Es uno de esos residuos del pasado que la ciudadanía común ignora o se desinteresa. Cierto que no es requerida la atención del que solo desea mirar escaparates o entrar en bares. A otros nos conmueve, simplemente porque nos habla del pasado con su voz silenciosa. Con su discreta presencia. Aunque el rótulo dice calle no lo es. En todo caso es un callejón. No lleva sino a trasera de otras viviendas o comercios. No hay salida y el acceso solo suele ser utilizado por quien se dirige a viviendas o a otras dependencias particulares. Pero el espacio es público. Su nombre viene de antiguo: Corral de Ricote. Donde nace la calle Pasión.
Nada nos aclara aquel relator de calles que fue, entre otros ejercicios, Juan Agapito y Revilla: "Se la conocía por corral de Ricote y en 1863 se la denominó calle. Se ignora lo de Ricote, que sería apellido de alguna persona que allí habitara algún tiempo, pues no creo pudiera tener relación con la población de Murcia, así denominada". Lo cuenta tan sucintamente en su obra Las calles de Valladolid.
Una placa en el suelo matiza más. Entrada al corral de Ricote y portales de coleteros, dice. Corral, portales, coleteros...Un vocabulario perdido o ya ignoto. Un corral puede hacer referencia en este caso a las casas de vecindad que hubiera ahí en otro tiempo, formando un cuadrilátero o patio. Como portal seguramente se defina al soportal, esa zona cubierta que recorre toda la plaza Mayor y otros espacios próximos con sus columnas de soporte de los edificios. Y coletero...ay, me pilla de nuevas.
Pero indagando indagando uno se entera de que hace referencia al coleto, una prenda que antiguamente, es decir ya allá por el siglo XVI, se colocaban los hombres encima del jubón, que era una prenda más íntima. El coleto no tenía cuello ni mangas y podía caer más abajo de la cintura. El Diccionario de la RAE precisa: Vestidura hecha de piel, por lo común de ante, con mangas o sin ellas, que cubría el cuerpo, ciñéndolo hasta la cintura. No sé si el coletero era solo el que hacía el coleto o el que lo vendía, o si ambas funciones se concentraban en un mismo artesano-comerciante. Puede que hubiera de todo, en función del desarrollo del mercado.
Para los que nos gusta disfrutar la ciudad no solo en su presente sino imaginándola a través de diferentes testigos y huellas del pasado, un corral como el de Ricote nos parece de una dignidad meritoria. Cómo es posible que un espacio tan estructurado pueda hacernos sentir que nos trasladamos a otras épocas con su geometría ajustada, sus vigas de madera, la largura y la estrechez combinadas. Se dirá que no hay arte importante, habrá quien encuentre el espacio descuidado, o quien sospeche que una especie de pasadizo como este no puede aportar seguridad. Supongo que estas objecciones son propias de los tiempos modernos en los que tanta gente no aprecia sino lo que es ostentoso, aunque también se enstusiasma con lo banal, que por otra parte probablemente tampoco lo entienda. El corral es, como los soportales, una invención urbanística y arquitectónica que cumplió y cumple su función y no debe ser menospreciado.
Y mira por dónde hasta en el Quijote sale el término coleto. En una aventura de Don Quijote en Sierra Morena (capítulo XXIII), del personaje que recaba la atención del caballero andante y su socio se dice:
"El cual quedó admirado de lo que al cabrero había oído, y quedó con más deseo de saber quién era el desdichado loco, y propuso en sí lo mesmo que ya tenía pensado: de buscalle por toda la montaña, sin dejar rincón ni cueva en ella que no mirase, hasta hallarle. Pero hízolo mejor la suerte de lo que él pensaba ni esperaba, porque en aquel mesmo instante pareció por entre una quebrada de una sierra, que salía donde ellos estaban, el mancebo que buscaba, el cual venía hablando entre sí cosas que no podían ser entendidas de cerca, cuanto más de lejos. Su traje era cual se ha pintado, sólo que, llegando cerca, vio don Quijote que un coleto hecho pedazos que sobre sí traía era de ámbar; por donde acabó de entender que persona que tales hábitos traía no debía de ser de ínfima calidad".
Máximo García Fernández en su documentado libro Los viejos oficios vallisoletanos escribe:
"Otra de las dedicaciones preferenciales de estos artesanos fue la confección de prendas resistentes de cuero, para resguardo corporal o destinadas a la protección del resto de los ropajes, de los que se servían muchos jornaleros agrícolas, oficiales del hierro, zapateros y otros artesanos y gente común; cuando no, se adornaban ricamente y constituían indumentarias cortesanas. Los Coleteros se dedicaban a dichos menesteres.
Este gremio menor se dedicada a hacer y/o vender coletos: vestiduras hechas en ante y piel de alta calidad, especie de casacas o jubones, con o sin mangas, ajustadas, que servían para cubrir el cuerpo ciñéndolo hasta la cintura.
