miércoles, 19 de junio de 2024

La banda de Tarantino se pasea por Cantarranas

 


No se sabe si los tipos de Reservoir dogs van o vienen, salen o entran, suben o bajan. Pero las paredes de la bocatería de Cantarranas (para mayor precisión Macías Picavea con Ramón Núñez, camino de la Plaza de Cantarranillas) se impregnan de la actitud caminante un tanto chulesca, parsimoniosa y aparentemente segura de aquella banda. Aunque la tensión iría por dentro. Ellos solo pasaban por allí, planeando con su complicidad un golpe nonato. Aunque saben que les espera la efervescencia vespertina y las horas de la noche de una juventud que ellos perdieron hace tiempo. 

Ah, y las ranas ya no croan a la vera de uno de los Esguevas, ¿o hay que decir las Esguevas?, que pasaba históricamente por ahí. La desviación privó a la ciudad de sus dos ríos interiores -los verdaderos ríos del casco antiguo, el Pisuerga fue luego un advenedizo- y el soterramiento de sus cauces anuló la memoria para los vallisoletanos del presente. Aunque los testigos callados están por ahí debajo en forma de túneles, puentes y viejas sillerías de piedra. Pero ese es otro tema fascinante, para otra ocasión.

Como pillo cerrada la pizzería mejor me entrego a la banda sonora de la película.










domingo, 16 de junio de 2024

La alegre e imaginativa fachada de la casa de las macetas de Vegafría

 


Es de suponer que no necesitan que se las riegue con frecuencia, aunque de vez en cuando, para contrarrestar la acción climática, alguien dará un repaso a esta belleza plástica virtual. Aquí los verdes, allí los rojos, los lilas, los amarillos, los azul celeste...Y por si fuera poco la parra crece y crece esperando el tiempo de las uvas. No sé si es más sorpresa o alegría lo que proporciona al viandante que no frecuenta la zona. Está en la calle Vegafría, esquina con Arca Real. Una calle de un barrio antiguo dentro de otro barrio de vieja urdimbre social, Las Delicias. La casa de las macetas bien merece un reconocimiento a la recreación imaginativa, que no naíf. Para mí es mucho más auténtica esta fachada.







viernes, 7 de junio de 2024

Jorge Guillén y los niños ponen a navegar barquitos en el Parque del Poniente




Uno recuerda, al entrar en el parque del Poniente y ver cómo juega el poeta con los niños a poner a flote barcos, uno de sus poemas con infancia de fondo.

Antonio viaja que viaja
por tierra, por mar, por aire, 
va de un continente a otro 
porque el mundo ya no es grande, 
mira desde su avión 
cordilleras y ciudades 
como si, soñando aún, 
sobre algún mapa trazase 
con el dedo rutas, rumbos. 
¿Ser hombre es estar de viaje?

El mundo dejó de ser grande hace mucho tiempo. Hasta Jorge Guillén lo advirtió hace muchas décadas cuando emigró allende los mares para sobrevivir al desastre. Los dos barquitos del conjunto escultórico que han puesto a navegar se llaman: uno, Cántico, y el otro, Clamor. ¿Por qué unas naves no van a llevar nombres de poesía y además de la buena? Ambos nombres son los títulos de dos de las obras poéticas más importantes del poeta vallisoletano. 

El conjunto es reciente, de 1998, y el autor Luis Santiago Pardo. El parque, un diseño que ocupa un espacio rectangular, fue proyectado hacia 1935. En la infancia de muchos vallisoletanos ya longevos permanece el recuerdo de un parque tan querido como el Campo Grande. Las estatuas de Pipo y Pipa, retiradas porque fueron afectadas por el vandalismo, un estanque en la zona central, parterres y bancos de piedra y forja que aún subsisten como se ve en las fotografías. Y el esplendor de los árboles frondosos que han seguido fieles, aunque los haya nuevos también, al lujoso espacio.

No fue mala idea, no, reconvertir un parque añoso en un diálogo poético de Jorge Guillén (Valladolid, 1893 - Málaga 1984) con la infancia. Un trío de personajes: el poeta que flota un barco de papel junto a un niño, mientras en un extremo del estanque-océano otro niño permanece pendiente de recibir otro navío. Es un juego apacible, de cuento. Pero aunque el conjunto escultórico concentre la atención del paseante, y muchos de ellos simplemente atraviesan la plaza, están de paso, sigo pensando que la majestuosidad de los árboles y la belleza de los bancos de otras época pero de un diseño aún moderno concede acogimiento al espacio.

Las pérgolas metálicas son más recientes pero cumplen su función y con la zona actual de juegos infantiles se complementa un parque tan querido como tan a mano del ciudadano de a pie.



