"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




miércoles, 24 de mayo de 2017

El Pasaje Gutiérrez, al alza




Ya tenía ganas el paseante de ver cómo cada vez con más frecuencia  visitantes de paso se detienen en el Pasaje Gutiérrez. ¿Son las visitas guiadas las que le conducen a él? ¿Qué les contará la cicerone? ¿Les explicará que la arquitectura civil es tan interesante o más que la tradicional religiosa y, por supuesto, más representativa del espectro social y económico de la ciudad que quería modernizarse, incluso al uso de las modas europeas?

A poco que se observe  el paseante puede distinguir a la manada que es llevada amablemente al paseo tranquilo del viajero solitario que descubre casi por casualidad los lugares de la ciudad. El Pasaje ha sido uno de esos espacios tan céntricos como desconocidos incluso para los mismos vallisoletanos. Ha estado fuera de las visitas turísticas o simplemente culturales durante demasiado tiempo. Se ve que ahora pita algo más y aunque todavía falta cierto comercio más dinámico y más ocupación de locales lo que hay es admirable, por su apuesta arriesgada y su capacidad de resistencia. ¿Tiene la culpa el mismo pasaje de no haber sido suficientemente comercial? Es verdad que las modas y pautas de comportamiento de los compradores han cambiado desde su inauguración lejana. Que la capacidad adquisitiva del vallisoletano tampoco fue elevada. Y cuando lo fue ha sido dirigida hacia centros nuevos y comercios más llamativos al paso peatonal. Que ha habido demasiado abandono y tristeza en el ámbito del Pasaje Gutiérrez no cabe duda, pero todo pinta a que las cosas ya no son así. ¿Deseos del vallisoletano de a pie que toma a propósito la vía interior que lleva de una calle a otra por el simple placer de disfrutar de un marco diferente, ajeno a la vorágine del tráfico? 




Difícil no valorar la opinión del filósofo Walter Benjamin: "Los pasajes son casas o corredores que no tienen ningún lado exterior, igual que los sueños".  ¿Será porque el lado exterior y el interior se funden en una dimensión diferente y, en efecto, comos los sueños?  Entusiasmado por las calles, los paseos y los pasajes Walter Benjamin escribió con su carácter metafórico preciso: "Se señalaban, en la antigua Grecia, sitios que bajaban al submundo. También nuestro existir de la vigilia viene a ser una tierra donde, por huecos casi imperceptibles, se puede descender a ese submundo, donde se abren espacios por los cuales desembocan los sueños. Pasamos ante ellos diariamente sin sospechar siquiera su existencia mas, al llegar el sueño, en seguida tratamos de atraparlos dando apresurados manotazos, hasta que finalmente nos perdemos entre sus oscuros corredores. El laberinto de casas que conforma la red de las ciudades equivaldría a la conciencia diurna; los pasajes (que son las galerías que llevan a su existencia en el pasado) desembocan de día, inadvertidamente, en esas calles. Pero después, al llegar la noche, bajo las ciegas masas de las casas de nuevo surge la espesa oscuridad". 

Desde el balconcillo el niño y la niña, que parecen de purpurina, sostienen sin tregua el reloj de unas horas que se desean, oh paradoja, intemporales, como ellos.





Por el bien del pasaje, de los comerciantes que han apostado por situarse en él con sus mercancías y por la ciudad misma que tiene en el Pasaje Gutiérrez un tesoro, los que pasamos con frecuencia deseamos que tenga vida fructífera. El visitante dirigido en masa ve un espacio del siglo XIX que no disponen en todas las ciudades. Solo hace falta que bien el visitante o el indígena sean los que se interesen por cuanto se ofrece en él.  Me parece que el lugar hay que mimarlo y evitar que volviera a caer en la incuria pasada.    









6 comentarios:

  1. Su concepto pasaje me ha recordado los espacios subterraneos de Montreal. Tan necesarios para el comercio en tiempos fríos, que son demasiados.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. NO sé cómo es el de Montreal, pero ya sabes que fue una moda urbanística y comercial en Europa en el siglo XIX. Por supuesto el de aquí no puede competir con los más conocidos y grandiosos, pero tiene su mérito, aunque luego se pueden comentar y criticar los materiales empleados, las soluciones arquitectónicas, etc.

      Eliminar
    2. El canadiense simplemente utilitario.

      Eliminar
    3. También el castellano lo ha sido desde el pasado. Piensa en los soportales corridos y en muchos casos esbeltos que hay en numerosas poblaciones castellanas o gallegas o de otras partes, para protegerse de fríos y calores los hombres y exhibir las mercaderías con mayor seguridad los comerciantes.

      Eliminar
  2. Qué hermosa galería, a mí me recuerda a una muy parecida en Viena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El modelo de los pasajes decimonónicos era análogo, luego otra cosa es que el empaque, la calidad y el flujo comercial y burgués sean superiores en grandes capitales europeas. Pero es lo que dice Benjamin. Desde fuera no se sabe de la existencia del pasaje. Hasta que te colocas ante una de las dos grandes entradas y ves el pasillo y su decoración. Es un edificio sin exterior.

      Eliminar