miércoles, 2 de abril de 2025

Las esculturas de Juan Haro que conversan con las clásicas en la Casa del Sol

 




Se miran, se soslayan. Se aproximan, se alejan. Se rodean, se liberan. Se hablan, enmudecen. Se corresponden, discuerdan. Coinciden, discrepan. Suben el tono, se atenúan. Se rozan, se rechazan. Se comparan, se diferencian. Se buscan, se pierden. Se abren, se recluyen. Se precipitan, se moderan. Tantos opuestos le son sugeridos al paseante, que disfruta de la conexión entre tiempos y estilos, al contemplar esta exposición contrastada entre obras grecorromanas y la creación de un autor almeriense, Juan Haro, acaso menos recordado por el común de los ciudadanos pero que tuvo su estilo particular donde las figuras son seres en acción, como las clásicas y, por lo tanto transmitiendo emoción. En cierto modo herederas de aquellas en la representación de las viejas manifestaciones humanas: el cariño y la ternura, el combate y el ejercicio, la representación y la mascarada, la maternidad y el cuidado, los sueños y las aspiraciones, la contemplación y el propio ego, la sexualidad y el encuentro, el desnudo y la liberación, la competición y el riesgo, el amor y la muerte.




Todo aquello que los clásicos ya representaron con su arte es retomado por Juan Haro. Y bajo el título de Nuclear, el Museo Nacional de Escultura ha generado en el lujoso ámbito -la iluminación recrea un ambiente casi sacro-  de la Casa del Sol una suerte de diálogo, como se dice ahora, transtemporal en un sentido pero vivo en la medida que los artistas modernos han seguido haciéndose eco de la mirada antigua, porque antiguo es el hombre y no sé hasta qué punto ha cambiado. 

Y es que diálogo no es solo una palabra razonada entre dos o más individuos. Es actitud, encuentro, aportación, llave para la convivencia. Dialogar es llevar a cabo la comprensión de los cuerpos y su fuerza interior a través de una reconstrucción actualizada de los tiempos. El estilo primitivo o clásico se acerca a nuestros días a través de aportaciones del siglo XX o XXI, como anteriormente el Renacimiento supo recuperar las suyas. En la misma  dirección que otras exposiciones con obras de autores como Joan Miró o Baltasar Lobo, por recordar alguna, es un acierto este planteamiento comparativo. No se trata de que la obra actual sea la obra clásica, sino que se vea un nexo, un cordón umbilical, en la constante persecución del arte por hablar de las capacidades de la especie humana, de sus logros y de sus fracasos, de sus deseos y sus límites. Que se observe la evolución formal, el tratamiento de los volúmenes y la expresión oculta que la mirada de artistas que han trabajado lo abstracto o una figuración no expresamente realista nos ofrecen.

Nuclear estará en vigor hasta el 20 de julio, en los mismos horarios que el Museo Nacional de Escultura. He oído que también está prevista una exposición de obra de Eduardo Chillida, esta vez en el Palacio de Villena, en el mismo corro de museos, pero para avanzado mayo.










lunes, 31 de marzo de 2025

Noemí Sabugal y su Laberinto mar en la Fundación Segundo y Santiago Montes

 


Remitido por la Fundación Montes:


Presentación de Laberinto mar, de Noemí Sabugal
Viernes 4 de abril 20.00
Fundación Segundo y Santiago Montes
Calle Núñez de Arce, 9



Laberinto mar (Alfaguara 2024) es un retrato de nuestro país a través de sus costas. ¿Su género literario? La editorial Alfaguara lo define como “narrativa basada en hechos reales”, una mezcla de libro de memorias, ensayo y reportaje periodístico. ¿Sus personajes? Cazadores de ballenas, piratas, pescadores que se juegan la vida en el mar como medio de sustento, mariscadoras… ¿Los sucesos destacables? Naufragios, descubrimientos de nuevos mundos, migraciones, narcotráfico, tesoros escondidos en barcos encantados…Todo bajo la mirada de una autora que elabora esta travesía literaria con las herramientas del mejor periodismo, movida por los vientos y por la capacidad de fascinación que solo tienen las cosas que nunca comprendemos del todo. 