EL NIÑO DICE… 


¿Qué dice? Ni un balbuceo. 
Sólo un susurro en apunte. 
Basta que a los labios junte, 
Aguzándose en deseo. 
Este espíritu que veo 
Pendiente de mi respuesta. 
Él es quien se manifiesta 
Sin palabras, de tal modo 
Jovial que lo dice todo 
Con una salud en fiesta.







NIÑEZ

Disparada inocencia de albor animal, 
Destello de joyas en bullicio, 
Diamante impaciente que canta, 
Pájaro nítido: 
Llévanos tú bajo los soles 
Que te descubren y dan sus dominios. 
Arrebátanos en tus ráfagas 
De paraíso, 
Elévanos 
A la alegría sin tacha de tu infinito














PLAYA 

Este sol de la arena 
Guía manos de niños, 
Las manos que a las conchas 
Salven de los peligros. 
Conchas bajo la arena 
Tienden hacia los niños, 
Niños que ya hacia el sol... 
Pero el sol rectilíneo 
Viene. Los rayos, vastos 
Arriba tan continuos 
De masa, deslizándose
Llegan aunque sus visos, 
Sin cesar rebotando 
De ahíncos en ahíncos 
De ondas, se desbanden. 
Aquí, por fin, tendidos 
Se rinden a las manos 
Más pequeñas. ¡Oh vínculos 
Rubios! Y conchas, conchas. 
Acorde, cierre, círculo.





domingo, 2 de junio de 2024

Narradoras de cuentos en una Feria del Libro con dedicatoria a México

 



Recién inaugurada la 57 Feria del Libro en el espacio más paradigmático de la ciudad, la Plaza Mayor, el conde Ansúrez, desde su representación decimonónica va a tener una compañía grata durante unos días. No solo por la presencia del soporte Gutenberg, abundante -nada menos que 53 stands entre librerías, editoriales e instituciones- sino por estar dedicada a la aportación literaria de México.

Al recorrer los puestos de la Feria me topé con una actividad dedicada en principio a niños pero en la que participaban seguramente más personas mayores, atraídas por las narraciones de cuentos tradicionales mexicanos. 

La Asociación de Mexicanos en Castilla y León había traído para el evento a un plantel de narradoras cuyos relatos también atrajeron al paseante. ¿Contaron historias sobre el ocelotl, la tlilcoat, el coyotl, el ozomatin, es decir el ocelote, la serpiente negra, el coyote o el mono araña, por ejemplo? No lo sé, no escuché todos los cuentos, pero fueran estos animales tan simbólicos o fueran otros más domésticos los protagonistas de las historias, la verdad es que quienes narraron lo hicieron con pericia, interpretación y entrega. Es decir,  que uno se quedaba colgado un rato con la sonrisa a flor de rostro. 











miércoles, 29 de mayo de 2024

Las sirenas apacibles de Concha Gay

 



Al entrar en la plaza Martí y Monsó, según me llega el chapoteo de una fuente me parece percibir la voz de Circe dándole consejos a Odiseo: 

"Escucha ahora tú lo que voy a decirte y lo recordará después el dios mismo. Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan estas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil —que sujeten a este las amarras—, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas".





Pero estas sirenas ¿están esperando de verdad a los navegantes aventureros para seducirlos o son ellas las cautivadas apacibles en una plaza rectangular frecuentada por las costumbres del ocio y el alterne? Una plaza que hace doscientos cincuenta años ya se la conocía como Plazuela del Teatro, si bien prácticamente en casi todos sus lados es de construcción de nuevo cuño. Otros la hemos conocido siempre como Plaza del Coca, aún la solemos nombrar así, porque allí estuvo en nuestra infancia y juventud un cine de estreno, hoy desaparecido.  

Y ellas, las tres sirenas que Concha Gay realizó, en un vaciado en bronce en 1996, más parecen tres vecinas cualquiera que peligrosas ninfas prestas a interferir malévolamente en el paseo de los viandantes y turistas. Están sentadas al borde de las imaginarias rocas, jugando con el oleaje oceánico, invitando a que el paseante detenga sus pasos, hable con ellas y se deje influir por la sensación de serenidad que transmiten.




A medida que abandono la plaza pienso en el osado Odiseo que conoció otras sirenas más peligrosas. Y cómo tuvo que padecer la tentación de sus cantos: "Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuanto sucede sobre la tierra fecunda." 

Y es que la ciudad tradicional tiene el embrujo de estar permitiendo cada día que el paseante pille su particular retorno al origen.





