lunes, 17 de febrero de 2025

La dulzura perfeccionista de la escultora barroca Luisa Roldán, la Roldana, en el Palacio de Villena

 



El visitante no va de enseñar nada. Va de aprender. Aprender a mirar. Porque a veces el arte esconde, más allá de las temáticas y los mitos, una manera de representar que llega. Y más cuando una obra o un autor determinados no ha sido vista con cierta amplitud. Pero ahí está la clave del estilo único de un artista. O si se quiere, la sensibilidad y la voluntad de este para transmitir miradas más largas. Acostumbrados como hemos estado siempre a contemplar el Barroco en una dirección sumamente dramática, no por ello de menor calidad expresiva y técnica, uno se sorprende por otra perspectiva alejada de lo que hemos acostumbrado a ver y sobre todo en Valladolid, con autores como Alonso Berruguete y Juan de Juni, y posteriormente Francisco del Rincón y Gregorio Fernández. Y es la perspectiva que nos ofrece la deslumbrante obra de la escultora sevillana Luisa Roldán, apodada la Roldana, nacida en Sevilla en 1652 y fallecida en Madrid en 1706.  

Esta mujer se formó en el taller de su familia, pues su padre Pedro Roldán ya era un importante escultor de aquel tiempo. Realizó su obra en Sevilla, Cádiz y posteriormente en Madrid, donde fue escultora al servicio del último rey de los Austrias, Carlos II, y después del primer Borbón, Felipe V. Sus trabajos fueron realizados tanto en madera policromada como en barro cocido policromado, lo cual da idea de su capacidad para manejar materiales diferentes que exigían tratamientos acordes con el material. 


Virgen de la leche


Nunca había visto otras obras de Luisa Roldán de las que ya están desde hace tiempo en la colección del Museo de Escultura. Reconozco  que en el amplio rato que he pasado contemplando las piezas expuestas he sentido especial predilección por aquellas de tamaño pequeño, bien imágenes representativas de la virgen María o bien de escenas relacionadas con la vida de esta según pasajes evangélicos. Y esta preferencia por dos factores. Por la caracterización que mayormente tienen los personajes, rostros contentos y de satisfacción, que transmiten cercanía cuando no ternura. Donde hay un toque especial de dulzura y delicadeza, ¿acaso porque es una mano femenina la que pone la impronta? Y por otra parte por lo ricamente que están trabadas las escenas, con un perfeccionismo y cuidado armoniosos. 

Me llamó la atención que hasta los niños nazarenos están carentes de dramatismo por mucho que lleven una cruz a cuestas, que ya es de por sí un simbolismo oneroso. Son niños que juegan. Y ahí veo, acaso son imaginaciones mías, el quid. Todas las imágenes adquieren un enfoque lúdico, y se me antoja que la propia Luisa realizara los trabajos como si fabricara juguetes. ¿Acaso no es esa la sensación que percibe el visitante? ¿Y que tendría de malo que ella tuviera esa visión? ¿No es precisamente lo que da esa sensación de equilibrio psicológico, de calma y bonhomía, a cada uno de los actuantes que ella labró? ¿Y qué decir de la cabalgata de los Reyes? ¿No son sus protagonistas verdaderas figuras de cuento oriental que camelarían tanto a niños como a adultos?

Una exposición que es goce y regocijo. Otras representaciones de Luisa Roldán de tono más dramático, tal como Ecce Homo o la pareja de Dimas y Gestas, tampoco tienen la gravedad dramatizante de las realizaciones del barroco castellano, por ejemplo. Y esto sorprende. La Roldana fue sin duda una rompedora que impuso su criterio femenino, incluso regateando toda esa parafernalia de angelitos tan al gusto eclesiástico de la época.




