Me gusta hacer el recorrido bajo las arcadas del patio del Colegio de San Gregorio, sede hoy día del Museo de Escultura. La acanaladura en espiral de sus columnas proyectan una altura elegante. Subo al piso superior a través de una escalera almohadillada donde campea por doquier la flor de lis. No es aquí el escudo de la monarquía francesa. Es el emblema adoptado por el obispo dominico Fray Alonso de Burgos, mecenas y fundador del Colegio de San Gregorio.
También se exhibe desde los ángulos superiores del patio el escudo de la monarquía del nuevo Estado que emergía en las postrimerías del siglo XV, con el reinado de los Reyes Católicos. Ese mismo escudo que invade y ocupa el centro de la fachada exterior del edificio. También esa recurrencia y alternancia al yugo y las flechas que representaban igualmente a Isabel y Fernando y que, como dice Diana Olivares, de la Complutense, "su elección se habría visto condicionada por el juego cortesano de escoger como emblema un objeto cuyo nombre comenzara por la misma letra inicial que el nombre del esposo. Así, el rey habría elegido un yugo, con la ‘y’ de Ysabel, y la reina, las flechas, con la ‘f’ de Fernando".
Recurro ahora a una voz informada y reflexiva, también jugosa, la de José Jiménez Lozano, que, en su ya legendaria Guía espiritual de Castilla, con hermosas fotografías de Miguel Martín, que editó la desaparecida y meritoria editorial Ámbito, se dice:
"San Gregorio fue fundado como colegio o estudio teológico por don Álvaro de Burgos, obispo de Palencia, un judeo-converso, sobrino del obispo don Pablo de Santa María, arzobispo de Burgos, que había sido rabino de la ciudad con el nombre de Salomón Haleví. Era de una poderosa familia judía de la tribu de Leví, y fue un hombre poderoso después de su conversión, que llegó a controlar las diócesis castellanas. Conservó su orgullo hebraico y, en la familia, se rezaba el Avemaría diciendo: Santa María, Madre Dios y pariente nuestra; pero como teólogo cristiano, se mostró, además, confiado en la dialéctica para llegar a la fe. Y de este talante también era el fundador de San Gregorio. Hizo esculpir en cada muro la flor de lis como símbolo sin duda de su nuevo linaje espiritual arraigado en el antiguo linaje hebraico y, en las arcadas del hermosísimo patio que posee el edificio, transpuso en filigrana de piedra los arabescos y geometrías de las yeserías del mudéjar sinagogal".
Y es que este patio principal es el eje vertebrador donde parece polarizarse la institución que acogió el Colegio. Todo el edificio es sin duda el marco idóneo para el museo actual, pues dota de un continente hermoso, donde arquitectura y decoración labrada se unen al contenido rico de escultura policromada que hay dentro de él. "La evidente diferencia entre ambos cuerpos del patio, no solo en lo que respecta en sus dimensiones sino también en su tratamiento decorativo, revela una lúcida distribución de los espacios perfectamente diseñados para la finalidad que habría de cumplir", escribe José Ignacio Hernández Redondo en su documentado libro El Colegio de San Gregorio.
Yo recomiendo al visitante que no se limite a entregarse directamente o en exclusividad a las obras del museo. Que no pase de largo, que considere y dedique tiempo a pasear y detenerse ante la obra de piedra que, bien en fachadas de dependencias interiores o en esa escalera señorial o en este claustro abigarrado y cargado de significados y símbolos históricos, luce y sugiere a quien no solo mire con ojos de viajero accidental o de búsqueda artística sino también de reflexión sobre el pasado histórico. Que perciba e imagine el eco de un ámbito donde el poder religioso y el poder del estado confluían y se deje de alguna manera embargar por él.

Se ha hablado una y mil veces sobre la célebre discusión denominada La controversia de Valladolid, una verdadera batalla dialéctica que tuvo lugar entre los muros de este Colegio en 1550/1551, y que enfrentó dos conceptos o modos de entender la llamada Conquista de América. Su personificación tuvo lugar entre el dominico Fray Bartolomé de las Casas y el sacerdote Juan Ginés de Sepúlveda, erigiéndose el primero en defensor de los derechos de los indios nativos y defendiendo el segundo el derecho del nuevo Estado a hacer valer su dominio al otro lado del océano, partiendo de la idea que tenían muchos de que los indios no seguían la ley considerada natural por los cristianos y por lo tanto no eran susceptibles de ser respetados como estos. Mejor dejemos hablar a Jiménez Lozano de nuevo:
"En la portada del Colegio vemos a un lado y otro figuras humanas revestidas de escamas: son los americanos, como decía D'Ors. Esto es, los pobladores de las Indias tal y como ya advertimos que los aristotélicos se los imaginaban, porque el Estagirita había dado precisamente estas señales por las que conocer a los bárbaros que debían ser siervos por naturaleza: que esta 'les dio cuerpos robustos y gruesos y feos, y los miembros desproporcionados para los trabajos', escribe el propio Las Casas, cediendo a Aristóteles, pero negando, sin embargo, que esa sea la figura de los indios y, afirmando que, en cualquier caso, incluso en el de estos bárbaros descritos por el griego, 'todas las naciones del mundo son hombres' y que los hombres 'todos tienen entendimiento y voluntad, todos tienen cinco sentidos exteriores y sus cuatro interiores, y se mueven por los objetos dellos; todos se huelgan en el bien y sienten placer con lo sabroso y alegre, todos desechan y aborrecen el mal, y se alteran con lo desabrido y que les hace daño'".

