Estimado Elfo. Te resistes a desaparecer del paseo después de estar verdecido durante meses más cálidos y haber adornado el pavimento junto a los plátanos. Pero no sabes irte como otros de la noche a la mañana, desvistiéndote y dejando tu esqueleto a la intemperie. Eres tan generoso que hasta en tu otoñada tienes que hacer un alarde de belleza y desparramar lentamente la hojarasca. Como quien regala onzas de oro a los caminantes. Te doras con los colores de la senectud, porque aunque te cuesta la partida quieres sentirte esperanzado. Bien sabes que recuperarás nuevamente el ciclo que llevas dentro.
Te llamo Elfo porque no sé si eres árbol convertido en humano o humano mutado en árbol. Imaginaciones mías, si quieres. Es que me recuerdas por una parte a aquellos seres que vivían inmersos en la naturaleza fecunda de los países nórdicos y que podían ser considerados incluso deidades. Pero también pienso, por su mayor cercanía, en el roblón de Cantabria que la mitología céltica cultivó para pasmo de niños y de incautos. Y aún más. Existe una tradición escultórica de tiempos medievales en que cundieron las representaciones de los salvajes, hombres cubiertos de vegetación, y aquí, en la fachada del Colegio de San Gregorio, tenemos una exquisita muestra desde la que se exhiben tan misteriosos como arrogantes.
Ya te digo, que son asociaciones de ideas,pero también de sueños, del paseante. Porque si algo tiene una ciudad es que permite, si se la sabe mirar en sus detalles y a la vez en su perspectiva más global, asociar imágenes que remiten no solamente al pasado de la urbe sino de cualquier rincón del mundo que nos haya sido dado conocer. Y consiguientemente del propio individuo que observa. Y con las imágenes viaja siempre el pensamiento, esa propiedad que es a la vez elaboradora y nutritiva para comprender el tiempo y el ámbito en que se vive. Pero qué te voy yo a contar a ti que durante tu florecimiento y maduración has visto transitar a tantos vallisoletanos, humanos y caninos.
Te dejo la imagen de una pareja de salvajes de piedra para que dialogues con ellos. Mientras dure tu hermosura gualda seguiré parándome ahí donde tú y otros como tú os encontráis, delante del antiguo Hospital Militar, en el Paseo de Zorrilla. Y seas Elfo, Roblón o Salvaje, o ninguno de ellos o acaso todos en esencia permite que siga soñando y conectando imaginaciones que me deleitan.
Elfo otoñal está bien feliz con tu poesía, se siente árbol, se siente humano... respirando junto a paseantes...
ResponderEliminarHasta que le abandone del todo su pelaje amarillento. Gracias, Milena.
EliminarEs lo bueno de ser un paseante ilustrado, ante cada maravilla, por modesta que sea, acuden prestos los pensamientos de todo tipo.
ResponderEliminarEl paseante en principio es un curioso, pero sería un curioso insatisfecho si no buscara informarse ante lo que se encuentra por la urbe, que es mucho. Y a ello ayudan o sugieren esas asociaciones de ideas, de recuerdos, de informaciones...
EliminarEstá cambiando de ropa. Dentro de poco, ya con el pijama, irá a dormir hasta la primavera que viene.
ResponderEliminarSalut
Les adjudicamos comportamientos humanos. Los árboles también se saben en una vida cíclica.
EliminarPaseante:
ResponderEliminarcreo que es un señor que se quedó arbolizado de tanto esperar. Del verde esperanzador pasó al rojo colérico. Pero no hay mal que cien años dure, dicen...
Aquí en Murcia tenemos, que yo sepa, cuatro salvajes. De pequeño me llamaban mucho la atención y se me figuraba que eran la sota de bastos.
Salu2.
Salu2.
Me interesa saber lo de esos salvajes de por ahí. Es un tema muy antiguo, que se da en muchas culturas y que la Edad Media extendió por doquier en este Occidente.
EliminarEn otra ocasión hice una entrada:
https://elpaseantevallisoletano.blogspot.com/2016/11/llegaron-los-salvajes-para-quedarse.html
Paseante:
ResponderEliminarte paso un enlace que acabo de encontrar, por si te sirve:
https://murciadescalza.blogspot.com/2015/07/salvajes-en-las-portadas-murcianas.html
Gracias, veo a primer golpe las fotos y me parecen soberbias esas portadas de salvajes. Leo el texto. Muy interesante.
EliminarQue hermoso es tu pensamiento. Los árboles se duermen lentamente con la llegada del frío y la luz tenue del invierno. Es hermoso.
ResponderEliminarTengo un tilo (Tilia europaea) delante de mi casa que ha hecho de mi césped un auténtico color dorado y se lo agradezco. También tengo una hermosa encina (Quercus ilex), una vez quise rodear su tronco con mis brazos para sentir dentro de mí la vida de este magnífico cuerpo: esta fue la única vez, estaba lleno de hormigas y tuve que tomar una ducha para deshacerse de él: ¡creo que no le gustan los abrazos!
Tenemos un árbol que no sólo ha perdido sus hojas sino también sus ramas es nuestro gobierno: un verdadero espantapájaros. Un abrazo.
Es un lujo tener cerca esa clase de árboles naturales. Disfruta de ellos.
EliminarLos otros arbustos metafóricos sonmás complicados de valorar. Porque ¿a un espantapájaros no pueden suceder otros parecidos?
No es un lujo, sino simplemente una elección. Como muchas cosas, sólo había que dar el paso.
EliminarComo una especie de espantapájaros, no creo que hayamos terminado nuestra colección...
Pues una elección, de acuerdo.
EliminarEs curioso, parece un salvaje esculpido por sí mismo, pero es lo que tienen los árboles que son verdaderos escultores, pero no pasa eso con los humanos también? La naturaleza se hace. Marisol.
ResponderEliminarLos humanos más que esculpirnos nos disfrazamos a lo largo de toda la vida, Marisol.
Eliminar