La educación de la Virgen


Sin pretender ser ni catálogo ni reproducción de detalle de todas las obras -un total de 57- que la exposición temporal ofrece en el Palacio de Villena, dependiente del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, traigo aquí algunas de las imágenes expuestas. Una parte es realización de la propia Roldana, bien en solitario o terminadas en el trabajo de policromía por Luis Antonio de los Arcos, su marido, y Tomás de los Arcos, que trabajaban en el mismo taller. Y otra parte de la exposición son trabajos de diversos autores que complementan la visión de lo expuesto.

Animo a que se pasen a ver a La Roldana. La obra de esta mujer no es algo que se vea todos los días, y de hecho trabajos suyos ya han sido expuestos en otros países. La exposición permanecerá hasta el 9 de Marzo.


Niño Jesús con San Juan Bautista


Tránsito de la Magdalena


Virgen cosiendo

La virgen niña con San Joaquín y Santa Ana

Niños Jesús nazarenos



Virgen con el Niño y San Juan Bautista

Virgen con el Niño

San José con el Niño

Nacimiento de San Gabriel y San Miguel

San Juan Bautista niño 

San Roque, el Niño y el perro


San Antonio de Paula

Cabalgata de los Reyes




Ecce homo

Dimas y Gestas





Y junto a obras de la Roldana obras de otros autores


José de Arce



Pedro Roldán, padre de Luisa Roldán. Cabeza de Apóstol

Nicola Fumo. San Miguel Arcángel

Giovanni Battista Morelli, Niño Jesús dormido

Carlos II. Luca Giordano

Carlos II. Autor desconocido. 

Virgen de la Soledad. José de Mora y Virgen Dolorosa. Pedro de Mena

Santiago y Rey Salomón. Pedro Duque Cornejo

San Ignacio de Loyola. Pedro Roldán












viernes, 14 de febrero de 2025

Profundidad del aire de Jorge Guillén. Hondura del hierro de Eduardo Chillida.

 



Soy, más, estoy. Respiro. 
Lo profundo es el aire. 

Así habla la escultura del donostiarra Eduardo Chillida, sita en calle Cadenas de San Gregorio, con palabras de Jorge Guillén, poeta de la generación del 27 nacido en Valladolid, donde pasó su infancia y la primera juventud. Lo vertical y lo horizontal se anudan, no solo se entrelazan. Y en la oquedad maciza que no vacía del metal, que emerge de lo inmóvil, el aire. Siempre el aire. La gran plancha de acero rotén naciendo del suelo, proyectándose sobre el muro de la historia, acompañándose del árbol, testigo natural de que el aire no solo transcurre sino que está para mover la vida de todas las especies y aligerar la carga humana. El aire, habitante de la tierra. El homenaje del escultor a Jorge Guillén.



Eduardo Chillida escribe en uno de sus Escritos, el que titula Yo soy un fuera de la ley:

"Cuando murió Miró, un gran amigo y un artista y hombre admirable, le quise hacer un homenaje, pero procurando ponerme, como en otras ocasiones, en un terreno común a la persona homenajeada. Cuando le hice un homenaje a Jorge Guillén, primero estuve releyendo toda su obra para tratar de encontrar algún concepto en el que pudiéramos estar  en el mismo terreno los dos. Lo encontré en Cántico. En un lugar dice Lo profundo es el aire, un concepto perfecto para mí. Con Joan Miró intentaba algo equivalente. Era dificlísimo, porque según por dónde iba, salía yo, y si me paraba un poco, salía él. Meditando me di cuenta de por qué era difícil: porque miró ha trabajado siempre en el dibujo y en la línea curva, toda su obra está fundada en ello.La línea conceptualmente es cóncava y convexa. En Miró lo que manda es la convexidad, y en cambio lo que manda en mí es la concavidad. Había un problema muy difícil de resolver. Lo resolví con un tipo de formas en las cuales las concavidades y convexidades se podían emparejar, las tensiones contrarias podían ajustarse porque eran formas crerradas, casi cerradas. Eran tensiones cerradas porque si no, no se podía resolver"-





