sábado, 8 de agosto de 2026

El solitario soportal testigo de la Plaza de Santa Ana

 



No, no es ningún pegote como les parecerá a algunos. No es sobrante, ni desacierto. No es mera vetustez, sino sabiduría. Porque los soportales fueron un diseño inteligente, sabio y eficaz que si ya se habían dado en algunos casos en época medieval solo fue la urbanística renacentista avanzada la que los impulsó. Y en Valladolid en concreto a partir del nuevo planeamiento urbano del centro exigido tras el devastador incendio de 1561.  

Este soportal es simplemente, o nada más y nada menos, un testigo en esa ubicación. Probablemente ya estaba ahí ese trozo de soportal antes de que se levantaran otros edificios de la Plaza de Santa Ana. Incluso que sea anterior al neocláisco monasterio adjunto, pero no a otro convento, el de la Trinidad, que dio nombre a la plaza si bien desapareció a raíz de la Desamortización de 1836-1837. El edificio, reconstruido hace más de treinta años, lo ha respetado. Una seña de identidad del pasado. O, mejor dicho, de la arquitectura y el urbanismo pretéritos. Se suma al amplio recorrido de soportales del entorno de la Plaza Mayor, aunque quede algo descolgado. Los que dan vitalidad y carácter a la Fuente Dorada, Cebadería, Especería, Vicente Moliner, Ferrari y Plaza Mayor, e incluso unos nuevos de la Pasión, y que siguieron transmitiendo unas de las soluciones más eficientes del urbanismo que se impuso en el siglo XVI. Hubo otros edificios que antaño tuvieron porches y que los perdieron. Y me viene a la mente uno que llegué a conocer en la calle Angustias, junto a los juzgados, del que se han mantenido las columnas pero adosadas a la anodina fachada actual, pues el soportal no se respetó al edificar lo nuevo, y cuya pérdida es una de esas abundantes desdichas con que nos maltrató la fiebre inmobiliaria sobre el casco antiguo. 




En 1967 se publicó un librito muy interesante cuyo autor fue el catedrático de Historia del Arte Juan José Martín González, titulado "Valladolid en sus monumentos. Un programa para su defensa y puesta en valor". Es sabido el interés y preocupación de Martín González por denunciar e intentar salvar con su catálogo de obras en peligro, que eran abundantes, el patrimonio vallisoletano. Respecto a la plaza que nos concierne se decía en el catálogo:

"Santa Ana (plaza) Requiere esta plaza una traza que regularice las nuevas construcciones.

Casa número 16. Soportales del siglos XVI. Al hacerse nueva construcción, los soportales deben incorporarse, remetiéndolos si fuera preciso".

Respecto a lo primero hay que decir que durante estos últimos años se ha adecuado en parte la plaza a la tipología más o menos semejante a la de los edificios existentes desde el siglo XIX. Con una excepción. Que entre las calles Zúñiga y María de Molina se levantó un edificio de superior altura al resto del entorno y que causa un efecto más abrupto. Y en lo tocante a los consejos del profesor sobre la casa esquina con San Lorenzo al menos el soportal se salvó al reconstruirse el edificio hace una treintena de años. Así que disfrutemos de esta variante de soportal que, si bien descolgado de los soportales próximos, da testimonio de aquella ciudad que renació tras el incendio de 1561, en medio de una plaza trapezoidal que, salvo el monasterio de Santa Ana, erigió nuevas edificaciones.

He incorporado una fotografía del estado del soportal en la década de los 60 del siglo XX, extraída del libro citado.





Me ha venido a la mente, y lo he buscado de nuevo, un texto del escritor cubano Alejo Carpentier sobre la fecundidad de las columnas y soportales en La Habana. Circunstancia que se produce en otros países americanos, herencia del paso de los españoles por aquellas tierras:

"Así, en muchos viejos palacios habaneros, en algunas ricas mansiones que aún han conservado su traza original, la columna es elemento de decoración interior, lujo y adorno, antes de los días del siglo XIX, en que la columna se arrojará a la calle y creará –aun en días de decadencia arquitectónica evidente- una de las más singulares constantes del estilo habanero: la increíble profusión de columnas, en una ciudad que es emporio de columnas, selva de columnas, columnata infinita, última urbe en tener columnas en tal demasía; columnas que, por lo demás, al haber salido de los patios originales, han ido trazando una historia de la decadencia de la columna a través de las edades".

¿No podría aplicarse esta reflexión tan hermosa de Carpentier a Valladolid?












18 comentarios:

  1. Tan testigo como solitario pero permanece.

    Carmelo. Saludos

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  2. Paseante:
    por lo menos algo se ha salvado. Se da uno cuenta de lo que fue.
    Salu2.

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    1. En esta bendita ciudad tenemos que contentarnos con que queden ciertos testigos urbanísticos o arquitectónicos, mucho se ha destruido.

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  3. Es una plaza un tanto fría, aunque está cercana a la Plaza Mayor. Le falta alma vecinal. Es más de tránsito. Y todo elemento arquitectónico testimonial es de agradecer. Saludos

    María Antonia

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    1. Tal vez sea como dices, desde luego es muy de paso pero se agradece, tiene algo de antesala de la Plaza Mayor o de la de Martí y Montsó desde esa orientación.

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  4. Testigo de la arquitectura y el clima, bendito clima, de otra época.

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  5. Cuál sería el fin. Está claro, que el inmueble pierde un espacio muy valorado.
    Saludos

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    1. ¿El fin de origen o el de permanecer al rehabilitar el edificio?

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    2. En origen.Hay un caso en Córdoba, que en mi dilatada vida lo he visto tapiadoi,incorporado, abierto al transito peatonal.El que tú nos muestras es de gran belleza,muy superior al de Córdoba, por eso sí en origen era igual al actual o se ha adaptado al gusto turistico.
      Saludos

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    3. Puesto que inquieres con interés te respondo con una fotografía del estado del soportal en la década de los 60 del siglo XX que acabo de incorporar a la entrada. Puedes deducir que se ha respetado su ubicación aunque el edificio se haya reconstruido. Gracias, porque no se me había ocurrido antes ponerla. Saludos.

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  6. Gracias a ti por el trabajo.Pasa lo siguiente que en Córdoba, capital muy turistica, se cometen errores interesados, en cuanto a monumentos ,con reformas que no se ajustan a la realidad histórica. En Barcelona pasa lo mismo.
    Saludos

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    1. Se supone que a estas alturas los planes de urbanismo tendrían que prever y por lo tanto generar instrumentos para el mantenimiento del patrimonio histórico. Se ve que cuecen habas por todas partes.

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  7. Comparto lo que decís en vuestros comentarios, que es una suerte que se repusiera . A veces he comprado pastas donde las monjas de Santa Ana. Marisol

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    1. En muchos conventos hacen pastas y otras variedades de dulces. Para gustos hay donde elegir.

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