martes, 18 de marzo de 2025

La quietud de Mahatma Gandhi en el Parque de la Paz del barrio de Las Delicias. Una obra de Ram Vanji Sutar

 



He aquí un icono de la resistencia no violenta. Mahatma Gandhi, figura relevante y universal del pacifismo, que no de la pasividad, ya que fue un líder fundamental en vertebrar la lucha por la independencia de la India del colonialismo británico, tiene una escultura en Valladolid. De aquel símbolo liberador para su país también se convirtió en representativo de la defensa de los derechos civiles y posteriormente se le ha considerado en todo el mundo como una representación de la fraternidad entre los pueblos.

La estatua se halla ubicada en el Parque de la Paz del barrio de las Delicias, un parque amplio casi en el extremo sur del barrio. Parece y no parece Gandhi. Acostumbrados a las fotografías y esculturas bastante realistas de su personalidad física no vemos aquí al Gandhi flacucho, de apariencia apocada, encogido y con gafas, de sus últimos años de vida. Este es un Gandhi inusual, en la mentalidad occidental diríamos que señorial, por la iniciativa del escultor indio Ram Vanji Sutar, que lo concibió de otra manera diferente. Sentado en la posición del loto, concentrado y relajado, más bien parece meditar con una sabiduría oculta sobre lo acontecido después de su muerte. Tanto en su país como en el resto del planeta. El autor de la obra parece transmitirnos un Gandhi menos político y con un halo más espiritual o filosófico, digamos.




La historia de esta estatua tiene que ver con la inauguración de la Casa de la India en Valladolid en 2001, por un acuerdo entre el Ayuntamiento y la Embajada de aquel país. Fue un regalo de esta a la ciudad. Y un homenaje desde quienes acogemos la memoria de aquel hombre decidido y crucial en la historia del siglo XX. La obra está realizada en bronce y colocada sobre un pedestal al que le falta la placa inaugural y rezuma feos grafitis por todas partes. 

Del escultor Ram Vanji Sutar, que acaba de cumplir cien años, dice el libro La escultura pública en la ciudad de Valladolid de José luis Cano de Gardoqui y otros: "Para Ram Vanji Sutar cada creación es única y refleja la singularidad de la obra de arte, manteniéndose fiel a su propia conciencia y al momento de diseño que surge de su narrativa personal. En consecuencia, esta obra abraza el concepto de compromiso con la fidelidad a los principios de Gandhi y la percepción única de cualquier obra de arte. La escultura de Valladolid se integra a la perfección con estas ideas del autor". 

Si la escultura sirve para mantener vivo un vínculo en el país asiático y nuestra ciudad, en una época en que la mundialización nos acerca a todos, su instalación y preservación habrán merecido la pena.




Estas fechas de fin de invierno no han sido las mejores para captar el entorno de la plaza. Hay hierba pero también muchas jardineras enormes que aún carecen de flores. Los árboles todavía no han echado follaje. También se observa una amplia zona vallada, ignoro por qué, acaso obras en ciernes. El parque de la Paz que limita por un lado con la zona de los viejos cuarteles y el extenso área donde se están levantando nuevas edificaciones, y por otro lado con la calle Arca Real va a suponer más todavía en el futuro próximo un espacio de solaz agradecido y agradable para los vecinos del entorno.

Cuando uno pasea por delante de la imagen de este líder universal no puede dejar de pensar si aquel hombre tiene aún significado para nosotros. ¿Qué inspira en estos tiempos de tambores de guerra, o de propuestas de rearme, un icono de la resistencia pacífica? ¿Qué nos está diciendo esta especie de clarividente que se tuvo que enfrentar a una potencia tan acaparadora que disponía de India y otros territorios a su antojo? ¿Nos llega el ejemplo de un individuo honesto que reivindicaba ética junto a su acción política? ¿Nos pide reflexión sobre principios insoslayables del individuo que no se respetan en muchas partes y corren riesgo serio en otras? ¿Queremos ver en la escultura una invitación a vincular pensamiento y acción consecuente que nos permitan ser más felices? La quietud de Mahatma Gandhi no es la quietud del durmiente, sino la de quien quiere vivir despertando.





