sábado, 8 de febrero de 2025

Tarde soleada para las alegorías de los cuatro puntos cardinales de Colón

 


La mañana fue sumamente fría, envuelta en la niebla, pero la tarde deviene soleada y las alegorías del monumento a Colón adquieren un tono de luces y sombras fascinante. Las figuras, como cuatro puntos cardinales o, si se prefiere, como cuatro virtudes, se muestran más humanas, con todo lo que implica de cercanía. Abandonan su naturalismo impertérrito y los cuerpos adquieren un movimiento que reclaman antiguas influencias renacentistas. Entonces los simbolismos resultan más inteligibles. 

El escultor Antonio Susillo Fernández (Sevilla, 1857 / Sevilla, 1896) es el autor del Monumento a Colón tan conocido por los vallisoletanos en la confluencia del Paseo de Recoletos y Filipinos, con la perspectiva de fondo de la Estación de Ferrocarril. Es uno de los puntos del eje que se establece con el Monumento a José Zorrilla, generando el llamado Paseo Central del Campo Grande. Todo el conjunto de figuras y relieves es una alegoría, o suma de alegorías, sobre el denominado Descubrimiento de América, que puede ser motivo de descripción en otra entrada. Pero hoy, con mañanita de niebla y tarde de paseo, al decir del dicho, a uno le interesa principalmente la contemplación de las cuatro grandes figuras que como cuatro proas delimitan el conjunto. La fundición de las esculturas se realizó en Fonderie Thiébaut Frères de París, ahí es nada.




Así pues, el artista otorgó atributos a las cuatro grandes figuras que rodean el monumento. Esculturas sedentes, desnudas, como atlantes y cariátides que parecen sujetar con sus espaldas la gran mole del monumento. Si todo él responde a la mentalidad historicista y épica que predominaba en el siglo XIX y parte del XX, las grandes figuras aportan, además de su grandiosa espectacularidad su propio código. Y así cada una representa una actitud o un valor o una técnica o un conocimiento. 

La mujer y el niño a los pies, sentado este sobre una ruda soga de marinería, representan a la Náutica. Es decir nada más ni nada menos que el arte y la técnica de navegar, y el desarrollo de buen oficio, algo de orígenes tan lejanos que propició que nuestra península ya recibiera la visita y asentamiento de culturas del Próximo Oriente, los fenicios o los griegos, por ejemplo, y ya no digo los romanos o los árabes más tarde. El arte antiguo de la navegación, y arte es siempre técnica que evoluciona constantemente, proporcionó intercambio comercial, difusión de ideas y conocimientos, e instalación de nuevos moradores. En un monumento relacionado con el histórico episodio de llegar a un continente desconocido no podía faltar el reconocimiento esencial de la Náutica.   






He ahí un guerrero, dirá el transeúnte al observar al hombre con la espada en ristre. Bien, la espada es el arma y al hombre armado se le ha relacionado siempre con lo valeroso. Eso pretende el escultor, utilizar este recurso para significar el Valor. Pero ¿acaso el valor es solo patrimonio del hombre armado? Valor no siempre implica la ejecución de un hecho manu militari. Ni es solo arrojo en extremo. Valor es ante todo decisión prudente, tomar iniciativa incluso con sus riesgos, considerarse apto para acometer una empresa, ya sea científica o de exploración de nuevos mundos. Valor es afrontar el día a día, con sus dificultades y dudas, por parte de cada cual. Valor es disponer y elegir, procurando el acierto.  Pero este guerrero de la espada carece de otros emblemas. No hay coraza ni casco  Diríase que es un guerrero tranquilo, más seguro de sí que de dar el paso a utilizar su arma. Tal vez un guerrero pensante.