El paseante, que de vez en cuando se deja caer por ese corazón de la urbe, donde se apiñan monumentos significativos del antiguo Valladolid  -San Pablo, Palacio Real, Colegio de San Gregorio con su Museo de Escultura y su Casa del Sol, el Palacio de Villena y el de Pimentel- gusta de pisar esa rúa Cadenas de San Gregorio que ganó tanto desde que hace ya unos cuantos años se peatonalizó rigurosamente. Y bien sea atravesar la calle para algún recado o recalar en una visita al Museo, lo que es imprescindible es detener los pasos y contemplar el Homenaje a Guillén que la mano de Chillida, y del arquitecto Peña Ganchegui, que cooperó en su instalación, dejaron firme constancia para el futuro. 

El espacio lo eligió el mismo Chillida, junto al muro de San Gregorio, y no se puede decir que la obra haga vibrar a la vecindad o a la ciudadanía en general. Ya es sabido que el gusto conservador de la estatuaria de carácter realista e historicista está más prendido en la gente -al fin y al cabo es más facilona de captar- que esta diferente especie de género poético o sencillamente que explora las formas y los volúmenes geométricos con otra concepción. Allá cada cual. Pero conviene hacer el esfuerzo de aceptar nuevas visiones y reconocer que se tiene al alcance una obra de un escultor de importancia mundial.







Y puesto que la idea de lo profundo es el aire inspiró y estimuló, tanto emocional como creativamente a Eduardo Chillida, reproduzco una parte del extraordinario poema Más allá, incluido en Cántico, de Jorge Guillén. Léase transgrediendo lo ordinario, pronunciando con firmeza, haciendo lentitud del ritmo continuado, imparable, degustando la precisión de cada verso, concentrándose en el magnetismo de las estrofas, donde todo es admiración y luz y ganas de vida.



MÁS ALLÁ 

(El alma vuelve al cuerpo, 
Se dirige a los ojos 
Y choca.) —¡Luz! Me invade 
Todo mi ser. ¡Asombro! 

Intacto aún, enorme, 
Rodea el tiempo. Ruidos 
Irrumpen. ¡Cómo saltan 
Sobre los amarillos 

Todavía no agudos 
De un sol hecho ternura 
De rayo alboreado 
Para estancia difusa,

Mientras van presentándose 
Todas las consistencias 
Que al disponerse en cosas 
Me limitan, me centran!

¿Hubo un caos? Muy lejos 
De su origen, me brinda 
Por entre hervor de luz
Frescura en chispas. ¡Día! 

Una seguridad 
Se extiende, cunde, manda. 
El esplendor aploma 
La insinuada mañana. 

Y la mañana pesa. 
Vibra sobre mis ojos, 
Que volverán a ver 
Lo extraordinario: todo 

Todo está concentrado 
Por siglos de raíz 
Dentro de este minuto, 
Eterno y para mí. 

Y sobre los instantes 
Que pasan de continuo 
Voy salvando el presente, 
Eternidad en vilo. 

Corre la sangre, corre 
Con fatal avidez. 
A ciegas acumulo 
Destino: quiero ser. 

Ser, nada más. Y basta. 
Es la absoluta dicha.
¡Con la esencia en silencio 
Tanto se identifica! 

¡Al azar de las suertes 
Únicas de un tropel 
Surgir entre los siglos, 
Alzarse con el ser, 

Y a la fuerza fundirse 
Con la sonoridad 
Más tenaz: sí, sí, sí, 
La palabra del mar! 

Todo me comunica, 
Vencedor, hecho mundo, 
Su brío para ser 
De veras real, en triunfo. 

