jueves, 10 de octubre de 2024
Qué me dices. Entrevistas de José Miguel Ullán en la Fundación Segundo y Santiago Montes
lunes, 7 de octubre de 2024
La cerámica Silió, un homenaje a sí misma y al barrio que creció en su entorno
viernes, 4 de octubre de 2024
La chica que lee: un remanso de paz entre tanta batalla
Lo primero que piensa el paseante: he aquí una reencarnación de Buda en chica y lectora. ¿Quién dice que la contemplación no es posible con un libro? ¿Puede la meditación que se precie ejercitarse sin una concentración textual que la complemente? En la posición de la joven no hay un acto pasivo sino bien activo que genera imaginación y reflexión. Y la chica de la escultura lo sabe. Principalmente por mor de su creadora, la escultora vallisoletana Belén González Díaz, a la que hace años solicitó el Ayuntamiento una obra suya, y la artista se inspiró en su hija. Fue inaugurada en 2002.
Gusta encontrar una obra así en el plano de suelo, sin peana, y con un tamaño considerable, casi tres metros de altura y 1.400 kilos de peso. Y en medio de la plaza porticada del Barrio de las Batallas que se edificó en los años 60 del siglo pasado. Plaza de las Batallas. En su entorno calles con nombres de hazañas guerreras: Navas de Tolosa, Numancia, Sagunto, Lepanto, Pavía, Covadonga, Trafalgar, Clavijo, San Quintín, Castillejos, Guadalete...¿Nos queda alguna calle contienda que enumerar? Al paseante le recuerdan los nombres que memorizábamos de niños siguiendo aquellos criterios superficiales que apenas hablaban de historia y sí de épicas, muchas de ellas mal interpretadas cuando no irreales.
La obra impone por su volumen pero atrae. El viandante, de paso o de parada en el jardín, la siente familiar. Está al alcance de juego de niños o de codeo de adultos. La temática es de paz. Leer. Ese ejercicio sano y reconciliador con la naturaleza humana, la alternativa a la crispación y a la violencia, no menos naturales pero destructivas. Se refuerza por el gesto, la postura, la actitud, la acción calma de leer un libro, que es una historia, que es un vuelo, que es una proyección personal. O mil.
De hecho en el libro está grabado un texto. Una historia oriental. Una recreación que huele a viejas historias mesopotámicas. Sara de Ur es el libro que lee la chica por la complicidad amistosa de Belén González con el escritor José Jiménez Lozano. Y en esa doble página hay un trozo del cuento. Pero podría ser otro libro, otra aventura, otro viaje en el tiempo, otro acercamiento a añejas creencias.
martes, 1 de octubre de 2024
Esas hojas de acanto vecinas de parque y de fachadas
Son vecinas de dos reinos, aunque provengan del mismo. Una de la naturaleza física y viva en forma de jardín. Está en el Campo Grande. Otra convertida en ornamento de fachada arquitectónica. Mora en la Acera de Recoletos, bien en la Casa Mantilla o en la Casa del Príncipe, dos edificios de gran empaque tanto constructivo como decorativo. Prácticamente se miran. Se diría que ambas, la vegetal y la ornamental, conversan y cuchillean amablemente por su proximidad.
Si el acanto fue primero una ninfa a la que transformó Apolo en planta es cosa del mito. Uno ni entra ni sale en las correrías que se traían dioses y mortales según la mitología griega. Si el mito se trasladó luego a capiteles de la arquitectura del mundo clásico, por ejemplo en el orden corintio, ya es una conversión al simbolismo. Los estudiosos del simbolismo Jean Chevalier y Alain Gheerbrant dicen a propósito: "La hoja de acanto orna los capiteles corintios, los carros funerarios, la vestimenta de los grandes hombres, porque los arquitectos, los difuntos, los héroes han triunfado sobre las dificultades de su labor". Es decir, que la hoja de acanto contendría, debido a sus pinchos, el significado de dificultad que es superada y se exhibe como un triunfo en las artes decorativas. La hoja de acanto se ha multiplicado por doquier en cualquier época y estilo constructivo, y ante los ojos se nos brinda esta propuesta: es la contemplación de la obra bien hecha, parece decírsenos.
Las que aquí advertimos, en esas fachadas de edificios burgueses de finales del siglo XIX y principios del XX, ora más ampulosas ora más estilizadas, parecen exaltar y cerrar para la mirada del paseante el esfuerzo de unos arquitectos que ejecutaron su obra bien con un criterio historicista de resabio francés (la Casa Mantilla) o bien influídos por un modernismo que algunos críticos tacharon de inseguro (la Casa del Príncipe)
Aunque algunos no lo crean unas y otras hojas de acanto, las vegetales y las ornamentales, se celebran mutuamente.
Presentación del libro Vaivén, de Luis Marigómez, en la Fundación Segundo y Santiago Montes
La Fundación Segundo y Santiago Montes me pasa la siguiente información.





