miércoles, 12 de octubre de 2016

Y la bici pasó por allí y se quedó (colgada)




Aficionado a descubrir rótulos de comercios que rompen lo tradicional me quedé colgado de esta fachada de bar en la Avenida de Palencia, entre las calles Doctor Esquerdo y Penitencia. Cabe pensar que el primitivo dueño del bar lo tituló de esa guisa aprovechando el tirón inicial de cierta serie de televisión. La bicicleta de otro tiempo se presta a relacionar el nombre con épocas pasadas, y aunque la tipografía sea más actual no queda mal. Naturalmente es la bici la que pone la salsa. No entiendo por qué unas mayúsculas se acentúan y las de cuéntame no. Misterios de los diseñadores, ¿o fallo técnico?

Del interior no puedo decir nada, pasaba por casualidad y a la carrera y no podía pararme. Otro día echaré un vistazo dentro. Eso sí, no puedo por menos que reflexionar sobre cómo influyen los medios televisivos en estos tiempos. Pero también hay bares y cafetines en abundancia con títulos de novelas o de personajes. En realidad poco cambia, simplemente se adapta en función de los gustos y preferencias de sus propietarios.




lunes, 10 de octubre de 2016

Los dinosaurios acaso estuvieron aquí o cómo llevar alegría plástica al barrio San Pedro Regalado




Porque la pintura no es solo una representación, es sobre todo emoción y placer visual. Un alarde alternativo frente a los borratajos que manchan y afean paredes. Si es en un barrio tan espléndido como tranquilo, la armonía está servida. En efecto, el barrio de San Pedro Regalado mantiene una calidad urbanística indiscutible. La sensación que te transmite cuando paseas por él es que es un barrio de los que ya no existen. La morfología de las casas, donde las nuevas se han integrado con las tradicionales, el centro comercial próximo y el servicio de autobús que conecta con el extremo opuesto dice a su favor. ¿Solamente eso? Uno sospecha que un barrio como éste, en que viven desde hace décadas gran parte de su vecindario, mantiene todavía un calor y unas relaciones humanas como poco sumamente respetuosas. Si siguen siendo colaborativas lo tendrán que decir ellos.




Hace un par de semanas que la Asociación de Vecinos Los viveros promovió junto con el colectivo de expresión gráfica y literaria La criminal un encuentro entre gente del barrio y artistas e ilustradores para pintar murales en distintos puntos, viejos y nuevos, de algunas calles. Que con ello pretenden abrir nuevas vías comunicativas entre vecinos de toda la vida y gente llegada recientemente, o simplemente que se presta para la ocasión, es un objetivo estimulante que debería tener continuidad. A mis ojos les gustaron todas y cada una de las expresiones plásticas que vieron. Unas más en el plano del cómic, otras con un tono de corrientes vanguardistas, pero divertidas y plenas de colorido. Probablemente me dejé alguna de fotografiar, pero no se puede pedir a un paseante que se dejó caer casi por casualidad por allí que acierte a todas.




¿A que lucen de lujo las columnas de los parterres con esos azules contrastados? Ánimo que quedan todavía unas cuantas. Y es que el lenguaje de los colores llena de viveza y expresión al elemento más soso que puedas encontrarte.








Una manera de aligerar las insulsas entradas a garaje. O cuando lo terrorífico se reviste de jocoso.



No por ser un mensaje tradicional, de los que solo pueden emitir los barrios pequeños, debe minusvalorarse. Cierto aire de modestia y en cierto modo idílico, sin duda, pero que transmite apacibilidad y un deseo de llevarse bien los convecinos. La mayoría de los barrios ya no tienen el carácter histórico de trabajar, vivir, ocupar tiempo y relacionarse en el mismo ámbito. La mayoría de los barrios son hoy dormitorios o específicamente hábitats de jubilados. Pero este es un tema para otra reflexión. Hoy, aquí, lo que cuenta es la mirada del paseante. y lo que saltó por el camino.


