos espacios. Me parece de una gran delicadeza formal la representación de estas aves, sostenida por el tono suave de los colores empleados. En su web he visto que este pintor es un especialista en reproducir animales por muros de las ciudades y pueblos, sin desdeñar rostros o manos de personas, por ejemplo. Un autor con tal maestría debería disponer de una medianera al alcance visual de más transeúntes. ¿Se volverán a acordar de él en Valladolid?

El entorno es de la parte más primitiva del barrio. Desde que el ferrocarril dio trabajo a muchos vallisoletanos fueron creciendo a un lado y otro de la vía un sinnúmero de edificios, en su mayoría de ladrillo caravista. Edificios que fueron ocupados a lo largo de los años por trabajadores y empleados de oficios diversos, y de los que apenas permanecen unos pocos. Las calles tradicionales más próximas al túnel histórico y al nuevo -Avenida de Segovia, Mallorca, Menorca, Trabajo, Santa Rita, Sevilla, Paseo de San Vicente- han ido modificando sus edificios pero no la estructura de sus calles.




Y es precisamente a la vuelta de Santa Rita con Guipúzcoa donde una edificación de nueva planta ofrece un pequeño oasis a sus pies. Un reducido pero precioso jardín, iniciativa probablemente de algún vecino, en el que emerge sobre otras clases de árboles un elevado y magistral cedro. En Valladolid hay unos cuantos cedros en distintos espacios abiertos y cerrados. Gran parte de ellos se encuentran en zonas más céntricas o de mayor paso, por lo que mi sorpresa ha sido grande al encontrarlo en este ámbito barrial. Uno aprecia que haya vecinos que disponga del tesoro que supone un espacio arbolado y más si se trata de una especie tan espectacular. Ignoro ni la edad ni cómo llegó a ese lugar este cedro pero convierte el rincón en estética. Ojalá lo cuiden con esmero. 








Y a lo que me refería al principio. Por las calles citadas aún permanecen algunos edificios que no regatean el desafío al tiempo. He localizado información sobre su edad, con un abanico que va desde 1931 a 1945. Ese intento de aquella época de dar un toque algo rompedor a la austeridad de fachadas con sus formas y un colorido retador para lo que ha habido siempre es algo llamativo. Edificios situados en Trabajo, Mallorca y Menorca, un lugar de paso frecuente y obligado en mi infancia.