Aprovechando que la tradición cristiana de estas fechas saca a las calles de Valladolid los pasos, esas escenas representando la llamada Pasión de Jesucristo, que proceden del siglo XVII y XVIII mayormente, me ha apetecido fotografiar algunas esculturas de los malos que además son feos que aparecen en estos pasos. Por supuesto, en los pasos también se muestra la víctima u otros personajes solidarios con esta, en las antípodas de la caracterización de aquellos, incluso mostrando la supuesta belleza de la agonía. Y es que para mayor patetismo de las representaciones barrocas, que pretendían ilustrar doctrinalmente a la población, los imagineros locales -los Juan de Juni, Gregorio Fernández, Francisco de Rincón, Andrés Solanes, Pedro de Ávila, Alonso de Rozas, y tantos otros- convirtieron a los personajes de las obras en caracterizaciones acordes con el rol que tenían adjudicado según la versión de los Evangelios. Los creyentes ya se encargaron a través de los siglos de remarcar la maldad de los ejecutores así como sublimar la bondad del reo crucificado.
Esta selección de fotografías es eso, una selección parcial, a voleo, donde incluyo además alguna foto de hace tiempo y de varios pasos, unos fotografiados en el Museo de Escultura y otros en San Andrés. Sé que me dejo muchos otros personajes por el camino y que son también fantásticos, a fuer de proyectar sus rasgos grotescos y exagerados para transmitir la maldad y el odio. Pero basta el ejemplo de unas cuantas figuras para que observemos algunos detalles. Todas visten acorde a las modas y usos del siglo en que los escultores las realizaron, añadiendo probablemente detalles que les hicieran imaginar tiempos bíblicos. Contrastan los rostros de los verdugos -sayones es el término que se les ha adjudicado siempre- con los de los personajes sufrientes -Cristo, María, Juan, María Magdalena, etc.- o incluso con la nobleza de un Cirineo o el buen ladrón. No me cabe duda que los modelos utilizados por los escultores serían sobre personajes del entorno. Sus facciones y contexturas corporales no son de otro mundo, y la representación de la edad de los mismos no estaría nada alejada de la gente de la vecindad.
Los pasos eran, y probablemente aún lo son para muchos, relato. La narración de la Pasión. En los siglos del Barroco español eran el relato visual único junto a lo expuesto en los altares de las iglesias. Es decir, soporte doctrinal para una sociedad que imagino mayormente analfabeta y, por lo tanto, con acceso vedado a la lectura de libros.
Naturalmente las imágenes intentaban llegar al mundo emocional y pasional del individuo, y sin duda lo conseguían, de ahí que en su contemplación cada cual leyera las secuencias del relato y se sintiera afectado por los episodios que se van narrando en cada paso. No me alargo más. Dejo constancia de las imágenes para ser contempladas, porque en su caricaturización y extravagancia todo es fieramente humano, que diría el poeta.