jueves, 6 de octubre de 2016

La lira de Núñez de Arce tallada por Emiliano Barral




No sé si he visto de niño caer el agua por los canalillos que representan las cuerdas de la lira o son imaginaciones mías. Pero hoy qué ausente está el agua en el monumento fuente. Y qué orfandad supone privar a la piedra del desgaste natural del agua. El monumento al poeta Gaspar Núñez de Arce está ubicado en uno de los espacios más bonitos y sugestivos del Campo Grande, próximo a la Fuente de la Fama y junto a una rosaleda que en este otoño cálido se resiste aún a dejar de alegrarnos la vista. El autor del monumento, el escultor Emiliano Barral, natural de Sepúlveda, lo realizó en 1932. No es una obra historicista y convencional como otros monumentos a prohombres que habían cundido hasta entonces por la ciudad. Este tiene un toque estético y formal diferente. Como lo debió tener otro conjunto de la misma mano dedicado al escritor Leopoldo Cano, también aquí en Valladolid, pero el revanchismo de la barbarie desatada en 1936 lo destruyó. Como acabó con la vida del escultor, caído en noviembre del mismo año defendiendo Madrid y la legalidad constitucional.




La materia donde Barral talló la lira es granito rojo de Ávila. Para entonces el escultor, que procedía de familia de canteros pero que había tomado su propia senda, viajando a París,a Italia, a varias ciudades españolas o trabajando en Madrid, ya tenía suficientes tablas y había realizado un considerable número de trabajos. Es rompedor respecto a un concepto más tradicional de la estatuaria y aunque trabaja el busto también se empeña en grandes volúmenes. Emiliano Barral concibió la lira evocadora de Núñez de Arce no tanto como el elemento excusa que representara el oficio del vate  -cuya testa remata con considerable desproporción el volumen fundamental del monumento-  sino como un espacio en cierto modo arquitectónico donde el agua que brotara de la cima tenía que deslizarse por las estrías, transmitiendo una idea calma. En palabras del escultor: "He querido buscar de esta manera la emoción de la sensibilidad y de la belleza. Que todo el que llegue hasta el lugar se sienta impresionado por este brotar y resbalar del agua, en que simbolizo la inspiración".

El monumento está flanqueado por dos bancos de piedra, verdaderos paralelepípedos racionalistas, más propios de las vanguardias rusas o centroeuropeas del primer tercio del siglo XX que de nuestros lares. De esta manera se refuerza el sentido de que el monumento no es solamente la pieza central que deja claro esa dedicatoria Valladolid a su poeta sino todo un espacio que se amplía y se delimita a su vez. Más allá, la floresta del Campo Grande establece un vínculo natural con la piedra tornando más evocador ese territorio. Y una vez más: lástima que no cumpla su cometido el agua para que el sentido esencial que Emiliano Barral intentó dar a la escultura se cumpliera plenamente. 













domingo, 2 de octubre de 2016

La soledad de la guardería fantasma



¿Alguien sabe algo de la antigua guardería? Cuándo se levantó, cómo funcionó, qué uso llegó a tener, cómo y por qué fue su declive...En fin, cuándo degeneró en erial. Permanece el arco de metal sobre dos columnas, como testimonio fantasmagórico. En la primavera empieza a tomar el aspecto de un jardín salvaje, las amapolas y las plantas silvestres ocupan el suelo y varios árboles frutales enseñan sus dones por pocos días. Es un lugar de paso muy frecuentado que hace de atajo entre la gente que va o viene desde las Estaciones y el Centro por el Arco de Ladrillo hacia la Avenida de Irún y Gabilondo. Como enseñas arbóreas de más entidad permanece un pino y un cedro de considerables dimensiones. Este último tocado del ala, como se puede observar por su inclinación. En las estaciones frías se afirma mucho más el aspecto yermo. Una parte de los terrenos de esa antigua guardería fueron urbanizados como aparcamiento de vehículos y lo que le da cierta solera de otra época son las galerías descubiertas que aún permanecen en el edificio largo que ocupa la esquina de Arco Ladrillo con Puente Colgante que, si no es centenario, poco le puede quedar.

