No es la primera vez que traigo al blog el jardín de Santa Cruz. En otra ocasión lo hice en invierno. Nada que ver con la exuberancia que muestra estos días. Se trata de un jardín recóndito y a la vez abierto. Escasa por no decir nulamente frecuentado, aunque hay una vista limitada desde la calle Cardenal Mendoza. La primavera ya avanzada, y a tenor del clima actual podría decirse que veraniega, ha proporcionado un florecimiento del arbolado y de las plantas sumamente fecundo y luminoso. El jardín comunica el edificio renacentista del Colegio de Santa Cruz con lo que fue Hospedería de antiguos colegiales y después Colegio Mayor universitario.
El conjunto de árboles congrega ciprés, olmo, plátano, cedro. Está catalogado como arboleda singular en el Catálogo de árboles y arboledas de la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid. El estanque con nenúfares y peces realza este pequeño parque y fija la atención del visitante. No es frecuente encontrar nenúfares por estos pagos. El trazado rectangular del jardín se orienta en las direcciones de ambos edificios. Por el ala que da a la calle se extiende una magnífica zona umbrosa con bancos al final de la cual hay un busto de Claudio Moyano, que fue diputado en el Congreso a mediados del siglo XIX y pasó a la Historia como autor de una Ley de Instrucción Pública, la denominada Ley Moyano. También fue alcalde Valladolid por un período corto y tiene una calle con su nombre en pleno centro urbano.
Hay otro lateral, con menor densidad de arbolado donde figura la trasplantada fachada barroca del Colegio de San Ambrosio, una institución jesuítica cuyo edificio, que pasó por diferentes usos y avatares, desapareció. Una fachada tardía, pues se terminó en su emplazamiento original a finales del siglo XVIII, y recuerda mucho a la fachada del Monasterio del Prado, hoy consejería de Educación y Cultura, frente al Puente Colgante. En este espacio al menos sobrevive desde 1940 y da realce al jardín. Por cierto, la adaptación a jardín debe provenir de tiempos muy modernos. Hay fotos antiguas en que los edificios del Colegio de Santa Cruz y de la Hospedería estaban separados y el lugar era accesible como espacio público. Y en el plano de Bentura Seco de 1738 ni siquiera parece haber rastro de huerta.
Bienvenidos sean todos los jardines. Los de calles y plazas, accesibles para el vecindario. Los pertenecientes a entidades públicas o privadas. Los transitados con frecuencia y los menos utilizados en la parada del deambular cotidiano. Los que tienen un empaque soberbio y bien trazado y aquellos otros más humildes que pugnan por mantener un arbolado o una floresta no menos necesarios. Los que imponen una armonía más próxima a la naturaleza entre los edificios y los asfaltados. El antropólogo Santiago Beruete nos dice algo sobre los jardines a través de su libro Jardinosofía. Una historia filosófica de los jardines:
"¿Por qué los seres humanos han sentido a lo largo de la historia la necesidad de construir jardines? Hay muchas posibles repuestas a esta pregunta, pero la más sencilla es que creamos jardines porque nos proporcionan bienestar. El hecho de que los seres humanos se empeñen en convertir un trozo de tierra en un edén evidencia su necesidad de paz, serenidad y equilibrio, sometidos como están a la permanente contradicción entre su destino mortal y su vocación de permanencia, entre su deseo de orden y su temor al caos, entre el poder de su razón y el desorden de sus instintos. Ese es su propósito, su razón de ser: aunar arte y naturaleza creando belleza, lo cual es promesa de felicidad. Del mismo modo que la eudaimonía (bienestar) era, para Aristóteles, los estoicos y otras escuelas filosóficas, indisociable de la práctica de la areté (virtud), el ejercicio de la jardinería requiere paciencia, perseverancia, humildad, esperanza y un amplio repertorio de virtudes específicas. Un jardín exige constancia por más que esté siempre cambiando".
















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Tienes toda la razón en cuanto a la necesidad de jardines. La alcaldesa anterior de Barcelona, lo entendió e hizo peatonal y ajardino varias calles y plazas, quitando la circulación rodada.
ResponderEliminarSaludos
Es verdad que no es muy conocido y las pocas veces que me he asomado a él no he encontrado a nadie disfrutando de la quietud, no completa porque tiene una calle al lado que transmite ruidos. Pero un jardín siempre es un jardín.
ResponderEliminarCarmelo