La asignación diaria de los tres maestros coleteros existentes en el Valladolid de mediados del setecientos alcanzó los cinco reales de vellón. El conjunto de estos artesanos prácticamente formaba una única familia: Bernardo y Julián Pérez eran sus dos miembros más destacados, acaparando la producción.
Los portales de Coleteros eran los soportales que iban de la calle Santiago a la Pasión, en la Plaza Mayor, por ubicarse allí los menestrales dedicados a confeccionar y vender los coletos y jubones, generalmente hechos de ante, ceñidos y terminados en unas faldillas hasta la cintura. En su derredor estaba el callejón del Calceto".
Al quedarme con lo de coleteros me he ido a consultar las Ordenanzas de Valladolid de 1549 -Ordenanzas con que se gobierna la República de Valladolid, se titulan oficialmente- que son una joya de buen control de la autoridad, de protección de lo público, de precisión de normas y leyes, con el objeto de hacer que las actividades fabriles, artesanas, comerciales, de limpieza e higiene o de habitabilidad, que se desarrollaban en la ciudad, fueran de lo más respetadas posible.
Encuentro la Ordenanza L, dedicada a los jubeteros y roperos, y aunque no se cita a los coleteros, me hace pensar que también se les aplicaría a estos. O acaso el término ya estaba en desuso. Uno de sus capítulos indica: "...Otro sí ordenamos é mandamos, que ningun Ropero, Sastre, ni Calcetero, ni Jubetero, que hiciere cosa de nuevo para vender, eche en ella ninguna guarnición de seda vieja sino nueva, cortada para ello de la pieza, porque en esto suele haber muy grandes engaños y fraudes, so pena de perdidas las ropas, ó jubones, ó calzas que de otra manera tuviere guarnecidas, y seiscientos maravedís por cada vez que se le halláre, todo reparrtido en la manera susodicha. E so la misma pena mandamos, que en todas las ropas, é otras cosas que vendieren hechas de nuevo, tengan un escritillo cosido en ellas de la suerte del paño que fueren, porque nadie pueda ser engañado, como de cada dia acaece vender á los que no lo conocen una cosa por otra".
¿No es preciosa y precisa la descripción de la Ordenanza cincuenta? Ese tengan un escritillo cosido en ellas de la suerte del paño que fueren me parece de una escrupulosidad de control que resta modernidad a las etiquetas de hoy día en las ropas. Se incluyera a los coleteros o no en esta Ordenanza el rigor de la redacción resultaba temeroso. Aunque las trampas seguirían haciéndose, como sabemos que se hacen en nuestros días. Por cierto, las citadas Ordenanzas estuvieron en vigor desde 1549 hasta 1818.
Pero el Corral de Ricote, tan olvidado y fiel viviente del pasado, tiene su compañía moderna. Un Horizonte de sucesos parece vislumbrarse en el techo del soportal, sobre la entrada al estanco. Y es que Horizonte de sucesos llama a su obra el artista gráfico, especializado en muralismo, Javier Carrera (Cuco) ¿Cómo interpretar lo que al primer vistazo el paseante hubiera creído que se trataba de un zodíaco o bien una peculiar rueda de la fortuna? Tal vez su sentido se encuentre más próximo al infortunio de los tiempos vertiginosos y despersonalizadores que parecen engullirnos. Escuchemos a Cuco:
"Si por casualidad ves a una persona que a lo lejos se está metiendo en un agujero negro, la percepción espacio-tiempo es diferente para ambos. Estarás viendo a una persona con diferentes circunstancias y tu serás inmune a ellas.
El punto principal del problema que se plantea en el mural es el agujero negro, que se está tragando todo y a todo el mundo, pero la gran cantidad de información a la que se somete el espectador, hace que este hecho pase a un segundo plano, saturando y anestesiándole, hasta tal punto que le es indiferente ya que está a salvo, mirando.
Vivimos sometidos a este tránsito de información masivo y vivimos anestesiados ante la catástrofe ajena. El agujero negro no nos toca, pero ¿y si lo hiciese? Seríamos noticia y el mundo entero nos vería como espectadores mientras damos vueltas en redondo".
PROYECTO: HORIZONTE DE SUCESOS (Galaxia.470)
UBICACIÓN: Plaza Mayor 16
La historia de este callejón es fascinante y nos remonta a la época de Don Quijote. No entendí bien cómo pasamos de "corral" a "coleto", pero en cualquier caso, ¡la historia de su ciudad es fascinante y rica!
ResponderEliminarCuriosos rincones, yo diría que hasta pintorescos, de una bonita ciudad que he tenido el gusto de conocer en dos ocasiones. Para un visitante ocasional como yo, estos callejones, portales y corrales pasan bastante desapercibidos. Lo último que recuerdo de mi última visita fue la asistencia a la representación de Los Miserables en el teatro -creo- Zorrilla.
ResponderEliminarUn saludo.
De cuando había vida de verdad en la plaza.
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