Soy, más, estoy. Respiro. 
Lo profundo es el aire. 
La realidad me inventa, 
Soy su leyenda. ¡Salve!






jueves, 13 de febrero de 2025

Homenaje y recuerdo al poeta Justo Alejo en la Fundación Segundo y Santiago Montes

 


HOMENAJE AL POETA JUSTO ALEJO

La Fundación Segundo y Santiago Montes organiza un Homenaje al poeta Justo Alejo

VIERNES 14 DE FEBRERO, 20.00


Justo Alejo (Formariz,(Zamora, 1935 - Madrid, 1979) habría cumplido 90 años en 2025. Su memoria, sin embargo, permanece presente en los que le conocieron o han leído su obra. Poeta tan intenso como prolífico, escribió poesía en todas sus variedades, también en la experimental y visual.Un ejemplo de su poesía visual es la Antología realizada por Manuel Ángel Delgado, titulada FLOrecen hacia el olvido tus paSOS, editada por la Universidad de León, que se presenta en este acto. 

Sus primeros libros de poemas se publicaron en la ya legendaria Librería anticuaria Relieve, regentada por los hermanos Domingo, Pablo (Blas Pajarero) y Pepe. Justo Alejo, que ni siquiera había estudiado bachillerato cuando llegó a Valladolid en 1954, encontró allí un campo abonado para su temprana afición poética, en las reuniones que se realizaban con la presencia Francisco Pino, Ramón Torío, Fernando Zamora etc. Enrolado en el Ejército como forma de ganarse la vida, por consejo de sus amigos, decide estudiar llegando a realizar las carreras de Magisterio, Filosofía y Letras en la rama de Filología Francesa, y Psicología. Y a pesar de que iba publicando su obra poética y colaboraba en distintos periódicos, entre ellos el Norte de Castilla, Triunfo y El País, siguió trabajando en las oficinas del ejército. En ese trabajo, ya en sus últimos años, sufrió un acoso que, unido a la amenaza de retroceso de la transición política nacional, le llevaron a temer por su carrera, su vida y la seguridad de los suyos. Y en 1979 se lanzó al vacío desde el sexto piso del Ministerio del Aire. 





Entre las obras de Justo Alejo destacan Yermos en la espera (1959), Cierta biografía (1960), Alaciar (1965), monuMENTALES REBAJAS (1971), Son netos (1976) y HOY en día El desencanto LAVA más BLAAANCO. Su estilo, que se expresaba tanto en los sonetos y otras estrofas clásicas como en el verso libre, coincidía en hondura y dramatismo con César Vallejo y en originalidad y osadía con Francisco Pino. 



Los encargados de glosar su figura poética en este homenaje serán Manuel Ángel Delgado, Javier Dámaso y Luis Marigómez. 

Manuel Ángel Delgado es Licenciado del Filosofía y Letras y ha desarrollado su actividad profesional en Asturias y Castilla y León. Ha sido monitor de poesía en la Universidad Popular de Gijón y es especialista en Justo Alejo. Ha estudiado la obra de otros autores zamoranos, como Claudio Rodríguez o Tomás Sánchez Santiago. 

Javier Dámaso fue profesor de la Facultad de Derecho de Valladolid, profesión que combinó desde los años ochenta con su obra literaria. Como poeta visual, obtuvo en 2011 el accésit el I Premio Francisco Pino de Poesía Experimental, por un conjunto de cinco poemas titulado Incluso sin palabras. Ha editado Tras el cercado en 2016 (junto a dibujos de J.C. Sanz Belloso) y ha participado en numerosas exposiciones de poesía visual. 

Luis Marigómez es escritor, traductor, fotógrafo y crítico literario. Como poeta, ha publicado tres libros: Año, Fronda y Vislumbres. Como crítico de poesía visual, ha realizado la antología de poesía visual de Tomás Salvador De aleda a aldea. Una muestra de su obra fotográfica pudo verse en la Fundación Segundo y Santiago Montes, a la que ha estado y sigue estando estrechamente vinculado.







sábado, 8 de febrero de 2025

Tarde soleada para las alegorías de los cuatro puntos cardinales de Colón

 


La mañana fue sumamente fría, envuelta en la niebla, pero la tarde deviene soleada y las alegorías del monumento a Colón adquieren un tono de luces y sombras fascinante. Las figuras, como cuatro puntos cardinales o, si se prefiere, como cuatro virtudes, se muestran más humanas, con todo lo que implica de cercanía. Abandonan su naturalismo impertérrito y los cuerpos adquieren un movimiento que reclaman antiguas influencias renacentistas. Entonces los simbolismos resultan más inteligibles. 