El estudioso vallisoletano de la vida de Gandhi Jesús Ojeda escribe en la revista digital Política NoViolenta:

"Mahatma Gandhi era un ser real de carne y hueso, que fue creciendo en originalidad y en excelencia de humanidad, hasta convertirse en alguien, como afirmaba el historiador norteamericano Stanley Wolpert, con «poderes inspiradores para la convivencia en paz de nuestro tiempo». Su vida es un testimonio ejemplarizante al que se vuelven los ojos para encontrar una clara referencia a las virtudes humanas para resolver los conflictos de convivencia en la sociedad y con la naturaleza. 

La imagen de Gandhi va unida también a la de los grandes comunicadores de su tiempo, al ejercer una gran influencia en muchos de los sectores de la sociedad india y occidental. Ya en 1949 el escritor inglés George Orwell comentaba en sus Reflexiones sobre Gandhi: «Uno puede sentir, como yo, una especie de disgusto estético por Gandhi, uno puede rechazar las afirmaciones de santidad hechas en su nombre (por cierto, él nunca hizo tales afirmaciones), uno puede también rechazar la santidad como un ideal y por lo tanto, creo que los objetivos básicos de Gandhi eran antihumanos y reaccionarios: pero considerado simplemente como un político, y comparado con otras figuras políticas destacadas de nuestro tiempo, ¡qué olor tan limpio ha logrado dejar tras de sí́!». Esta estela ha sido una constante en las valoraciones de los que se han relacionado con él tanto en Sudáfrica como en la India, y sigue siendo hoy todo un referente en la resolución pacífica de los conflictos sociales".

Con el título de Historia de la iconografía de Gandhi. El mercado de su imagen hablará Ojeda el próximo jueves 20 en la Casa Revilla.










lunes, 17 de marzo de 2025

Miguel Casado y Pilar Martín Gila presentan sus libros en la Fundación Montes el próximo viernes 21

 




Remitido por la Fundación Segundo y Santiago Montes:

Presentación de La belleza de la escritura, de Miguel Casado

y de La belleza de llevar un niño en brazos, de Pilar Martín Gila 

Viernes 21 de Marzo a 20.00 horas

Fundación Segundo y Santiago Montes


Según Miguel Casado, autor de La belleza de la escritura, de la belleza casi no se puede hablar, aparece y se pierde en un momento, en un lugar, en una experiencia. La belleza de la escritura surge en el encuentro de un texto y un lector, y dura mientras el encuentro dura. Así, este libro atraviesa otros muchos libros, registrando esos contactos con lo singular, con una voz, la huella de la mano que escribe. La belleza de la escritura procede de la energía que pone una lengua cada vez en acción. Aparece en la intensidad y la tensión de las palabras, en su condición irrepetible, móvil, cambiante; en el filo de los detalles materiales, en la carencia y la violencia de la expresión, en su súbito impacto, cuando la escritura tiene vida propia, cuando se muestra como “lo que no se detiene”. 

Tal vez La belleza de llevar un niño en los brazos, de Pilar Martín Gila, pueda parecer un título enigmático, pero la acción que describe y la sensación que refiere, llevar un niño en los brazos, su belleza, es una experiencia que todos hemos tenido alguna vez. Su peso, su tamaño, su confianza al ser abrazado. No solo tenerlo sino portarlo de un sitio a otro, trasladar un sentido hacia otro, una metáfora, que, en su mero acto, es hermosa; la palabra transporta, lleva su inocencia de aquí hasta allí. Atravesar el bosque con un niño en los brazos, cabalgando, como vio Goethe. La protección y el cuidado que viene de lo frágil y que va a lo frágil. El niño siente el latido del espíritu del bosque, siente su deseo, la piel del ogro. Este libro es un traslado, un inacabable llevar la palabra a otro lugar, al que renace, al orate, al insumiso. 




