jueves, 5 de noviembre de 2026

La Puerta de los Carros, un monumento del pasado que rescataron los vecinos

 




Vecina del mural del reloj de sol se encuentra una puerta de un convento potente de la ciudad regentado por la Orden de Predicadores. "Puerta de los Carros. estilo clásico de principios del siglo XVII. Servía de entrada a la huerta del convento de San Pablo por la Rondilla de Santa Teresa". Esto reza en una lápida a los pies de la puerta rescatada. Hoy la puerta está ubicada enfrente de donde tuvo su emplazamiento original, adornando un pequeño espacio arbolado, por iniciativa, si no recuerdo mal, de la Asociación de Vecinos del barrio hace ya unos cuantos años. 

Y en efecto, por la parte de atrás del convento de San Pablo estaba situada la huerta de la que se abastecerían los monjes y llevarían sus hortalizas y frutas al mercado. Una puerta grandiosa para una huerta, que no debe sorprendernos si observamos cómo es la fachada de la iglesia de San Pablo que da a la plaza, al lado opuesto. Después de ir a menos el convento, de ser derribadas partes importantes de su arquitectura y de desaparecer las huertas, a principios del siglo XX se construyó el Instituto Zorrilla, que ocupa gran parte de los antiguos terrenos eclesiales. Ah, pero la puerta de piedra se mantuvo como una entrada trasera del centro educativo. Hasta que hace pocas décadas hubo modificaciones para ampliar el instituto y los vecinos de la asociación de la Rondilla estuvieron al tanto para ofrecer una solución.





Ciertamente cuando se contempla, con mayor o menor interés, una reliquia arquitectónica como esta se puede tener el impulso de imaginar cómo se extendían por la ciudad las amplias propiedades de las que propietarios civiles o religiosos dispusieron en el pasado. Al fin y al cabo, aún quedan unas cuantas propiedades, distinguibles por sus altos muros, en ciertas zonas céntricas. Se pueden consultar, para apoyar ese ejercicio imaginario, planos del pasado como el de Bentura Seco o estudios sobre arquitectura y urbanismo y así hacerse una idea de las superficies que ocupaban los distintos poderes de la ciudad, que eran numerosos. Ya que estamos con esta Puerta de los Carros, verdadero y noble portalón de la actividad hortofrutícola del convento de San Pablo, podemos comprobar que ocupaba el espacio de una manzana amplia que da a cuatro calles. 

Era una concentración meramente conventual la situada en la Plaza San Pablo y entorno, pero la orden religiosa disponía de muchos más bienes, y cito al profesor y dominico Jesús María Palomares Ibáñez que en su trabajo El convento de San Pablo. Aportaciones histórico-artísticas del pasado de un convento vallisoletano dice textualmente: "el convento poseía en la comarca un abultado número de tierras y viñas. De estas últimas las más cercanas a Valladolid estaban situadas en la misma villa, Renedo, Santovenia, Torrelobatón, Cabezón y Simancas (...) Poseía, asimismo, numerosas casas en la calle de San Miguel, calle de la Costanilla, de la Cuadra y percibía un censo perpetuo sobre casi todas las casas de Barrionuevo". Y es que esa comunidad religiosa, apostilla el citado profesor, era una de las siete comunidades más ricas de la urbe.

Uno de tantos viajeros extranjeros que pasaron por Valladolid en siglos pretéritos fue Maurice Margarot, un comerciante inglés que estuvo por aquí varios años antes de que fuera deportado acusado de sedición debido a sus ideas ilustradas y con referentes de la Revolución Francesa. De su visita dice Jesús Urrea en su estudio El convento de San Pablo de Valladolid que "solo le interesó la huerta conventual que. según él, tenía alrededor de diez fanegas, donde los hermanos legos se ejercitan y cultivan las mejores hierbas y raíces hortícolas, sin contar los árboles furtales, naranjos, limoneros, granados y otros. El suelo de este recinto bastaría para construir allí un gran barrio". La fanega, una antigua medida tanto de capacidad como de superficie, podía suponer en este caso 6.440 metros. Así que échese mano de la aritmética y calcúlese.





