jueves, 1 de enero de 2026
Comenzar 2026 con sencillez
domingo, 28 de diciembre de 2025
Goya en los altares. Las únicas obras de este pintor en Valladolid
Andaba de tránsito por el centro cuando, tal vez debido a las fechas, encuentro abierto el templo que hay en la plaza de Santa Ana. A la entrada, un puesto de venta de pastas y otras gollerías dulces que fabrican artesanalmente las monjas, y al fondo, un belén tradicional. Pero el reclamo era para mí la oportunidad de contemplar las únicas obras de Francisco de Goya que existen en Valladolid, acaso en toda la región.
Más acostumbrado a ver la abundante obra posterior, tan diversa como deslumbrante y rompedora, del gran pintor no dejaba de preguntarme. ¿Qué todo esto es Goya? Sí, todo esto es Goya. Goya de 1787. Los pintores completos, los genios, aquellos que han recorrido ampliamente el mundo de la vida y del arte que tantas veces coinciden, se permiten diferentes versiones y visiones (nó sé qué es primero) en función también de su subsistencia personal, de su pensamiento temporal, del acontecer de los avatares históricos, de su manera de percibir y concebir los temas que les son solicitados. Unas veces por encargos y otras por capricho personal esa clase de artistas puede pintar mitos ancestrales y vidas religiosas de santos, paisajes y escenas de la vida cotidiana, retratos de personajes y situaciones históricas, conflictos interiores y momentos críticos de la propia existencia. Tal fue el caso de Francisco de Goya, del cual apenas hay estos tres cuadros en Valladolid. De bastante envergadura y de temática religiosa nos resultan extraños por cuanto sabemos la categoría y calidad de una obra anterior y posterior con connotaciones muy diferentes. Pero son tres lienzos que han permanecido en nuestra ciudad, decorando otros tantos altares de la iglesia del convento de San Joaquín y Santa Ana, ubicado en la plaza del mismo nombre.
Este templo, de estilo neoclásico, que fue ejecutado según planos de Francesco Sabatini, dispone a un lado las obras de Goya mientras que frente a ellas hay otros altares con obra de Ramón Bayeu que, en el caso de esta entrada, no he recogido. El monasterio existía desde la Alta Edad Media pero hacia 1777 debía estar en pésimas condiciones por lo que se reconstruyó en parte con financiación de algún miembro de la nobleza y en parte con apoyo real. El arquitecto e ingeniero Sabatini era precisamente el arquitecto de corte de Carlos III y, aunque prácticamente toda su obra se realizó en Madrid, Santa Ana fue una excepción exterior.
Uno está poco versado en la hagiografía cristiana, compuesta por legión de personajes de cuya vida y costumbres vaya usted a saber cuánto fue real y cuánto parecido, aunque haya todo un relato abundante de cada santo. En el caso de los cuadros de Goya cito lo que representan cada uno, en orden de colocación en la entrada. Por un lado, el reformador cisterciense San Bernardo, en alguna de sus curaciones. Por otro, la escena denominada El tránsito de San José. Y por último, una escena mística de Santa Lutgarda, abducida por alguna de sus visiones. Por supuesto, cito pero dejo a cada cual que busque, si desea, el sentido de cada momento y personaje en un santoral que sea de su devoción.
De la página de la Fundación Goya en Aragón extraigo textualmente lo que dice sobre estos cuadros vallisoletanos:
"La polémica ha rodeado a este conjunto de obras como lo hizo con el Cristo crucificado de la Academia de San Fernando, ahora en el Museo del Prado. Muchos críticos del artista denunciaban la falta de religiosidad, la vulgaridad e insulsez de unas obras religiosas que no eran sentidas, sino simplemente ejecutadas como un artesano y no como un artista. Camón Aznar sí supo comprender el talento de Goya en estas obras, destacando la entonación cromática, el claroscuro, la grandiosidad de las figuras que, dice, son del natural, y la idea de religiosidad que tenía Goya en esos momentos, vinculada a las blandas concepciones del círculo de Mengs y de los italianos. Sánchez Cantón asegura que este conjunto de obras marcan la madurez de Goya como pintor religioso".
Contemplando algunos rostros de estos cuadros al detalle a uno le parece que van teniendo una impronta que se dará posteriormente en otros personajes recreados por él. No hay un afán de perfeccionismo retratista, digamos, en ello, y se intuye una expresividad que podremos encontrar en otras obras del genio. ¿Que impresionan menos estos lienzos porque no sea el tipo de obras goyescas con las que normalmente nos identificamos y nos hacen emocionarnos? Puede ser. Pero están ahí, al alcance del viajero de paso y del indígena cotidiano que seguramente las desconoce.
lunes, 22 de diciembre de 2025
La fachada testigo de la casa que fue de Simón de Cervatos en la calle Zúñiga