Por más que he consultado varios libros sobre urbanismo editados por el Ayuntamiento no he encontrado aún una información precisa sobre la guardería que debió existir. Sigo prospectando. 











martes, 27 de septiembre de 2016

Los leones vuelven a la jaula (temporalmente)




Enjaulados. Los leones que coronan las pilastras exentas que circundan la fachada de la Universidad vieja van a ser puestos en cuarentena. Deteriorados por la incuria que ha traído la erosión histórica y la contaminación moderna van a ser limpiados. Veremos si los tratamientos a los que van a someter nos permite reconocerlos mejor o si el paseante soltará aquello de estos no son mis leones, que me los han cambiado.

De momento ahí están, unos refugiados tras las vallas y los velos donde los técnicos trabajarán para dejarlos como nuevos. Otros esperando turno. Hay quien opina que no nos los dejen como si acabaran de fabricarlos, por favor. Y es que el desgaste también aporta belleza o que acaso estábamos acostumbrados a verlos tal cual. Que sean reconocibles al final, que no nos resulten extraños. Al fin ya al cabo llevamos contemplándolos toda la vida.





Leo en el blog de Domus Pucelae que las columnas no eran un mero capricho. Que iban vinculadas unas a otras con una cadena de gruesos eslabones de hierro cuyo sentido era simbólico. Parece ser que en tiempos lejanos la Iglesia, las posesiones Reales y la Universidad gozaban de privilegios especiales. "...La presencia de estas cadenas proclamaba que el edificio gozaba de la exención de fuero, es decir, que quien se refugiaba en el recinto cercado por los eslabones quedaba exento de la legislación ordinaria y se sometía a su fuero jurisdiccional especial". Obviamente las cadenas de nuestra vieja Universidad ya no existen, aunque aún podemos contemplarlas en San Pablo o en San MIguel, por ejemplo.





Nuestros leones sujetan escudos. Unos representan a Castilla, otros al símbolo de la propia Universidad, un roble hermoso exhibiendo su ramaje y fijado con hondas raíces en la tierra. El mismo león es en sí mismo un símbolo poderoso. Representa a la realeza que dominaba en los tiempos medievales en que se fundó la Universidad. Pero acaso a su vez dice más, y recojo una opinión de Juan-Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos: "...El león constituye el oponente terrestre al águila en el cielo y, por lo mismo, el símbolo del 'señor natural' o posesor de la fuerza y del principio masculino". Pero ya se sabe que los simbolismos se han inventado para ratificar diferentes estados y tiempos de Poder. Particularmente me fascinan más las esculturas de los leones que los escudos que blanden para satisfacción de los señores e instituciones que tuvieran mando e influencia en su época. 



viernes, 23 de septiembre de 2016

Un paseo en el Día sin coches




Eufemismo y buena intención. El Día sin coches, celebrado ayer, y promovido por los municipios es un símbolo. Acotar el casco histórico amplio de nuestra ciudad por parte de la Policía Municipal forzosamente limita el tránsito de vehículos y los reduce al máximo. No sé si así tiene mérito y sirve para medir la buena voluntad del hombre motorizado de nuestros días. Digamos que acaso si al menos los ciudadanos colaboraron un poquito ya sería un triunfo. Pero uno teme que todo quede en un símbolo festivo y de eso que suele llamarse concienciar en el uso de los automóviles, y queda en agua de borrajas.

Para los que fuimos citados por iniciativa de la Federación Vecinal de Valladolid, con la colaboración de Asociación Cultural Ciudad Sostenible, la Asociación Española de Paisajistas y Arquitectos por la Sostenibilidad, el paseo matutino fue un deleite. Siempre se aprende algo, sobre todo a mirar. El arquitecto Diego González Lasala fue nuestro cicerone, bien empapado del tema. Partiendo desde la Plaza Mayor tomamos la calle Santiago hasta la Plaza Zorrilla, luego seguimos por Miguel Iscar hasta la Plaza Madrid, y contemplamos algunos edificios representativos de la arquitectura local del siglo XX. Un acierto que debería tener continuidad en cualquier fecha, para que nuevos paseantes se incorporen y gocen con visiones en las que antes no habían reparado.