Disfrutar del asombro de un reloj de sol en una medianera próxima y admirar unos restos de piedra que podrían haber corrido peor suerte es algo que no sucede todos los días. Estas pequeñas huellas, unas de un pasado reciente y otras de otro lejano, recuerdan la calidad de la ciudad que fue, aunque también nos sitúe ante su decadencia.

¿Y ese león sujetando un escudo? Es uno de los leones erigidos en el entorno de la iglesia de San Pablo, donde aún permanecen unos cuantos. El escudo de armas representaba a un personaje de elevado poder, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, que suena más como Duque de Lerma. Verdadero mandatario influyente durante el reinado de Felipe III, que trajo la Corte a Valladolid para un  período corto de tiempo, y que realizó con esa excusa una de las grandes operaciones inmobiliarias, adquiriendo previamente edificios y terrenos y vendiéndolos después por sumas muy superiores. Una verdadera especulación que acaso hoy dejaría chicas las jugadas que se realizan en el oscuro ámbito de la especulación inmobiliaria. 

Y es que del influyente valido Duque de Lerma nos dice muy certeramente Agustín García Simón en su estudio La ambición de poder. Galería de validos lo siguiente: "El sentimiento insaciable de grandeza y la codicia como deseo impulsivo, ilimitado, explican en gran medida el marco obsesivo en que transcurrió la vida de Lerma. La inestable confianza en sí mismo ante la realidad adversa, su temerosa percepción de la lucha abierta y denodada en cualquier aspiración que valiera la pena, le llevaron muy pronto a comprender que el método de la supervivencia en la sociedad cortesana no era la honrada decencia, sino la simulación refinada, la hipocresía perfeccionada hasta la fascinación más depravada. Solo así se explica la suavidad de sus procedimientos, la corrupción silenciosa, el cuidado delicado que evitara los enfrentamientos; la compra de voluntades con el mejor tono, la anteposición de la cortesía antes de que el ruido desencajara el ambiente y empezara a turbar la reputación de su grandeza". Tal vez esta cita debería haberla guardado para otra ocasión en que pueda traer al blog obras y monumentos relacionados con el personaje, por ejemplo el templo de San Pablo al cual estuvo tan vinculado. Pero ese blasón del valido que sostiene el fiero y posesivo león, tan desgastado como olvidado por los que habitamos el presente, bien se merecía el comentario. 








La fachada de San Pablo es lo que queda del convento secular antiguo. Por supuesto, al lado está el Colegio de San Gregorio. que siempre merece capítulo aparte. Se puede comparar con el plano de Bentura Seco y advertir que junto a este templo existía un claustro impresionante, ya desaparecido, y otras dependencias. Y justo detrás obsérvese la amplitud y extensión de las huertas que al menos desde el siglo XVII llevaría adjunta la puerta llamada de los Carros.



domingo, 1 de noviembre de 2026

El esbelto y moderno reloj de sol de la Rondilla

 



En tiempos de vértigo por las horas, rendidos y sometidos como estamos al reloj de muñeca o sobre todo del móvil, no es frecuente encontrar un reloj de sol por la ciudad. Y menos moderno. Y sin embargo los hay. Será cosa de salir al encuentro de ellos. De momento me topo con el que será seguramente el más gigante: 17 por 7 metros. Está ubicado en la confluencia entre la calle Rondilla de Santa Teresa y Cardenal Torquemada, ocupando una medianera del primer edificio de viviendas de esta última vía.  Data de septiembre de 2023, realizado dentro del certamen Ephemera Phestival. La obra pictórica correponde al muralista de Elche J. Demsky, en colaboración con un experto en relojes de sol, el físico vallisoletano Luis Vadillo, que además pertenece a la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol.

Que esté tan abierto y a la vista de todos, gracias a esa confluencia entre calles amplias, le dota de una peculiar esbeltez. Es el edificio, no es el reloj, diría quien desee hacer de abogado del diablo. Son ambos. La altura y la distancia con otros edificios, junto con la amplia superficie de la medianería, garantizan la receptividad de los rayos solares. La orientación, idónea. Los colores verde, azul y rojo hacen un matrimonio armónico con el blanco. Las líneas establecen una geometría cómplice con las ventanas. J. Demsky filosofa sobre su obra, que denomina Tiempo elástico en una entrevista lejana en el periódico El Norte de Castilla: "Siempre intento hablar en mi obra del espacio-tiempo. Es una lucha interna para entender o asimilar algo que probablemente ni exista (...) Vivimos en un momento donde todo avanza disparado, donde cada vez es más difícil parar, mirar alrededor, estar presente". ¿Sería en ese sentido un desafío para el artista concebir junto a Luis Vadillo este reloj vertical tan puntual en su hora solar?

