"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




viernes, 23 de septiembre de 2016

Un paseo en el Día sin coches




Eufemismo y buena intención. El Día sin coches, celebrado ayer, y promovido por los municipios es un símbolo. Acotar el casco histórico amplio de nuestra ciudad por parte de la Policía Municipal forzosamente limita el tránsito de vehículos y los reduce al máximo. No sé si así tiene mérito y sirve para medir la buena voluntad del hombre motorizado de nuestros días. Digamos que acaso si al menos los ciudadanos colaboraron un poquito ya sería un triunfo. Pero uno teme que todo quede en un símbolo festivo y de eso que suele llamarse concienciar en el uso de los automóviles, y queda en agua de borrajas.

Para los que fuimos citados por iniciativa de la Federación Vecinal de Valladolid, con la colaboración de Asociación Cultural Ciudad Sostenible, la Asociación Española de Paisajistas y Arquitectos por la Sostenibilidad, el paseo matutino fue un deleite. Siempre se aprende algo, sobre todo a mirar. El arquitecto Diego González Lasala fue nuestro cicerone, bien empapado del tema. Partiendo desde la Plaza Mayor tomamos la calle Santiago hasta la Plaza Zorrilla, luego seguimos por Miguel Iscar hasta la Plaza Madrid, y contemplamos algunos edificios representativos de la arquitectura local del siglo XX. Un acierto que debería tener continuidad en cualquier fecha, para que nuevos paseantes se incorporen y gocen con visiones en las que antes no habían reparado.



Partida desde  el monumento del fundador de la ciudad, antiguo conde feudal Pero Ansúrez.




Al rincón derecha, dando al Corrillo y Alarcón, un edificio que rompe la plaza tradicional, obra del arquitecto Jacobo Romero y Fernández, de 1926.


¿Se acuerda alguien de Soler, el establecimiento de ropa que ocupó sus bajos? El arquitecto Manuel Cuadrillero y Suárez levantó otro de los edificios rompedores de la Plaza Mayor, a caballo entre ésta y la calle Santiago. Fue entre 1932 y 1934, y ese último piso ático y la torre que hace esquina parecen traer ideas más centroeuropas que tradicionales de nuestro país.




El nutrido grupo  enfilando la tradicional calle comercial de Valladolid, la calle Santiago.


Las viviendas del número 4 de Santiago, el edificio de los Villanueva, que quizá no guste a muchos, es de1932 y su realizador fue Alfonso Fungairiño y Nebot. El sol daba de plano y a mí me parece que este tipo de construcción está más próximo a los de nuestros días que otros exuberantes que pretenden destacar en el centro para gloria de sus promotores ya históricos.



¿Quién no se ha ido fijando, según viene andando desde la Plaza Zorrilla,  en el edificio suntuoso de La Unión y el Fénix, como se le conocía antes, cuando estaba en vigor la empresa de Seguros? Lentamente se va tomando visión paulatina de un edificio que marca la esquina entre Santiago y Constitución. Y que aún gusta, es como si nos hablara de un grado de grandeza de un tiempo que se acortó. Es de 1934, de mano de un tal Gutiérrez Prieto. Tal vez el espacio se les quedó pequeño y un edificio de ese calibre y alegoría hubiera adquirido mayor perspectiva en una Gran Vía vallisoletana, por ejemplo, pero la historia, los límites y la ciudad somos así, señora. Aquí abajo se puede contemplar el remate de la bóveda, con el Ave Fénix emergiendo. Cuando los mitos se utilizaban todavía para ensalzar la fortaleza de las empresas y loaban sus extensiones comerciales.





Cierto ente político del antiguo régimen estuvo instalado en este edificio, pero los veteranos ¿nos acordamos más de ello o del Salón Ideal, la cafetería que estaba en uno de los bajos dando a la calle Santiago? El Salón Ideal fue un icono de cafetería y heladería que hizo huella en la infancia y juventud de muchos vallisoletanos. A dos aguas entre Santiago y Doctrinos, otro soberbio edificio formando rotonda semicircular, levantado entre 1935-1936 con la autoría de Ramón Pérez Lozana.



Ver este edificio de empaque, que a muchos no les gusta, es tanto como decir Molinero, el tradicional café que ha ocupado desde hace muchas décadas parte de sus locales. Levantado entre 1935 y 1940, es del mismo arquitecto del edificio anterior. Otra construcción de la que la vista agradece la forma semicircular, siempre menos tajante y más acogedora que una esquina escuadrada en ángulo recto. 



Este edificio de viviendas de la calle Perú, casi junto a la Plaza de Madrid, obra de Jacobo Romero Fernández, viene de 1935-1940. Una esquina en ángulo agudo, suavizada por la forma redondeada, interiormente cilíndrica, que produce un efecto grato, donde lo ecléctico se moderniza y abre una calle bastante anodina. Parte del edificio da a la calle Rastro, la neoordenada rúa donde vivió Cervantes y con la que no parece tener nada que ver.
  


Creo que me he saltado algún edificio que otro, qué se le va a hacer. Es lo que tiene el paseo, y más un paseo organizado, que te encuentras con gente de los viejos y nuevos tiempos y te despistas charlando y recuperando unos minutos de buena y noble amistad. Oportunidad habrá de reparar el fallo. Y además, ¿a que no se nota?

Gracias a los promotores de la caminata ilustrada. Especial agradecimiento al ilustrador, Diego González Lasala, cuya imagen se puede contemplar en varias fotos. Por mi parte, con sumo reconocimiento a su tarea continuada por la ciudad.






4 comentarios:

  1. Los datos avalan tu comentario inicial. Leo en la prensa de hoy que en el blindaje del jueves el tráfico se redujo en casi un 69%, obviamente esa imposibilidad de acceder con coche al centro es lo que obliga a que los automovilistas "colaboren". En el resto de la urbe parece ser que lo que se redujo no llegó siquiera al 2%. El futuro de las ciudades depende más de actitudes de autoridades que de voluntad ciudadana, que no está por la labor. Pero como símbolo o festividad pues sí, el Día sin coches tiene su punto.

    Me ha gustado la exposición fotográfica que pones, gracias.

    Bartolomé Cuevas

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    1. Gracias por el comentario. A uno le gustaría que el futuro de las ciudades dependiera sobre todo de la conciencia de su ciudadanía y de corregir defectos y abusos que se cometen diariamente en cuestión de emisión de gases, de ocupación de espacio y en riesgos para el peatón, que cada vez está peor la cosa de pasear. Habrá que seguir paseando, disfrutando de los rincones y parajes y promoviendo iniciativas, o bien sugiriéndolas a los munícipes. Un saludo.

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  2. Espléndida ciudad. Salta a la vista que fue un día magnífico, ojalá algún día desaparezcan los coches y su lugar lo ocupen lose teletransportadores. En un pispás iremos de un lugar a otro y sin contaminar.Qué gozada.

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    1. Este tipo de motivaciones organizadas, a las que se debería apuntar más gente, son aperitivos para lo que cada paisano debe mirar cuando usa su tiempo libre. No veremos la ciudad desmotorizada jamás, y mira que ya están diseñando coches voladores. Tremendo. Pero mientras aprovechemos los márgenes que aún proporciona la urbe. Buena jornada.

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