"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




viernes, 12 de mayo de 2017

La India en Valladolid




Al fondo, tras la celosía de forja, apacible y concentrado en su escritura, el escritor indio Rabindranath Tagore nos recibe y nos ignora. Es el atrio de la Casa de la India, ubicada en la calle Puente Colgante. El viejo chalé de principios del siglo XX, que había permanecido durante décadas abandonado y a punto de ruina, fue recuperado a partir de 2003, por un acuerdo firmado entre la Embajada de la República de India, el Ayuntamiento de la ciudad y la Universidad de Valladolid con el objetivo de fomentar una obra cultural que vinculase al país asiático con la cultura occidental. 

La casa había pertenecido desde 1915 a una familia vallisoletana, apellidada Aragón, en una zona que en aquel tiempo estaba muy a extrarradio de la ciudad. Huertas y jardines no le faltarían pues a poca imaginación que echemos aquel paraje tenía que ser una gloria durante décadas, aunque permaneciera próximo el ferrocarril, el Arco de Ladrillo y la Fábrica de Harinas La Rosa, que aún se encuentra enfrente y que esperemos que cuando deje de cumplir su función siga ahí como una huella de historia y arqueología industrial, seña de identidad de una actividad harinera por excelencia que jugó en el pasado nuestra ciudad.

El proyecto de recuperación del edificio corrió a cargo de los arquitectos  Eduardo Carazo Lefort, Paloma Gil Giménez,  Julio Grijalba Bengoetxea,  Alberto Grijalba Bengoetxea y Victor J. Ruiz Méndez. Como el jardín interior está con obras, no me he inmiscuido ni he osado entrar a ver el resto. Tiempo y oportunidad habrá para que pueda mostrarlo desde este mismo blog.



















La postura del Tagore estatua que nos encontramos en el zaguán exterior de la casa me hace recordar un cuento suyo,  El oficio de autor. Lo transcribo.


"Me dices que papá escribe muchos libros, pero no entiendo nada de lo que escribe.

Se pasó toda la noche leyendo para ti, ¿pero has podido descubrir realmente el significado de todo aquello? ¡Tú sí, madre; tú sí que sabes contar bonitas historias! No entiendo por qué papá no puede escribir cuentos como los tuyos.

¿Es que su madre nunca le contó historias de gigantes, hadas y princesas? ¿O tal vez las ha olvidado?

A menudo se retrasa para ir a su baño, y tienes que llamarlo cien veces.

Tú lo esperas, le conservas los platos calientes, pero él sigue escribiendo y lo olvida todo.

Papá sólo sabe jugar a escribir libros.

Si alguna vez me voy a jugar en el cuarto de papá, vienes en seguida a buscarme y dices que soy malo.

Si hago un poco de ruido, me riñes: ‘¿No ves que papá está trabajando?’ ¿Por qué le gustará tanto escribir, escribir siempre?

Cuando cojo la pluma o el lápiz de papá y escribo en su cuaderno a b c d e f g h i... exactamente como él, ¿por qué te enfadas conmigo, madre? Pero nunca protestas cuando es papá quien escribe.

Ni te importa que papá malgaste tanto papel. 

Pero si yo cojo una sola hoja para hacerme un barco, me gritas en seguida: ‘¡Hijo mío, qué pesado eres!’ ¿Por qué no riñes a papá, que estropea hojas y más hojas, llenándolas de letras negras por los dos lados? "

(Tomado de Ciudad Seva, página de Luis López Nieves)







4 comentarios:

  1. Una magnífica idea. Respecto al cuento y a costa de un posible stress, tan de moda, infantil. Habría que sopesar si al irreal romanticismo de la infancia le convendría el contrapeso de la cruda realidad: que la energía para seguir vivo (léase moneda de cambio, cual sea) es decir los medios, no crecen en los árboles. Esta certeza solo es patrimonio de los hijos observadores de los pobres. El resto suele tardar más. Ya se sabe que de abuelos ahorradores, hijos dilapidadores y nietos pobres. Salvo excepciones suele funcionar. Admirables excepciones !!

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    1. Reconozco que Tagore no es un escritor que yo haya leído sino escasamente. No tengo criterio al respecto. Ese cuento me parecía que hacía juego con la actitud escritora del gran torso que hay a la entrada de la Casa de la India. Todo sugiere, por lo que veo, y más a tu magín desbordante.

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  2. Prometo entrar la próxima vez que visite Valladolid. Palabra. es una cuestión que ahora tengo pendiente.
    Salut

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    1. Eso está muy bien. Temo sublimar la ciudad, pero mi intención simplemente es hacerme eco de aquello que incluso los medios de propaganda turística no suelen hacerse. Hay tesoros de todos los tamaños y no todos hay que valorarlos solo por la edad o la función. Con ver que algunas edificaciones y espacios no se han perdido, tras la masacre urbanística de los años 50 a 80 largos del siglo XX, ya me conformo.

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