"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




miércoles, 9 de agosto de 2017

La Casa Mantilla, un edificio-manzana soberbio




La Casa Mantilla se alzó en la frontera entre el Valladolid ancestro y tradicional, delimitado por la calle Santiago, y el Campo Grande y la prolongación hacia la Estación de ferrocarril. Construida en 1891, de la mano del arquitecto Julio Saracíbar, ocupa una manzana completa con un empaque tal que aún sorprende. Era pionera en un nuevo concepto de ciudad moderna y de clase burguesa que a finales del siglo XIX ya existían en otras ciudades y que podía representar el nuevo ensanche del que tan carente había estado siempre la ciudad. De hecho, tras el tirón de este edificio se van a levantar con tal mentalidad muchos más en la abierta calle Miguel Iscar, Gamazo, Muro, Duque de la Victoria, y otras, y cómo no, a lo largo de la Acera de Recoletos, paradigma de esa nueva concepción edificatoria que representaba los intereses y beneficios de una clase pudiente que iba cundiendo en la ciudad.




Para construirse se derribó el antiguo Hospital de la Resurrección, citado en el comienzo de la novela El coloquio de los perros, de Miguel de Cervantes: "Novela y coloquio que pasó entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resurrección, que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, a quien comúnmente llaman los perros de Mahudes". ¿Qué hubieran dicho aquellos perros que lo captaban todo, que de cuanto acontecía entre sus amos y otros paisanos lo analizaban cuando no sacaban punta, del nuevo templo de la habitabilidad levantado sobre la ruina de los años acabados?

La Casa Mantilla da a cuatro calles y a una plaza. La Acera de Recoletos, la calle Mantilla, Marina Escobar, Miguel Íscar y la Plaza de Zorrilla. Así que quien quiera recrear aquella época dorada de la ciudad y reconocerse en una arquitectura pujante no tiene más que recorrer el perímetro de un edificio cuyo estilo fue denominado en su tiempo como neogriego. Uno de los elementos que más asombran al paseante son las amplias galerías y ventanales que emergen a la calle Mantilla.  







En la Guía de Arquitectura de Valladolid, coordinada por Juan Carlos Arnuncio Pastor, leemos:

"La obra del arquitecto Julio Saracíbar, que intervino activamente en algunos proyectos vinculados a esta zona del ensanche, consiguió con la Casa Mantilla simbolizar en forma urbana los deseos de modernización que se fomentaban desde la ascendente burguesía harinera. No es de extrañar que en 1911 el cronista García-Valladolid se detuviera, con cierta ingenuidad, en describir aquellos aspectos del nuevo edificio que más sintonizan con cuestiones tanto técnicas como de confortabilidad e higiene: orientación y ventilación del bloque, ascensor hidráulico, electricidad e iluminación interior, etc. No menos ponderada resultó la moderna distribución en planta sometida a la prevista división en cinco portales, así como sus interiores, caracterizados estilísticamente en función de los gustos y libertad estilística de la época. Debe subrayarse que el extraño patio interior abierto a la calle Mantilla está justificado en la medida en que tal calle pretendía ser un paso interior privado al que pertenecía tanto un pequeño jardín como una capilla en planta de cruz griega".

¿No recuerda esta última información a los innumerables pasajes existentes en Barcelona por diversas calles del Eixample? 





El chaflán del edificio, dando a las calles Mantilla y Marina Escobar, no hace perder un ápice la rotundidad y armonía, teniendo en cuenta que la visión y perspectiva es desde este ángulo más reducida que en la Plaza de Zorrilla. 





La ornamentación cubría originariamente toda la fachada, pero los avatares del tiempo hicieron desaparecer muchos de ellos. No obstante aún se pueden admirar frontones, cabezas de león, mujeres atlantes reposando y elementos vegetales. El monumental edificio ha sufrido mucho a lo largo del siglo XX, de ahí que esta información de la citada Guía de Arquitectura sea útil para nuestra comprensión:

"Diversas reformas, groseros ataques publicitarios, desidia de parte de los propietarios y escasa calidad de los materiales hacen que hoy día contemplemos un edificio algo distinto al construido por Julio Saracíbar o del que todavía podía contemplarse en los años cuarenta del siglo XX. En efecto, muchos elementos ornamentales, entre ellos las columnas adosadas de los cuerpos de esquina o las figuras de las ventanas fueron radicalmente eliminados. Sin embargo, el edificio conserva la serenidad y dignidad que le dotan de una poderosa imagen formal".

Lo que el paseante ha pensado muchas veces. Que la arquitectura histórica y el urbanismo tradicional sufrieron las acometidas descaradas de los tiempos y negocios fáciles de la recuperación española de la segunda mitad del siglo pasado. Pero la Casa Mantilla hoy aún bien vale un recorrido exterior general y una contemplación pausada.







4 comentarios:

  1. Muy europeo, podría estar en Grenoble o en Ginebra, el estilo habla de solvencia económica y gusto por la cultura, sin ostentación. Adivino un bonito barrio.

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    1. Hay edificios que suelen estar en línea con los tiempos de las grandes ciudades europeas, sin duda. No vas descaminada respecto al modelo que debía tener el arquitecto en su mente. Es pleno centro urbano.

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  2. Si. Tiene aire señorial, como de la Diagonal hacia arriba.
    No está nada mal.
    Salut

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    1. Muy representativo del crecimiento de la burguesía industrial del XIX y principios del XX, pero insuficiente. La burguesía de aquí no tenía tanta proyección como la catalana o al menos no era tan numerosa. Y las propiedades de manos muertas seguían existiendo por parte de otros sectores tradicionales escasamente inversores y nada modernos.

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