Miguel Casado, colaborador de la Fundación Segundo y Santiago Montes desde su inicio, es poeta, ensayista y traductor. Su obra poética se recogió en el volumen Deseo de realidad (2023). Su obra ensayística se ha dedicado esencialmente al análisis de la poesía contemporánea con títulos como Del caminar sobre hielo, La ciudad de los nómadas o Un discurso republicano, además de numerosas ediciones críticas, como las de Antonio Gamoneda o José Miguel Ullán. Ha traducido a Verlaine, Rimbaud, Bernal Nöel o Liu Xia, entre otros. 





Pilar Martín Gila es autora de los libros de poemas Para morir ahora, Demonios y leyes, Atrabilis, Otro año del mundo y La triste figura de las batallas…, y ejerce la crítica literaria en El Norte de Castilla, Cuadernos Hispanoamericanos, Quimera y El Mundo, entre otros. Ha colaborado también en varias obras del compositor Sergio Blardony y la improvisadora Chefa Alonso.










domingo, 16 de marzo de 2025

Heraldos de la primavera

 



Los heraldos de la primavera se han exhibido estos últimos días por la ciudad. Ni el Campo Grande ni las riberas del Pisuerga -en este caso se advierte una imagen del Puente Colgante- podían ser ajenos al florecimiento. Los heraldos nos dicen cada año que los árboles nunca mueren o si lo hacen son resistentes hasta el final. ¿Son los árboles metáfora de los hombres o nosotros réplica de ellos? Nos antecedieron en la vida y crecimos a su amplia sombra material. Haciendo uso y abuso de ellos. Hoy siguen ahí, no han perdido espacios urbanos. Su queja frecuente es llamarnos analfabetos. Apenas distinguimos entre especies, aunque ellos, pacientes y misericordiosos, nos perdonan. Con la eclosión de su fronda parecen decirnos: tenéis una oportunidad para acercaros y saber más de cada uno de nosotros. Que el tráfago automovilístico y callejero no os haga ignorarnos. Venid a admirarnos y no solo a cobijaros cuando pegue la canícula. Yo, al menos, cuando contemplo la floración es lo que escucho de su tímida voz. He ahí la belleza al alcance de nuestros sentidos, me digo.









martes, 11 de marzo de 2025

El Caballo de Troya de Valladolid, de casa noble a posada que albergó a George Borrow. Hoy, a la venta

 



"Paramos en la Posada de las Diligencias, edificio magnífico; pero a los dos días de llegar nos fuimos de ella muy gustosos, porque el alojamiento era malísimo, y la gente de la casa por demás grosera. El dueño, hombre de talla gigantesca, de enormes bigotes y de marcialidad afectada, debía de creerse un caballero demasiado principal para fijar la atención en sus huéspedes, de los que, a la verdad, no andaba muy recargado, porque solo estábamos Antonio y yo. Era persona importante entre los guardias nacionales de Valladolid y se recreaba pavoneándose por la ciudad en un corcel pesadote que encerraba en una cuadra subterránea.

Trasladamos nuestros reales al Caballo de Troya, posada antigua, a cargo de un vascongado que, al menos, no se creía superior a su oficio. Las cosas andaban muy revueltas en Valladolid por creerse inminente una visita de los facciosos. Barreadas todas las puertas, construyeron, además, unos reductos para cubrir los aproches de la ciudad. Poco después de marcharnos nosotros, llegaron, en efecto, los carlistas al mando del cabecilla vizcaíno Zariategui. No encontraron resistencia: los nacionales más decididos se retiraron al reducto principal y enseguida lo entregaron, sin que en toda esa función se disparase un tiro. Mi amigo, el héroe de la posada, en cuanto oyó que se aproximaba el enemigo, montó a caballo y escapó, y no ha vuelto a saberse de él. A mi regreso a Valladolid, hallé la posada en otras manos mucho mejores: regíala un francés de Bayona, quien me prodigó tantas amabilidades como groserías sufrí de su predecesor".

