"Soy el paseante. El paseante que se parece a las cuatro estaciones"
Vicente Huidobro, del poema Tout-à-coup.




domingo, 4 de septiembre de 2016

Cuando los árboles definen y salvan una plaza



¿No es obvio que lo que da entidad a esta pequeña plaza son los árboles? En realidad el espacio es la convergencia entre dos calles, Teresa Gil y San Felipe Neri. Es algo así como la confluencia de dos ríos de cierta intensidad, de los que de uno de ellos aún queda un tramo -Teresa Gil-  que acaba en breve desembocando en la Plaza de Fuente Dorada. La urbanización de esta plaza que es tal de hecho pero no de derecho, pues que yo sepa no tiene nombre, es de nueva factura y aún viene marcada por tres edificios ya históricos como la iglesia, la  Residencia Reyes Católicos y el Colegio Notarial, que salvan en gran medida el espacio. En contrapartida, hay algunos edificios de altura desproporcionada, levantados en las décadas salvajes del urbanismo vallisoletano, que han maltratado ambas calles y las han hecho perder el carácter histórico que secularmente habían tenido. 





La forma triangular que adquiere la plaza y la caída de la calle Teresa Gil hacia Fuente Dorada decidieron resolverla con un descenso en escalones que absorbe la ubicación de un quiosco rompedor estéticamente pero que en absoluto daña el paisaje. Es entre la parte trasera del quiosco y el antiguo Colegio Mayor donde se dispusieron unos bancos a la sombra de la fronda, confiriendo así un espacio de parada para el transeúnte. 

Lo dicho. Sin esos árboles el lugar no tendría alma. Lo han salvado y transformado. Para los viandantes es una sorpresa, un oasis. Son los árboles los que animan la intersección y abren el espacio que edificios modernos habían achicado. Es como si nos enviaran un mensaje: el paisaje horizontal quedó ahogado pero nosotros le damos vuelo con nuestras verticales. Y a fe que a los ojos del paseante lo consiguen. 










2 comentarios:

  1. Recurro al pensamiento de Ildefonso Cerdà, el ingeniero de caminos que diseñó la magnífica cuadrícula del Eixample de Barcelona, este utópico y bien intencionado urbanista decía: urbanizar el campo y ruralizar la ciudad. Comparto esta idea.
    Creo que los árboles además de llevar la naturaleza al entorno urbano sirven para dimensionar y definir la trama de la ciudad. Hay que ser riguroso en la elección del arbolado, la frondosidad debe estar proporcionada, a una trama menuda corresponderán árboles bajos y de ramaje ralo, cuando la dimensión de los edificios es superior a planta baja más cinco o seis plantas superiores habrá que recurrir a ejemplares de tronco alto y ramaje espeso, si puede ser que el conjunto de copas forme una especie de bóveda que no supere los 25 m de altura. En estos casos puede ser recomendable el almez o algún tipo de acacia. Para calles estrechas es recomendable el árbol del amor, cuando la calle es ancha van bien los tilos y algún sauce. Creo que hay que descartar las moreras y las jacaradás pues sueltan su fruto y ensucian el pavimento, en mi opinión los pinos no son demasiado recomendables pues sus raíces estropean los pavimentos.
    Saludos
    Francesc Cornadó

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    1. Buenos días. Agradezco todas y cada una de tus aclaraciones. Como solamente soy un diletante, alguien a quien le gusta mirar, observar y disfrutar de mi ciudad y, obviamente, de todas las ciudades, me vienen muy bien cuantas aclaraciones y correcciones se me puedan hacer en los textos. Pretendo más con las fotografías, que son como mensajeras de mis ojos, que con los textos, supongo que siempre insuficientes y limitados.

      Supongo que el bienintencinado y fastuoso Cerdà no podía sospechar que la urbanización del campo que ha tenido lugar de los 60 para acá iba a causar estragos en el paisajes. Él lo diría con sana voluntad.

      Saludos cordiales.

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