Me viene al paso un poema del mexicano Gabriel Zaid de su obra Reloj de sol:

Hora extraña. 
No es
el fin del mundo
sino el atardecer. 

La realidad, 
torre de Pisa, 
da la hora 
a punto de caer.




Para quien dese una información técnica más precisa recojo en la web de la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol (AARS) lo siguiente sobre este de la Rondilla:

"Descripción: Reloj de sol vertical declinante 17º a poniente. El dial mide aprox. 7 m x 7 m pintado con pintura acrílica en el muro. Su gnomon es de tipo polar, realizado con una varilla con un apoyo adicional, de acero inoxidable, con una sección de 42 mm y una longitud de 174,65 cm. Marca la hora solar (en azul) de 7 de la mañana a 6 de la tarde con numeración arábiga. Adicionalmente, la punta del gnomon señala el solsticio de invierno (en rojo), los equinoccios (en verde) y el solsticio de verano (en azul celeste)".
 









lunes, 26 de octubre de 2026

Érase una vez un comisario de abastos llamado Miguel de Cervantes afincado temporalmente en Valladolid

 


Hagamos la ficción. Preguntémonos. ¿Escribiría sobre una mesa parecida a esta el hombre que había tenido una vida intensa? Este hombre ya había vivido de niño en Valladolid, pero los avatares le llevaron por Italia, luego se entregó a la vida militar, fue preso y pasó por un cautiverio en Argel, retornando a Madrid, habitando en Esquivias, luego en Sevilla, recorriendo Andalucía como comisario de abastos y viéndose involucrado en multitud de problemas generados en su oficio. 

Este hombre llamado Miguel de Cervantes, que seguramente paliaba su vida azarosa con la escritura de novelas, acabó parando en Valladolid con su familia durante un tiempo, cuando la Corte de la monarquía se instaló durante seis años -1601 a 1606- en nuestra ciudad. Eligió en alquiler una de las casas que quedaban a las afueras de lo que entonces era la ciudad. Salvándose de la incuria del tiempo, gracias a la actuación del vallisoletano Marqués de le Vega-Inclán a principios del siglo XX, ha llegado a nuestros días el edificio a través de una reconstrucción aproximada que la convierte en un museo acogedor. Fuera más o menos cómoda la estancia de Cervantes en esta casa y por lo general en valladolid -no hay que olvidar que tuvo problemas con la justicia porque en la proximidad de su casa fue asesinado un caballero navarro llamado Gaspar de Ezpeleta y en principio el juez involucró a Cervantes y su familia, sin  que estos tuvieran nada que ver con el crimen- lo cierto es que se da como hecho que Cervantes escribió aquí algunas de sus breves novelas ejemplares, tales como El licenciado Vidriera, El coloquio de los perros y El casamiento engañoso.  Y que finalizó alguna de las presentaciones de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. 



Con ser una reproducción bastante conseguida respecto a lo que pudo ser el hábitat donde vivió con familia propia y compartió con otras, me parece un logro importante este enfoque etnográfico. Las imágenes hablan por sí mismas. La colocación de los objetos, los muebles, los suelos, los ventanales, los utensilios de cocina o de hilar, los cuadros, los útiles de escritura, etcétera son un acierto y, sean reproducciones más recientes o piezas verdaderamente históricas, dan una idea de lo que pudo ser. Aunque soy un tanto escéptico, no creo que el interior estuviera condicionado fundamentalmente por el escritor, pues la familia tenía también sus ocupaciones. Pero eso es lo de menos. Al visitante le gusta realizar un viaje, más o menos fidedigno, al pasado y se presta incluso a elevar el ámbito en función de la personalidad de aquel por quien se recuerda el edificio. Por mi parte la ubicación de las fotografías no siguen ningún orden expositivo sino caprichoso. En este sentido lo mejor es visitar la Casa o, en su defecto, acceder a la espléndida web que figura al final de esta crónica.