Estas anécdotas son relatadas por el viajero inglés George Borrow en su detallado libro La Biblia en España. Borrow recorrió en varias ocasiones Portugal y España como difusor y vendedor de la Biblia protestante, lo cual tenía su mérito por el riesgo de no ser comprendido. Pero tamaña aventura le proporcionó un conocimiento de los lugares y del paisanaje bastante exhaustivo. Hombre culto, filólogo, escritor, dominaba varias lenguas, y no se dejaba intimidar por las circunstancias de un país que pasaba por guerras civiles. Debió parar en Valladolid en mil ochocientos treinta y seis, en plena Primera Guerra Carlista. En la referencia que hace sobre las posadas en que se hospedó, ignoro cuál sería la primera que cita. No así la del Caballo de Troya, cuyo edificio, con sus alteraciones, se ha conservado hasta nuestros días.    



El edificio data de finales del siglo XVI, siendo casa importante en sus orígenes. Un gran portalón en una fachada al estilo del almohadillado florentino permite acceder a un zaguán que a su vez desemboca en un patio. El patio tiene la misma traza de toda la arquitectura doméstica renacentista que hay por la ciudad.  Tiene arcadas en tres de los cuatro lados y un piso superior. Amplios arcos de medio punto, esbeltas columnas con capiteles toscanos, y uno de los arcos aparece cegado con una pintura que representa un caballo brioso y debajo la leyenda: El Caballo de Troya. En la portada, sobre un dintel corrido hay cuatro esculturas de animales fantásticos. El edificio disponía de sótanos, caballeriza y pozo. Todos esos espacios han sido ocupados en los últimos años por dependencias del restaurante Santi. 

¿Quieren los curiosos datos más precisos? Ahí van, según la Guía de Arquitectura de Valladolid dirigida por Juan Carlos Arnuncio: "En 1578 era propiedad del doctor Paulo de la Vega, quien mandó edificar su patio al albañil y yesero Francisco Navarrete según la traza hecha por Pedro de Mazuecos. En 1539 se mandó edificar la portada contratando la construcción al maestro de cantería Juan de Mazarredonda". No cabe duda de que en aquella época debió haber en la ciudad una pléyade de constructores, arquitectos, albañiles y gentes de oficios vinculados a la edificación. Muchas de sus obras se han perdido para siempre, otras, más o menos respetadas, han llegado hasta nuestros días.




Del primer propietario de la casa cuenta María Antonia Fernández del Hoyo en Casas y palacios de Castilla y León: "Conocida habitualmente como Posada del Caballo de Troya, nombre que también llevó la calle en que se sitúa, hasta hace muy poco se desconocía todo lo relativo a esta casa y sus propietarios. Hoy sabemos que fue construida por un médico de renombre, el doctor Paulo de Vega, natural de Tordehumos, que se doctoró en la Universidad de Valladolid en 1566 y murió en esta misma ciudad en 1614. No es mucho lo que se conoce de su vida excepto que poseía numerosos bienes en su villa natal y otros lugares, que en su casa, como en tantas otras de su época, había al menos un esclavo, y que su fortuna se evaluó en más de 15.000 ducados". 

A lo largo de la historia este edificio debió tener diferentes usos y habitados por distintos vecinos. En algún momento el edificio noble se convirtió en posada, tal como ya la conoció Borrow. En las últimas décadas hemos visto en él tiendas y posteriormente restaurante. Pero parece ser que el viejo edificio noble sale a la venta por tres millones de euros, según noticias de prensa. Situado en la calle Correo, detrás de uno de los laterales de la Plaza Mayor, confraterniza con numerosos locales de hostelería. ¿Qué será será cuando pase a las manos del nuevo comprador?




No me resisto a transcribir unos párrafos del libro Urbanismo y arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIII, de María Dolores Merino Beato, donde incide en la importancia de los lugares de alojamiento y comida de la ciudad en siglos pasados:

"Aun siendo Valladolid ciudad con diversidad de funciones, la comercial le dio una impronta indeleble. No solo por el diltado espacio material que comprende el Mercado, sino por la existencia de casas que acogen a los forasteros que vienen con su mercancía, y por el importante número de figones, tabernas, botillerías, pastelerías y mesones que ofrecen excelentes manjares y bebidas.

