Nunca es tarde para descubrir los mundos que nos trae con sus exposiciones el Museo Patio Herreriano. En una de mis visitas encuentro una muestra de la obra de Moisès Villèlia (Barcelona, 1928-1994) que titulan La promesa de Villèlia. No es una obra al uso ni acaso dispuesta de buenas a primeras para ser captada por la mirada del espectador acostumbrado a estilos más tradicionales. Uno se pregunta entonces si nuestra mente está preparada para interpretar un estilo rompedor o sencillamente para dejarse impactar por él. Y es que recorrer los trabajos de Villèlia conlleva enfrentarse con una manera de concebir y hacer una obra que difiere de lo habitual. Una obra a la que no se la pueden aplicar taxativamente términos ordinarios -naturalismo, idealismo, abstracción, figurativo, realista, etc.- pero que obliga a nuestra mente, que es tanto como decir a nuestro conocimiento, a acercarse y buscarle el sentido. O a abandonarnos aleatoria y sensitivamente a lo que no se nos antoje descifrar. Y entonces uno se pregunta: ¿dependerá más su significado de nuestro mundo de los sueños que de la realidad? ¿O acaso también de una realidad que no acabamos de descubrir si no se nos ofrece nítida y transparente, es decir, superficial?
Ni soy entendido ni lo pretendo. Cuando visito un museo o una exposición llego para disfrutar, eso ante todo. Y luego para aprender -y aprehender- algo que anteriormente no sabía o no había percibido. Percibir por los sentidos es parte del saber, no se olvide. Y así de entrada me encuentro con un mundo de formas alejado de cualquier otra manera de construcción y de otras geometrías o representaciones que han moldeado nuestra visión artística. A su vez, los materiales de las obras de Villèlia distan de las piedras o maderas o hierros o incluso plásticos sobre los que la escultura ha venido desarrollándose desde tiempos primigenios. Hago el esfuerzo, y no me cuesta, de ir a otros mundos, los de la naturaleza exterior, por ejemplo, o a los de la naturaleza íntima humana, las capacidades oníricas e imaginativas de la mente. Y así me dejo tocar por estas obras objeto que pueden no entenderse de buenas a primeras -estamos tan condicionados por visiones antiguas que asentaron sus reales en la cultura- pero que nos atraen. Y esta atracción, si se da, como es en mi caso, nos atrapa.
Entiendo que no es fácil para un espectador aproximarse a Villèlia si nos dejamos condicionar por lo que hemos entendido siempre como arte, por las técnicas tradicionales, por los materiales que siempre habíamos visto, por los diseños canónicos tan sublimados pero a veces tan discutibles. A gran parte de la gente le pasa parecido ante la obra abstracta de la pintura o de la escultura donde no ve más que volúmenes y formas inaprensibles. ¿Acaso la obra de Villèlia no tiene mucho de abstracción? Puede ser, pero también es otra cosa diferente, por las sugerencias que despliegan sus obras al estar trabajadas, realizadas, con materiales como las cañas de bambú, los alambres, las maderas diversas, las cuerdas, las telas metálicas...
Recojo esta texto del prospecto que el museo ha editado para la exposición:
"Villèlia perseveró en el uso de materiales 'no acreditados'. A la minuciosa talla de diferentes maderas, como cerezos, nogales, caobas o melis, seguirán los tallos de cebolla y las fibras de chumbera, y empiezan a abrise también camino las cañas de arundo, con las que se afianzará el lenguaje que le hizo tan célebre, no sin antes haber trabajado también la materia industrial, como el alambre de acero. No es fácil asociar los materiales a una cronología concreta; sí conviene situarlo, en líneas generales, en el ámbito del concentrado tratamiento de la madera, a la que aplica leves y precisas zonas de color y que ensambla por medio de hilos o cuerdas. Encontró su mayor fortuna en la relación entre la línea y el espacio, que llevó a un singular refinamiento, y en los saltos de escala mostró una destreza encomiable".
Volveré a dar una vuelta por ese mundo de Villèlia. A medida que elaboro esta entrada me doy cuenta de que me quedan muchas preguntas que hacer a la obra que se me ofrece.





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