(Las citas de la Odisea, de Homero, están tomadas de la Edición digital del Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa, ILCE)




domingo, 26 de mayo de 2024

En la proximidad del foco del incendio de Valladolid en 1561

 




Si hay una calle en la que siempre me detengo cada vez que paso por ella y observo su perspectiva y la disfruto desde ambas aceras es la calle Platerías, antes llamada simplemente de la Platería, y mucho antes La Costanilla. Pero la dejo para otro día porque es una calle importante en la historia de la ciudad y merece fotografías contrastadas. 

Hoy me apetecía traer aquí este edificio que hace esquina en Platerías con Macías Picavea, antes Cantarranas, y que difiere del resto. Esa impresión de edificio torreón, enseñando el ladrillo a diferencia de todos los que le rodean, siempre me llama la atención. Leo por el Idealista que es de 1800, y tras un repaso severo por lo que se ve, se mantiene esbelto. Choca un poco, pero no riñe, con las demás casas, como se puede comprobar en alguna de las imágenes.




El paseante callejero es alguien que pasa una y mil veces por los mismos sitios y no siempre sabe de lo que hay, sino que va descubriendo a base de patear la urbe. Lo enigmático y aproximado es que por ese lugar estuvo el foco del incendio de la ciudad en 1561, sin que jamás haya quedado claro cuáles fueron sus causas. Para unos venganza de luteranos (recuérdese que dos años antes había tenido lugar la persecución y consiguiente auto de fe contra los erasmistas y luteranos, personificados en Agustín de Cazalla, familia y seguidores), para otros cosa de unos extranjeros de paso, cómo no, el de fuera siempre bajo sospecha, y para otros unos pícaros que prendieron una hoguera para asar un gato y con el aire tan característico de la ciudad las llamas avivaron y se extendieron. Nada pudo saberse con certeza, salvo que el corazón de la ciudad de entonces fue presa del fuego.

Uno, al pasar por este lugar no puede por menos que sentir sus particulares vibraciones. La imaginación es libre y hasta la visualización del curso del río Esgueva a dos pasos de ahí, del que quedan como mudos testigos puentes soterrados, se le antoja percibir incluso con el croar de los domésticos anfibios. Las edificaciones actuales nada tienen que ver con las que hubiese en 1561. El incendio, que causó víctimas y destruyó 670 casas (el 10 por ciento del total de viviendas de la urbe), dejando sin bienes a 1.300 vecinos, tuvo un efecto a la larga de reconstrucción de la zona en nueva planta. Felipe II, natural de la entonces villa vallisoletana, a pesar de haber constituido la Corte en Madrid, amparó un nuevo urbanismo para todo el espacio devastado. Aun a costa de imponer impuestos elevados y demoler edificios que no se ajustaban al nuevo plan urbanístico. Mereció la pena y casi a finales de siglo aquel monarca tan discutido en ocasiones concedió a Valladolid el título de ciudad.




Entre otros testimonios un testigo ocular del incendio, Luis Delgado, relató de esta manera la catástrofe: 

"En el año de mil quinientos sesenta y uno, día de San Matheo Apóstol, que cayó en domingo, se prendió fuego en la Platería con tan gran violencia que, habiéndola en brebe tiempo consumido, passó a la Costanilla adonde hizo el mismo estrago; y en veinte y seis horas consumió parte de Cantarranas, corral de la Copera, Mal cocinado, Media Plaza, y los Corrillos, a más de la Platería y la Costanilla que quedan referidas, que en todo se hizo el cómputo eran más de seiscientas casas, todo en menos de veinte y seis horas. Empezó el fuego entre las dos y tres de la noche, no se pudo saber el author de este yncendio, aunque corrieron voces, fue ymbención de luteranos, que había entonces en esta ciudad, (a la sazón Villa) Se quemaron muchas Haziendas y Riquezas, perecieron seis personas, entre ellas una muger de un Platero con dos niñas (etcétera)".


La perspectiva de Platerías y la de Rua Oscura, a la vera de la iglesia de la Cruz, las dejo aquí como sugerencias. Otro día retomaré dos calles que me son familiares desde mi juventud.




jueves, 23 de mayo de 2024

Los cipreses de la plaza de la Universidad, un monumento

 


No es un monumento a los cipreses, sino que los cipreses son el monumento añadido a un espacio que durante siglos estuvo abandonado. Hoy lo enriquece incorporando la vida vegetal a las ruinas de una antigua colegiata románica -Santa María la Mayor era nombrada y se dice que fue fundación del mismo conde que repobló la urbe en el último tercio del siglo XI- casi toda ella derruida para la construcción unos siglos después de una catedral que tampoco pasó de ser sino la mitad de la prevista. Pero eso es parte de la historia de la ciudad en que se intentó acometer lo nuevo destruyendo lo viejo y sin que a veces lo nuevo cuajase o quedara a medias.

