domingo, 18 de agosto de 2024
Las Norias de Santa Victoria. De floreciente azucarera a ruinas de arqueología industrial
jueves, 15 de agosto de 2024
De dispensario antituberculoso a centro de enseñanza
No son los árboles los que ocultan la casa, sino los edificios de alrededor. Es como una isla arquitectónica en medio de la construcción más moderna. Al estilo de un palacete o casona del Norte, el edificio que ocupa hoy el CEPA, Centro de Educación de Personas Adultas, en la calle Muro, se levantó en 1919. Su fin entonces, convertirse en dispensario antituberculoso. La tuberculosis o tisis ha sido en el pasado uno de los azotes más crueles en las sociedades occidentales. No solo el descubrimiento del bacilo que lo producía y el tratamiento correspondiente sino sobre todo las mejoras de la calidad de vivienda, alimentación y en general de condiciones de vida consiguieron reducir si no erradicar la enfermedad. El caldo del cultivo siempre fue la pobreza, aunque del mal no estuvieran libres ni las clases altas.
Que el dispensario estuviera en una calle que junto con la calle Gamazo y Acera Recoletos han tenido empaque burgués desde el siglo XIX no es casual. Estaba ubicado también en el barrio de San Andrés, que fue un barrio que creció en dirección norte y hacia Las Delicias por su elevada población obrera, gran parte de ella en torno al ferrocarril. Y ya es sabido que en las condiciones deficientes de hábitat, trabajo y ambiente de los trabajadores se estaba más propenso a verse contagiado por el letal bacilo, en nuestra ciudad y en todas las urbes industriales.
Pero ya en épocas recientes el edificio fue transferido al Ministerio de Educación para facilitar conocimientos básicos a personas adultas. Y ahí sigue en su cometido. Para el paseante es como encontrarse de pronto con una excepcionalidad dentro de la alineación de edificios más recientes. Visualmente, independientemente de su función, se agradece.
http://cepamuro.centros.educa.jcyl.es/sitio/index.cgi?wid_seccion=1&wid_item=48
sábado, 10 de agosto de 2024
El asno y su tren del artista Alfalfa
Para la gente mayor el asno es un animal doméstico, familiar y al que se le concedió ocupación desde los tiempos más primitivos de las sociedades humanas. Para las generaciones que van llegando es ya un personaje de cuento. Quedan tan pocos...Como muchos otros animales los asnos han sido objeto no solamente de uso y abuso para tareas de transporte (burros de carga es una expresión aún en vigor aplicada a los humanos) sino también han tenido su correspondiente caracterización literaria. Y como a muchos otros animales la literatura les ha otorgado una suerte de antropomorfización. Han encarnado costumbres, vicios, virtudes, anhelos o frustraciones de los humanos, pues la literatura escrita o la narración oral los han utilizado para sus propias metáforas sobre la condición humana.
El griego Esopo convierte al asno en protagonista en muchas de sus Fábulas. Unas veces con el gallo y león, otras con las cigarras, cuando no con el lobo, el cuervo, las ranas, casi siempre como víctima, pero siempre para concluir en alguna moraleja. Por ejemplo, la fábula El asno que cargaba la sal:
"Un asno cargado de sal resbaló mientras cruzaba un río y, al caerse al agua, la sal se diluyó, así que salió más ligero. Complacido con esto, al cabo del tiempo, un día que transportaba esponjas, llegó a un río y pensó que, si volvía a caerse, se levantaría habiendo aliviado la carga, así que resbaló adrede. Y le ocurrió que las esponjas absorbieron el agua y, al no poder levantarse, pereció allí mismo.
Tampoco algunos hombres se dan cuenta de que su propia inventiva les empuja a la desgracia."
En Rebelión en la granja George Orwell incluye al burro Benjamin que se muestra de lo más escéptico. "El viejo Benjamin, el burro, no parecía haber cambiado desde la Rebelión. Hacía su trabajo de la misma manera lenta y obstinada que cuando los mandaba Jones, sin eludir nunca sus obligaciones pero sin ofrecerse a hacer ninguna tarea especial. Sobre la Rebelión y sus resultados no expresaba ninguna opinión. Cuando se le preguntaba si no era más feliz ahora que no estaba Jones, se limitaba a decir: 'Los burros viven mucho tiempo. Ninguno de vosotros ha visto un burro muerto', y los demás tenían que contentarse con esa respuesta críptica".
J.J. Grandville, en su Vida privada y pública de los animales, bellísima obra literaria y con dibujos de gran ocurrencia del propio autor, también saca al asno. Así en un capítulo titulado Manual para uso de los Animales que quieren conseguir honores relata muy jugosamente:
"Señores Redactores: los Asnos sienten la necesidad de oponerse, en la Tribuna Animal, a la injusta opinión que de su nombre hace un símbolo de estupidez. Si al que os ha enviado este relato le falta capacidad, no se dirá al menos que carece de valor. Y en primer lugar, si algún filósofo examina un día la estupidez en sus relaciones con la sociedad, quizá se descubrirá que la felicidad se porta igualito que un Asno. Además, sin los Asnos, no podría haber mayorías: de modo que el Asno puede pasar por el prototipo del gobernado. Pero no es mi intención hablar de política. Me limito a demostrar que nosotros, o los que están hechos a nuestra imagen, tenemos muchas más oportunidades que las gentes de talento para conseguir honores: pensad que el Asno encumbrado que os dirige esta interesante Memoria vive a costa de una gran nación, y que está alojado (eso sí, sin princesa) a expensas del gobierno británico, cuyas pretensiones puritanas os han sido desveladas por una Gata"
Como fácilmente se advierte, la capacidad satírica de Grandville no tiene precio.
Pero ¿cómo iba uno a olvidarse de ese burro tan entrañable, familiar y calmo llamado Platero? Ese asno excusa que escucha de continuo al narrador y que, a medida que el lector lee la poética y filósofica Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez le parece estar viendo a un Platero tranquilo, o juguetón, siempre atento a las confidencias, observaciones o conclusiones de ese yo. ¿Cómo no recordar el comienzo del libro?
"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Ante el espléndido mural del artista Nicolás Sánchez, que firma, al menos en este caso, como Alfalfa, ¿qué fábula o sátira podría concluirse? ¿Es la encarnación de un Platero niña que juega con los trenes en una ciudad de tradición ferroviaria como la nuestra? La obra se encuentra en una medianera de la calle San José confluencia con Gabilondo.
https://paredesfest.net/artistas/alfalfa/
sábado, 3 de agosto de 2024
Por la cañada, camino de los pastos frescos, los rebaños y los pastores van
viernes, 2 de agosto de 2024
La cara oculta de los viejos edificios
viernes, 26 de julio de 2024
La hábil orfebrería de los albañiles



