Hoy este paseante no se ha paseado por las calles o los edificios representativos de la ciudad. Lo ha hecho por el Montreal Museum of Fine Arts y por la Frick Collection. Cuando uno se da una vuelta, física o virtual, por uno de los grandes museos que hay por el mundo, se da cuenta de la enorme cantidad de obras de arte de las que muchos países se han visto privados. Simplemente por el procedimiento de la enajenación, el expolio, el botín o la compra fraudulenta. Tristemente célebre es el caso de la reja del coro de la catedral de Valladolid, vendida por el Cabildo en 1929 al magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst a través del agente depredador Arthur Byne. Por cierto, ¿no emula a este personaje Orson Welles en su filme Ciudadano Kane? Una reja cuya compra se pactó a 1,15 pesetas por kilogramo, haciendo un total de 500 pesetas toda ella. Hoy la reja se encuentra instalada en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

Menos sabido es el caso de dos Grecos que también pertenecieron a la catedral de Valladolid y ahora se encuentran en el museo de Montreal y en la Frick. Las obras de arte de países donde han estado abandonadas o simplemente desprotegidas por la ley, y a veces a merced de instituciones que en lugar de preservarlas han buscado beneficios económicos puntuales, han sido objeto de persecución por parte de buscadores de tesoros, anticuarios o marchantes, con escasos o nulos escrúpulos. Si propietarios despreocupados han cedido a sus propuestas la pérdida de las obras estaba asegurada y el beneficio del rico de turno que las comprara a través de esa clase de agentes por precios irrisorios constituía todo un éxito. Así que no es de extrañar que grandes museos públicos, de fundaciones privadas o casas particulares estén constituidos por fondos procedentes de todo el globo.

Gracias al brillante y amplio estudio de la investigadora María José Martínez Ruiz he conocido detalles de la aventura de los dos Grecos que volaron a Canadá y Estados Unidos a primeros del siglo XX. Por una parte el retrato de un caballero de la casa de Leiva, hoy en el Montreal Museum of Fine Arts, fechado entre 1580 y 1586. Por otra el San Jerónimo, sito ahora en la Frick Collection de Nueva York, que se estima de entre 1590 y 1600. Este trabajo, publicado por la Junta de Castilla y León en 2008, relata cómo en 1904 algunos anticuarios propusieron al cabildo catedralicio comprar varios objetos antiguos. No pasaron desapercibidos dos cuadros de El Greco que rápidamente fueron vendidos por 25.000 pesetas. Sí, hubo polémica y protestas de algunos entes culturales, la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción y la Academia de San Fernando, por ejemplo. Del escándalo se hizo eco la prensa local y también un ciudadano particular, Joaquín Álvarez Taladriz. La excusa de la venta era obtener fondos para pagar un órgano nuevo. Algo que recuerda aquel dicho antiguo de desvestir a un santo para vestir a otro. Es curioso cómo el arzobispo de entonces, José María Cos, acaso adoctrinado por una vieja práctica, negó la venta.
Escribe la profesora Martínez Ruiz:
"(...) Joaquín Álvarez Taladriz rebatió las palabras del arzobispo. El abogado y coleccionista hizo valer su conocimiento del ambiente de anticuarios, donde circulaban los rumores sobre la venta. Habían sido varias las ofertas barajadas; Chicote, anticuario de Valladolid, llegó a ofrecer '3.000 duros' por las obras. Pero en ese momento la operación ya había sido saldada por el comerciante extranjero Emile Parés, que según sus afirmaciones tenía entregadas 5.000 ptas. del total de las 25.000 firmadas con el cabildo".

¿Cómo podía ser posible que siendo conscientes las autoridades estatales o las instituciones culturales citadas o una opinión pública irritada, del valor artístico de los Grecos no se impidiera la venta y salida de dos obras magistrales? Para muchos la venta era ilegal, pero..."este capítulo era harto resbaladizo para la legislación del momento. La Iglesia podía disponer de los bienes que figuraban bajo su propiedad y responder de los mismos solo ante la autoridad pontificia, y de acuerdo al Código Canónico en vigor. Sí, podía informar a las autoridades civiles, pero estas estaban no poco limitadas cuando se trataba de un bien propiedad de aquella", indica la autora del libro.
Al final con lo que topaban entonces los detractores de la venta eclesiástica era con una legislación insuficiente y probablemente con muchos agujeros por donde las riquezas artística del país iban saliendo a destinos externos. Y eso que, no obstante, algunos tenían cierta conciencia o una clarividencia más de Estado de que los tesoros artísticos podían ser una fuente de valor económico también para el erario público. Paradójicamente esos ingresos públicos, y privados, se lo han llevado enteros durante décadas los Estados más desarrollados de Europa y América.

Me queda la duda o, mejor dicho, el desconocimiento sobre en qué espacio de la catedral se encontrarían instaladas estas obras del pintor cretense. No las imagino tanto en el espacio considerado para el culto como en alguna capilla menos visible o en la sacristía o almacenadas en otra dependencia no accesible más que para el cabildo. Probablemente en un estado no perfecto precisamente, pues la incuria del tiempo y de los hombres no perdona.
Para quien busca consolarse con el mal de muchos hay que recordar que en esa primera década del siglo XX salieron de España nada menos que diecisiete cuadros de El Greco. ¿Cuántas otras obras -pictóricas, escultóricas, arquitectónicas, objetos varios- no viajarían allende nuestros territorios? Basta darse una vuelta por las web de museos internacionales para comprobar la procedencia y variedad de los tesoros que guardan. Por cierto, Castilla y León fueron las regiones más castigadas por la depredación, tanto de los que llegaron de fuera como de los que se prestaron desde dentro a toda clase de enjenaciones y robos.
Para quien tenga interés y desee más información, más allá del resumen de esta entrada de lamento, puede obtenerla en los siguientes enlaces:
Te felicito,por el buen trabajo y bien documentado.No siempre fueron tiempos como los de ahora,de bonanza económica. Las parroquias,los conventos,se vieron necesitados de dinero,en las variadas crisis en nuestro país,obligados a vender lo que sea.
ResponderEliminarAhora es diferente,por ejemplo el Cabildo de Córdoba, con unos ingresos anuales millonarios por visitas,es capaz de asistir a las subastas de Londres y comprar,lo que en su momento desapareció de su patrimonio y mostrarlo.Todo ha cambiado,ahora interesa recuperar y mostrar,para aumentar los ingresos.
Saludos
" Por cierto, Castilla y León fueron las regiones más castigadas por la depredación, tanto de los que llegaron de fuera como de los que se prestaron desde dentro a toda clase de enjenaciones y robos."
ResponderEliminarRealmente triste.