domingo, 16 de marzo de 2025

Heraldos de la primavera

 



Los heraldos de la primavera se han exhibido estos últimos días por la ciudad. Ni el Campo Grande ni las riberas del Pisuerga -en este caso se advierte una imagen del Puente Colgante- podían ser ajenos al florecimiento. Los heraldos nos dicen cada año que los árboles nunca mueren o si lo hacen son resistentes hasta el final. ¿Son los árboles metáfora de los hombres o nosotros réplica de ellos? Nos antecedieron en la vida y crecimos a su amplia sombra material. Haciendo uso y abuso de ellos. Hoy siguen ahí, no han perdido espacios urbanos. Su queja frecuente es llamarnos analfabetos. Apenas distinguimos entre especies, aunque ellos, pacientes y misericordiosos, nos perdonan. Con la eclosión de su fronda parecen decirnos: tenéis una oportunidad para acercaros y saber más de cada uno de nosotros. Que el tráfago automovilístico y callejero no os haga ignorarnos. Venid a admirarnos y no solo a cobijaros cuando pegue la canícula. Yo, al menos, cuando contemplo la floración es lo que escucho de su tímida voz. He ahí la belleza al alcance de nuestros sentidos, me digo.









martes, 11 de marzo de 2025

El Caballo de Troya de Valladolid, de casa noble a posada que albergó a George Borrow. Hoy, a la venta

 



"Paramos en la Posada de las Diligencias, edificio magnífico; pero a los dos días de llegar nos fuimos de ella muy gustosos, porque el alojamiento era malísimo, y la gente de la casa por demás grosera. El dueño, hombre de talla gigantesca, de enormes bigotes y de marcialidad afectada, debía de creerse un caballero demasiado principal para fijar la atención en sus huéspedes, de los que, a la verdad, no andaba muy recargado, porque solo estábamos Antonio y yo. Era persona importante entre los guardias nacionales de Valladolid y se recreaba pavoneándose por la ciudad en un corcel pesadote que encerraba en una cuadra subterránea.

Trasladamos nuestros reales al Caballo de Troya, posada antigua, a cargo de un vascongado que, al menos, no se creía superior a su oficio. Las cosas andaban muy revueltas en Valladolid por creerse inminente una visita de los facciosos. Barreadas todas las puertas, construyeron, además, unos reductos para cubrir los aproches de la ciudad. Poco después de marcharnos nosotros, llegaron, en efecto, los carlistas al mando del cabecilla vizcaíno Zariategui. No encontraron resistencia: los nacionales más decididos se retiraron al reducto principal y enseguida lo entregaron, sin que en toda esa función se disparase un tiro. Mi amigo, el héroe de la posada, en cuanto oyó que se aproximaba el enemigo, montó a caballo y escapó, y no ha vuelto a saberse de él. A mi regreso a Valladolid, hallé la posada en otras manos mucho mejores: regíala un francés de Bayona, quien me prodigó tantas amabilidades como groserías sufrí de su predecesor".

Estas anécdotas son relatadas por el viajero inglés George Borrow en su detallado libro La Biblia en España. Borrow recorrió en varias ocasiones Portugal y España como difusor y vendedor de la Biblia protestante, lo cual tenía su mérito por el riesgo de no ser comprendido. Pero tamaña aventura le proporcionó un conocimiento de los lugares y del paisanaje bastante exhaustivo. Hombre culto, filólogo, escritor, dominaba varias lenguas, y no se dejaba intimidar por las circunstancias de un país que pasaba por guerras civiles. Debió parar en Valladolid en mil ochocientos treinta y seis, en plena Primera Guerra Carlista. En la referencia que hace sobre las posadas en que se hospedó, ignoro cuál sería la primera que cita. No así la del Caballo de Troya, cuyo edificio, con sus alteraciones, se ha conservado hasta nuestros días.    



El edificio data de finales del siglo XVI, siendo casa importante en sus orígenes. Un gran portalón en una fachada al estilo del almohadillado florentino permite acceder a un zaguán que a su vez desemboca en un patio. El patio tiene la misma traza de toda la arquitectura doméstica renacentista que hay por la ciudad.  Tiene arcadas en tres de los cuatro lados y un piso superior. Amplios arcos de medio punto, esbeltas columnas con capiteles toscanos, y uno de los arcos aparece cegado con una pintura que representa un caballo brioso y debajo la leyenda: El Caballo de Troya. En la portada, sobre un dintel corrido hay cuatro esculturas de animales fantásticos. El edificio disponía de sótanos, caballeriza y pozo. Todos esos espacios han sido ocupados en los últimos años por dependencias del restaurante Santi. 

¿Quieren los curiosos datos más precisos? Ahí van, según la Guía de Arquitectura de Valladolid dirigida por Juan Carlos Arnuncio: "En 1578 era propiedad del doctor Paulo de la Vega, quien mandó edificar su patio al albañil y yesero Francisco Navarrete según la traza hecha por Pedro de Mazuecos. En 1539 se mandó edificar la portada contratando la construcción al maestro de cantería Juan de Mazarredonda". No cabe duda de que en aquella época debió haber en la ciudad una pléyade de constructores, arquitectos, albañiles y gentes de oficios vinculados a la edificación. Muchas de sus obras se han perdido para siempre, otras, más o menos respetadas, han llegado hasta nuestros días.




