miércoles, 19 de junio de 2024
La banda de Tarantino se pasea por Cantarranas
domingo, 16 de junio de 2024
La alegre e imaginativa fachada de la casa de las macetas de Vegafría
Es de suponer que no necesitan que se las riegue con frecuencia, aunque de vez en cuando, para contrarrestar la acción climática, alguien dará un repaso a esta belleza plástica virtual. Aquí los verdes, allí los rojos, los lilas, los amarillos, los azul celeste...Y por si fuera poco la parra crece y crece esperando el tiempo de las uvas. No sé si es más sorpresa o alegría lo que proporciona al viandante que no frecuenta la zona. Está en la calle Vegafría, esquina con Arca Real. Una calle de un barrio antiguo dentro de otro barrio de vieja urdimbre social, Las Delicias. La casa de las macetas bien merece un reconocimiento a la recreación imaginativa, que no naíf. Para mí es mucho más auténtica esta fachada.
viernes, 7 de junio de 2024
Jorge Guillén y los niños ponen a navegar barquitos en el Parque del Poniente
El conjunto es reciente, de 1998, y el autor Luis Santiago Pardo. El parque, un diseño que ocupa un espacio rectangular, fue proyectado hacia 1935. En la infancia de muchos vallisoletanos ya longevos permanece el recuerdo de un parque tan querido como el Campo Grande. Las estatuas de Pipo y Pipa, retiradas porque fueron afectadas por el vandalismo, un estanque en la zona central, parterres y bancos de piedra y forja que aún subsisten como se ve en las fotografías. Y el esplendor de los árboles frondosos que han seguido fieles, aunque los haya nuevos también, al lujoso espacio.
No fue mala idea, no, reconvertir un parque añoso en un diálogo poético de Jorge Guillén (Valladolid, 1893 - Málaga 1984) con la infancia. Un trío de personajes: el poeta que flota un barco de papel junto a un niño, mientras en un extremo del estanque-océano otro niño permanece pendiente de recibir otro navío. Es un juego apacible, de cuento. Pero aunque el conjunto escultórico concentre la atención del paseante, y muchos de ellos simplemente atraviesan la plaza, están de paso, sigo pensando que la majestuosidad de los árboles y la belleza de los bancos de otras época pero de un diseño aún moderno concede acogimiento al espacio.
Las pérgolas metálicas son más recientes pero cumplen su función y con la zona actual de juegos infantiles se complementa un parque tan querido como tan a mano del ciudadano de a pie.
EL NIÑO DICE…
domingo, 2 de junio de 2024
Narradoras de cuentos en una Feria del Libro con dedicatoria a México
miércoles, 29 de mayo de 2024
Las sirenas apacibles de Concha Gay
domingo, 26 de mayo de 2024
En la proximidad del foco del incendio de Valladolid en 1561
jueves, 23 de mayo de 2024
Los cipreses de la plaza de la Universidad, un monumento
No es un monumento a los cipreses, sino que los cipreses son el monumento añadido a un espacio que durante siglos estuvo abandonado. Hoy lo enriquece incorporando la vida vegetal a las ruinas de una antigua colegiata románica -Santa María la Mayor era nombrada y se dice que fue fundación del mismo conde que repobló la urbe en el último tercio del siglo XI- casi toda ella derruida para la construcción unos siglos después de una catedral que tampoco pasó de ser sino la mitad de la prevista. Pero eso es parte de la historia de la ciudad en que se intentó acometer lo nuevo destruyendo lo viejo y sin que a veces lo nuevo cuajase o quedara a medias.
Recuerdo haber estrenado en estas ruinas mi cámara Werlisa, elemental pero asequible para un padre que no dudaba en dar satisfacción a su hijo y de paso iniciarse este, también a medias, en la captura fotográfica. Hace unas décadas estas ruinas eran más ruinas, había un talud de tierra que casi ocultaba los restos de una torre románica de la que aún puede verse un cuerpo inferior. Igualmente persistían contra los elementos algunas arquerías ojivales. Un amontonamiento que pasaba desapercibido en pleno corazón de la ciudad.