Esta dama que parece ausente contempla el horizonte. ¿El que hay delante o el que quedó atrás? Los libros bajo su mano o a los pies hablan más bien de un tiempo transcurrido. Un tiempo colectivo del que se sabe poco y no siempre ajustado a lo que fue. También su mirada absorta en el recuerdo, escéptica y sin mayores pretensiones, nos está sugiriendo que se erige como la Historia. No es baladí esa postura de reposo, pues si se quiere interpretar el pasado, con sus glorias y sus desgracias, hay que hacerlo sin precipitación, sin exaltaciones, sin tomar partido en lo que se cree que aconteció como beneficioso y sin rechazar el lado oscuro del pasado. Sin prejuzgar y sin condicionarse con ideas del presente. No confundir saber de la Historia con lo que gustaría que hubiera sido. Para ello nada mejor que tomar distancias y dotarse de información. Estudiar para conocer y reconocer. No para adulterar el pasado ni para colorear e inventar hazañas que acaso no existieron. La Historia calla, no le gusta hablar a la ligera, y necesita traductores que transmitan a las generaciones actuales una interpretación lo más próxima posible de lo que hubo. La Historia pide que no se la utilice para justificar el presente. Que no se hable y menos se vocee en su nombre. Que se mantenga la misma actitud de la mujer que la encarna en esta escultura. La prudencia.






He aquí un ejemplo de concentración. O, mejor dicho, de hombre reconcentrado en una lectura, en una elaboración mental. Es el Estudio. Ninguna acción humana que intente aportar y conseguir algo trascendental, ninguna aventura de envergadura, ningún avance en la técnica o en la producción, son posibles sin la capacidad y el esfuerzo del estudio. Es a través de él como convergen los datos, las ideas, la imaginación para trazar proyectos transformadores. Quien crea, por ejemplo, que los primeros navegantes llegaron a otras costas desde las propias al tuntún, simplemente lanzándose al océano que, por otra parte era desconocido y como tal temido, se equivoca. La más sencilla empresa requirió su estudio. Quien dice el océano dice las vastas llanuras o las abruptas sierras de los continentes. Cualquier empeño y cualquier iniciativa había requerido utilizar los conocimientos al alcance en cada época. Como aún sigue sucediendo.
 



En la Guía de Arquitectura de Valladolid dirigda por Juan Carlos Arnuncio Pastor figura una interpretación más técnica sobre estas cuatro esculturas imbólicas:

"Una característica esencial de la obra de Susillo es su expreso academicismo, que se manifiesta por un lado en la elocuencia y claridad del discurso que desarrollan las alegorías y por otro en la vocación profundamente historicista de su inspiración como escultor.

Reconocemos, en este sentido el simbolismo de los cuatro puntos cardinales que organiza la planta; y cómo sobre ellos, a la manera de los ríos berninianos de Piazza Navona, se asientan las cuatro virtudes de la gesta. En ellas descubrimos la sombra del Moisés de Miguel Ángel, pero también a Donatello y a los clásicos romanos. Del mismo modo que en los bajorrelieves planean Berruguete, Durero y hasta algún tallista de la época de Augusto, entre arcaísmos propios de un Ghiberti como la coincidencia en el mismo espacio de escenas separadas en el tiempo".  








viernes, 7 de febrero de 2025

Erosión. Poemario de José García Alonso en la Fundación Segundo y Santiago Montes

 


La Fundación Montes remite esta nota:

Presentación del libro Erosión, de José García Alonso

Viernes 7 de febrero. 20.00

Fundación Segundo y Santiago Montes


Erosión contiene una relación de pérdidas, de marcas que el tiempo va dejando sobre un paisaje desgastado a través de palabras sin filo, tibias y que no cortan, en un escenario altamente emotivo que deja un poso triste, como de luz de domingo. 

EROSIÓN 

No es la vesania de la borrasca 
la que marca el inicio del desgaste. 
Apenas su tronada se encarga 
de empujarnos, ya vencidos, cansados, 
al silencio último del pájaro 
que se deja morir en el aire… 

BABIA 

Duermen los caballos y parecen muertos 
sobre los prados de Babia. 
Amanece blanco el invierno. 
El cielo azul inmaculado reclama una nube 
que le permita saber del fracaso, 
derrotar la verdad absoluta 
en la que lo ha convertido el frío. 
Estos cielos…




José García Alonso (Pombriego, León, 1962). Es autor de los libros de poemas Formas de seguir abrazando (Alcancía, 2016) y Erosión (Editora Regional de Extremadura, 2024). Sus textos han visto la luz en varios libros colectivos —entre ellos Los hombres me han tratado bien (2014, antología coordinada por Myriam Rubio)— y en revistas como Turia, Quimera, El Espejo o Cuadernos del Matemático. Además de los premios de poesía «Flor de la Jara», en Jerez de los Caballeros, y «Fernando de Castro», en Sahagún, acaba de recibir el Premio DRAPS de Poesía Social, que convoca el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, por su libro Código postal del caos, que será publicado esta primavera por Paralelo Sur Ediciones. 