El escultor Antonio Susillo Fernández (Sevilla, 1857 / Sevilla, 1896) es el autor del Monumento a Colón tan conocido por los vallisoletanos en la confluencia del Paseo de Recoletos y Filipinos, con la perspectiva de fondo de la Estación de Ferrocarril. Es uno de los puntos del eje que se establece con el Monumento a José Zorrilla, generando el llamado Paseo Central del Campo Grande. Todo el conjunto de figuras y relieves es una alegoría, o suma de alegorías, sobre el denominado Descubrimiento de América, que puede ser motivo de descripción en otra entrada. Pero hoy, con mañanita de niebla y tarde de paseo, al decir del dicho, a uno le interesa principalmente la contemplación de las cuatro grandes figuras que como cuatro proas delimitan el conjunto. La fundición de las esculturas se realizó en Fonderie Thiébaut Frères de París, ahí es nada.




Así pues, el artista otorgó atributos a las cuatro grandes figuras que rodean el monumento. Esculturas sedentes, desnudas, como atlantes y cariátides que parecen sujetar con sus espaldas la gran mole del monumento. Si todo él responde a la mentalidad historicista y épica que predominaba en el siglo XIX y parte del XX, las grandes figuras aportan, además de su grandiosa espectacularidad su propio código. Y así cada una representa una actitud o un valor o una técnica o un conocimiento. 

La mujer y el niño a los pies, sentado este sobre una ruda soga de marinería, representan a la Náutica. Es decir nada más ni nada menos que el arte y la técnica de navegar, y el desarrollo de buen oficio, algo de orígenes tan lejanos que propició que nuestra península ya recibiera la visita y asentamiento de culturas del Próximo Oriente, los fenicios o los griegos, por ejemplo, y ya no digo los romanos o los árabes más tarde. El arte antiguo de la navegación, y arte es siempre técnica que evoluciona constantemente, proporcionó intercambio comercial, difusión de ideas y conocimientos, e instalación de nuevos moradores. En un monumento relacionado con el histórico episodio de llegar a un continente desconocido no podía faltar el reconocimiento esencial de la Náutica.   






He ahí un guerrero, dirá el transeúnte al observar al hombre con la espada en ristre. Bien, la espada es el arma y al hombre armado se le ha relacionado siempre con lo valeroso. Eso pretende el escultor, utilizar este recurso para significar el Valor. Pero ¿acaso el valor es solo patrimonio del hombre armado? Valor no siempre implica la ejecución de un hecho manu militari. Ni es solo arrojo en extremo. Valor es ante todo decisión prudente, tomar iniciativa incluso con sus riesgos, considerarse apto para acometer una empresa, ya sea científica o de exploración de nuevos mundos. Valor es afrontar el día a día, con sus dificultades y dudas, por parte de cada cual. Valor es disponer y elegir, procurando el acierto.  Pero este guerrero de la espada carece de otros emblemas. No hay coraza ni casco  Diríase que es un guerrero tranquilo, más seguro de sí que de dar el paso a utilizar su arma. Tal vez un guerrero pensante.