Del primer propietario de la casa cuenta María Antonia Fernández del Hoyo en Casas y palacios de Castilla y León: "Conocida habitualmente como Posada del Caballo de Troya, nombre que también llevó la calle en que se sitúa, hasta hace muy poco se desconocía todo lo relativo a esta casa y sus propietarios. Hoy sabemos que fue construida por un médico de renombre, el doctor Paulo de Vega, natural de Tordehumos, que se doctoró en la Universidad de Valladolid en 1566 y murió en esta misma ciudad en 1614. No es mucho lo que se conoce de su vida excepto que poseía numerosos bienes en su villa natal y otros lugares, que en su casa, como en tantas otras de su época, había al menos un esclavo, y que su fortuna se evaluó en más de 15.000 ducados". 

A lo largo de la historia este edificio debió tener diferentes usos y habitados por distintos vecinos. En algún momento el edificio noble se convirtió en posada, tal como ya la conoció Borrow. En las últimas décadas hemos visto en él tiendas y posteriormente restaurante. Pero parece ser que el viejo edificio noble sale a la venta por tres millones de euros, según noticias de prensa. Situado en la calle Correo, detrás de uno de los laterales de la Plaza Mayor, confraterniza con numerosos locales de hostelería. ¿Qué será será cuando pase a las manos del nuevo comprador?




No me resisto a transcribir unos párrafos del libro Urbanismo y arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIII, de María Dolores Merino Beato, donde incide en la importancia de los lugares de alojamiento y comida de la ciudad en siglos pasados:

"Aun siendo Valladolid ciudad con diversidad de funciones, la comercial le dio una impronta indeleble. No solo por el diltado espacio material que comprende el Mercado, sino por la existencia de casas que acogen a los forasteros que vienen con su mercancía, y por el importante número de figones, tabernas, botillerías, pastelerías y mesones que ofrecen excelentes manjares y bebidas.

Las posadas y mesones se sitúan en áreas próximas a las del Mercado. Así tenemos la Casa del Caballo de Troya, el Mesón de los Zepos y el Mesón del Vizcaíno en la Rinconada. Diferentes casas de comidas y figones  en el Malcocinado, cerca del actual Mercado del Val. Otros mesones hubo en la calle de Magaña, el Mesón de Magaña, y cerca del Arco del Campo, en la calle de Santiago, Mesón de Zerón y Mesón de Rentisca. Estos tres últimos fueron habilitados, en algunas ocasiones, para cuarteles.

Abundaron también las posadas para estudiantes, en la calle de la Solana Alta, Portugalete y la Antigua. Otras posadas acogían a los litigantes, mientras resolvían sus asuntos en la Real Chancillería. Tenía fama Valladolid de rica pastelería. Tiendas de dulces hubo en la Plazuela Vieja, en la Rinconada y en la calle de Olleros".  























lunes, 10 de marzo de 2025

Presentación de "Mi hermano Antón", de Luis Mateo Díez, ilustrado por Antón Díez.

 



Librería Margen remite invitación para la presentación del libro

"Mi hermano Antón",
del escritor Luis Mateo Díez e ilustraciones de Antón Díez

Miércoles 12 a las 19,00 horas. Librería Margen






Tan solo un año mayor que Luis Mateo Díez, su hermano Antón fue desde la infancia un compañero de juegos dotado de múltiples inquietudes e infatigable capacidad creativa. Un tiempo de largos inviernos en un valle nevado en el que Antón aún se debatía entre el teatro, la literatura y la filosofía, pese a que ya estaba empeñado en crear con sus manos universos de papel y cartón que con el tiempo le conducirían hasta la pintura, la cerámica y la escultura. Convertido en personaje de ficción —tan entrañable como tendente al exceso— por la magia de la literatura, este relato es, además, un manifiesto en favor de la fantasía y la curiosidad como armas indispensables para afrontar la vida.



jueves, 6 de marzo de 2025

El quiosco más audaz, arquitectónicamente hablando

 



No es una parada de autobús. Además se trata de una calle peatonal, aunque el pavimento de adoquines chiquitos que se levantan no le beneficie. Y es que el tráfico menor pero de repartidores y garajes ha afectado al suelo. Es un quiosco de prensa que tras unos cuantos años, nacido con la remodelación de la calle, se ha cerrado. Es el sino de los negocios de prensa por mucho que añadan artículos de chuchería. Que bien por jubilación o por no cundir el negocio se han ido clausurando poco a poco. Y no hay quien retome uno de ellos cuando se produce el cese del propietario. Una seña de identidad más del pasado que va esfumándose a goteo.

Este quiosco, tal como está en este momento, sin su uso propio, parece un mueble urbano sin gracia ni sentido. Él y su entorno podrían estar condenados a un cierto grado de abandono, lo cual sería penoso porque forma una plaza recoleta con unos árboles altivos que proporcionan estética y dan gloria con su frondosidad a partir de la primavera. Es una lástima porque pienso que es el puesto de prensa más audaz en cuanto a diseño de los que he visto en la ciudad e incluso en otros lugares.