En la actualidad coordina las actividades culturales de la asociación Laboratorio de las Artes del Bierzo, en Ponferrada, ciudad en la que reside.


martes, 4 de febrero de 2025

Un lema estimulante y constructivo para un porvenir incierto. En la calle Porvenir (Con un poema de Ángel González)

 




Hay nombres de calles en la ciudad que por sí mismos transmiten optimismo. Calles con rótulos como Esperanza, Caridad, Alegría, Paraiso, Porvenir, Verdad, Enamorados, Serena, Niña Guapa, Armonía, Solidaridad, Unión, Doncellas o incluso Democracia, por nombrar algunas de ellas, tienen en común  la referencia a cualidades humanas: conducta, virtudes, emociones, cooperación, etc. Tal vez sean pocas y no sean calles principales. Varias de ellas se encuentran en barrios de tradición obrera, otras en casco antiguo. Una, Porvenir, se cruza un día cualquiera en el camino del paseante. ¿O es este quien acierta a pasar por tal vía fuera de su ruta habitual? 

A la calle Porvenir, entre Vadillos y Circular, no sé si acaba de llegarle el porvenir. De un lado, construcciones nuevas que han roto la fisonomía tradicional y antigua de la calle. Del otro, en un buen tramo una hilera de viejas edificaciones o, mejor dicho, de lo que queda de ellas con sus correspondientes solares. Misterio. Al construir los edificios altos, se supone que para no hacer angosta la calle, se generó una especie de plaza a la que da la parte de atrás de las viviendas nuevas. Embellecerla con dos murales en sus vastas medianeras no fue mala idea, teniendo en cuenta además la calidad plástica de ambos. Pero el paso del tiempo no perdona. Ya llevan unos años y han perdido color, si bien son demasiado potentes como para no pasar desapercibidos a los vecinos y transeúntes.




Sin duda la calle es humilde y no tiene arrogancia alguna. Convertida hoy en una especie de trasera de los edificios de altura. La otra acera está desasistida por una ruina larga, en suelo y tiempo. Pero es una calle representativa del viejo Valladolid barrial de una época en que la demografía de la ciudad comenzó a crecer. Me ha hecho gracia al consultar el libro Las calles de Valladolid, del que fue arquitecto municipal a caballo entre los siglos XIX y XX, Juan Agapìto y Revilla, que en las escasas lineas que la dedica comente: "Mucho fiaron en el 'porvenir' los primeros vecinos de esta calle, que en ella construyeron sus primeras viviendas, cuando se iniciaba el barrio de los Vadillos". Yo creo, al ver cómo permanece todavía ese otro lado no edificado, que el porvenir se quedó a medias, o pendiente, o anquilosado perpetuamente. Agapito y Revilla no solo se pondría de mi parte sino que inquiriría a los próceres del consistorio.




No obstante, el lema de uno de los dos murales, me ha ensanchado el corazón. No es un lema cualquiera, no anuncia ningún producto, no reclama ni salvación ni salvadores. Es una leyenda alegre, optimista, indiscutible. El porvenir se defiende hoy. ¿Se está defendiendo realmente a ese territorio inexplorado que hay por delante, en la vida y en el país, con la alegría que muestra la chica ciclista, cabellos al viento y maceta con su planta lozana y creciente? Todo un símbolo sumamente acertado por parte del diseñador de la pintura. Se hubiera merecido encontrarse en un espacio más transitado y céntrico, pero su vínculo con el nombre de la calle es indestructible.

El gran y entrañable Ángel González escribió un poema titulado 

         Porvenir

Te llaman porvenir 
porque no vienes nunca. 
Te llaman: porvenir, 
y esperan que tú llegues 
como un animal manso 
a comer en su mano. 
Pero tú permaneces 
más allá de las horas, 
agazapado no se sabe dónde. 
... Mañana! 
                  Y mañana será otro día tranquilo 
un día como hoy, jueves o martes, 
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

(De su poemario Sin esperanza, con convencimiento, 1961)





El mural titulado Selfie, es obra de Diego Vicente.El titulado El porvenir, de Reskate Studio.