Esta dama que parece ausente contempla el horizonte. ¿El que hay delante o el que quedó atrás? Los libros bajo su mano o a los pies hablan más bien de un tiempo transcurrido. Un tiempo colectivo del que se sabe poco y no siempre ajustado a lo que fue. También su mirada absorta en el recuerdo, escéptica y sin mayores pretensiones, nos está sugiriendo que se erige como la Historia. No es baladí esa postura de reposo, pues si se quiere interpretar el pasado, con sus glorias y sus desgracias, hay que hacerlo sin precipitación, sin exaltaciones, sin tomar partido en lo que se cree que aconteció como beneficioso y sin rechazar el lado oscuro del pasado. Sin prejuzgar y sin condicionarse con ideas del presente. No confundir saber de la Historia con lo que gustaría que hubiera sido. Para ello nada mejor que tomar distancias y dotarse de información. Estudiar para conocer y reconocer. No para adulterar el pasado ni para colorear e inventar hazañas que acaso no existieron. La Historia calla, no le gusta hablar a la ligera, y necesita traductores que transmitan a las generaciones actuales una interpretación lo más próxima posible de lo que hubo. La Historia pide que no se la utilice para justificar el presente. Que no se hable y menos se vocee en su nombre. Que se mantenga la misma actitud de la mujer que la encarna en esta escultura. La prudencia.






He aquí un ejemplo de concentración. O, mejor dicho, de hombre reconcentrado en una lectura, en una elaboración mental. Es el Estudio. Ninguna acción humana que intente aportar y conseguir algo trascendental, ninguna aventura de envergadura, ningún avance en la técnica o en la producción, son posibles sin la capacidad y el esfuerzo del estudio. Es a través de él como convergen los datos, las ideas, la imaginación para trazar proyectos transformadores. Quien crea, por ejemplo, que los primeros navegantes llegaron a otras costas desde las propias al tuntún, simplemente lanzándose al océano que, por otra parte era desconocido y como tal temido, se equivoca. La más sencilla empresa requirió su estudio. Quien dice el océano dice las vastas llanuras o las abruptas sierras de los continentes. Cualquier empeño y cualquier iniciativa había requerido utilizar los conocimientos al alcance en cada época. Como aún sigue sucediendo.
 



En la Guía de Arquitectura de Valladolid dirigda por Juan Carlos Arnuncio Pastor figura una interpretación más técnica sobre estas cuatro esculturas imbólicas:

"Una característica esencial de la obra de Susillo es su expreso academicismo, que se manifiesta por un lado en la elocuencia y claridad del discurso que desarrollan las alegorías y por otro en la vocación profundamente historicista de su inspiración como escultor.

Reconocemos, en este sentido el simbolismo de los cuatro puntos cardinales que organiza la planta; y cómo sobre ellos, a la manera de los ríos berninianos de Piazza Navona, se asientan las cuatro virtudes de la gesta. En ellas descubrimos la sombra del Moisés de Miguel Ángel, pero también a Donatello y a los clásicos romanos. Del mismo modo que en los bajorrelieves planean Berruguete, Durero y hasta algún tallista de la época de Augusto, entre arcaísmos propios de un Ghiberti como la coincidencia en el mismo espacio de escenas separadas en el tiempo".  








viernes, 7 de febrero de 2025

Erosión. Poemario de José García Alonso en la Fundación Segundo y Santiago Montes

 


La Fundación Montes remite esta nota:

Presentación del libro Erosión, de José García Alonso

Viernes 7 de febrero. 20.00

Fundación Segundo y Santiago Montes


Erosión contiene una relación de pérdidas, de marcas que el tiempo va dejando sobre un paisaje desgastado a través de palabras sin filo, tibias y que no cortan, en un escenario altamente emotivo que deja un poso triste, como de luz de domingo. 

