Vecina del mural del reloj de sol se encuentra el resto de lo que fue una puerta de un convento potente de la ciudad regentado por la Orden de Predicadores. "Puerta de los Carros. estilo clásico de principios del siglo XVII. Servía de entrada a la huerta del convento de San Pablo por la Rondilla de Santa Teresa". Esto reza en una lápida a los pies de la puerta rescatada. Hoy la puerta está ubicada enfrente de donde tuvo su emplazamiento original, adornando un pequeño espacio arbolado, por iniciativa, si no recuerdo mal, de la Asociación de Vecinos del barrio hace ya unos cuantos años.
Y en efecto, por la parte de atrás del convento de San Pablo estaba situada la huerta de la que se abastecerían los monjes y llevarían sus hortalizas y frutas al mercado. Una puerta grandiosa para una huerta, que no debe sorprendernos si observamos cómo es la fachada de la iglesia de San Pablo que da a la plaza, al lado opuesto. Después de ir a menos el convento, de ser derribadas partes importantes de su arquitectura y de desaparecer las huertas, a principios del siglo XX se construyó el Instituto Zorrilla, que ocupa gran parte de los antiguos terrenos eclesiales. Ah, pero la puerta de piedra se mantuvo como una entrada trasera del centro educativo. Hasta que hace pocas décadas hubo modificaciones para ampliar el instituto y los vecinos de la asociación de la Rondilla estuvieron al tanto para ofrecer una solución.
Ciertamente cuando se contempla, con mayor o menor interés, una reliquia arquitectónica como esta se puede tener el impulso de imaginar cómo se extendían por la ciudad las amplias propiedades de las que propietarios civiles o religiosos dispusieron en el pasado. Al fin y al cabo, aún quedan unas cuantas propiedades, distinguibles por sus altos muros, en ciertas zonas céntricas. Se pueden consultar, para apoyar ese ejercicio imaginario, planos del pasado como el de Bentura Seco o estudios sobre arquitectura y urbanismo y así hacerse una idea de las superficies que ocupaban los distintos poderes de la ciudad, que eran numerosos. Ya que estamos con esta Puerta de los Carros, verdadero y noble portalón de la actividad hortofrutícola del convento de San Pablo, podemos comprobar que ocupaba el espacio de una manzana amplia que da a cuatro calles.
Era una concentración meramente conventual la situada en la Plaza San Pablo y entorno, pero la orden religiosa disponía de muchos más bienes, y cito al profesor y dominico Jesús María Palomares Ibáñez que en su trabajo El convento de San Pablo. Aportaciones histórico-artísticas del pasado de un convento vallisoletano dice textualmente: "el convento poseía en la comarca un abultado número de tierras y viñas. De estas últimas las más cercanas a Valladolid estaban situadas en la misma villa, Renedo, Santovenia, Torrelobatón, Cabezón y Simancas (...) Poseía, asimismo, numerosas casas en la calle de San Miguel, calle de la Costanilla, de la Cuadra y percibía un censo perpetuo sobre casi todas las casas de Barrionuevo". Y es que esa comunidad religiosa, apostilla el citado profesor, era una de las siete comunidades más ricas de la urbe.
Uno de tantos viajeros extranjeros que pasaron por Valladolid en siglos pretéritos fue Maurice Margarot, un comerciante inglés que estuvo por aquí varios años antes de que fuera deportado acusado de sedición debido a sus ideas ilustradas y con referentes de la Revolución Francesa. De su visita dice Jesús Urrea en su estudio El convento de San Pablo de Valladolid que "solo le interesó la huerta conventual que. según él, tenía alrededor de diez fanegas, donde los hermanos legos se ejercitan y cultivan las mejores hierbas y raíces hortícolas, sin contar los árboles furtales, naranjos, limoneros, granados y otros. El suelo de este recinto bastaría para construir allí un gran barrio". La fanega, una antigua medida tanto de capacidad como de superficie, podía suponer en este caso 6.440 metros. Así que échese mano de la aritmética y calcúlese.
Disfrutar del asombro de un reloj de sol en una medianera próxima y admirar unos restos de piedra que podrían haber corrido peor suerte es algo que no sucede todos los días. Estas pequeñas huellas, unas de un pasado reciente y otras de otro lejano, recuerdan la calidad de la ciudad que fue, aunque también nos sitúe ante su decadencia.
¿Y ese león sujetando un escudo? Es uno de los leones erigidos en el entorno de la iglesia de San Pablo, donde aún permanecen unos cuantos. El escudo de armas representaba a un personaje de elevado poder, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, que suena más como Duque de Lerma. Verdadero mandatario influyente durante el reinado de Felipe III, que trajo la Corte a Valladolid para un período corto de tiempo, y que realizó con esa excusa una de las grandes operaciones inmobiliarias, adquiriendo previamente edificios y terrenos y vendiéndolos después por sumas muy superiores. Una verdadera especulación que acaso hoy dejaría chicas las jugadas que se realizan en el oscuro ámbito de la especulación inmobiliaria.
Y es que del influyente valido Duque de Lerma nos dice muy certeramente Agustín García Simón en su estudio La ambición de poder. Galería de validos lo siguiente: "El sentimiento insaciable de grandeza y la codicia como deseo impulsivo, ilimitado, explican en gran medida el marco obsesivo en que transcurrió la vida de Lerma. La inestable confianza en sí mismo ante la realidad adversa, su temerosa percepción de la lucha abierta y denodada en cualquier aspiración que valiera la pena, le llevaron muy pronto a comprender que el método de la supervivencia en la sociedad cortesana no era la honrada decencia, sino la simulación refinada, la hipocresía perfeccionada hasta la fascinación más depravada. Solo así se explica la suavidad de sus procedimientos, la corrupción silenciosa, el cuidado delicado que evitara los enfrentamientos; la compra de voluntades con el mejor tono, la anteposición de la cortesía antes de que el ruido desencajara el ambiente y empezara a turbar la reputación de su grandeza". Tal vez esta cita debería haberla guardado para otra ocasión en que pueda traer al blog obras y monumentos relacionados con el personaje, por ejemplo el templo de San Pablo al cual estuvo tan vinculado. Pero ese blasón del valido que sostiene el fiero y posesivo león, tan desgastado como olvidado por los que habitamos el presente, bien se merecía el comentario.

La fachada de San Pablo es lo que queda del convento secular antiguo. Por supuesto, al lado está el Colegio de San Gregorio. que siempre merece capítulo aparte. Se puede comparar con el plano de Bentura Seco y advertir que junto a este templo existía un claustro impresionante, ya desaparecido, y otras dependencias. Y justo detrás obsérvese la amplitud y extensión de las huertas que al menos desde el siglo XVII llevaría adjunta la puerta llamada de los Carros.







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