miércoles, 17 de diciembre de 2025
Jorge Guillén desde su atalaya poética de Constitución
martes, 16 de diciembre de 2025
Un neurocientífico en el Museo del Prado. Presentación del libro de Fernando Giráldez en la Fundación Segundo y Santiago Montes
A nadie se le oculta que otra manera de pasear, ni opuesta ni sustitutiva de la caminante, es acercarse a los libros y recorrer los territorios que ofrezcan. O bien asistir a charlas ilustrativas que permite complementar las otras maneras de querer saber algo más y sobre todo disfrutar del conocimiento. En este sentido la Fundación Segundo y Santiago Montes me pasa información sobre la presentación de un libro el próximo viernes 19 en su sede a las 20 horas. El título es Un neurocientífico en el Museo del Prado y lo ha escrito Fernando Giráldez, que en su día se doctoró en Medicina en la Universidad de Valladolid, donde también ejerció la docencia, y posteriormente en la Universidad Pompeu Fabra.
Acompañando al autor estarán Santiago Mar Sardaña, físico e investigador en óptica, y el escritor Gustavo Martín Garzo. De Gustavo es precisamente este texto:
"Por algún u otro motivo, todos nos hemos quedado embelesados delante de una obra de arte. Pero ¿qué es lo que provoca tal atracción? ¿Dónde está el secreto que cautiva nuestros sentidos? Fernando Giráldez, neurocientífico, nos guía a través de las grandes obras del Museo del Prado y nos revela cómo los maestros de la pintura han explorado el cerebro para llegar al fondo de la mente humana. Giráldez nos sumerge en la magia con la que estos artistas descubrieron la manera de lograr dos imposibles: representar el espacio y la vitalidad sobre un lienzo que es plano y estático. La visión es algo tan natural a nosotros que nos hace creer que el mundo es tal cual lo vemos, pero realmente está llena de mecanismos profundamente contraintuitivos"
Ante la curiosidad que al paseante le ha suscitado el tema ha estado indagando por internet y encuentra una charla coloquio francamente apetecible para quien esté interesado en el tema. No me resisto a incorporar aquí el vídeo para quienes no puedan asistir a la presentación de Giráldez, que dado lo que se escucha en él resulta apetitoso para todo amante del arte o diletante en general.
jueves, 11 de diciembre de 2025
Supervivientes de aquellos cines de otro tiempo: Carrión, Roxy, Lafuente, un viaje al pasado



miércoles, 3 de diciembre de 2025
Aquel muchacho regio de Gante y su heredado prognatismo mandibular, en el Museo de Escultura
Siempre me ha llamado la atención este busto. O el personaje que representa, mejor dicho. No invita al diálogo precisamente. La actitud, un tanto ausente. El rostro, nada simpático. La alegría ausente, no obstante representar a un joven culto. La fisionomía, difícil, no contribuye a empatizar. No sé si el personaje en vida sería así, o fue cosa del escultor flamenco, por cierto desconocido, que la labró hacia 1520. Los visitantes pasan ante ella, sin mayores concesiones, como mucho leen el letrero correspondiente y avanzan por la sala que les va a abrir grandes tesoros. Se diría que la obra casi está ahí por error. Que acompaña por inercia a las demás obras renacentistas, siendo ella también una escultura de aquellos comienzos del siglo XVI. Que mantiene su distancia como si el expresado siguiera en su estado de juventud en Gante o en Bruselas. Pero quién sabe. ¿No podría ser, desde su discreta posición, el guardián del arte de las salas del museo? Y sin embargo, yo me paro ante esta herma, contemplo con detalle la imagen, inquiero con respeto al individuo regio que hay detrás de su faz.
Dicen que comía solo. Que no quería ser objeto de espectáculo verse contemplado en tal tarea -él, que a lo largo de su vida comió tanto y bebió sus considerables dosis cerveceras- para no sentirse incómodo. Al fin y al cabo, su alta posición social omnímoda sobre todos los hombres de sus reinos le permitía decidir sin complejos hasta en los más nimios detalles. A la edad que representa la figura solo hablaría bien el francés y escasamente el castellano. Y eso a pesar de ser hijo de madre castellana y heredero de la corona peninsular. Tampoco se le debía dar bien el flamenco, aun habiendo nacido en Gante, ni el alemán, no obstante converger también en su testa la amplia herencia del Sacro Imperio Romano Germánico.















.jpg)









.jpg)