EROSIÓN 

No es la vesania de la borrasca 
la que marca el inicio del desgaste. 
Apenas su tronada se encarga 
de empujarnos, ya vencidos, cansados, 
al silencio último del pájaro 
que se deja morir en el aire… 

BABIA 

Duermen los caballos y parecen muertos 
sobre los prados de Babia. 
Amanece blanco el invierno. 
El cielo azul inmaculado reclama una nube 
que le permita saber del fracaso, 
derrotar la verdad absoluta 
en la que lo ha convertido el frío. 
Estos cielos…




José García Alonso (Pombriego, León, 1962). Es autor de los libros de poemas Formas de seguir abrazando (Alcancía, 2016) y Erosión (Editora Regional de Extremadura, 2024). Sus textos han visto la luz en varios libros colectivos —entre ellos Los hombres me han tratado bien (2014, antología coordinada por Myriam Rubio)— y en revistas como Turia, Quimera, El Espejo o Cuadernos del Matemático. Además de los premios de poesía «Flor de la Jara», en Jerez de los Caballeros, y «Fernando de Castro», en Sahagún, acaba de recibir el Premio DRAPS de Poesía Social, que convoca el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, por su libro Código postal del caos, que será publicado esta primavera por Paralelo Sur Ediciones. 

En la actualidad coordina las actividades culturales de la asociación Laboratorio de las Artes del Bierzo, en Ponferrada, ciudad en la que reside.


martes, 4 de febrero de 2025

Un lema estimulante y constructivo para un porvenir incierto. En la calle Porvenir (Con un poema de Ángel González)

 




Hay nombres de calles en la ciudad que por sí mismos transmiten optimismo. Calles con rótulos como Esperanza, Caridad, Alegría, Paraiso, Porvenir, Verdad, Enamorados, Serena, Niña Guapa, Armonía, Solidaridad, Unión, Doncellas o incluso Democracia, por nombrar algunas de ellas, tienen en común  la referencia a cualidades humanas: conducta, virtudes, emociones, cooperación, etc. Tal vez sean pocas y no sean calles principales. Varias de ellas se encuentran en barrios de tradición obrera, otras en casco antiguo. Una, Porvenir, se cruza un día cualquiera en el camino del paseante. ¿O es este quien acierta a pasar por tal vía fuera de su ruta habitual? 

A la calle Porvenir, entre Vadillos y Circular, no sé si acaba de llegarle el porvenir. De un lado, construcciones nuevas que han roto la fisonomía tradicional y antigua de la calle. Del otro, en un buen tramo una hilera de viejas edificaciones o, mejor dicho, de lo que queda de ellas con sus correspondientes solares. Misterio. Al construir los edificios altos, se supone que para no hacer angosta la calle, se generó una especie de plaza a la que da la parte de atrás de las viviendas nuevas. Embellecerla con dos murales en sus vastas medianeras no fue mala idea, teniendo en cuenta además la calidad plástica de ambos. Pero el paso del tiempo no perdona. Ya llevan unos años y han perdido color, si bien son demasiado potentes como para no pasar desapercibidos a los vecinos y transeúntes.




Sin duda la calle es humilde y no tiene arrogancia alguna. Convertida hoy en una especie de trasera de los edificios de altura. La otra acera está desasistida por una ruina larga, en suelo y tiempo. Pero es una calle representativa del viejo Valladolid barrial de una época en que la demografía de la ciudad comenzó a crecer. Me ha hecho gracia al consultar el libro Las calles de Valladolid, del que fue arquitecto municipal a caballo entre los siglos XIX y XX, Juan Agapìto y Revilla, que en las escasas lineas que la dedica comente: "Mucho fiaron en el 'porvenir' los primeros vecinos de esta calle, que en ella construyeron sus primeras viviendas, cuando se iniciaba el barrio de los Vadillos". Yo creo, al ver cómo permanece todavía ese otro lado no edificado, que el porvenir se quedó a medias, o pendiente, o anquilosado perpetuamente. Agapito y Revilla no solo se pondría de mi parte sino que inquiriría a los próceres del consistorio.




No obstante, el lema de uno de los dos murales, me ha ensanchado el corazón. No es un lema cualquiera, no anuncia ningún producto, no reclama ni salvación ni salvadores. Es una leyenda alegre, optimista, indiscutible. El porvenir se defiende hoy. ¿Se está defendiendo realmente a ese territorio inexplorado que hay por delante, en la vida y en el país, con la alegría que muestra la chica ciclista, cabellos al viento y maceta con su planta lozana y creciente? Todo un símbolo sumamente acertado por parte del diseñador de la pintura. Se hubiera merecido encontrarse en un espacio más transitado y céntrico, pero su vínculo con el nombre de la calle es indestructible.

