domingo, 18 de agosto de 2024

Las Norias de Santa Victoria. De floreciente azucarera a ruinas de arqueología industrial

 



La idea era admirable y correcta. Recuperar las dependencias de lo que fue la Azucarera Santa Victoria y entorno como parque y como dotaciones de uso público. Pero las prisas electoralistas de hace casi una década dejaron la labor demediada. O menos que demediada. O acaso no se tenía un compromiso claro de futuro. En mi opinión no hay recuperación duradera y posible de edificios históricos obsoletos si no se les da un uso. Y en el llamado Parque de las Norias de Santa Victoria apenas se ha dado uso a unas pocas dependencias. Unas pistas de pádel, un rocódromo y un estanque para practicar modelismo naval parecen un pobre bagaje para mantener vida arquitectónica y social. Hay que hacer mención aparte, pues se le ha concedido un carácter cultural, de la casa chalé que fue en su día vivienda del director de la fábrica y que ahora ocupa espléndidamente la Fundación Jorge Guillén.

Mas el proyecto sigue siendo válido. De hecho ha cuajado más como zona ajardinada de expansión, frecuentada por vecinos pero no en exceso, que en cuanto a la ocupación de usos. Es de suponer que tampoco será fácil encontrar estos, pero la proximidad a la llamada Ciudad de la Comunicación que, lentamente, ha ido emergiendo podría proporcionar salidas imaginativas. La zona verde es acogedora y la nobleza, una vez más, del material imperante en las paredes de los edificios, el ladrillo, y la estética brillante con que se aplicaron en su día en las fachadas y laterales de los edificios industriales armoniza a la perfección. Solo rota por el estado de deterioro cada vez mayor y peligroso.




Muchos vallisoletanos hemos visto en funcionamiento la Azucarera Santa Victoria, cuya actividad cesó en el año 2000. ¿Quién no recuerda, si alguna vez o con frecuencia fue por allí, las largas colas que, cuando llegaba la temporada de recogida de remolacha, se formaban día y noche con tractores y camiones invadiendo las calles del entorno? De aquella actividad pujante, que duró prácticamente un siglo, se pasó a la obsolescencia cuyos restos se nos muestran.

Cuenta la historiadora María Antonia Virgili Blanquet en su obra Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851-1936):

"...Los planos de la Azucarera Santa Victoria iban firmados por el director gerente C. Escobedo, quizá ingeniero industrial, aunque no lo sabemos con seguridad. El emplazamiento elegido está fuera del casco de la población, los terrenos limitan la línea del ferrocarril del Norte, el camino municipal de la estación de Ariza y el camino de servidumbre llamado de los Tramposos. Era propiedad de la Sociedad Industrial Castellana y se le concede la licencia en marzo de 1899. En la memoria del proyecto aparecen por primera vez preocupaciones estéticas en este tipo de edificios, intentando que presente 'un aspecto de buen gusto como construcción industrial'. Está formado por dos grandes naves paralelas unidas por una tercera perpendicular, la fachada principal da al camino de Simancas, los materiales son mampostería y ladrillo y destaca ya la cubierta formada por cuchillos metálicos sistema Polonceau."





"La utilización del ladrillo del ladrillo tenía ya en Valladolid una tradición casi secular, no es una innovación por tanto su uso, pero sí cabe hacer hincapié en la frecuencia con que este aparece cuando se trata de construcciones industriales. Hay ejemplos destacados en las fábricas de harinas del Canal y veremos cómo continúa apareciendo a lo largo del primer tercio del siglo XX. La fábrica de azúcar se instaló con todo tipo de adelantos, la maquinaria era casi toda ella de vapor y fue proyectada e instalada por la casa Fives-Lille, de París, que en aquellos momentos iba a la cabeza de las que se dedicaban a esta clase de construcciones"




Dejemos que la mirada de los que paséis por este blog se detenga en las fotografías que muestran el escenario de lo obsoleto. Solo veinticuatro años del cierre de la azucarera y el tiempo castiga sin contemplaciones. Sin embargo no sé qué tiene la ruina que siempre parece bella. Pero a la ruina hay que salvarla de que acabe desplomándose, porque entonces no habrá contemplación alguna. Ni restos que aún puedan ser explicados a nuevas generaciones como ejemplo de actividades fabriles importantes en la historia de una ciudad. Ya he citado antes la mejora del entorno con ese acompañamiento verde que debe mantenerse también y hacerlo crecer. De hecho, algunos árboles ya provienen del tiempo de vida activa de esta industria.