Recuerdo haber estrenado en estas ruinas mi cámara Werlisa, elemental pero asequible para un padre que no dudaba en dar satisfacción a su hijo y de paso iniciarse este, también a medias, en la captura fotográfica. Hace unas décadas estas ruinas eran más ruinas, había un talud de tierra que casi ocultaba los restos de una torre románica de la que aún puede verse un cuerpo inferior. Igualmente persistían contra los elementos algunas arquerías ojivales. Un amontonamiento que pasaba desapercibido en pleno corazón de la ciudad. 



Una restauración apropiada en su momento, el rescate de algunas dependencias góticas hoy adjuntas a la catedral y haber concebido el espacio que había ocupado la nave de la antigua iglesia como jardín conectado con la plaza dio nuevo sentido y dignificó los restos de piedra. Pero sin duda que fueron estos esbeltos cipreses los que han llevado juventud y alegría a un territorio yermo. He leído por alguna parte que cada ciprés se ubica en la base de lo que era cada pilar que sostenía la bóveda de la colegiata, separando las distintas naves. Hoy no sostienen techumbre alguna pero son un estandarte al aire y a la atmósfera, tan necesitados de oxigenación. Y un homenaje a la visualización estética del entorno.




No sé quién tuvo la idea de llamar jardín necrológico -necrológico ¿por qué?- a este espacio. Tal vez la idea se herede de la visión del Romanticismo sobre los cementerios, donde tanta acogida tuvieron los cipreses. Aunque ciertamente ya en la Antigüedad grecorromana venían simbolizando al mundo de los muertos y más en concreto a la imagen que se han hecho los hombres de una deseada aunque improbable eternidad. Pero, ¿hay que recordar que los romanos plantaban estos árboles hermosos a la vera de los caminos que llevaban a sus urbes o que aún hoy día la Toscana esté repoblada en sus caminos por hileras de cipreses? Habrá que ver hoy el ciprés como símbolo de permanencia, de constante esfuerzo por elevarse los hombres por encima de las dificultades.

Lástima que el jardín esté acotado, decisión esta la del encerramiento que se tomó para evitar la ocupación gamberra del espacio. Para mí que no es la mejor solución.







lunes, 20 de mayo de 2024

Negras y blancas: entre escolares anda el juego y una novela de Zweig

 


Entre blancas y negras, o negras y blancas, que tanto monta, etcétera, anduvo el juego entre escolares este último sábado. Y allí el tablero gigante,con sus piezas elaboradas con neumáticos reciclados, según cuentan. Tuvo lugar en la Plaza de Portugalete. Cuando me vi ante las piezas monumentales pensé: ¿cojo las blancas o las negras? ¿O me desdoblo y juego desde una y otra banda? 

Entonces me vino a la cabeza algo que narra Stefan Zweig en su Novela de ajedrez. Lo he buscado, y dice un personaje:

"Yo no sé si usted se habrá parado alguna vez a pensar en la disposición mental con que se aborda este juego de juegos. Por poco que haya pensado usted en ello habrá comprobado, sin embargo, que en el ajedrez, al ser un puro juego del pensamiento desligado por completo del azar, es lógicamente un absurdo querer jugar contra uno mismo. Al fin y al cabo, el único encanto del ajedrez reside precisamente en el despliegue diferente de una estrategia en dos cerebros, en el hecho de que no sepan las negras cuál será la maniobra correspondiente de las blancas en esta guerra del intelecto, en tener que adivinarlo e interponerse, y para las blancas, en adelantarse en las secretas intenciones de las negras y contrarrestarlas. Si una misma persona juega con las blancas y con las negras, se produce entonces una situación incongruente, en donde un mismo cerebro ha de saber y al mismo tiempo no saber, ha de ser capaz de olvidar completamente cuando juega con las negras lo que quería y pretendía cinco minutos antes cuando jugaba con las blancas. Un doble pensamiento como este presupone en realidad una escisión absoluta de la consciencia, una capacidad de enfocar y desenfocar el cerebro como si fuese un aparato mecánico; querer jugar contra uno mismo representa en definitiva una paradoja tan grande en ajedrez como querer saltar sobre la propia sombra".

Y sin embargo, pensé, más allá de la novela de Zweig, que sabía mucho de la ida y de ajedrez, hay jugadores únicos, pero desdoblados, que juegan contra su contrincante interior. Pero yo estaba de paso en Portugalete y admiraba el empeño de los chicos para clasificar a un ganador que competiría otro día en un marco de juego regional.