Una restauración apropiada en su momento, el rescate de algunas dependencias góticas hoy adjuntas a la catedral y haber concebido el espacio que había ocupado la nave de la antigua iglesia como jardín conectado con la plaza dio nuevo sentido y dignificó los restos de piedra. Pero sin duda que fueron estos esbeltos cipreses los que han llevado juventud y alegría a un territorio yermo. He leído por alguna parte que cada ciprés se ubica en la base de lo que era cada pilar que sostenía la bóveda de la colegiata, separando las distintas naves. Hoy no sostienen techumbre alguna pero son un estandarte al aire y a la atmósfera, tan necesitados de oxigenación. Y un homenaje a la visualización estética del entorno.
No sé quién tuvo la idea de llamar jardín necrológico -necrológico ¿por qué?- a este espacio. Tal vez la idea se herede de la visión del Romanticismo sobre los cementerios, donde tanta acogida tuvieron los cipreses. Aunque ciertamente ya en la Antigüedad grecorromana venían simbolizando al mundo de los muertos y más en concreto a la imagen que se han hecho los hombres de una deseada aunque improbable eternidad. Pero, ¿hay que recordar que los romanos plantaban estos árboles hermosos a la vera de los caminos que llevaban a sus urbes o que aún hoy día la Toscana esté repoblada en sus caminos por hileras de cipreses? Habrá que ver hoy el ciprés como símbolo de permanencia, de constante esfuerzo por elevarse los hombres por encima de las dificultades.
Lástima que el jardín esté acotado, decisión esta la del encerramiento que se tomó para evitar la ocupación gamberra del espacio. Para mí que no es la mejor solución.
lunes, 20 de mayo de 2024
Negras y blancas: entre escolares anda el juego y una novela de Zweig
Entre blancas y negras, o negras y blancas, que tanto monta, etcétera, anduvo el juego entre escolares este último sábado. Y allí el tablero gigante,con sus piezas elaboradas con neumáticos reciclados, según cuentan. Tuvo lugar en la Plaza de Portugalete. Cuando me vi ante las piezas monumentales pensé: ¿cojo las blancas o las negras? ¿O me desdoblo y juego desde una y otra banda?
Entonces me vino a la cabeza algo que narra Stefan Zweig en su Novela de ajedrez. Lo he buscado, y dice un personaje:
"Yo no sé si usted se habrá parado alguna vez a pensar en la disposición mental con que se aborda este juego de juegos. Por poco que haya pensado usted en ello habrá comprobado, sin embargo, que en el ajedrez, al ser un puro juego del pensamiento desligado por completo del azar, es lógicamente un absurdo querer jugar contra uno mismo. Al fin y al cabo, el único encanto del ajedrez reside precisamente en el despliegue diferente de una estrategia en dos cerebros, en el hecho de que no sepan las negras cuál será la maniobra correspondiente de las blancas en esta guerra del intelecto, en tener que adivinarlo e interponerse, y para las blancas, en adelantarse en las secretas intenciones de las negras y contrarrestarlas. Si una misma persona juega con las blancas y con las negras, se produce entonces una situación incongruente, en donde un mismo cerebro ha de saber y al mismo tiempo no saber, ha de ser capaz de olvidar completamente cuando juega con las negras lo que quería y pretendía cinco minutos antes cuando jugaba con las blancas. Un doble pensamiento como este presupone en realidad una escisión absoluta de la consciencia, una capacidad de enfocar y desenfocar el cerebro como si fuese un aparato mecánico; querer jugar contra uno mismo representa en definitiva una paradoja tan grande en ajedrez como querer saltar sobre la propia sombra".
Y sin embargo, pensé, más allá de la novela de Zweig, que sabía mucho de la ida y de ajedrez, hay jugadores únicos, pero desdoblados, que juegan contra su contrincante interior. Pero yo estaba de paso en Portugalete y admiraba el empeño de los chicos para clasificar a un ganador que competiría otro día en un marco de juego regional.







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