La imagen con la barca y la sirena ocupa las hojas de la puerta que se abría para exponer la prensa. Ahora es un mural expuesto noche y día, realizado con ese aspecto naíf por Mercedes Parada y Raquel Segura. Situado sobre una ligera elevación del terreno, ya que se halla en las confluencias de las calles San Felipe y Teresa Gil, su acceso está salvado por una larga línea escalonada. Más que un quiosco se podría decir que es un humilde monumento. Salvo que sea retomado para el uso que ha tenido, algo nada probable en estos tiempos de pérdida de lectores de papel, o bien que se le otorgue una utilización novedosa, es de temer que lleve el mismo destino que el quiosco ancestral, de otro estilo dominante a principios del siglo XX, el de la Plaza del Caño Argales. Es decir, su obsolescencia.

Cuando transito por esa calle suelo pararme a contemplar esta peculiar alegoría de sirenas y niñas que pretenden embarcarse en una navegación tal vez de sueños. Los detalles de la iglesia y de la residencia de posgrado que hay al lado sitúan al fondo la escena. Pero la barca de la prensa varó para perjuicio del ciudadano de a pie que aún gusta de tener en sus manos un periódico. Sería lamentable que esta obra plástica, junto con el conjunto, se deteriorase irremediablemente.












domingo, 2 de marzo de 2025

Las puertas del saber del Palacio de Santa Cruz, obra de Alejo de Vahía

 



Puertas del saber de su época. El saber estaba dentro de aquella estancia, y ahí sigue, pero ya digo que de acuerdo a su tiempo. La estancia es una inmensa biblioteca. Hoy son joyas bibliográficas principalmente las que pueblan estantes y galerías. Algunas de ellas tan significativas como la Biblia Políglota Complutense o un Códice de Justiniano del XVI editado en Basilea o la Enciclopedia de Diderot o nada menos que un beato del siglo X, el Beato de Valcavado realizado por el monje Oveto. Y tantos otros de cuya existencia solo sabrán los bibliotecarios actuales. Se trata de la Biblioteca histórica del Palacio de Santa Cruz, cuyo acceso tradicional, hoy convertido en una mirador acristalado con vistas al interior, tiene lugar a través de unas puertas de nogal de un avezado maestro del cincel y la gubia del siglo XV, Alejo de Vahía.




Puestos a transmitir una descripción, mejor recurro al estudio que Clementina Ara Gil llevó a cabo hace muchos años sobre la obra del escultor de origen nórdico Alejo de Vahía.

"(las puertas)...son de madera de nogal. Cada batiente se divide en cuatro paneles de los cuales solamente los centrales llevan motivos esculpidos. Los de la parte superior e inferior, subdivididos a su vez, se decoran solo con labores de tracerías. En los paneles centrales están los motivos iconográficos en relieve. En los recuadros superiores se representa a San Agustín y Santo Tomás, y en los dos recuadros inferiores, en posición simétrica dos pájaros sobre un pequeño montículo del que brotan flores diversas. Cada uno lleva en el pico una filacteria con una inscripción y entre ambos completan la frase del Evangelio de San Juan: Apud Deum Verbum erat".





Aunque el Colegio de Santa Cruz se inauguró en 1492 probablemente las puertas ya estuviesen hechas de antes. Es sorprendente que, a pesar del grado de destrucción que ha tenido lugar en Valladolid en siglos pasados, estas puertas hayan llegado al presente. 

De las imágenes reproducidas en estas hojas de puerta son más obvias a los ojos de los visitantes las de Agustín y Tomás, aquel en modo de obispo y con todos los atributos pontificales y el símbolo del libro, y el otro como doctor con una iglesia en su mano de donde emerge una pluma. Es parte de la múltiple iconografía de la Iglesia. Pero lo más misterioso resulta ser esta pareja de aves, que no son meros pájaros y que exhiben un plumaje exquisito. Si los santos resultan más convencionales y manifiestos, las aves están trabajadas con un esmero muy puntilloso. La profesora citada antes se pregunta si no representarán más bien al Ave Fénix. El simbolismo medieval muy antiguo y profundo y aún impregna un tiempo de cambio tan novedoso como el Renacimiento en ciernes cuando se levantó Santa Cruz. El Ave Fénix tendría precisamente el significado de renacer sobre el pasado, de confirmar el enlazamiento de las filosofías antiguas que cada una de ambas figuras representativas de la Iglesia traía consigo.

A punto de terminarse la limpieza de la fachada del Palacio de Santa Cruz, véase la imagen última, y ya que seguramente se abra de nuevo la puerta principal del edificio, será un extraordinario momento para pasearse por el interior. Además de los espacios tradicionales -el zaguán, la Capilla, el Aula Triste, el espléndido patio, la Biblioteca- está ubicado en él el Museo de Arte Africano y más allá el Colegio con su atractivo jardín.