"En estas palabras y en aquellas figuras con escamas está en realidad el trasfondo de la polémica, que se centró en 'si es lícito a su Magestad hacer fuerza a aquellos indios, antes que se les predique la fe, para sujetarlos a su imperio, y que, después de sujetados, puedan más fácil y cómodamente ser enseñados y alumbrados, por la doctrina evangélica, del conocimiento de sus errores y de la verdad cristiana'. 'El doctor Sepúlveda -nos dice Fray Domingo de Soto- sustenta la parte afirmativa, afirmando que tal guerra no solamente es lícita mas expediente. El señor obispo (Las Casas) defiende la negativa, diciendo: que no solamente no es expediente, mas no es lícita, sino inicua y contraria a nuestra cristiana religión'. Sepúlveda, apoyado por Aristóteles, insistió en que los indios eran bárbaros y gente grosera; Las Casas negó el derecho de atacar a los bárbaros que no atacan, y mostró su temor a que, si se les hacía la guerra, por miedo 'reciban la fe'. Sepúlveda invocaba la violencia del Viejo Testamento; Las Casas acudía a la dulzura evangélica y, dudando con harta razón de la demasiado simple hermenéutica bíblica de Sepúlveda, replicaba que 'en lo que se refiere a los castigos de que nos habla la ley vieja, admirémoslos como secretos divinos, pero no los imitemos'".

El fallecido filósofo y sociólogo Francisco Fernández Buey, que dio clase en la Universidad de Valladolid antes de trasladarse a Barcelona, en su libro La barbarie, de ellos y de los nuestros, estudió con mayor contundencia de especialista aquella controversia. Recoge una expresión pasional de Bartolomé de las Casas para interpretarla:
"Mandemos a paseo en esto a Aristóteles -dijo Las Casas-, pues de Cristo, que es verdad eterna, tenemos el siguiente mandato: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo,22). El exabrupto es seguramente reflejo de la pasión moral del cristiano consecuente que sabe que está combatiendo una doble batalla; contra el aristotelismo y contra una parte de los suyos. Una doble batalla que lleva a Las Casas a poner el dedo en la verdadera llaga en esta discusión: el uso ideológico, históricamente determinado de la filosofía aristotélica, y en particular de la concepción esclavista de Aristóteles, para justificar un nuevo tipo de servidumbre en circunstancias completamente insólitas para todo aristotelismo. Una interesante muestra de esta pasión moral la encontramos en el paso que sigue (en la Apología que escribió para la controversia de Valladolid) ese drástico mandar a paseo a Aristóteles en nombre de la doctrina de Cristo y de Pablo.
Las Casas: Quien desea tener muchos súbditos para (siguiendo la dotrina de Aristóteles) -comportarse con ellos como cruel carnicero, y oprimirlos con esclavitud y así enriquecerse, es un tirano, no un cristiano; un hijo de Satanás, no un hijo de Dios; un bandolero, no un pastor; está inspirado por el espíritu diabólico, no por el espíritu celestial".
Un tema interesante y apasionante el de la Controversia de Valladolid que si aludo aquí es por su vinculación al Colegio de San Gregorio y a la importancia que tuvo este en en el espacio de poder e influencia de su época. Como remate vuelvo a traer un comentario de Jiménez Lozano en el libro mencionado antes: "Todavía cuatrocientos años después de aquella memorable batalla dialéctica, la pobre humanidad está muy lejos aún de mostrarse tan racional y humana como quería Las Casas, y los asertos de este no son aún evidencia en todas partes y mucho menos lo son en la praxis diaria de los gobiernos y entre los pueblos. De manera que aquella voz todavía debe ser escuchada en esta cassa, a la vez que nos dejamos seducir por el encanto de estas piedras y de lo que guardan".
Disfrútese de la galería de imágenes del paseante, que tiempo y ocasión habrá más adelante para retornar a un espacio tan emblemático como este de nuestra ciudad.





Qué completa documentación y qué magníficas fotografías.
ResponderEliminarUn preciosismo en la piedra “casi”no, es como de orfebrería.
Artesonados hermosos en techo y escalera.
Cuando obras como este patio del Colegio de San Gregorio, alcanzan esa armonía, ese equilibrio y esa belleza, tengo suerte de poderlas contemplar en “este” mundo.