Animo a cualquier paseante que se acerque a contemplar el parque que quiere serlo íntegramente. Está situado en un confín del Polígono Argales con el Camino de la Esperanza, junto a ese paso peatonal intrincado que hay para salvar el ferrocarril desde La Farola.
































jueves, 15 de agosto de 2024

De dispensario antituberculoso a centro de enseñanza

 


No son los árboles los que ocultan la casa, sino los edificios de alrededor. Es como una isla arquitectónica en medio de la construcción más moderna. Al estilo de un palacete o casona del Norte, el edificio que ocupa hoy el CEPA, Centro de Educación de Personas Adultas, en la calle Muro, se levantó en 1919. Su fin entonces, convertirse en dispensario antituberculoso. La tuberculosis o tisis ha sido en el pasado uno de los azotes más crueles en las sociedades occidentales. No solo el descubrimiento del bacilo que lo producía y el tratamiento correspondiente sino sobre todo las mejoras de la calidad de vivienda, alimentación y en general de condiciones de vida consiguieron reducir si no erradicar la enfermedad. El caldo del cultivo siempre fue la pobreza, aunque del mal no estuvieran libres ni las clases altas.

Que el dispensario estuviera en una calle que junto con la calle Gamazo y Acera Recoletos han tenido empaque burgués desde el siglo XIX no es casual. Estaba ubicado también en el barrio de San Andrés, que fue un barrio que creció en dirección norte y hacia Las Delicias por su elevada población obrera, gran parte de ella en torno al ferrocarril. Y ya es sabido que en las condiciones deficientes de hábitat, trabajo y ambiente de los trabajadores se estaba más propenso a verse contagiado por el letal bacilo, en nuestra ciudad y en todas las urbes industriales.

Pero ya en épocas recientes el edificio fue transferido al Ministerio de Educación para facilitar conocimientos básicos a personas adultas. Y ahí sigue en su cometido. Para el paseante es como encontrarse de pronto con una excepcionalidad dentro de la alineación de edificios más recientes. Visualmente, independientemente de su función, se agradece. 


http://cepamuro.centros.educa.jcyl.es/sitio/index.cgi?wid_seccion=1&wid_item=48





En su libro de recuerdos Historia de un barrio, estampas del Valladolid que fue, un antiguo vecino del barrio de San Andrés, Miguel Ángel Pastor, dedica uno de sus breves capítulos a la tuberculosis, tan extendida aún en la década de los 40 del siglo pasado. Valga como testimonio de un tiempo:

"La tuberculosis fue el mal terrible de los años de la posguerra española. Cuando de alguien decían que tenía una mancha en el pulmón había que ponerse en lo peor.

Se afirmaba que era una enfermedad contagiosa, y las familias que tenían la desgracia de que alguno de sus miembros había contraído la tuberculosis, evitaban que el enfermo saliera a la calle. Si era un niño o un adolescente ponían una silla junto al balcón y sentaban al paciente, sometido a una dieta especial, incluso on algo tan prohibitivo en aquellos tiempos como el jamón.

El médico llegaba y fruncía el ceño.

- Hay que llevarlo al Pabelloón Antituberculoso.

La familia comenzaba a preocuparse seriamente. Pocos de los que ingresaban en aquel centro volvían con vida". 









sábado, 10 de agosto de 2024

El asno y su tren del artista Alfalfa

 


Para la gente mayor el asno es un animal doméstico, familiar y al que se le concedió ocupación desde los tiempos más primitivos de las sociedades humanas. Para las generaciones que van llegando es ya un personaje de cuento. Quedan tan pocos...Como muchos otros animales los asnos han sido objeto no solamente de uso y abuso para tareas de transporte (burros de carga es una expresión aún en vigor aplicada a los humanos) sino también han tenido su correspondiente caracterización literaria. Y como a muchos otros animales la literatura les ha otorgado una suerte de antropomorfización. Han encarnado costumbres, vicios, virtudes, anhelos o frustraciones de los humanos, pues la literatura escrita o la narración oral los han utilizado para sus propias metáforas sobre la condición humana.