El jardín anterior a la casa es un invento, digamos, moderno, donde se ubica adherida a una medianera de un edificio de época más reciente un buen trozo de la fachada del Hospital de la Resurrección, que se hallaba en los terrenos de lo que ocupa hoy la Casa Mantilla, en la esquina con Acera de Recoletos. Pero este jardín es como un pequeño pulmón, tanto por el arbolado y el resto de vegetación que parece apartar la casa y el jardín del tráfago urbano que trae la moderna calle de Miguel Íscar. En tiempos de Cervantes solo tenía el río Esgueva enfrente y un desnivel de terreno, que hoy se mantiene. Es un espacio peculiar, recoleto y hermoso, con acceso cómodo bajando desde Miguel Íscar o desde la calle Rastro.





Javier Blasco, catedrático de la Universidad de Valladolid, en su libro "Cervantes. Un hombre que escribe" relata esta estancia cervantina:

"Motivos varios pudieron reclamar la presencia de Miguel de Cervantes en Valladolid, ayudándole a tomar la decisión de dejar Esquivias: hay que recordar cómo los procesos, que venían a poner en entredicho su gestión  como comisario y su honestidad con los dineros públicos, seguían todavía abiertos y habían de sustanciarse en Valladolid. En esta ciudad estaban instaladas desde hacía varios meses sus hermanas, su sobrina y su hija, y posiblemente su impresor. Todo ello influyó, sin duda, para animarlo a abandonar Esquivias, trayendo consigo, ahora sí, a su mujer Catalina. Esto se producía, según la información que poseemos, a finales de la primavera o principios del verano de 1604. No sabemos si con el matrimonio Cervantes hicieron también el viaje Juana Gaitán y su segundo esposo, Diego de Hondaro, así como Luisa de Montoya (viuda del cronista Luis de Garibay) y sus tres hijos, pero en el verano de 1604 se encontraban todos ellos, como residentes, en la casa que los Cervantes habían alquilado a las afueras de Valladolid. 

Era una casa de dos pisos que Juan de Navas, su propietario, alquiló por cuartos. Estaba situada en el Rastro de los Carneros, junto al matadero y el Hospital de la Resurrección. El río Esgueva pasaba por delante de la puerta de la casa, donde se ubicaba una taberna frecuentada por los trabajaodres del matadero. El primer piso, encima de la taberna, lo compartían los Cervantes (Miguel, Catalina, Andrea, Magdalena, Constanza e Isabel) y la familia de Luisa Montoya; en el segundo piso se alojaba la familia de Mariana Rodríguez y la de Juana Gaitán (compuesta por su marido, su hermana  y una sobrina) La buhardilla la habitaba Isabel de Ayala, una comadre chismosa cuyas habladurías causarán no pocos problemas a los Cervantes. Un total de unas veinte personas se repartían pues, el espacio que ofrecían trece cuartos, en una casa de alquiler todavía razonable, si tenemos en cuenta la demanda de vivienda que había provocado la ubicación de la Corte en la ciudad del Pisuerga".  



























DORA GARCÍA
COLOQUIO DE PERROS

EXPOSICIÓN


La Casa Museo de Cervantes tiene exposiciones y actividades varias durante todo el año. En la visita que realicé me encuentro con una exposición de Dora García. En ella, como se indica en un prospecto realizado por el museo a tal efecto la artista Dora García "toma como punto de partida la novela ejemplar de Cervantes El coloquio de los perros y trae a la vida un encuentro poliédrico en el que once personajes -los perros Cipión y Berganza, los escritores Joyce, Kafka, Mayakovski, Piglia y Mallarmé, los psicoanalistas Freud y Lacan y los músicos Gal Costa y David Bowie- dialogan sobre transformación y resurrección". 
















Dos bustos, uno en el jardín exterior y otro en un patio interior. El de la izquierda representa a Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, verdadero recuperador de la casa habitada por Cervantes, y es obra de Mariano Benlliure. El de la derecha, bajo la portada del monasterio en ruinas de la Armedilla, representa a Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, promotor de la conservación del edificio. El busto fue realizado por su esposa Anne Hyatt, que compartía análogo sentimiento hispanista.  

Enlace de la Casa Museo de Cervantes en Valladolid, sumamente interesante:

https://www.cultura.gob.es/museocasacervantes/museo.html