Posee este libro además un componente emotivo, sobre todo cuando la autora cede protagonismo a las voces más adecuadas para contar cada historia, como ocurre en los libros que son referencia para ella, desde los de Svetlana Alexiévich hasta los de Leila Guerriero, por citar dos autoras. A pesar de su peso enciclopédico, Sabugal consigue que la lectura resulte ligera y, a ratos, adictiva. Algo semejante había conseguido con Hijos del carbón, la obra que la consagró en el panorama editorial de nuestro país y que justifica estas palabras que Alfonso Armada le dedicó en Babelia: 'Sabugal destila buena prosa y lirismo contenido'. 





Noemí Sabugal (Santa Lucía de Gordón, León, 1979), a pesar de su juventud, posee una obra variada y numerosa. Además de Laberinto mar, es autora del ensayo literario Hijos del carbón (Alfaguara, 1920), en el que contó sus viajes por las cuencas mineras, el cierre de las últimas minas y sus recuerdos como hija y nieta de mineros. Ha cultivado también el género narrativo en novelas como El asesinato de Sócrates y Al acecho, con el que ganó el Premio de novela Felipe Trigo. El Premio de Periodismo Francisco de Cossío es otro de los galardones que ha obtenido. Desde Ponferrada, donde reside habitualmente, colabora en El País y otros periódicos. Su obra narrativa aparece diseminada en forma de relatos breves en numerosas antologías, entre otras, Contamos todas, selección de cuentos de autoras de Castilla y León.









jueves, 27 de marzo de 2025

Danzando para las nubes, no solo para la luna



Terpsícore, la que ama la danza, es la musa que ya Hesíodo nombraba en su obra Trabajos y días. Si la musa viera la escultura Danzando para la luna que la artista Ana Hernando creó y está situada en la Avenida de Segovia, no se sentiría disgustada. Al contrario. seguramente gustaría de contemplarse así, libre de aderezos, sin la corona de plumas de colores, sin la cítara, sin la intención de seducir al dios-río Aqueloo. Con una desnudez que presta más atención a las formas y sobre todo al movimiento, que al detalle de facciones, por ejemplo. Pero ¿solo está danzando para la luna? Un título muy poético que, sin embargo, en días de finales de invierno y de la recién estrenada primavera habría también que convertir en una evocación hacia esos cielos que han traído gustosa lluvia para la tierra. Pero, sobre todo, a esta representación de movimiento grácil y sutil le gustaría verse más como mujer que como musa. 

Y es esa disposición de sus brazos, buscando trazar una posición lunar, lo que consigue un simbolismo femenino y creativo. El canto a la luna lo es también a los sueños, a los deseos, a la creatividad artística. ¿Y por qué no también a la integración superior de la mujer en la historia, que jamás antes se había alcanzado, al menos en Occidente? En ese sentido la escultora no ha buscado el detalle que sitúe a la mujer en un rol o en un arquetipo, y el tono poético habla por sí solo y el movimiento es el verdadero cuerpo de la escultura.
 



Y es que la escultura lleva un subtítulo: Homenaje a la mujer contemporánea. Su ubicación está a la salida del túnel viejo de peatones, aún en uso, que ha comunicado desde hace más de siete decadas el centro con el barrio de las Delicias, y viceversa. Más en concreto de la calle Labradores a la Avenida Segovia.  Elevada sobre un pedestal a la altura de la calle Mallorca, es sin duda una escultura que ha gozado en sus 25 años de existencia de numeroso tránsito cotidiano de vecinos. Hoy, con el nuevo paso de la integración ferroviaria este tránsito puede mermar algo, pero no creo que la escultura pierda por ello. Habrá quien objete que no debería haberse situado junto al borde del túnel de vehículos. No veo por qué tendría que estar mal. Esa confluencia permite tener telón de fondo abierto. Su valor añadido es precisamente la contemplación casi inevitable por los peatones, aunque no se paren.