Hubo un tiempo en que la grafía de algunas palabras parecían traicionar la lengua castellana precisamente en una ciudad histórica de la Castilla profunda. No era el único caso el de este residuo comercial en la calle Porvenir, había más carnicerías empeñadas en ser carnecerías. Es que viene de carne, decían sus defensores en plan sabelotodo, ignorando que todo se lo debemos al latin y bastante al árabe. Ignoro si venderían los mismos productos vacunos o si también los solomillos, las carrilladas o las costillas tendrían sus peculiaridades fonéticas. Siempre me supo amargo un letrero como el de la imagen. ¿Cuántas décadas llevará en la ruina y el olvido y, afortunadamente el desuso del mal vocablo? 







sábado, 1 de febrero de 2025

Juego de las diferencias o de aquello a esto. Un edificio renovado en la calle Estación

 


No creo que se precise excesiva agudeza ocular para percibir la diferencia. Temporal y de estado físico. Que no la estética. El edificio estuvo abandonado durante casi veinte años y la decrepitud hacía mella en la fachada, y es de suponer que también en el interior. Las fotografías de antes de la reconstrucción las hice hace varios años y sirven ahora para las comparaciones. 

Pasabas por delante con cierta frecuencia y, aparte de lamentar el deterioro de un edificio que tendría aproximadamente cien años o se acercaba a esa edad y manifestaba una prestancia singular para su tiempo, temías que cayera algún trozo de cornisa o acristalamiento. En un momento dado cegaron los vanos y al menos se redujeron los riesgos. Pero el edificio seguía ahí, olvidado o no querido por propietarios o constructores.  




Hoy, por fin remozado o, mejor dicho, reconstruído, se podría decir, ha salvado la fachada que afortunadamente ha conservado íntegra su estética y probablemente una parte importante de los materiales. Se mantiene la forja de los balcones y miradores, la balaustrada de los pisos bajos, el zócalo y moldura, la doble cornisa superior de ladrillo, la puerta metálica de acceso. Y un revoco de cal en toda la fachada donde se genera un dibujo que imita sillares. En fin, no soy ningún entendido para detallar todos los elementos y como observador común se me escaparán muchos pormenores. Sin  duda lo que llama más atención es la balconada y el acompañamiento de unos miradores restaurados que, siendo una seña de identidad de edificios de otra época en nuestra ciudad, han recuperado todo su valor. Pero hay una diferencia que sí salta a la vista. La puerta no es exactamente la misma original, que disponía de dos hojas y daba a la calle Estación, porque en esa especie de chaflán semicircular hubo una puerta cochambrosa y si mal no recuerdo estuvo allí instalado un estanco de expendiduría de tabacos.

Obviamente el interior ha sido levantado íntegramente, pero no entro en el tema  y las viviendas estarán adquiridas y, esa es otra, a precios de mercado considerables. Por cierto, en la puerta figuran dos letras, F y C. Seguramente las iniciales del nombre y apellido del constructor del edificio original que no he alcanzado a saber quién fue. 













viernes, 31 de enero de 2025

Gonzalo Cancedo y su libro "La chica que leía el viejo y el mar", en la Fundación Segundo y Santiago Montes

 



Viernes 31 de enero 2025. 20.00
Fundación Segundo y Santiago Montes

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE CUENTOS DE GONZALO CANCEDO
  "LA CHICA QUE LEÍA EL VIEJO Y EL MAR"

                   
La Fundación Segundo y Santiago Montes remite esta información:

"Como Chéjov, Borges, Poe, Quiroga o Medardo Fraile, Gonzalo Calcedo solo cuenta cuentos. Con ellos ha obtenido numerosos premios, entre ellos el Alfonso Grosso, el NH, el José Hierro, el Vargas Llosa, el Tiflos, el Hucha de Oro etc; y en 2021, su trayectoria literaria fue galardonada con el Premio de las Letras de la Junta de Castilla y León. Sin embargo, en consonancia con el género elegido, su obra ha sido acogida con la escasa relevancia que la sociedad otorga al autor de relatos. Él mismo nos comenta con ironía: Las novelas no suelen regalarse, los cuentos sí. Una vez terminados son abarcables, con suerte una pequeña joya que cabe en un estuche y se convierte en una dádiva. Si alguien me pide un relato para un periódico o una revista, lo cedo gustosamente. No sólo es una hipotética publicidad, sino también un destino. 