Las posadas y mesones se sitúan en áreas próximas a las del Mercado. Así tenemos la Casa del Caballo de Troya, el Mesón de los Zepos y el Mesón del Vizcaíno en la Rinconada. Diferentes casas de comidas y figones  en el Malcocinado, cerca del actual Mercado del Val. Otros mesones hubo en la calle de Magaña, el Mesón de Magaña, y cerca del Arco del Campo, en la calle de Santiago, Mesón de Zerón y Mesón de Rentisca. Estos tres últimos fueron habilitados, en algunas ocasiones, para cuarteles.

Abundaron también las posadas para estudiantes, en la calle de la Solana Alta, Portugalete y la Antigua. Otras posadas acogían a los litigantes, mientras resolvían sus asuntos en la Real Chancillería. Tenía fama Valladolid de rica pastelería. Tiendas de dulces hubo en la Plazuela Vieja, en la Rinconada y en la calle de Olleros".  























lunes, 10 de marzo de 2025

Presentación de "Mi hermano Antón", de Luis Mateo Díez, ilustrado por Antón Díez.

 



Librería Margen remite invitación para la presentación del libro

"Mi hermano Antón",
del escritor Luis Mateo Díez e ilustraciones de Antón Díez

Miércoles 12 a las 19,00 horas. Librería Margen






Tan solo un año mayor que Luis Mateo Díez, su hermano Antón fue desde la infancia un compañero de juegos dotado de múltiples inquietudes e infatigable capacidad creativa. Un tiempo de largos inviernos en un valle nevado en el que Antón aún se debatía entre el teatro, la literatura y la filosofía, pese a que ya estaba empeñado en crear con sus manos universos de papel y cartón que con el tiempo le conducirían hasta la pintura, la cerámica y la escultura. Convertido en personaje de ficción —tan entrañable como tendente al exceso— por la magia de la literatura, este relato es, además, un manifiesto en favor de la fantasía y la curiosidad como armas indispensables para afrontar la vida.



jueves, 6 de marzo de 2025

El quiosco más audaz, arquitectónicamente hablando

 



No es una parada de autobús. Además se trata de una calle peatonal, aunque el pavimento de adoquines chiquitos que se levantan no le beneficie. Y es que el tráfico menor pero de repartidores y garajes ha afectado al suelo. Es un quiosco de prensa que tras unos cuantos años, nacido con la remodelación de la calle, se ha cerrado. Es el sino de los negocios de prensa por mucho que añadan artículos de chuchería. Que bien por jubilación o por no cundir el negocio se han ido clausurando poco a poco. Y no hay quien retome uno de ellos cuando se produce el cese del propietario. Una seña de identidad más del pasado que va esfumándose a goteo.

Este quiosco, tal como está en este momento, sin su uso propio, parece un mueble urbano sin gracia ni sentido. Él y su entorno podrían estar condenados a un cierto grado de abandono, lo cual sería penoso porque forma una plaza recoleta con unos árboles altivos que proporcionan estética y dan gloria con su frondosidad a partir de la primavera. Es una lástima porque pienso que es el puesto de prensa más audaz en cuanto a diseño de los que he visto en la ciudad e incluso en otros lugares.





La imagen con la barca y la sirena ocupa las hojas de la puerta que se abría para exponer la prensa. Ahora es un mural expuesto noche y día, realizado con ese aspecto naíf por Mercedes Parada y Raquel Segura. Situado sobre una ligera elevación del terreno, ya que se halla en las confluencias de las calles San Felipe y Teresa Gil, su acceso está salvado por una larga línea escalonada. Más que un quiosco se podría decir que es un humilde monumento. Salvo que sea retomado para el uso que ha tenido, algo nada probable en estos tiempos de pérdida de lectores de papel, o bien que se le otorgue una utilización novedosa, es de temer que lleve el mismo destino que el quiosco ancestral, de otro estilo dominante a principios del siglo XX, el de la Plaza del Caño Argales. Es decir, su obsolescencia.