El griego Esopo convierte al asno en protagonista en muchas de sus Fábulas. Unas veces con el gallo y león, otras con las cigarras, cuando no con el lobo, el cuervo, las ranas, casi siempre como víctima, pero siempre para concluir en alguna moraleja. Por ejemplo, la fábula El asno que cargaba la sal:

"Un asno cargado de sal resbaló mientras cruzaba un río y, al caerse al agua, la sal se diluyó, así que salió más ligero. Complacido con esto, al cabo del tiempo, un día que transportaba esponjas, llegó a un río y pensó que, si volvía a caerse, se levantaría habiendo aliviado la carga, así que resbaló adrede. Y le ocurrió que las esponjas absorbieron el agua y, al no poder levantarse, pereció allí mismo.

Tampoco algunos hombres se dan cuenta de que su propia inventiva les empuja a la desgracia."

En Rebelión en la granja George Orwell incluye al burro Benjamin que se muestra de lo más escéptico. "El viejo Benjamin, el burro, no parecía haber cambiado desde la Rebelión. Hacía su trabajo de la misma manera lenta y obstinada que cuando los mandaba Jones, sin eludir nunca sus obligaciones pero sin ofrecerse a hacer ninguna tarea especial. Sobre la Rebelión y sus resultados no expresaba ninguna opinión. Cuando se le preguntaba si no era más feliz ahora que no estaba Jones, se limitaba a decir: 'Los burros viven mucho tiempo. Ninguno de vosotros ha visto un burro muerto', y los demás tenían que contentarse con esa respuesta críptica". 


J.J. Grandville, en su Vida privada y pública de los animales, bellísima obra literaria y con dibujos de gran ocurrencia del propio autor, también saca al asno. Así en un capítulo titulado Manual para uso de los Animales que quieren conseguir honores relata muy jugosamente:

"Señores Redactores: los Asnos sienten la necesidad de oponerse, en la Tribuna Animal, a la injusta opinión que de su nombre hace un símbolo de estupidez. Si al que os ha enviado este relato le falta capacidad, no se dirá al menos que carece de valor. Y en primer lugar, si algún filósofo examina un día la estupidez en sus relaciones con la sociedad, quizá se descubrirá que la felicidad se porta igualito que un Asno. Además, sin los Asnos, no podría haber mayorías: de modo que el Asno puede pasar por el prototipo del gobernado. Pero no es mi intención hablar de política. Me limito a demostrar que nosotros, o los que están hechos a nuestra imagen, tenemos muchas más oportunidades que las gentes de talento para conseguir honores: pensad que el Asno encumbrado que os dirige esta interesante Memoria vive a costa de una gran nación, y que está alojado (eso sí, sin princesa) a expensas del gobierno británico, cuyas pretensiones puritanas os han sido desveladas por una Gata"

Como fácilmente se advierte, la capacidad satírica de Grandville no tiene precio.

Pero ¿cómo iba uno a olvidarse de ese burro tan entrañable, familiar y calmo llamado Platero? Ese asno excusa que escucha de continuo al narrador y que, a medida que el lector lee la poética y filósofica Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez le parece estar viendo a un Platero tranquilo, o juguetón, siempre atento a las confidencias, observaciones o conclusiones de ese yo. ¿Cómo no recordar el comienzo del libro?

"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. 

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas.... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel... 

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña ... pero fuerte y seco como de piedra. Cuando paso sobre él los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: 

--Tien'asero... 

--Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo".