"A la pregunta sobre cuáles son sus autores preferidos, contesta sin dudar que los norteamericanos Salinger y Tobias Wolff, y el indiscutible Ernest Hemingway, cuya novela “El viejo y el mar” aparece en el título del libro que se presenta en la Fundación Segundo y Santiago Montes. Al igual que los de Hemingway, los relatos de Calcedo son aparentemente sencillos y profundamente complejos, pues el autor solo nos muestra la punta del iceberg que subyace bajo cada uno de ellos. 




"En “La chica que leía el viejo y el mar” encontramos personajes que trajinan de acá para allá en situaciones aparentemente banales: conversan con desconocidos a los que seguramente no volverán a ver, con diálogos reconocibles, que podrían incluir al lector como un interlocutor más. Personajes itinerantes, cuyos encuentros en aeropuertos, autobuses, bares o paseos, aunque sean azarosos, propician la comunicación entre los que comparten el afán de buscar desesperadamente el contacto con el otro. Sentir la vida, librándola del automatismo de lo cotidiano, este es el anhelo, consciente o inconsciente, de cada uno de ellos. 

"El autor de relatos se asemeja a alguien que se cuela en una casa a oscuras y, con una pequeña linterna, ilumina únicamente lo que cabe en su estrecho foco de luz. Todo lo demás, lo que hay alrededor, el contexto del cuento, han de imaginarlo tanto el autor como los lectores. Y la linterna de Calcedo no enfoca al centro de la sala, sino a los ángulos donde se apoya lo que parece no tener importancia ni valor. Pero son esas historias insignificantes las que nos acaban dando una idea de la indefensión, de la carencia y de la melancolía en la que se debate el hombre contemporáneo, que anda por el mundo como el caminante de Machado, sin meta ninguna. Únicamente las huellas que la vida deja a su paso constituyen algo parecido a un destino posible, o al menos eso parece cuando volvemos la vista atrás. Así nos traza Calcedo, por medio de la escritura, el camino que conduce al reconocimiento de la contingencia de la vida humana. 

Gonzalo Calcedo nació en Palencia en 1961, pero desde niño vive en Cantabria. Su primera colección de cuentos, “Esperando al enemigo”, apareció en 1996, y desde entonces ha publicado más de veinte libros, entre los que destacan “Cuantos de hijos y padres”, “Temporada de huracanes” o “Las inglesas”. Su presentación de “La chica que leía El viejo y el mar” en la Fundación es la primera que realiza de un libro suyo en Valladolid."



La fotografía de portada está tomada de El Norte de Castilla

jueves, 30 de enero de 2025

Desaparece Jesús Anta Roca, activo conocedor de la historia y vida de Valladolid

 


A veces el paseante se siente sobrecogido por la dureza del azar. Invocamos la suerte para todo lo que deseamos que nos beneficie, olvidando que no hay mejor fortuna que una salud bondadosa que nos permita sobrevivir con dignidad. Y un comportamiento honesto y colaborativo entre los componentes de una sociedad cada vez más competitiva.

Hoy me llega la noticia del fallecimiento de Jesús Anta Roca, autor precisamente del libro que cité en la entrada anterior. Un hombre Jesús y un personaje. Su interés por todo lo relacionado con las cuestiones locales, no solo las contemplativas y estéticas sino las prácticas, bien fuera como sindicalista o como político honesto, fue manifiesto y útil en las diversas representaciones que ostentó en tiempos pasados en Ayuntamiento, Diputación o Comisiones Obreras. También en su propia formación política (VTLP) y en las asociaciones vecinales, lo que le permitió siempre palpar la urdimbre de la vida y las necesidades de la gente de los barrios. 