El gran y entrañable Ángel González escribió un poema titulado 

         Porvenir

Te llaman porvenir 
porque no vienes nunca. 
Te llaman: porvenir, 
y esperan que tú llegues 
como un animal manso 
a comer en su mano. 
Pero tú permaneces 
más allá de las horas, 
agazapado no se sabe dónde. 
... Mañana! 
                  Y mañana será otro día tranquilo 
un día como hoy, jueves o martes, 
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

(De su poemario Sin esperanza, con convencimiento, 1961)





El mural titulado Selfie, es obra de Diego Vicente.El titulado El porvenir, de Reskate Studio.





Hubo un tiempo en que la grafía de algunas palabras parecían traicionar la lengua castellana precisamente en una ciudad histórica de la Castilla profunda. No era el único caso el de este residuo comercial en la calle Porvenir, había más carnicerías empeñadas en ser carnecerías. Es que viene de carne, decían sus defensores en plan sabelotodo, ignorando que todo se lo debemos al latin y bastante al árabe. Ignoro si venderían los mismos productos vacunos o si también los solomillos, las carrilladas o las costillas tendrían sus peculiaridades fonéticas. Siempre me supo amargo un letrero como el de la imagen. ¿Cuántas décadas llevará en la ruina y el olvido y, afortunadamente el desuso del mal vocablo? 







sábado, 1 de febrero de 2025

Juego de las diferencias o de aquello a esto. Un edificio renovado en la calle Estación

 


No creo que se precise excesiva agudeza ocular para percibir la diferencia. Temporal y de estado físico. Que no la estética. El edificio estuvo abandonado durante casi veinte años y la decrepitud hacía mella en la fachada, y es de suponer que también en el interior. Las fotografías de antes de la reconstrucción las hice hace varios años y sirven ahora para las comparaciones. 

Pasabas por delante con cierta frecuencia y, aparte de lamentar el deterioro de un edificio que tendría aproximadamente cien años o se acercaba a esa edad y manifestaba una prestancia singular para su tiempo, temías que cayera algún trozo de cornisa o acristalamiento. En un momento dado cegaron los vanos y al menos se redujeron los riesgos. Pero el edificio seguía ahí, olvidado o no querido por propietarios o constructores.  




Hoy, por fin remozado o, mejor dicho, reconstruído, se podría decir, ha salvado la fachada que afortunadamente ha conservado íntegra su estética y probablemente una parte importante de los materiales. Se mantiene la forja de los balcones y miradores, la balaustrada de los pisos bajos, el zócalo y moldura, la doble cornisa superior de ladrillo, la puerta metálica de acceso. Y un revoco de cal en toda la fachada donde se genera un dibujo que imita sillares. En fin, no soy ningún entendido para detallar todos los elementos y como observador común se me escaparán muchos pormenores. Sin  duda lo que llama más atención es la balconada y el acompañamiento de unos miradores restaurados que, siendo una seña de identidad de edificios de otra época en nuestra ciudad, han recuperado todo su valor. Pero hay una diferencia que sí salta a la vista. La puerta no es exactamente la misma original, que disponía de dos hojas y daba a la calle Estación, porque en esa especie de chaflán semicircular hubo una puerta cochambrosa y si mal no recuerdo estuvo allí instalado un estanco de expendiduría de tabacos.

Obviamente el interior ha sido levantado íntegramente, pero no entro en el tema  y las viviendas estarán adquiridas y, esa es otra, a precios de mercado considerables. Por cierto, en la puerta figuran dos letras, F y C. Seguramente las iniciales del nombre y apellido del constructor del edificio original que no he alcanzado a saber quién fue.