Ante el espléndido mural del artista Nicolás Sánchez, que firma, al menos en este caso, como Alfalfa, ¿qué fábula o sátira podría concluirse?  ¿Es la encarnación de un Platero niña que juega con los trenes en una ciudad de tradición ferroviaria como la nuestra? La obra se encuentra en una medianera de la calle San José confluencia con Gabilondo.

https://paredesfest.net/artistas/alfalfa/





sábado, 3 de agosto de 2024

Por la cañada, camino de los pastos frescos, los rebaños y los pastores van

 


El ganado lanar, fueran ovejas merinas, churras u ojaladas, ha estado históricamente vinculado a toda Castilla y a Valladolid. Sabido es que dos veces al año los monumentales rebaños tenían que desplazarse a lo largo de largas distancias. Primero hacia el invierno desde zonas del Norte para alcanzar un clima más cálido en las Extremaduras. Y otro viaje de retorno en la proximidad del verano desde esas zonas sureñas hacia el frescor del Norte. Millones de cabezas de ovino se han desplazado año tras año y siglo tras siglo

Los desplazamientos se hacían a lo largo de unas rutas específicas, reguladas, ordenadas y protegidas por decreto real desde el siglo XIII. Las llamadas Cañadas reales o cañadas merineras, que tomaban el nombre de la variedad merina de la oveja. Se reconoce la existencia de ocho cañadas reales en toda España. Una de ella, la leonesa oriental, transcurría a través de Valladolid. Pues bien he ahí que bajando desde los Torozos a Valladolid, la cañada enfilaba en dirección sur hacia Puente Duero, hoy uno de los barrios más extremos de Valladolid.




Por donde se encuentra ahora el centro comercial Vallsur, y paralelo al Camino Viejo de Simancas, emergió poco a poco un barrio de casas molineras en la primera mitad del siglo XX. Trabajadores que ocupaban espacios y levantaban ellos mismos casas molineras a la vera de la antigua cañada. Debido al lugar se fue conociendo esta agrupación de casas como barrio de Cañada de Puente Duero, que en las últimas décadas se han ido renovando sus edificaciones o bien levantado otras nuevas. 

Es en ese punto frente al centro comercial y ya enfilada la calle que toma el nombre del barrio, donde una especie de isla arbolada y floreada acoge la escultura de Miguel Escalona (1945-2002) dedicada a La Mesta. En chapa de hierro oxidado se representa un rebaño -24 ovejas- seguido por dos perros y el pastor, toda una imagen perfecta y visual de uno de las actividades más importantes que proporcionaron auge de comercio en siglos pasados en base a la exportación de lana a Europa. 

Enmarcada esta hilera en un espacio verde y con piedras plasmando la naturaleza del campo, el rebaño se erige sobre peana y el pastor, erguido sobre un podio superior, señala a su vez la dirección de la antigua cañada merinera. Considero este conjunto un monumento de homenaje a un oficio del pasado, al pastoreo y al reconocimiento del ganado ovino que tantos beneficios ha proporcionado toda la vida a las gentes y al país.




Haciendo un poco de historia, aunque en internet uno puede ampliar información, hay que decir que ya desde el último tercio del siglo XIII se fue generando una hermandad de ganaderos y pastores que se llamó Real sociedad de ganaderos de la Mesta, según privilegio concedido por Alfonso X el Sabio. La RAE define mesta como agregado o reunión de los dueños de ganados mayores y menores, que cuidaban de su crianza y pasto, y vendían para el común abastecimiento. Escuetamente la RAE explica todo un proceso tanto económico como social, animal y humano. Las reuniones que mantenían cada año ganaderos y pastores para tratar sus negocios y regular el funcionamiento y gobierno se denominaba Concejo de la Mesta.





En un capítulo del Quijote la presencia de los rebaños suscita una de las aventuras del ingenioso hidalgo, que no distinguía entre realidad y ficción (o entendía la primera de otro modo) Así se narra la aparición de los rebaños, probablemente en un episodio de transhumancia que Don Quijote interpretó según su magín:

"En estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y, en viéndola, se volvió a Sancho y le dijo: 

 —Este es el día, ¡oh Sancho!, en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; este es el día, digo, en que se ha de mostrar, tanto como en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí viene marchando. 

 —A esa cuenta, dos deben de ser —dijo Sancho—, porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda. 