Y más recientemente fue afianzando su faceta de una especie de cronista que, poco a poco pero sin pausa, divulgaba, tanto desde medios periodísticos de la ciudad como desde su propio blog, temas ciudadanos, de historia, de calles, de monumentos. Sus conocimientos le permitieron estrenarse incluso  como guía voluntario de grupos que desearan conocer aspectos de la ciudad. A la par fue publicando diversos trabajos sobre patrimonio del concejo, sobre fuentes de vecindad, sobre pozos y fuentes de la provincia, sobre los pozos de hielo de pueblos de Valladolid o uno bastante reciente también sobre historia y personajes de la ciudad menos conocidos pero no menos interesantes. Los títulos completos se pueden ver en las librerías y puedo asegurar que son todos una aportación valiosa. 

Si existe el amor por la ciudad y por la provincia Jesús Anta pudo testimoniar que él generaba un encuentro sentimental con toda la herencia monumental, del tamaño y valor que fuese, y con los acontecimientos históricos donde se desarrollaron. Agradecido a sus conocimientos y a su siempre generosa bonhomía en el trato invocaré la frase romana actualizada: que la tierra o el éter te sea leve. 












lunes, 27 de enero de 2025

Fuentes, pozos y lavaderos de la provincia de Valladolid, un documentado trabajo de Jesús Anta Roca

 


El agua ha sido siempre un don de Valladolid y provincia, por sus ríos de mayor o menor caudal y por sus capas freáticas. La capital ha dispuesto siempre tanto de unas como de otras corrientes. Y el viaje de las aguas de Argales realizado hace siglos proveyó a la urbe de un suministro privilegiado. Las fuentes han sido una constante histórica en Valladolid. Aún permanecen algunas antiguas, secas o en uso, de piedra o ladrillo, y se han incorporado algunas nuevas en materiales modernos. Pero si bien en la ciudad han desaparecido otros espacios relacionados con el agua, tales como lavaderos o pozos o abrevaderos, no así en la provincia, aunque ya sin uso pero al menos manteniendo sus peculiares arquitecturas. Porque todos estos espacios tienen su arquitectura, y aun sencilla resulta aún bella. 

Un ejemplo es la fuente de la imagen. Ubicada en la esquina de la calle Tres Amigos con Francisco Suárez forma parte de la fachada del Colegio Ponce de León. La geometría del ladrillo es insuperable y dice mucho de la sabiduría de los viejos albañiles. Y del buen disponer de los recursos. En este caso el colegio público todo, levantado entre 1925 y 1930, es una muestra del saber hacer arquitectónico. Y la solución de esta esquina entre dos calles revela además una inteligencia amable y no solo técnica. No todo lo pasado fue más viejo, como algunos podrían pensar.




Recomiendo esta última obra de nuestro paisano Jesús Anta Roca, autor que viene trabajando y haciendo públicos desde hace tiempo temas relacionados con la ciudad y la provincia. Parte de ellos expuestos en la prensa local y parte en su blog.


Fuentes, pozos y lavaderos de la provincia de Valladolid - Historia, cultura y arquitectura del agua

Jesús de Anta Roca

Edición digital: Fundación Joaquín Díaz • 2024

189 páginas
ISBN: 978-84-126425-7-5

Puede descargarse gratuitamente en formato PDF 21,1MB 



viernes, 24 de enero de 2025

El niño del libro y el Día Internacional de la Educación

 


¿Hay mejor símbolo de la educación que el libro? Bueno, las nuevas generaciones saltarán ante la pregunta. La tablet, el ordenador, el móvil, es decir la pantalla, dirán a bote pronto. Nuevos soportes que deben complementar, que no sustituir al libro, pero que sin duda tienen una aceptación superior. ¿Son todos ellos sinónimos de educación? Una pregunta que no soy capaz de responder. Pueden serlo, pero ¿hasta qué punto de conocimiento? De cualquier manera son representativos de la cultura de nuestros días.

El caso es que me acabo de enterar de que hoy, 24 de Enero, es el Día Internacional de la Educación, fecha decidida por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por más que miro por la red no veo que centros de enseñanza, medios de comunicación y organismos públicos se hagan mucho eco. Puedo estar equivocado. Pero de cualquier manera la educación no es algo restringido a las edades tiernas y juveniles, sino una respuesta a la necesidad de saber y comportarnos que debe durar toda la vida.