Muchas gracias Fackel.
Hay tantas cosas -obras- hermosas en este mundo que no sería ni de inteligentes ni de agradecidos ignorarlas y disfrutarlas. Y como mucho ha desaparecido démonos por contentos de estas herencias que han llegado a nuestros días.
EliminarHay todo un cosmos de poder, o de poderes, en un edificio tan suntuoso como bien construido. No es fácil imaginar los espacios y ocupaciones que tuvieron en su tiempo, pero al menos se ha conservado, con todas las adaptaciones al uso museístico que tiene hoy día. Pocas palabras y mucha contemplación de esta obra grandiosa.
ResponderEliminarMaría Antonia.
Naturalmente que hay todo un cosmos, una cosmovisión desde muy arriba pero que si intenta interpretar conoceremos mejor la Historia. En todo esto hay una parte de información que nos ha llegado y otra parte que tenemos que poner nosotros para imaginar un tiempo, unas relaciones de poder y de vida, un sentido de las obras que se erigieron entonces. Y pocas palabras y mucho disfrute estético ante un patio así.
EliminarHola, paseante.
ResponderEliminarQué bonito es el Colegio de San Gregorio. Las fotografías son preciosas.
Poder religioso y poder de Estado...
Espero que tengas un buen fin de semana.
Te invito también a pasear por mi blog (me dicen que no salen las actualizaciones)
Un saludo.
No se puede, ni se debe, mirar un monumento del pasado por encima ni de pasada, sino tratando de ver una época y un uso, unas intenciones, en fin, y respetar sus significados, independientemente de los cambios en ideas que haya habido. Este es un edificio señero en Valladolid, y no el único. Gracias, pasaré por tu blog.
EliminarY yo que recuerdo, esa puerta, en el libro de Historia del Arte, asignatura del bachillerato de los cincuenta.
ResponderEliminarEl poder religioso y político ha dado lugar a cosas hermosas como ese edificio, descubrimientos, pero también guerras y desastres.
Saludos
Era una de las imágenes representativas de monumentos, según épocas y estilos, en los libros de arte o historia de otros tiempos. Este tipo de obras solo puede ser llevado a cabo por entes o agrupaciones de poder. De ahí que desde la Antigüedad sean los restos de edificios digamos nobles los que hayan llegado hasta nuestros días, más o menos enteros o demediados.
EliminarEs uno de esos monumentos a los que llevo a ver a mis amistades o familiares de visita en la ciudad.
ResponderEliminarCarmelo. Saludos.
Es algo que hemos hecho o recomendado muchos, pero hay más lugares a recomendar. Saludos.
EliminarUna vez me llevaron con el colegio, tendría qure volver. Marisol
ResponderEliminarSeguro entonces que te está esperando.
EliminarTotalmente desconocido para mi.
ResponderEliminarMe gusta su dispocisión, aunque soy poco amante de lo bárroco, lo churrigueresco y lo isabelino.
Todo lo recargado me apabulla.
Por otro lado, para el filósofo griego, la sociedad se organizaba en polis (ciudades-estado) y la esclavitud era una realidad económica y social normalizada en todo el Mediterráneo.
Cuando él habla de "esclavos por naturaleza", se refiere a personas que, según su visión de la época, (1900 años antes), carecían de la capacidad deliberativa o de la razón suficiente para gobernarse a sí mismas.
No era un juicio moral basado en la crueldad, sino su intento de explicar racionalmente cómo funcionaba el mundo que le rodeaba.
He sacado este tema que, aunque esté fuera de contexto, se magnifica en la obra arquitectónica que nos acabas de enseñar.
Gracias.
Es una gran obra y no hay que hacer ascos de ningún estilo artístico del pasado. Todos representan ideas, tuvieron usos y proyectaron sueños de las gentes -de todas clases- de otros tiempos.
EliminarBueno. Estamos, simplemente, ante uno de mis lugares predilectos de Valladolid...
ResponderEliminarUn saludo, amigo
Además es que simplemente se trata de dar un paseo por su interior. A estas alturas no se trata de hacer un recorrido total, sino de visitar espacios concretos del edificio y museo. Me alegra hoy tu opinión. Saludo.
EliminarPaseante:
ResponderEliminar¡una verdadera maravilla el patio! Tuve ocasión de recorrerlo y admirarlo durante mi primera (y ojalá no sea la última) visita a Valladolid.
Los fragmentos que aportas sobre la "Controversia" también son muy interesantes. ¡Por desgracia siempre hay una cultura, o dirigente, o imperio que intenta imponerse! ¡Siempre habrá alguna "autoridad" en la que basarse para justificarlo todo. Es bueno saber que siempre ha habido voces discrepantes que han intentado que imperara la cordura.
Gracias y salu2.
Todo edificio histórico tiene su continente y contenido, y con larga trayectoria. Con sus avatares correspondientes. Este podemos disfrutarlo todavía. Y recordar.
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