Partida desde  el monumento del fundador de la ciudad, antiguo conde feudal Pero Ansúrez.




Al rincón derecha, dando al Corrillo y Alarcón, un edificio que rompe la plaza tradicional, obra del arquitecto Jacobo Romero y Fernández, de 1926.


¿Se acuerda alguien de Soler, el establecimiento de ropa que ocupó sus bajos? El arquitecto Manuel Cuadrillero y Suárez levantó otro de los edificios rompedores de la Plaza Mayor, a caballo entre ésta y la calle Santiago. Fue entre 1932 y 1934, y ese último piso ático y la torre que hace esquina parecen traer ideas más centroeuropas que tradicionales de nuestro país.




El nutrido grupo  enfilando la tradicional calle comercial de Valladolid, la calle Santiago.


Las viviendas del número 4 de Santiago, el edificio de los Villanueva, que quizá no guste a muchos, es de1932 y su realizador fue Alfonso Fungairiño y Nebot. El sol daba de plano y a mí me parece que este tipo de construcción está más próximo a los de nuestros días que otros exuberantes que pretenden destacar en el centro para gloria de sus promotores ya históricos.



¿Quién no se ha ido fijando, según viene andando desde la Plaza Zorrilla,  en el edificio suntuoso de La Unión y el Fénix, como se le conocía antes, cuando estaba en vigor la empresa de Seguros? Lentamente se va tomando visión paulatina de un edificio que marca la esquina entre Santiago y Constitución. Y que aún gusta, es como si nos hablara de un grado de grandeza de un tiempo que se acortó. Es de 1934, de mano de un tal Gutiérrez Prieto. Tal vez el espacio se les quedó pequeño y un edificio de ese calibre y alegoría hubiera adquirido mayor perspectiva en una Gran Vía vallisoletana, por ejemplo, pero la historia, los límites y la ciudad somos así, señora. Aquí abajo se puede contemplar el remate de la bóveda, con el Ave Fénix emergiendo. Cuando los mitos se utilizaban todavía para ensalzar la fortaleza de las empresas y loaban sus extensiones comerciales.





Cierto ente político del antiguo régimen estuvo instalado en este edificio, pero los veteranos ¿nos acordamos más de ello o del Salón Ideal, la cafetería que estaba en uno de los bajos dando a la calle Santiago? El Salón Ideal fue un icono de cafetería y heladería que hizo huella en la infancia y juventud de muchos vallisoletanos. A dos aguas entre Santiago y Doctrinos, otro soberbio edificio formando rotonda semicircular, levantado entre 1935-1936 con la autoría de Ramón Pérez Lozana.



Ver este edificio de empaque, que a muchos no les gusta, es tanto como decir Molinero, el tradicional café que ha ocupado desde hace muchas décadas parte de sus locales. Levantado entre 1935 y 1940, es del mismo arquitecto del edificio anterior. Otra construcción de la que la vista agradece la forma semicircular, siempre menos tajante y más acogedora que una esquina escuadrada en ángulo recto. 



Este edificio de viviendas de la calle Perú, casi junto a la Plaza de Madrid, obra de Jacobo Romero Fernández, viene de 1935-1940. Una esquina en ángulo agudo, suavizada por la forma redondeada, interiormente cilíndrica, que produce un efecto grato, donde lo ecléctico se moderniza y abre una calle bastante anodina. Parte del edificio da a la calle Rastro, la neoordenada rúa donde vivió Cervantes y con la que no parece tener nada que ver.
  


Creo que me he saltado algún edificio que otro, qué se le va a hacer. Es lo que tiene el paseo, y más un paseo organizado, que te encuentras con gente de los viejos y nuevos tiempos y te despistas charlando y recuperando unos minutos de buena y noble amistad. Oportunidad habrá de reparar el fallo. Y además, ¿a que no se nota?

Gracias a los promotores de la caminata ilustrada. Especial agradecimiento al ilustrador, Diego González Lasala, cuya imagen se puede contemplar en varias fotos. Por mi parte, con sumo reconocimiento a su tarea continuada por la ciudad.