Y aunque hay varias esculturas repartida por la ciudad con referencia simbólica al libro y, por extensión, al conocimiento y el aprendizaje vital, he recordado una que no recuerdo haber traído al blog. La del niño esgrimiendo un libro en el Campo Grande. Quien leas estas páginas dirá, pero espero que no se queje, que la referencia Campo Grande es constante en mi blog. Inevitable. El parque es un mundo que sintetiza otros mundos, incluso a la misma ciudad, pero a la vez explaya a esta, la dota de una emulación del bosque que hace bien al cuerpo con su consiguiente efecto psicológico. Pero en él también están recordados escritores del pasado.

La llamada Plaza del Libro del Campo Grande es un espacio recoleto y ordinariamente solitario donde en un lateral se representa la alegoría de un niño esgrimiendo -esgrimir: término bélico aunque ampliado a otros quehaceres, como es el caso- un libro. Es una obra en bronce del escultor gallego Manuel García Vázquez, Buciños, erigida en 1980 con ocasión de un Congreso Nacional de Libreros. Situada sobre un pedestal rocoso en forma de arco, que es una fuente pero no funciona, el niño alza el libro por encima de su cabeza, que es tanto como decir hacia el mundo y los acontecimientos. Acaso lo sujeta como una antorcha, porque en un libro que se precie debe haber siempre luz. 

Aun menuda y sobresaliendo sobre una roca, la escultura me sugirió hace tiempo un poema que publiqué en otro espacio.


El niño del libro

Se alza, 
se pone de puntillas, 
quiere llegar tan lejos: 
escalar por la fronda
alcanzar la copa de los árboles y allí
dominar el paisaje
y tal vez desde la hoja
más avanzada del ramaje 
se dispone a volar. 

Planear sobre la tierra 
humedecerse con el salitre del océano 
y descender al corazón del bosque 
o atravesar el desierto 
que los tártaros abandonaron hace siglos
y deslizarse 
por las calles en la noche de las metrópolis 
entre la bohemia y los lances
de los pendencieros. 

Todo está ahí
en su mano revindicadora de fantasías: 
al agitar las páginas 
las palabras se desparraman 
y se mezclan y el viento 
las aventa llevándolas
tan lejos donde otro niño de acero
las volverá a ordenar 
y repetirá la hazaña 
en otra lengua 
sobre los mismos sueños





Enlaces de interés.






martes, 21 de enero de 2025

Emersión de la palabra desde Rosa Chacel

 


Quién dijo que la palabra emerge de la piedra no lo sé. Acaso me lo he imaginado. Quien dice piedra dice materia. ¿Y no es la materia la esencia o, mejor dicho, el todo del hombre? ¿Y no está la capacidad de este para transformarla? La escritora vallisoletana emerge de su propia materia. No es solo la imagen de ella, es su palabra la que asciende horadando la dureza. 

Nace la mujer y se hace la escritora. La fusión de bronce y granito en un entorno que se antoja selvático nos hace soñar con metáforas y alegorías. El busto realista, representando tal cual era Rosa Chacel, se crece sobre la base piedra, mole abstracta. El verdín y la pátina cubriendo la voz oculta. Y tras ese marco arbolado y asentado el monumento en el fértil suelo parece haber una conexión con un párrafo de su libro "Memorias de Leticia Valle": "Con todo, me pasa lo que con la rama de hiedra que llega al marco de mi ventana. Cuando la miro de refilón y la veo asomarse al cristal, me parece una lagartija que va a escaparse si me acerco. Sin embargo, no es lo que parece; no puede huir ni estremecerse, aunque pegue en el cristal con los nudillos; pero a pesar de eso me gusta creer que es mi compañera". ¿Se hubiera imaginado alguna vez la escritora que de alguna manera su futuro, ya en otra materia dispersa, iba a hallarse rodeada de la hiedra? ¿Sentiría de este otro modo el latigazo instantáneo de la simbólica lagartija que se ofrecía a sus ojos?

Tribuna idónea desde donde se sigue honrando el recuerdo de la vallisoletana y de paso las palabras que dotaron su obra. La escultura, obra de Francisco Barón (Madrid, 1931-2006), se erigió en un espacio recoleto del Campo Grande en 1988.