Cuando transito por esa calle suelo pararme a contemplar esta peculiar alegoría de sirenas y niñas que pretenden embarcarse en una navegación tal vez de sueños. Los detalles de la iglesia y de la residencia de posgrado que hay al lado sitúan al fondo la escena. Pero la barca de la prensa varó para perjuicio del ciudadano de a pie que aún gusta de tener en sus manos un periódico. Sería lamentable que esta obra plástica, junto con el conjunto, se deteriorase irremediablemente.












domingo, 2 de marzo de 2025

Las puertas del saber del Palacio de Santa Cruz, obra de Alejo de Vahía

 



Puertas del saber de su época. El saber estaba dentro de aquella estancia, y ahí sigue, pero ya digo que de acuerdo a su tiempo. La estancia es una inmensa biblioteca. Hoy son joyas bibliográficas principalmente las que pueblan estantes y galerías. Algunas de ellas tan significativas como la Biblia Políglota Complutense o un Códice de Justiniano del XVI editado en Basilea o la Enciclopedia de Diderot o nada menos que un beato del siglo X, el Beato de Valcavado realizado por el monje Oveto. Y tantos otros de cuya existencia solo sabrán los bibliotecarios actuales. Se trata de la Biblioteca histórica del Palacio de Santa Cruz, cuyo acceso tradicional, hoy convertido en una mirador acristalado con vistas al interior, tiene lugar a través de unas puertas de nogal de un avezado maestro del cincel y la gubia del siglo XV, Alejo de Vahía.




Puestos a transmitir una descripción, mejor recurro al estudio que Clementina Ara Gil llevó a cabo hace muchos años sobre la obra del escultor de origen nórdico Alejo de Vahía.

"(las puertas)...son de madera de nogal. Cada batiente se divide en cuatro paneles de los cuales solamente los centrales llevan motivos esculpidos. Los de la parte superior e inferior, subdivididos a su vez, se decoran solo con labores de tracerías. En los paneles centrales están los motivos iconográficos en relieve. En los recuadros superiores se representa a San Agustín y Santo Tomás, y en los dos recuadros inferiores, en posición simétrica dos pájaros sobre un pequeño montículo del que brotan flores diversas. Cada uno lleva en el pico una filacteria con una inscripción y entre ambos completan la frase del Evangelio de San Juan: Apud Deum Verbum erat".





Aunque el Colegio de Santa Cruz se inauguró en 1492 probablemente las puertas ya estuviesen hechas de antes. Es sorprendente que, a pesar del grado de destrucción que ha tenido lugar en Valladolid en siglos pasados, estas puertas hayan llegado al presente. 

De las imágenes reproducidas en estas hojas de puerta son más obvias a los ojos de los visitantes las de Agustín y Tomás, aquel en modo de obispo y con todos los atributos pontificales y el símbolo del libro, y el otro como doctor con una iglesia en su mano de donde emerge una pluma. Es parte de la múltiple iconografía de la Iglesia. Pero lo más misterioso resulta ser esta pareja de aves, que no son meros pájaros y que exhiben un plumaje exquisito. Si los santos resultan más convencionales y manifiestos, las aves están trabajadas con un esmero muy puntilloso. La profesora citada antes se pregunta si no representarán más bien al Ave Fénix. El simbolismo medieval muy antiguo y profundo y aún impregna un tiempo de cambio tan novedoso como el Renacimiento en ciernes cuando se levantó Santa Cruz. El Ave Fénix tendría precisamente el significado de renacer sobre el pasado, de confirmar el enlazamiento de las filosofías antiguas que cada una de ambas figuras representativas de la Iglesia traía consigo.

A punto de terminarse la limpieza de la fachada del Palacio de Santa Cruz, véase la imagen última, y ya que seguramente se abra de nuevo la puerta principal del edificio, será un extraordinario momento para pasearse por el interior. Además de los espacios tradicionales -el zaguán, la Capilla, el Aula Triste, el espléndido patio, la Biblioteca- está ubicado en él el Museo de Arte Africano y más allá el Colegio con su atractivo jardín.