Volvió a mirarlo don Quijote y vio que así era la verdad y, alegrándose sobremanera, pensó sin duda alguna que eran dos ejércitos que venían a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura. Porque tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, encantamentos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de caballerías se cuentan, y todo cuanto hablaba, pensaba o hacía era encaminado a cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros que por aquel mesmo camino de dos diferentes partes venían, las cuales, con el polvo, no se echaron de ver hasta que llegaron cerca." 

(Capítulo XVIII de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes)











El cancionero español recoge una canción que a la vez es un himno, sobre la labor de la transhumancia que a su vez era una hazaña:


"Ya se van los pastores
a la Extremadura
ya se queda la sierra
triste y oscura.
Ya se van los pastores
hacia la majada
ya se queda la sierra
triste y callada.
Ya se van los pastores
ya se van marchando
más de cuatro zagalas
quedan llorando."

El etnógrafo, folklorista y cantante Joaquín Díaz puso siempre una voz entrañable a aquella vieja balada. Al final de la entrada van dos enlaces sobre la emotiva Ya se van los pastores...














viernes, 2 de agosto de 2024

La cara oculta de los viejos edificios

 


Todos los edificios tienen su cara oculta. Curiosamente ese rostro imperceptible solo se hace ver cuando mueren. Cuando llegan las máquinas del derribo y revelan sus intimidades. Son las fachadas protegidas las que, al no quedar derruidas, dejan ver por algún tiempo, en lo que dure el alzado del nuevo edificio, las interioridades. Los locales o las viviendas que hubo en cada piso hablan del tipo de casero o de inquilino que los habitó.  

No busque ustedes arte significativo en las imágenes de lo que fue este edificio de la calle Mantería -aunque las fotografías están tomadas desde la calle paralela, José María Lacort- con 114 años de existencia. Sorpréndanse solo por el aspecto que ofrecen. Observen. Y reflexionen, aunque no tengan mayor conocimiento de causa. El vaciado de todo el interior, desprovisto este de armazón, alturas, vigas, pilares y demás elementos sostenedores de madera, que configuraron durante largos años el hábitat de varios vecinos, invita a un juego de resucitar comercio y vecindario. ¿Hablan la pintura o la decoración de las habitaciones al descubierto de los vecinos que las habitaron? ¿Cuántos comercios se habrán superpuesto unos a otros a lo largo de más de un siglo? Allí un bar, al lado una zapatería, puede que a continuación algún establecimiento de géneros de punto, que se decía antes, el zapatero remendón en el zaguán de un portal, acaso un relojero...El tejado desaparecido, ¿cuántas goteras conocería? Los balcones exteriores, ¿de qué paso de transeúntes serían testigos? ¿De viandantes a la actividad laboral, de mujeres a la compra, de procesiones religiosas, de manifestaciones de protesta, del tráfico de los vehículos?

Probablemente no queden ya inquilinos de otro tiempo, pero si alguno de ellos viera esa parte de atrás, ¿sería presa de recuerdos y de perplejidad? ¿O simplemente pasaría de largo ante lo que consideraría ruina?  El paseante no pasa de largo ante una contrafachada que es un testigo que tornará a la ocultación. Una mirada de excepción a lo residual.






viernes, 26 de julio de 2024

La hábil orfebrería de los albañiles

 



Puede parecer que este paseante padece obsesión por las fachadas de los edificios, pues mira y se admira por lo que se planta ante sus ojos. Por ejemplo, este tejido enladrillado que recuerda el mejor hacer de los mudéjares, por tomar una referencia de alta calidad en el pasado arquitectónico del país.

En este edificio de la calle Mantería la tarea de los albañiles es orfebrería pura armonizada con un material de calidad. Ahí lleva desde el año 1904. A la solidez del ladrillo que cubre toda la fachada el arquitecfto y los albañiles añadieron un juego de colocación diverso y alterno de figuras geométricas que convierten en un tapiz la fachada y rinden homenaje al noble material que cubre gran parte de las viviendas de la ciudad.

Diestros fabricantes los del ladrillo. Imaginativo arquitecto que propuso la ornamentación. Hábiles artesanos los albañiles que ejecutaron la obra. Resultado: cuando una fachada de ladrillo es puro arte. Ciento veinte años nos contemplan.